domingo, 16 de agosto de 2026

¿Y después del TC?

Francisco Goya. El coloso, 1808



Hace días ya que el TC falló acerca de los reclamos de la oposición por la Ley Miscelánea o Megareforma. Las reacciones ante el fallo, sin embargo, sólo se han hecho notar por su intrascendencia. Ocultas además por el frenesí comunicacional del gobierno, puesta en escena que confunde con agenda legislativa y hace de sus propios chascarros, otro recurso para copar la preocupación de los medios. 

Lo cierto, en todo caso, es que el fallo final del TC deja a las claras cuál es la función que cumple:  cancerbero de los intereses del capital. No podía ser de otro modo considerando que la propia Constitución que debe asegurar de abusos y excesos que pudieran cometer otros poderes del Estado, tiene esa finalidad. Uno de los abogados de la oposición, Jorge Correa Sutil, había planteado anteriormente que uno de los fundamentos de su presentación sería la vulneración de la "democracia republicana" pues la megareforma impediría a cualquier legislatura modificarla en el futuro, lo que sería contrario a una "República Democrática". 

Pues bien, el TC en un fallo que habría dejado muy satisfecha a la Junta, notificó a la oposición y al país, que más importante que el "principio democrático" como lo llamó Correa Sutil, es la estabilidad de las reglas que le aseguran sus ganancias al gran capital. Como en una novela de Balzac, la codicia y la avaricia se sobreponen a cualquier otro rasgo de la cultura dominante, ahora consagradas jurídicamente como bienes superiores incluso a la propia democracia. 

Nuestra desfalleciente República, no considera otras posibilidades que esperar en el futuro una nueva correlación de fuerzas y en ese caso incluso, por ejemplo con la conformación de un nuevo congreso que pudiera derogarla más adelante, no garantiza la corrección y restitución de dicho principio. Es más, ya le brindó los argumentos jurídicos al gran empresariado para defender en el futuro su éxito de hoy, con independencia de la soberanía popular que la letra de la Constitución consagra como un sarcasmo diciendo que "reside en el pueblo" y se realiza "mediante las elecciones y los plebiscitos".

Envalentonado con su logro, el gobierno incluso prepara ya la batería de medidas administrativas por medio de las cuales pudiera hacerse cargo de lo que no pasó la prueba del TC, que son las normas ambientales, en este caso las contenidas en los artículos 12 y 13 que establecían el derecho a indemnización ante la anulación de una Resolución de Calificación Ambiental  (RCA) y  algunas disposiciones sobre microrelocalizaciones de concesiones acuícolas. Todas ellas medidas que interesan a los empresarios del salmón, golpeados ya por el alza de aranceles de Trump. 

El satisfecho Ministro de Hacienda señaló entonces que el fallo "inequívocamente", le sería favorable. ¡Por supuesto! Y a partir de este logro anuncia las próximas linduras, reformar -lo que en su idioma quiere decir "reventar"- el Estatuto Administrativo y "modernizar" el mercado de capitales para hacerlo más competitivo, lo que quiere decir más propicio para la acumulación de ganancias y para la especulación -fuente de la riqueza de la Nación en sus delirantes teorías- mientras caen los ingresos, de las familias trabajadoras y aumenta el endeudamiento. 

La fe de carbonero con que algunos dirigentes opositores pretenden defender al pueblo en el Congreso de esta ofensiva conservadora y a las perdidas, en el TC si esto no resulta, ha sido ampliamente superada por los últimos acontecimientos. Y el problema no es ni siquiera ese. Claramente no se puede pretender cuestionar los contenidos abiertamente reaccionarios, pro empresariales y de un añejo neoliberalismo que contienen las políticas de Kast y Quiroz, ni defender al pueblo de sus más que seguras consecuencias en aumento de la sobreexplotación, de la pobreza, contaminación y pérdida de derechos, sin oponerle otro concepto de la sociedad y la economía. Uno que releve el lugar del trabajo; fomente la industria nacional y releve el lugar del Estado en la regulación del mercado y la provisión de derechos económicos, sociales y culturales. 

La derecha lo sabe. Sin alternativas a la vista, solamente espera el estallido de protesta y prepara la batería de medidas represivas que le permitan enfrentarlo, sin preocuparse siquiera de los argumentos políticos y filosóficos que le permitan sostenerlos -que es la preocupación casi histérica de un grupo de  intelectuales de derecha que avizoran este escenario con gran preocupación. 

El fallo del TC solamente viene a profundizar la grieta que la megarreforma  abrió entre la sociedad y la institucionalidad política. Las posibilidades que esta ofrece son prácticamente nulas excepto esperar pacientemente la próxima elección con resultados inciertos y antes de la cual pueden generarse condiciones todavía más tóxicas para la convivencia social en el país. El momento de actuar es ahora y no será una meticulosa aplicación técnica de las recetas neoliberales -como fue en el pasado- lo que resguarde nuestra democracia de sus propios resultados. 




martes, 11 de agosto de 2026

Centenario de Fidel

Equipo crónica. La rendición de Torrejón. Acrílico sobre tela. 1970



Para todos los que nacimos en la década del sesenta del siglo XX; para quienes la infancia transcurrió entre el gobierno popular y la dictadura militar; y nos hicimos adultos después de la caída del Muro de Berlín, Fidel Castro y su legado es parte de nuestra historia. La atraviesa desde la oleada revolucionaria que cruzó el mundo en la década del sesenta desde las luchas anticolonialistas en Asia y África, pasando por América Latina, los campus universitarios de los EEUU y Europa, la crisis de la deuda externa en los 80 y tras la caída del socialismo, en la reivindicación y reconstrucción de un proyecto socialista para el nuevo mundo unipolar que se erigía entonces tras la soberbia e ingenua idea del "fin de la historia".

En primer lugar, su caracterización de la contradicción entre soberanía e imperialismo como característica de la historia de América Latina y explicación de su atraso. En efecto, desde la Primera y la Segunda Declaración de La Habana de 1960 y 1962 respectivamente, la establece como una que contiene la explicación de su historia y su resolución, como la clave de su superación. Ideas que en los noventa, en medio de la euforia neoliberal, fueron relegadas por algunos al desván de las antiguallas. 

Todos los procesos de democratización que han tenido lugar en este siglo en América Latina, interrumpidos momentáneamente por la oleada ultraderechista y restauradora que  la afecta en la actualidad, tuvieron su punto de partida en la derrota del ALCA en Mar del Plata el 2005. Un mentis para el imperialismo en sus pretensiones de establecer una zona de libre comercio en lo que históricamente consideró su "patio trasero". Hoy en día, su contraofensiva es un intento por recuperar el terreno perdido al esfumarse precisamente su pretensión de ser el centro del nuevo orden surgido tras la caída del Muro de Berlín. Es la reedición de la Doctrina Monroe, recargada ahora bajo la dirección de capitales tecnológicos y en alianza con la industria de medios, entretención masiva y como siempre, el capital financiero. 

Argentina, Perú, Honduras, una golpeada Colombia y Chile actualmente, sufren sus consecuencias. Sólo pueden esperar pérdida de soberanía; enajenación de sus riquezas básicas; dependencia creciente del endeudamiento externo y los organismos financieros que reemplazan a los organismos multilaterales en la definición de los marcos de lo admisible para naciones que se supone son parte de un consenso básico de la humanidad después de la Segunda Guerra. Consenso que está siendo sistemáticamente demolido por la ultraderecha mundial y que prepara las condiciones para la aceptación de fascismo en nuestras sociedades. 

El latinoamericanismo de Fidel se expresó en su solidaridad con las luchas de liberación nacional, como se denominó en las décadas del sesenta, setenta y ochenta a las que libraban los pueblos de América contra las dictaduras militares sostenidas por el gobierno norteamericano, como ha quedado demostrado en los documentos desclasificados de la CIA y el informe del comité Church del senado norteamericano. También en el impulso que dio a al ALBA y a todos los procesos de integración de América Latina en los noventa y posteriores como la CELAC. Esta constante preocupación latinoamericanista de Fidel es inseparable de su concepción de la incompatibilidad entre el neoliberalismo y la democracia que cruza todo su discurso de los años noventa. 

También de su reivindicación del lugar que le corresponde al tercer mundo y lo que actualmente se denomina "el sur global" en el orden internacional. De hecho, fue uno de los promotores del Movimiento de Países no Alineados el que presidió en dos ocasiones (1979-1983 y 2006-2009). Probablemente, uno de los mayores problemas que éste enfrenta, es la sobreexplotación de sus recursos por parte de las potencias capitalistas del mundo -en el caso de América desde la conquista española en el siglo XV- lo que lo ha llevado a sufrir con más rigor los efectos de la devastación del medio ambiente. Cuestión que Fidel denunció en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992. Y al mismo tiempo, ser un objetivo privilegiado de las transnacionales y el imperialismo por su riqueza de agua dulce, recursos naturales y un mercado de mas de seiscientos millones de seres humanos. 

