viernes, 16 de septiembre de 2016

A propósito de Salazar



Arturo Gordon. "La huelga"


Por estos días, el premio nacional de historia, Gabriel Salazar, ha vuelto a estar en titulares de diarios electrónicos de izquierda.

Esta vez por declaraciones que podrían interpretarse como un dislate de intelectual distraído u ocupado de cosas más sublimes que la contingencia.

Pero como dice el compañero Nicolás Valenzuela, de RD y que publica una opinión critica de Salazar en eldesconcierto.cl, precisamente porque se adentra en la coyuntura y da opiniones políticas, sus afirmaciones generan polémica incluso entre sus epígonos y admiradores.

Pero ¿se puede hacer esta diferencia? ¿Son efectivamente las opiniones académicas y teóricas tan inocuas o diversas en relación con la coyuntura y los acontecimientos políticos? ¿No se deducen de ellas consecuencias, actuación práctica o inciden en la contingencia?

Incluso, ¿no son en sí mismas juicios acerca de la realidad actual, aun cuando traten de temas pasados, como la formación del Estado y los movimientos sociales, conflictos políticos y sociales que han incidido en la conformación de la actualidad también?

Obviamente que no, excepto para el pensamiento conservador.

Lo que Valenzuela llama el "aspecto binario del planteamiento de Salazar" es en realidad su núcleo. Toda su concepción de la historia de Chile gira en torno al binomio movimiento social/clase política.

El primer término representaría la pureza, la esencia de lo popular, en última instancia, de la verdad del pueblo y el segundo, una suerte de coartada de oportunistas que provienen de la oligarquía devenida en clase media, que indefectiblemente traiciona al pueblo.

Todo ello como si se tratara de dos extraños que se topan de manera fortuita en alguna esquina de la historia y no como sujetos conformados mediante interacciones entre clases, instituciones y movimientos sociales, a través de contradicciones, acuerdos, rupturas y transacciones de diverso tipo.

Este "aspecto binario" entonces, no es solamente una característica de sus opiniones políticas. Es lo que él piensa y difunde a través de libros, charlas e intervenciones políticas también.

Sus recetas, por todo lo dicho hasta aquí, no son entonces desaciertos que se puedan despachar rápidamente como una extravagancia o un error disculpable por su condición de historiador.

Decir que lo que se necesita es que autónomamente el movimiento social se conforme en poder constituyente desde abajo -que según él es lo que estaría pasando en la actualidad para desgracia de la “clase política”-  en función de producir los cambios reales algún día, no constituye ninguna posición ni propuesta.

En el mejor de los casos expresa una aspiración o incluso, la esperanza de que alguien lo esté haciendo por él, lo que además es de un oportunismo supino. 

Ahora bien, el que se despachen tan rápidamente sus opiniones políticas como errores comprensibles o tolerables por sus aportes historiográficos pasa por alto, justamente, el sentido de la historia y las ciencias sociales.

Pues ¿qué sentido tienen si dichas teorías no son aplicables a la realidad, pues no nos permiten ubicarnos en ella ni definir una posición y actuar en conformidad? 

En realidad, expresan posiciones conservadoras en tanto se justifican a si mismas y no tienen otra finalidad que encajar formalmente en un cuerpo de ideas muy bien entrabadas lógicamente. 

Este conservadurismo puede manifestarse, por ejemplo, en una visión romántica de lo social, del pueblo o lo popular que siempre ha devenido en posiciones reaccionarias y manifestaciones de fanatismo irracional.

O en un oportunismo doctrinario que consiste en asignarle a la teoría un rol de mero legitimador de posiciones políticas, en este caso sectarias y maximalistas.

Obviamente, no se puede endosar a Salazar la responsabilidad por el sectarismo y el anticomunismo de algunos sectores políticos presentes en el movimiento social, pero las legitiman académicamente y leyendo sus entrevistas e intervenciones en los medios, ya casi ni siquiera se preocupa de expresarlas en un lenguaje académico.

Decir que la movilización social no ha servido de nada o que son todos iguales; que un dirigente social cuando se hace "diputadito" se convierte en un tránsfuga o criticar a quienes están haciendo esfuerzos por constituir alternativas políticas, como RD o el Movimiento Autonomista, es una irresponsabilidad política y también teórica.

No se pueden defender posiciones de izquierda, y al mismo tiempo disculpar el oportunismo, diciendo que las opiniones políticas son distintas que las argumentaciones teóricas, como si fueran verdades puras ubicadas en el un más allá de ideas trascendentes.