Fidel Castro, durante la borrachera neoliberal de la globalización de los años noventa, sostuvo en reiteradas ocasiones que se rebelaba ante la idea de que ésta fuera el mejor de los mundos posibles; el límite del progreso de la humanidad, lo que sólo habría hecho posible la morigeración de sus "externalidades" o efectos secundarios más injustos o excluyentes por medio de pequeños ajustes y reformas parciales. La experimentación, la búsqueda de alternativas, de propuestas y acciones para enfrentarlo y cambiarlo fue parte de su práctica permanente hasta su muerte. 

Las posiciones y discurso que anatemizan el pensamiento y la práctica del Comandante Fidel Castro, ocultan tras una presunta superioridad teórica o una benevolente sonrisa ante su presunta candidez o anacrónico maximalismo, su bancarrota ante el surgimiento de un fascismo de nuevo tipo que amenaza a la humanidad y que vuelve a poner al día la necesidad del cambio histórico y de un pensamiento que lo elabore y le de perspectivas de realización efectiva, que está precisamente en el corazón de su pensamiento y práctica política. No pueden oponer a esta ofensiva reaccionaria que ya ni siquiera disimula su desprecio por la razón, sino gestos grotescos por su indignidad y falta de coraje.





miércoles, 29 de julio de 2026

Trabajo contra especulación


Carlos Hermosilla. Construcción. Linóleo, 1959


En marzo de 1898, Luis Emilio Rcabarren escribe una carta al diario La tarde de Santiago en la que sostiene "Yo, señor Director, y junto conmigo hay muchos que simpatizamos con el socialismo (...) Pensamos en que pueden hacerse transformaciones sociales, en la igualdad humana, en la desaparición de la injusticias, en el alivio de las clases proletarias, en la nivelación relativa de las fortunas, en la disminución de las grandes riquezas que deben contraerse al desarrollo industrial, y en fin, de tantos otros medios que hay para igualar las condiciones sociales."

Es el primer documento escrito que lleva su firma de los que han logrado reunirse gracias al trabajo de archivo e investigación sobre su obra que se ha realizado en el país, a lo menos desde mediados del siglo pasado y al que han contribuido diversas generaciones de historiadores e investigadores comprometidos con el cambio social. 

Resulta altamente relevante que Recabarren asociara ya las ideas de construcción de una nueva sociedad, a la superación de las desigualdades. Esta a  la distribución de la riqueza y esta a su vez, al desarrollo de la industria. Un concepto político que proviene de las necesidades de la sociedad y de las contradicciones que la caracterizarían y las posibilidades que contiene, no de consideraciones técnicas elevadas a la categoría de dogma o ley inmutable de la economía política. 

Desde entonces, se podría decir, por lo tanto, que el movimiento obrero y popular ha sostenido este principio de desarrollo de la industria no sólo como una condición para el crecimiento económico. Además lo es de aseguramiento de la soberanía e independencia nacional porque aquella está también íntimamente asociada a la auténtica integración de todos y todas y a la igualdad social a través del trabajo, fuente de toda riqueza y realización humana para Racabarren. 

En este sentido fustiga en sus escritos, a todo lo largo de su vida,  el carácter especulador de las clases dominantes y cómo éste se manifestaba en un estilo de vida y cultura superfluo, frívolo y aparentador, denunciado por los escritores de su época como el reverso de la miseria y exclusión de las familias y la gente trabajadora, desde Augusto D'halmar hasta Nicomedes Guzmán. Usa la palabra orgía para referirse a éste en numerosas ocasiones. Dice "El capital exige lujo, vanidades. Vive en la orgía y pernocta en el tapete". Mientras el trabajo "pide justicia. Pide aire, alimento sano, higiene por medio de la decencia para poder vivir."

El Estado oligárquico, tal como se había constituido la República desde mediados del siglo XIX,  se le aparece como un instrumento a su servicio que garantizaba y legitimaba, precisamente, esta característica económico social y cultural de la sociedad de su época. Dice al respecto, "Hoy mismo, el llamado Estado chileno, se dice dueño de muchas de esas dilatadas e inmensas extensiones de terrenos que están sin producir y las regala a sus favoritos para proseguir la obra especuladora en beneficio único de los ricos, que mientras más grandes hacen sus fortunas, más grandes son las miserias de los pueblos que soportan aún ese despojo".  En la  actualidad no para el usufructo del latifundio y la oligarquía terrateniente que obstaculizó la modernización de la sociedad chilena a todo lo largo del siglo XX, sino de la industria inmobiliaria que especula con el suelo mientras hay miles que no tienen casa siquiera donde formar un hogar. 

Resulta llamativo que Recabarren escriba que el Estado chileno "se dice dueño de esas dilatadas extensiones de terrenos". En efecto, para Racabarren esto es el resultado del despojo del que son víctima los pueblos originarios durante la conquista y sostiene, en consecuencia, que la propiedad es producto de un robo, en un conjunto de artículos titulados "La tierra y el hombre" publicados en Tocopilla en 1904.  De manera además que en el desarrollo de sus escritos el carácter especulador de la clase dominante es recreado por la institucionalidad política y esta a su vez actúa como un instrumento a su servicio que viene a generar las condiciones materiales de su realización. 

A este respecto, Recabarren en  sus esritos de 1924, y a propósito de la posibilidad de una Asamblea Constituyente, siempre concibió la transformación del Estado y abogó por la descentralización e incluso un sistema federal,  "que entregue a los ciudadanos de las distintas regiones el derecho a trabajar por la grandeza de cada región" y pone como ejemplo "la región maderera, esclavizada al capricho de especuladores criminales que dañan a todos los habitantes". En este caso, también la democratización del sistema político aparece en sus escritos siempre asociada con el combate a la especulación, la reivindicación del trabajo y la justicia social. 

Aboga por el cooperativismo, experiencia que conoció en Europa y que especialmente los socialistas belgas habían desarrollado, como una forma de  "combatir el lucro y la usura y poner en manos de los trabajadores la mayor suma de bienestar posible"  en el período previo a la fundación del POS. Lo mismo el municipio, al que ve como un instrumento útil en las luchas de los trabajadores y trabajadoras en la lucha por su emancipación. No dejó ámbito en el que experimentar nuevas formas de asociatividad; formas de lucha por la emancipación de la clase trabajadora -en la que siempre incluyó a "todos los que viven de un salario" incluidos empleados y pequeños propietarios-. 

De no ser por las luchas obreras y populares del siglo XX continuadoras de las ideas y práctica de Recabarren, que junto a la iniciativa de gobiernos progresistas de diverso signo crearon, entre otras, la CORFO y la red de empresas estatales que construyeron infraestructura y conectividad; que lucharon y conquistaron la reforma agraria que transformó el campo además de derrotar a la oligarquía terrateniente; la reforma educacional que universalizó la cobertura de la matrícula y creó un sistema escolar y universitario que fueron orgullo del país; y la más importante de todas sus realizaciones, la nacionalización del cobre, que es la que lo ha resguardado de todas las crisis económicas internacionales de los últimos cincuenta años. De no ser por ello, la vergonzante obra de la dictadura que vino a interrumpir esta línea de progreso y democratización no sería sino un pie de página en los libros de historia. 

En efecto, su obsesión por las "ventajas comparativas" que sirvieron de argumento ideológico para destruir la industria nacional y de paso aniquilar al movimiento sindical, o debilitarlo al menos, convirtieron a Chile en el paraíso de los capitales rentistas y la especulación financiera, que siempre van de la mano y que en la actual coyuntura pretenden restaurar en su máxima pureza doctrinaria las bases de un neoliberalismo recargado que le entregue y asegure el poder. Lo mismo que ha hecho Milei en Argentina y pretenden el resto de las oligarquías latinoamericanas subordinadas a la dirección de la ultraderecha norteamericana. 

Lo que Recabarren escribe en El socialista de Antofagasta en1919, en ese sentido, podría haberlo escrito hoy de haber estado vivo: "La Asamblea de delegados de la Federación Obrera declara que la llamada crisis, es un acto de especulación destinado a reducir todavía más la ración de hambre que se le da al productor del salitre, y del cobre, para dejar más libre la ganancia de los agiotistas que se hacen llamar propietarios de las industrias, al amparo de la fuerza." 


jueves, 23 de julio de 2026

¿Qué significa la megareforma?

Jean Dubuffet. VONT ET VIENNENT. 1980



Después de la aprobación de la megarreforma de Kast y Quiroz en el Parlamento ¿qué queda? Primero, un congreso prácticamente partido en dos. La ilusión del centro se esfumó definitivamente. El torpe intento de los senadores del PPD, va a pasar a la historia sólo como eso. Un gesto bizarro, que no comprendieron ni siquiera los suyos. 

Más importante por sus proyecciones políticas es la actitud del PDG, Walker y un par de parlamentarios más, como Bianchi, los que fungían de supuestos custodios de la moderación y terminaron aprobando la más radical de las rebajas de impuestos y garantías a los capitales concentrados. En buenas cuentas, y sin siquiera intentar argumentos diferentes a los esgrimidos por el gobierno y los parlamentarios que lo respaldan, se pasaron con camión y carro del lado de la derecha y los empresarios. 

El limitado margen que defendieron en el pasado para reclamar compensaciones y garantías, se esfumó. La frontera entre gobierno y oposición se hizo evidente hasta para los más porfiados defensores del camino del medio. Y ya no quedan muchas posibilidades excepto las que eventualmente podría brindar un fallo favorable del TC a los reclamos de los partidos de oposición. 

En rigor, solamente alargar su agonía y darle algún imprimátur de presunta legitimidad a las políticas del gobierno de Kast, y una eventual negociación sobre límites todavía más estrechos. 

Según todos los comentaristas y opinólogos de la plaza, el gobierno se anotó un triunfo porque logra aprobar su "Big Beautiful Bill" criollo. Pero nada que no fuera esperable. Probablemente el dato más paradójico es que al mismo tiempo, la popularidad y respaldo de Kast y el gobierno, se desploman. Así al menos lo indican las encuestas. Siempre a partir de una impresión superficial que es lo único que puede medir una encuesta y lo que por la misma razón, puede ser objeto de las más disímiles interpretaciones. En general, de lo que dan cuenta es de un estado de ánimo de la sociedad, caracterizado por las mismas como "desconfianza" y "pesimismo". 

Semejante estado de ánimo de masas cada vez más molestas, sin embargo, no representa una posición política ni mucho menos. De hecho, va acompañado de un inmovilismo inquietante y una falta de contenido que solamente presagian explosiones de anomia que generalmente van acompañadas de reacciones violentas y autoritarias. Los difíciles momentos por los que ha pasado la oposición las últimas semanas -donde sus resacciones a la incapacidad de la institucionalidad política de procesarla y resolverla sólo ha dado pie a soluciones dentro de los marcos de la misma institucionalidad que ya no la representa y que incluso está entrando en una inevitable y abierta contradicción- son expresión de esta crisis en ciernes.  

Envalentonado por su logro, el gobierno incluso profundiza su política y radicaliza sus argumentos incorporando las propuestas de reforma laboral más siniestras de las que se tenga memoria desde el Plan Laboral de José Piñera. 

Todo este paquete presentado como una estrategia para reactivar la economía, es mucho más que un plan para la coyuntura. Su intención de amarrar la reforma tributaria que contiene por un cuarto de siglo lo demuestra. Y como lo ha dicho Quiroz en todos los tonos posibles contiene una lógica interna en que rebajas de impuestos, desregulación y ajuste representan una visión coherente de la economía y la sociedad. Justamente la razón por la cual lo que a duchos economistas opositores les parece un error o una grave omisión del proyecto de ley, es manifestación de su visión de clase. No es raro en este sentido que los únicos que lo aprueben sean los gremios empresariales y un par de tecnócratas que les sirven por medio de sus papers y publicaciones. 

Queda pendiente entonces, la proposición de una estrategia de desarrollo distinta. Resulta asombroso que nadie hable de desarrollo industrial, de riquezas mineras y el rol del Estado y el sector público. Investigación y Desarrollo; descentralización y Derechos Humanos, excepto para referirse a los funestos resultados que con absoluta certeza se pueden esperar de las políticas de la derecha. Suponer que la alternancia en el poder es garantía de que vayan a ser corregidas en el futuro, es no entender la gravedad del momento histórico y seguir conservando indefinidamente las condiciones de exclusión y desigualdad que posibilitan la irrupción del fascismo en nuestras sociedades. 

domingo, 12 de julio de 2026

Esclavitud servil

Arturo Gordon. La huelga. Oleo sobre cartón. 1915

"Esclavitud servil" es la expresión que usaba Recabarren, entre otras similares, para referirse a las formas en que se manifestaba el trabajo asalariado en el Chile de comienzos del siglo XX. Sus locuciones para referirse al respecto son de un dramatismo e intensidad conmovedoras. Manifiestan un trasfondo de carácter moral en su denuncia que claramente tiene una función política porque mueven a la indignación y actúan como un llamamiento a la acción. No se trata de comentarios o descripción de la situación de los trabajadores y trabajadoras ("trabajadores de ambos sexos" decía Recabarren) con pretensiones de objetividad científica. 

Más bien, tiene el propósito de señalar el significado moral de la explotación. 

Además de la pobreza y la exclusión, el vicio y la ignorancia, la explotación determina la ausencia de libertad y autonomía del hombre trabajador. Es precisamente esta característica de la explotación la que define su "universalidad", palabra que usa en reiteradas ocasiones para referirse a la situación de los trabajadores (por ejemplo "esclavitud universal". También a la de la mujer de la que dice "mujer, tu esclavitud es la esclavitud universal" y los inquilinos en el campo declarando por ejemplo que "Los trabajadores de las haciendas son verdaderos esclavos a quienes hay que libertar y educar"). 

En este sentido, la histórica lucha por la jornada laboral y la jornada de 8 horas, no tiene el sentido solamente de disminuir su duración y por lo tanto, aliviar el peso de la explotación patronal o recuperar algo de la plusvalía con la que se enriquece a costa del trabajador y la trabajadora. Además, es una forma de introducir una racionalidad en la organización del tiempo que les permita la organización de la existencia y por lo tanto una manera de ganar autonomía en la realización de sus proyectos de vida. 

Por lo demás, Recabarren insiste permanentemente en las formas diversas que adopta el dominio de clase y la explotación, a la que ve como una totalidad opresiva que se manifiesta por esa razón en la vida cotidiana precisamente. No se vive sólo en la faena; en la mina o la obra. 

La explotación para Recabarren se expresa, por cierto, en el salario. Usa de hecho, la expresión "esclavitud del salario" repetidamente. Hay que considerar el sistema de pago en fichas que se usaba en salitreras y minas de carbón, además. Pero este luego es recuperado por el patrón en las pulperías donde están obligados los trabajadores a usarlas para proveerse, es decir, como otro mecanismo de explotación del obrero en el comercio. Su situación, entonces, es dramática y sin salida. Porque tampoco hay leyes que lo protejan. Por el contrario, son una forma de "tiranía" (la "tiranía del gobierno y las leyes", dice Recabarren) que proviene del hecho de que son los mismos patrones de las minas y las haciendas quienes lo conforman y las elaboran. 

"Ni gobierno, ni patrón, ni fraile -escribe- alivian su situación". El trabajador y la trabajadora para él, viven en la más completa indefensión, librados a su suerte y condenados a trabajar "como bestias de carga". Una expresión que parece cumplir el papel de una ilustración de las condiciones materiales de trabajo en minas y haciendas de esa época pero que por la forma en que las modula y describe como ausencia de libertad y limitación de su autonomía, parecen estar haciendo alusión, más bien, a su deshumanización. En efecto, para Recabarren el mundo es un mundo humano porque todo lo que existe es obra del trabajo, pero por la forma que adopta en el capitalismo y específicamente en el del Chile del centenario, dicha forma caracterizada por él como "esclavitud", resulta su negación porque en lugar de hacerlo libre, lo somete a las más crueles y despreciables formas de sometimiento. 

En efecto, todo lo existente es obra del trabajo. Excepto la naturaleza. Ésta, sin embargo, precisamente por haber sido objeto de apropiación por parte de grupos específicos durante la conquista, deja de estar en una relación armoniosa con el hombre y es víctima también de esta forma histórica de enajenación que viene a producir dicha deshumanización del mundo en tanto se convierte en fuente de desigualdad y servidumbre. 

El trabajo, por lo tanto -no la propiedad ni menos las "cosas"-, es el que produce el "bien social" y es la fuente de realización de hombres y mujeres libres. El que representa "el interés nacional", opuesto al de las clases dominantes, porque incluye las ideas y también su realización práctica, de justicia, progreso, comodidad e higiene, cultura y bienestar para todos y todas. Sin embargo, en la sociedad de su época el trabajo se le aparece, paradójicamente, como carga. Se pregunta entonces "cómo es posible que siendo el trabajador el que produce todo viva en tan triste condición". Ello por las formas de organización que adopta que se oponen a su propia vida y tienen en cambio un aspecto embrutecedor y abyecto, a los que se refiere como "abismo de miserias" o "sangrienta explotación". 

Incorpora cada vez más frecuentemente a la clase media y los empleados también en sus reflexiones sobre el trabajo y especialmente, para referirse a su insatisfacción con el orden de cosas imperante. Dice, de hecho, que "es en esta clase, la clase media, donde se recluta actualmente a la mayoría de los descontentos" al mismo tiempo que denuncia su sometimiento a las formas culturalmente imperantes, pues vive esclavizada "al brillo falso" y "al qué dirán".

El trabajo, entonces, además no es, ni debe serlo, sólo un mecanismo de adaptación del hombre y la mujer a formas culturales que asumen el carácter de modas, hábitos y usos que no le son propios, sino que le han sido impuestos. De hecho, denuncia justamente aquellas formas culturales originadas en la acumulación de riquezas que tienen su origen en la especulación y las rentas provenientes del salitre y de la hacienda, no del trabajo, y que después serán reproducidas o intentado al menos, por sectores socialmente subalternos, como una forma más de dominación.

No es la producción de cosas ni una manera de obtenerlas; tampoco de adaptarse a unas formas culturales que le son ajenas ni de dominar la naturaleza como si fuera un obstáculo a vencer para alcanzar su bienestar lo que el hombre produce por el trabajo. Se hace libre; construye el bien social y es la garantía del interés nacional. Asimismo, se relaciona con otros hombres y mujeres y realiza su autonomía. Reclama la protección de todos y todas pues es un bien social, no una  capacidad individual que corre tras los objetos, sino una potencia social que debiera producir la felicidad humana.  

jueves, 9 de julio de 2026

Deja vu



Marinus van Reymerswaele. Dos recaudadores de impuestos. 1542

El acuerdo suscrito recientemente entre el PPD y el Ministro de Hacienda trae a la memoria lo que pasó en los primeros meses de la primera administración de Piñera. La oposición de entonces, deambulando entre la política de los consensos y la intrasigencia democrática. El terremoto, además, le impuso algunos límites difíciles de soslayar para ejercer su rol. Lo curioso en ese entonces era que los papeles a los que algunos actores políticos se habían adaptado, en algunos casos de muy buen grado, se invertían. En un régimen fuertemente presidencialista además, era lógico que la derecha debía llevar el pandero sin que eso les pareciera anormal. 

Sin embargo, la movilización social, le puso un límite. Y es así que a los muchos llamados que hizo el entonces Presidente de la República a acuerdos nacionales y consensos, no hubo quien acudiera excepto sus amigos y aliados. 

El corazón de la democracia de los acuerdos quedó herido. Piñera en las postrimerías de su mandato, tuvo que recibir directamente en La Moneda a un grupo de dirigentes estudiantiles, sindicales y de padres y apoderados aunque no se llegara a casi nada. Donde sí estaban pasando cosas era entre los mismos partidos que la habían protagonizado. Las alianzas políticas tradicionales sucumbieron a esta ola de luchas protagonizadas por estudiantes, ambientalistas y trabajadores (el año 2011 fue el primer paro de trabajadores de planta de CODELCO en democracia y un masivo paro nacional convocado por la CUT; la lucha contra la instalación de centrales termoeléctricas en el norte e hidroeléctricas en el sur; sumados al paro prolongado de las universidades estatales y liceos públicos) de manera tal que se empiezan a configurar otras nuevas y a aparecer otros actores políticos como el FA.

Se acaba el sistema binominal mayoritario, piedra angular de la estabilidad política de la transición y comienza un ciclo de reformas limitadas pero que apuntan por primera vez en un sentido opuesto al de ésta. Muchas de ellas sucumbieron en el TC y otras en el propio parlamento por la ambigüedad comentada al comienzo. 

Actualmente, en cambio, la idea de reeditarla no seduce a muchos. Es usada solamente como recurso retórico o como una suerte de advertencia ante la inestabilidad que augura la incapacidad de la elite de reconstruir su consenso sobre una base material frágil caracterizada por la capacidad limitada que tiene el modelo de desarrollo  actual de generar riquezas que alcancen para todos. En efecto, el bajo crecimiento económico estimado para este año en un modesto 1,8% no alcanza ni siquiera para satisfacer la codicia de los grandes empresarios y el capital hiperconcentrado. Qué migajas van a quedar para educación, salud, vivienda, salarios, transporte público, seguridad y cultura....todo apunta, como agudamente lo sugirió el CEP en su última encuesta, a un aumento de la conflictividad social.

Durante la transición, en cambio, había para todos, incluso para programas focalizados. Los últimos precisamente, son los primeros en sufrir el ajuste. Negociar compensaciones, por lo tanto, resulta inconcebible. Ello, porque el margen para hacerlo es minúsculo por no decir inexistente. Recurrir al TC para oponerse al Proyecto de Reconstrucción es una estrategia que puede inducir a la realización de un debate nacional acerca de la forma de hacerse cargo de sus objetivos sin afectar los derechos de las familias trabajadoras, las PYMES y el medioambiente. Esto pues la naturaleza de clase del dichoso proyecto solamente considera las necesidades del gran empresariado. 

Recurir al TC entonces es un importante primer paso, siempre y cuando esto motive a los mismos partidos de oposición y las organizaciones sociales y de trabajadores y trabajadoras a involucrarse en él. En efecto, aparte de que las famosas compensaciones, en realidad, debieran ser expresión de su capacidad para arrebatarle al sistema y la avaricia de empresarios y tecnócratas la parte que les pertenece del crecimiento económico y que debiera asegurar sus derechos y libertades, lo que se requiere es poner sobre la mesa sus aspiraciones y propuestas. Esto es, como dice el senador Daniel Núñez acerca de las motivaciones para recurrir al TC, recuperar soberanía. 

El deja vu del PPD es solamente un síntoma. Un partido en franca decadencia y que en base a su par de senadores hace del muñequeo su razón de ser. Lo importante es qué dice la oposición, incluyéndolo, acerca de crecimiento económico; salarios; riquezas mineras; impuestos; industria nacional, entre otros temas. Lo mismo las organizaciones de trabajadores y trabajadoras, estudiantiles, ambientalistas y de género. Es probable que la coyuntura actual sea el epílogo para todos aquellos que no lo hagan. Se puede sobrevivir a muchas siendo ambiguos y seguir existiendo en la intrascendencia o bien, ser protagonista aunque sea para ser derrotado en la coyuntura y dejar sembrada la semilla de un futuro mejor por venir. 

jueves, 2 de julio de 2026

Cuenta regresiva


Equipo crónica. El acorazado Potemkin. 1971


El tiempo se le presentó aparentemente más rápido de lo previsto a Kast. Salida anticipada de dos ministras; una crisis de seguridad inventada por él mismo durante su campaña -que fue lo que entre otras cosas la precipitó-; un desempleo que no afloja y que incluso tiende a aumentar y una recesión en ciernes que está disipando rápidamente el aura de supuesta infalibilidad técnica de sus ministros del área y el pensamiento neoliberal que lo inspira. 

Sus respuestas no pueden ser más torpes, por lo dogmáticas y poco prolijas. Fundamentalmente, trasladar todo el costo que implican a los trabajadores y la clase media. Sala cuna e indemnización en caso de despido, deberán financiarlos los mismos que supuestamente debieran ser sus beneficiarios y beneficiarias descontándolos de su seguro de cesantía. Un cogoteo presentado con lenguaje técnico. Empleos cada vez más precarios como forma de recuperación de puestos de trabajo, esto es con jornadas cada vez más inciertas, salarios más bajos y sin seguridad social; ajuste del gasto que el Estado realiza y que los beneficiaría en materia de vivienda, salud y educación públicas y cultura. 

La chiva de que esto en el futuro va a cambiar o de que apretarse el cinturón hoy, se traduciría en mejorías por venir, se las creen cada vez menos incautos, como lo reflejan las encuestas. Lo cierto es que el gobierno ha sido decepcionante para la mayoría que lo votó y se está transformando progresivamente en una pesadilla para la mayoría de la población.

Bueno, excepto para los mismos de siempre. Los únicos que aplauden a Quiroz y aprueban su paquete ochentero de medidas, son los gremios empresariales, felices por las rebajas de impuestos, los subsidios a la contratación, flexibilidades para hacerlo en el caso de jóvenes y mujeres que rayan con las formas que tenía en el siglo XIX aunque con perfume y luces de colores. Basta con ver las formas de trabajo del retail para ver cómo las pestilentes y oscuras minas de carbón descritas por Baldomero Lillo a comienzos del siglo XX, han sido reemplazadas por los subterráneos de los mall, donde trabajadores y trabajadoras son sometidos a tratos intimidantes, jornadas extralargas, así como condiciones de higiene y alimentación, que contrastan con el oropel de sus vitrinas y patios de comida. 

Por lo demás, dichos anuncios no han tenido el efecto supuesto por el equipo económico entrante de cascadas de inversionistas, nuevos emprendimientos y negocios ni motivado su entusiasmo y confianza. Aparentemente, han producido el efecto contrario, al menos hasta ahora. La creencia neoliberal de que el sector privado, casi como si se tratara de la ley de gravedad, va a encabezar la recuperación en un ciclo de menos dinamismo y de ralentización que hasta los mismos economistas del sistema empiezan a admitir, queda en evidencia como lo que es: pura ideología. 

Algunos, de hecho, demostrando más realismo y un poco más de creatividad, han propuesto algunas alternativas y posibilidades dentro de sus límites. Puntos más, puntos menos; algunas compensaciones; tal vez redistribuir la focalización o redefinirla, considerando los cambios operados en los últimos años en cuanto a necesidades de consumo de los hogares. 

Por esa razón, ya no basta con la pura voluntad. Se requiere hacer política. Algo a lo que no están muy acostumbrados. Hasta ahora se parapetan en el Proyecto de Reconstrrucción Nacional, como si fuera un fetiche. Quiroz y Mas; Alvarado y García Ruminot; las bancadas del Partido Republicano y los Nacional Libertarios. Los de Chile Vamos fungiendo de mediadores de un diálogo limitado por su propio contenido. Para ellos, solamente la aprobación del dichoso proyecto va a sacar al país adelante de donde ellos mismos lo están poniendo. Un cuento archiconocido.

No puede haber diálogo si  es que las "líneas rojas", como las llaman, las determinan las cámaras empresariales sin considerar los intereses de trabajadores y trabajadoras, incluyendo en esta categoría a todos quienes cobran un sueldo a fin de mes y van a tener que vivir su vejez en base a lo que lograron ahorrar en una AFP y que esta no haya dilapidado; pequeños emprendedores que abastecen a los grandes empresarios de servicios, mano de obra, intermediación, etc. y que se llevan apenas una pequeña parte de sus ganancias. Algunos incluso en condiciones todavía más precarias que trabajadores y empleados.

No hay contraparte. Y no la habrá si es que la oposición no tiene una idea distinta. Primero, respecto del rol que al Estado y el sector público le corresponde en una estrategia para enfrentar el momento actual, distinta a la visión dogmática de Kast y el gobierno de derechas que preside. Existen condiciones para platearse por ejemplo una política sobre recursos mineros que no sea la privatización o seguir exportando concentrado de cobre. La industria del litio ofrece una enorme posibilidad de desarrollo industrial que no sea concesionar. Eso activaría también las obras públicas, capacidades tecnológicas, etc.

En segundo lugar, respecto de los derechos esenciales que debe resguardar o mejor dicho considerar. Para Kast, Quiroz y cía. parece que el derecho a un trabajo decente no está dentro de sus preocupaciones. Basta con tener trabajo. Lo comprenden como una mera ocupación, nada más. El trabajo, sin embargo, además significa autonomía, libertad para crear y desarrollar un proyecto de vida. Sin embargo, se ve cada vez más amenazada por las políticas que no lo consideran sino como una pieza solamente del proceso productivo, subordinado por cierto al capital y a sus necesidades de valorización. No como fuente de realización autónoma. 

Con los ridículos niveles de salario que se pagan y en un país donde todo es una mercancía y considerando que es la manera en que el gobierno actual lo comprende, obviamente, es imposible. 

Una solución como el acuerdo por la paz entre Piñera y la oposición de entonces, salvo honrosas execpciones, es imposible en estas circunstancias. Kast ha movido los límites del sistema a extremos que difícilmente lo harían posible a menos que se vea obligado a retroceder, lo que no hará voluntariamente ni como el resultado de un consenso.  

 

jueves, 25 de junio de 2026

Llover sobre mojado

Juan Dávila. Juanito Laguna. 1995


 

 "Las libertades que han surgido en el mundo han tenido por base el sacrificio.

Yo estimo que no hay otro remedio, en verdad, que tomar la ofensiva; de lo

contrario seremos diezmados.

 

Luis Emilio Recabarren 

 

América Latina es hoy en día un campo de batalla. El combate heroico de la revolución cubana por resistir al bloqueo sistemático del que ha sido objeto por más de sesenta años, agudizado durante la administración Trump con el propósito confesado explícitamente de hacerla explotar desde dentro, es tal vez uno que definirá el futuro de la humanidad.

El imperialismo norteamericano, armado de una versión remasterizada de la Doctrina Monroe, se ha planteado recuperar su patio trasero, rico en recursos naturales, agua dulce, tierras cultivables y un mercado de unos 671 millones de personas. En el marco de su inexorable bancarrota, Trump trata de asegurarle un lugar en el mundo que viene a las corporaciones multinacionales, la industria armamentista y de la entretención masiva, comandadas por un puñado de billonarios de la industria tecnológica y de la información, que ya ni siquiera disimulan sus tendencias fascistas e intervienen en política directamente, sin intermediarios, en todo el continente, desde Honduras al cono sur.

Las recientes elecciones de Colombia y el Perú, dan cuenta de su voluntad de dar la pelea hasta el final y recurre para ello, ya no a militares ideologizados en opiniones patrioteras y en la Doctrina de Seguridad Nacional, como en el siglo XX. Lo hace a través del uso de la información y las redes sociales; la IA y las novísimas tecnologías de las comunicaciones; que después actúan a través de los medios tradicionales y una justicia venal que legitima sus decisiones, sus actuaciones y sus resultados institucionalmente.  El resultado es como decía Recabarren hace más de cien años que "Acostumbrados los trabajadores a sufrir la tiranía y la opresión, llegan a no sentir la necesidad de emanciparse”.

En Chile, esa ofensiva reaccionaria tiene nombre y apellido. José Antonio Kast. No hay lugar para términos medios. En cien días de gobierno, ha arrasado con el consenso que con tanto esmero habían construido las elites que han gobernado el país en las últimas décadas. En materia tributaria, empleo, medioambiente, educación y cultura. A las sofisticadas versiones del neoliberalismo de la transición, lo ha reemplazado una recuperación chusca de su versión original de los “años ochenta”.

Solo en el transcurso de la última semana, instaló el debate de su agenda policíaca a través del “registro de vándalos”. También la desregulación de la jornada laboral que viene a borrar una conquista centenaria del movimiento obrero; la contrarreforma tributaria más agresiva de la que se tenga memoria desde la época de Pinochet; la reposición de la selección y mecanismos de exclusión del sistema escolar a través de la reforma del SAE; la redefinición de las políticas de recursos mineros después del nombramiento de Bernardo Fontaine en el directorio de CODELCO; la reforma del Estado durante el cambio de gabinete; los ajustes en salud y educación públicas.

Asimismo, ha sostenido una dura ofensiva en contra del gobierno anterior que ha incluido toda clase de tongos, desde anunciar una auditoria externa al Estado (sic); denuncias aparatosas de mal uso de recursos públicos; descontrol de la migración, delincuencia desatada y una enervante lista de catástrofes que sirvieran de argumento a sus políticas. El corolario de esta ofensiva es la acusación constitucional contra el ex Ministro de Hacienda Nicolás Grau, nada menos que por hacer su trabajo.

En efecto, la acusación constitucional se basa en la suposición de que el anhelado equilibrio fiscal de los neoliberales sólo es posible ajustando el gasto; eliminando programas; despidiendo funcionarios públicos; reduciendo el tamaño del Estado; y si se cumple la afiebrada profecía de que el crecimiento económico va a producirlo casi espontáneamente porque los recursos que generaría harían prácticamente innecesaria la intervención del Estado, excepto en lo que tiene que ver con lo más elemental porque todo lo demás lo resolvería el mercado.

Esta ofensiva reaccionaria prácticamente no deja margen alguno para la negociación y ha dejado en el camino un nutrido campo de plañideras que van desde la derecha “liberal” que finalmente ha votado a favor de todas las excentricidades que contiene, hasta viejas glorias del liberalismo social que se han limitado a hacerle críticas académicas. Lo esencial permanece. Pérdida de derechos; desempleo o precariedad; pérdida de soberanía; criminalización de la protesta y aumento de las medidas de control sobre los pobres, los jóvenes y otros segmentos de la sociedad.

Chile es parte de la batalla que se libra en América por nuestra soberanía, los derechos humanos y la justicia social. Actualmente nos llueve sobre mojado y la ofensiva de la reacción parece no encontrar resistencia alguna. Aparentemente, la tendencia inexorable es su imposición inevitable. Eso, de no mediar la acción de una oposición decidida primero a detenerla y después a derrotarla para recuperar y ampliar los derechos y libertades que pretende arrebatarnos.


jueves, 11 de junio de 2026

Los sibilinos mensajes de la encuesta CEP

Miguel Angel. Sibila Cumana. Capilla Sixtina. 1508-1512



La medición y exposición de la opinión pública como un índice de credibilidad y luego, para la toma de decisiones políticas, durante los últimos años, ha sido constante y prácticamente ha suplantado a otras formas de deliberación, como el Parlamento, los sindicatos y los partidos políticos. 

Su crisis de representatividad y prácticamente nula credibilidad, expuestas por las mismas encuestas, confirman a las últimas como autoridad en la materia -lo que ya de por sí resulta bastante sospechoso por los enormes intereses económicos de una industria cuya base es precisamente la fiabilidad y que por consiguiente vive de los niveles de confianza depositadas en ella-. La danza de números que todos los días agobian a la opinión pública que dicen representar, en este sentido, no tienen otro propósito que modelarla de modo tal que después repite lo mismo que según las encuestas opina. 

El vaticano de estas medicioness, el CEP, acaba de presentar la suya, consultando acerca de las tendencias que supuestamente son las que definen o debieran hacerlo, el comportamiento de la sociedad y lo que es más importante, la toma de decisiones de los actores políticos y culturales relevantes de la sociedad, aunque de paso también nos dice quiénes son. Según esta, el gobierno de Kast ya dilapidó el capital con el que contaba al momento de su elección, mientras el de la izquierda, representada para el instituto en los personeros del anterior gobierno -incluido el ex presidente- mantiene inalterado los niveles de respaldo que tuvo durante todo su período e incluso en el resultado de las últimas elecciones presidenciales. En cambio, la ultraderecha tiene altísimos niveles de desaprobación. 

Para el decano de las encuestas, además, el cabecilla del estilo tecnocrático y frío del gabinete, el ministro Quiroz, tiene un nivel de aprobación tan ridículo como el de la cantinflera ex vocera. Lo que ciertamente no se dice, es que su batería de medidas, como las rebajas de impuestos, traspasar las alzas a los consumidores, su política de ajuste brutal en áreas tan sensibles para la población como salud y educación, es justamente el origen de semejante catástrofe para el gobierno. 

Se hace una mención genérica a que la población siente que la situación económica es "mala" o "muy mala", lo mismo que en delincuencia, educación y salud, pero como cualquier instrumento de estas características, no explica claramente a qué se refiere este índice. Las soluciones de Quiroz incluso podrían no ser la causa de semejante impresión de la opinión pública, sino como han tratado  de hacer creer majaderamente, el ex ministro Grau, el ex presidente Boric, la guerra en medio oriente, la reforma tributaria de la ex Presidenta Bachelet, a lo que habría que sumar todas las reformas que se han realizado en los últimos diez años en materia económica y social, excepto el mediocre paréntesis de Piñera. 

No es casual en este sentido, que hayan aparecido Matthei, Correa y otras antiguas glorias de la democracia de los acuerdos a realizar críticas muy caballerosas al gobierno de Kast. 

Que la encuesta CEP nos venga a recordar o pretenda al menos, la irrelevancia de los partidos políticos y el movimiento sindical tiene también un significado. Efectivamente, se podría decir sin temor a equivocarse y solamente en base a la constatación de los aportes que han hecho en estos tres meses, que su acción ha sido irrelevante. La consecuencia más o menos obvia de semejante constatación para un observador desprevenido es que la eventual solución a semejante crisis expresada por la encuesta no pasa por ellos. ¿Qué alternativa quedaría en ese caso? Solamente perseverar en el mismo camino de Kast y Quiroz aunque de otra manera o una populista que las preserve con ciertos toques de tropicalismo estilo Bukele, Bolsonaro o Milei, lo que se ve difícil considerando el rechazo que generan Kaiser, Squella y el resto. 

La encuesta CEP presenta más interrogantes que respuestas. Indica de modo muy sibilino un problema que tiene la derecha y sugiere ciertas maneras de enfrentarlo o a lo menos, una materia para discutir en sus centros de estudio, las universidades y los medios que tiene. A la izquierda también. Principalmente, qué es lo que falta y la manera de realizarlo, para que lel agotamiento prematuro de la estrategia de la derecha para este período se transforme en una oportunidad para democratizar la sociedad; el lugar que debieran ocupar sus partidos, el moviiento sindical y social en general para pasar de la resignación ante los puros hechos expuestos por una encuesta, a la acción social transformadora.   




martes, 2 de junio de 2026

Cuando la nostalgia cede su lugar a la resignación


Georg Grosz. Homenaje a Oskar Panizza. 1917-18


El informe del Presidente Kast al Congreso Pleno debe haber resultado decepcionante para los nostálgicos de la "democracia de los acuerdos" y muy sólido, en cambio, para el sector más reaccionario de su alianza -aunque la nostalgia cede dada vez más su lugar a la resignación entre sus protagonistas-. Fue una declaración de principios, mezcla de conservadurismo moral y ultraliberalismo como no se veía desde los años setenta del siglo XX.

 

Lo nuevo es que ya no solamente marca sus diferencias con la administración anterior ni que insiste majaderamente en culparla de todas las emergencias de las que debe hacerse cargo la suya, sino que además expone un programa reaccionario y fundamentalista, que va más allá de aquella coyuntura que, en realidad, fue la excusa para despejarle el camino. La mejor prueba de ello, es la confesión presidencial de lo "doloroso" que habría sido el traspaso del alza de los combustibles a los consumidores y al pueblo, y la consiguiente felicitación por haberlo soportado tan estoicamente.

 

También la de que la ausencia de una estrategia de seguridad va a ser subsanada con una batería de medidas de control que rayan con el Estado policial y que lleva entre sus componentes restricción en el ejercicio de derechos como forma de castigo ante la comisión de actos que en forma gruesa denomina "incivilidades". Crear una ley que las castigaría y un registro de infractores o de responsables de "incivilidad", enlaza lo arbitrario y la excusa, con la finalidad de aumentar el control y disminuir las libertades individuales y colectivas. El plan de seguridad de Kast muestra de esta manera realmente qué es lo que entiende por tal, incluyendo la intervención policiaca de los barrios que con toda seguridad va a aumentar los niveles de violencia de que ya son víctima.

 

La seguridad es concebida por Kast y la derecha sólo como la posibilidad de resguardar la propiedad privada, sin considerar lo que es patrimonio común de todos los chilenos y chilenas como los bienes culturales, la naturaleza y otros que Kast, Poduje, Alvarado y el resto de la derecha consideran inexistentes o motivo de chistes-.

 

El ajuste que ejecuta del gasto social y de las capacidades del Estado para hacerse cargo de las demandas de la sociedad, es inevitable pues la rebaja de impuestos a los super ricos lo priva de los recursos necesarios para hacerse cargo de ellas. Es una transferencia de varios miles de millones de pesos desde el gasto social a los súper ricos que muestra su lado violento pues no se puede suponer que no vaya a generar molestia, disconformidad y protesta social, catalogada de antemano como “incivilidad”. El aumento en el límite de deuda que según Quiroz habría autorizado casi con lágrimas en los ojos, es la mejor demostración de su obsecuencia con los intereses del empresariado, toda vez que prefiere endeudar al Estado antes que subirle los impuestos, usando como excusa el último IFP.

 

La brecha de desigualdad que dicha estrategia profundiza y la de la sociedad con una institucionalidad política que no solamente no se hace cargo de ella sino que la legitima y la genera, están provocando un cambio social de proporciones. Un cambio de este calado reclama la reforma del Estado que dé cuenta de ella.

 

Es, precisamente, por esa razón que Kast lo incluye en la cuenta presidencial y empezaría por la fusión de algunos ministerios. Pero va a continuar con la comisión de expertos que le haría recomendaciones que con toda seguridad ya están redactadas y guardadas en los cajones del escritorio de Alvarado o García.  Vendrán luego otras fusiones, eliminación de programas; guerra a la “permisología” y con toda seguridad algunas privatizaciones de lo que aún se pueda privatizar, como CODELCO.

 

El discurso de Kast frente al Congreso marca un hito en la historia reciente del país. No solamente se encarga de dejar en claro su diferencia doctrinaria, moral y política sino que señala una que solamente es posible salvar en el caso de la resignación frente a los puros hechos, en este caso la política represiva, moralmente fundamentalista y ultra liberal de su gobierno. El rol de la oposición entonces ya no es solamente "defender", "resistir", ni siquiera someter a un escrutinio crítico la acción del gobierno. Ahora además debe ser la de representar una alternativa de sociedad, la aspiración y la voluntad de construir una sociedad diametralmente opuesta. Otra cosa es darse por vencido de antemano. 

 


jueves, 28 de mayo de 2026

Las joyas de la corona

Johannes Ver Meer. La joven de la perla. 1665-1667



Por estos días, el debate se trasladó del contenido abiertamente clasista del Proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional hacia la herencia que el gobierno anterior le deja en materia fiscal a la administración actual. Desde antes de que asumiera, durante su instalación y ahora, con motivo del esperado IFP del Ministerio de Hacienda, el discurso ha sido la gran debacle que le legó: déficit, malos cálculos, aumento de la deuda y algunos afiebrados incluso hablan de "dolo", que según el diccionario viene a ser como lo mismo que engaño, estafa, mala fe, etc. 

Es la razón para que republicanos y nacionallibertarios impulsen una acusación constitucional contra el ex Ministro de Hacienda, Nicolás Grau.  Aparentemente un despropósito considerando los sibilinos mensajes del ministro del interior y el de la presidencia en orden a negociar en el senado el proyecto de reconstrucción o ley miscelánea. La suma y resta de votos en la sala, indica que se necesitarían, aunque sea, dos o tres más de los que tiene el oficialismo. ¿Error de cálculo?  ¿inexperiencia? El presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, ha declarado que aun cuando no sea más que por un voto, aprobarla le parece lo esencial, lo que quiere decir en pocas palabras que los consensos y las mayorías, etc. le importan un bledo. 

Al mismo tiempo, y mientras las elites derechistas se entretienen discutiendo acerca de lo inoportuno que aquello resultaría, el abaco de Quiroz indica que los cálculos de la ley miscelánea tendrían que volver a ser ajustados en función de este escenario post IPM, que resultaría aun peor del previsto por dicha ley. Y lo más increíble es que eso no lo mueva un milímetro de la idea matriz del proyecto que es la reforma tributaria que beneficiaría a los empresarios y a los ricos de este país. Esencialmente, reducción del impuesto corporativo e invariabilidad. 

Quiroz, entonces, saca un as de la manga que es la venta de 1200 propiedades del Estado lo que en opinión de todos los economistas, no alcanza para nada. La privatización de CODELCO aparece como la solución obvia. De esa manera, la trifulca armada por la dupla Mas/Quiroz a propósito de la situación de la estatal y los ataques en contra de su ex vicepresidente Máximo Pacheco y su renuncia a Novandino, cobran sentido.  

Ambas empresas han sido objeto de un constante y capcioso escrutinio por parte de las autoridades del gobierno entrante. CODELCO, la más grande empresa estatal, el mejor negocio del Estado, y Novandino, la viga maestra del desarrollo del país en el siglo XXI, están en peligro aunque Quiroz haya indicado que no está entre sus cálculos y que requeriría una reforma constitucional, no así el Ministro Mas. La vieja estrategia del policía bueno y el policía malo, que se expresa también en el Parlamento, en la Alianza de gobierno y el gabinete.

Una política de semejante calado implicaría, necesariamente, una transformación del Estado como no se habría visto desde los tiempos de Pinochet. Así de grave. De ahí la insistencia de los medios de derecha, o sea casi todos, por instalar la discusión sobre la disminución del número de ministerios, a lo que seguramente le van a seguir otras linduras. 

El tiempo apremia. Lo que la derecha no consiguió en el Consejo Constitucional, podría lograrlo por la vía parlamentaria. Sin embargo, las encuestas indican que su respaldo se está agotando y que cuenta cada vez con menos apoyo en todos los tramos etarios, por segmento socioeconómico excepto los más ricos, y en todas las regiones. En general, su comportamiento ha sido chusco, lejos de la sofisticación de la "democracia de los acuerdos" que tan bien le venía a los Allamand, Matthei e incluso a Longueira, prohombre de la UDI popular. Ello, sin embargo, no por torpeza solamente sino también porque justamente el tiempo no alcanza para tantas sutilezas y cabildeos. 

Las joyas de la corona está en juego y es momento de tomarlas. 



viernes, 22 de mayo de 2026

Cambios al sistema de admisión: retorno al siglo XIX

Adriaen van Ostade. El maestro de escuela 1662
                                



El gobierno de millonarios y para millonarios de JAK, acaba de anunciar una de las medidas que apuntan a reforzar el corazón del carácter clasista del sistema educacional: reformar el sistema de admisión escolar, incluidos los establecimientos particulares subvencionados, de manera que con el pretexto ideológico de "considerar el mérito", puedan reponer sistemas discrimatorios como las entrevistas a los padres; las pruebas de admisión; la consideración del desempeño académico previo e incluso las necesidades educativas especiales de los y las postulantes, como factores de exclusión. 

A los recortes en infraestructura, asistencialidad escolar (JUNAEB), gestión de los Servicios Locales de Educación y gratuidad en la educación superior, el gobierno de derecha suma un nuevo golpe a la educación pública. El propósito es evidente. Redistribuir recursos hacia arriba. Quitarle financiamiento a servicios sociales como educación (lo que también hace con una alegría infame en el sector salud), y transferirlos a los ricos en la forma de rebajas de impuestos, subsidios y otras regalías. Desde la dictadura de Pinochet que no se veía algo semejante. 

Con la reforma del sistema de admisión, el Ministerio de Educación, conducido nuevamente por una ingeniera comercial, favorece a los sostenedores de escuelas particulares para que éstos hagan el trabajo sucio de arrebatar la matrícula de las escuelas fiscales administradas por municipios y servicios locales de educación, con el pretexto de la competencia, por medio de una propaganda absolutamente desregulada y mendaz. De esa manera, ésta capaz que termine por hacerlas desaparecer o reducirla al nivel de un "plan focalizado", como si ello fuera el resultado natural de tendencias necesarias o inevitables. Es lo que ellos llaman "ponerle los patines". Ahora son las pruebas de admisión; mañana el financiamiento compartido probablemente y otros mecanismos de clausura que afectan a estudiantes, familias y finalmente al país entero. 

Esta es la manifestación concreta de la creencia dogmática de los neoliberales de que existen ciertas leyes necesarias del desarrollo social, las que además coinciden con sus estrafalarias teorías, ante las que el pensamiento debe someterse. Un absurdo por donde se le mire. Como que las rebajas de impuestos generan inversión y empleo (sic). De esa manera, al Estado no le queda más que adaptar su política, en este caso su política educativa, a esas supuestas "leyes" y dejar que cada uno se salve como pueda. Para ellos, la educación es una responsabilidad individual o en el mejor de los casos, de las familias. Así, siempre van a ser finalmente los más poderosos, cultural y económicamente los que lo hagan. 

Como en el siglo XIX. 

El problema es que esta política no garantiza tampoco resultados académicos, comúnmente rotulados como "calidad de la educación". En efecto, la segmentación del sistema escolar solamente redistribuye su pobreza material de manera tal que al Estado le salga más barato, lo que es conocido como "focalización", y al mismo tiempo reorganiza los capitales culturales encerrándolos en ghettos. No produce más aprendizaje ni mejores resultados en las pruebas estandarizadas como el SIMCE, estos simplemente se trasladan. Y siempre lo hace de abajo hacia arriba.

Políticamente, este golpe es un ataque frontal al derecho a la educación con una clara intención de clase. Significa un retroceso de a lo menos diez años en lo que respecta a reforma educativa y ni siquiera se condice con la evidencia empírica, que indica que las reformas privatizadoras de los años ochenta y noventa, no generaron ni mejor educación ni mayor integración social. 

La respuesta de las comunidades educativas, no puede ser otra sino la de rechazar esta política clasista y movilizarse por la defensa del derecho a la educación. Partiendo por el sindicalismo docente, para el que esta reforma significa casi tanto como lo que podría significar para los trabajadores del cobre, la apertura de la venta de acciones de alguno de los yacimientos de CODELCO o la contrarreforma que ya anuncia el ministerio del trabajo a las normas sobre jornada y negociación colectiva. 

Ya los recortes del gasto exigidos por Quiroz a todos los ministerios, en educación han significado un retroceso en inclusión, gratuidad, eficiencia del sistema, asistencialidad y han golpeado tanto al sistema universitario como al escolar. Afectan las condiciones para el ejercicio del derecho a la educación de los y las estudiantes y sus familias y empobrecen las condiciones y el significado de la profesión docente. Favorecen a la educación privada, a los empresarios de esta industria y finalmente a los más ricos que, gracias a esta concepción de la educación que la convierte en una responsabilidad individual, son exhimidos de alguna para con la sociedad, excepto con sus propios inetereses de clase. 

El gobierno de Kast ha abierto una brecha. Y a cada día que pasa parece ampliarse más. Sólo una acción decidida del sindicalismo docente podría ocuparla para ampliar las posibilidades de defender los derechos del pueblo chileno a la educación y derrotar la ofensiva conservadora del gobierno actual. 




lunes, 18 de mayo de 2026

Ser o no ser



John Everett Millais. Ophelia. 1852



La famosa línea de Hamlet de Shakespeare en el acto 3, es una de las más recordadas y repetidas en momentos de incertidumbre y decisión ante el futuro. Más o menos el que en la actualidad enfrenta la sociedad chilena frente a lo que ha llamado el senador Diego Ibáñez del
FA, "la reforma privatizadora más agresiva desde la dictadura". Lamentablemente, poco más de treinta años de un sistema político en que el consenso de la elite reemplazó a la sociedad, la radicalidad de las acciones y medidas de un gobierno ultrafundamentalista en materia económica y cultural para algunos son una base razonable para construir uno tolerable para la sociedad. 

Hace cincuenta años, los chicago boys llegaron con un programa parecido a hacerse de la dirección económica de la dictadura militar. El resultado inmediato que tuvo el plan de De Castro y Cauas, fue destruir la industria nacional, la cesantía generalizada, el aumento de la pobreza, la caída del consumo interno y finalmente llevar al país a la recesión. Es algo que le han advertido a Quiroz -prácticamente un astrólogo de las finanzas- instituciones tan o incluso más fundamentalistas que él mismo y el gabinete de operadores de la gran empresa que es el de Kast.

En ese entonces, de hecho, Chile entero estaba aterrorizado por la represión y los crímenes de la dictadura. Las direcciones de los partidos socialista y comunista en la clandestinidad; buscadas por los agentes de la DINA; finalmente asesinadas y hechas desaparecer. Lo mismo en el caso del MIR; la dirigencia de los sindicatos, organizaciones vecinales y del movimiento estudiantil.  La respuesta de la izquierda y el pueblo chileno fue resistir primero y luego, movilizarse para derrocarla. 

En la actualidad, en cambio, parece presa de un marasmo incomprensible desde la cruel racionalidad de la política de la administración derechista. Los recortes en salud y educación pública; las alzas; y el permanente ninguneo del que es objeto por parte de Kast y sus colaboradores -comentados extensamente por El Mercurio del fin de semana- hasta ahora no han motivado sino al movimiento estudiantil mientras la oposición parece haber renunciado a su responsabilidad de representar una alternativa y se mantiene en el plano de las manifestaciones de una molestia formal. 

Todas las actuaciones de Kast y sus ministros y ministras tienen el aspecto de una permanente pulseada que se propone medir sus posibilidades de seguir profundizando la implementación de su agenda.

Por esa razón, probablemente, de antemano los poderes constituidos por el sistema neoliberal rasgan vestiduras ante la sola posibilidad de que las organizaciones sociales, de trabajadores, estudiantes, ambientalistas y de género, se movilicen en defensa de sus conquistas y de los derechos que han logrado arrancar a la avaricia de los que realmente detentan el poder en Chile. A las declaraciones de la diputada Lorena Pizarro, como antes lo habían hecho con las del senador Daniel Núñez, reaccionó la jauría de chupamedias para acusarlos de no creer en la democracia. 

Eso, como si el gobierno de Kast fuera un paradigma al respecto. Hay sectores de oposición que han preferido concentrar su atención en las paparruchadas de la ministra de seguridad; o el cantinfleo permanente de la vocera; o preferido las visiones "técnicas" del CFA a las “tincadas” de Quiroz como si aquel fuera un arquetipo de pureza científica. Algo parecido a los inicios de Piñera I cuando muchos concentraron su atención en la denuncia de los conflictos de interés y la "letra chica" de los proyectos de ley que enviaba al Congreso y no en su contenido abiertamente conservador y antipopular. 

Entonces, fue la movilización la que colocó a la oposición en el lugar que le correspondía e imposibilitó la reedición de la democracia de los acuerdos y logró gratuidad de la educación, desmunicipalización del sistema escolar y fin del sistema binominal. La que el 18 de octubre obligó al poder a reconocer la legitimidad y posibilidad del cambio constitucional. La negación del consenso imposible por el fundamentalismo de Quiroz, Mas, Rau y cía. y que hasta ahora lo había salvado de terminar en el tarro de la basura de la historia.

Esa es el trance por el que atraviesa el país y la pregunta de la que debe hacerse cargo la oposición para, efectivamente, resolver la incertidumbre que lo atraviesa y que lo arrastra inexorablemente al precipicio.


lunes, 11 de mayo de 2026

Nueva Eucación Pública o plan focalizado

Homenaje a Gabriela Mistral. Fernando Daza. 1971



La ministra de educación, María Paz Arzola acaba de realizar un anuncio de la máxima gravedad. Pausar los traspasos de escuelas y liceos públicos, administrados actualmente por corporaciones y departamentos de educación municipal, a la institucionalidad creada por la Nueva Educación Pública, los Servicios Locales de Educación Pública. 

Ésta ya cuenta con 36 Servicios Locales funcionando con sus establecimientos, sumando así más de 640 mil estudiantes y párvulos, y casi 119 mil docentes, asistentes de la educación y educadoras de párvulos. Por tanto, más del 50% del nuevo sistema se encuentra instalado, el que debiera concluir en 2029 con las 346 comunas traspasadas a los 70 Servicios Locales creados por la Ley 21.040. 

Resulta evidente para cualquier observador objetivo que no estamos hablando de un sistema imposibilitado estructuralmente de funcionar, como sí ha demostrado serlo el sistema municipal, que arrastra deuda y déficits crónicos, malos resultados académicos y deterioro del servicio.

El coro de prosélitos de la privatización y la concepción de la educación pública como plan focalizado -el que la concibe como "la educación de los pobres"- no ha podido ocultar su algarabía. Lo mismo los alcaldes de derecha; algunos sobrevivientes del pinochetismo, liberales y conservadores de diversas especies y denominaciones que coinciden en su consideración del individuo como una especie de “alma pura” que no tiene nada que ver con sus congéneres.

La respuesta del sindicalismo docente, en cambio, es de una tranquilidad pasmosa. Los recortes que se han realizado ya, y los que se anuncian para la ley de presupuesto 2027, parecieran no conmover a los dirigentes del Colegio de Profesores y Profesoras, quienes se mantienen fielmente impertérritos a su agenda reivindicativa. Parecieran no darse por enterados que el gobierno de Kast no solamente no va a negociar con el gremio por pura buena voluntad; sino de que no va a sostener la tendencia de reformas que se vienen realizando desde hace como veinte años y que, por el contrario, viene a ponerles el freno de mano para profundizar la precariedad y el agobio laboral de los y las docentes.

Sin desmunicipalización ni creación y expansión de la Nueva Educación Pública, lo mejor es olvidarse de cambios al sistema de financiamiento; un curriulum nacional que exprese verdaderamente las aspiraciones y demandas de la sociedad en lugar del catálogo de contenidos actual; de dignificación de la docencia y el derecho a la educación. En lugar de luchar por completar dichas reformas, el sindicalismo docente va a permanecer preso de la defensa de los derechos que no le han sido arrebatados y los que ha logrado arrancar al sistema neoliberal en los últimos diez años.

La intención de Kast, Arzola y el resto de la derecha, es terminar de ahogar lo que queda de educación pública, mantener el actual sistema de financiamiento y la ineptitud y en no pocos casos, los vicios administrativos de los actuales responsables de la educación estatal para que termine de morir o quede disminuida a su más mínima expresión: la educación de los pobres y los más deprivados, como siempre lo han soñado.

Los conservadores, la ven como una amenaza. Demasiados niños y jóvenes juntos, y lo que es peor pensando. Un grupo de trabajadores y profesionales que les inculcan ideas peligrosas, como cuidado del medioambiente; respeto por los derechos humanos; a convivir democráticamente incorporando a las diferencias de clase, nacionales, étnicas y de género, todo lo contrario del mundo preconizado por Kast y su secta de fanáticos religiosos y a la que pretende arrastrarnos.

El anuncio de Arzola, por lo tanto, no es “tomémonos un tiempo y veamos”. Es más bien, dejemos morir a la educación pública y de esa manera, nos deshacemos de la molestia que significa el gremio docente. Todavía es tiempo de recuperar la iniciativa. No hacerlo, un boleto seguro a a intrascendencia. 


jueves, 7 de mayo de 2026

Cuestión de lógica

Georg Baselitz. Die Mädchen von Olmo. 1981

                             
                                         





Estos días, el proyecto estrella de la administración derechista que gobierna el país entró en una etapa crítica. Se juega mucho en esta pasada y aritméticamente, faltan apenas un par de votos para que vea la luz verde. Pero la cosa no es tan simple, como sumar y restar. 

En efecto, el problema es que se trata de una decisión política y por lo tanto, una materia opinable. Los intereses en juego, contradictorios y su implementación pasaría por otras reformas legales y medidas administrativas que van a seguir agitándolos. Hasta ahora, han pesado más las críticas que ha motivado en su propio sector e instituciones que no son precisamente opositoras del modelo neoliberal. El CFA, el FMI, JP Morgan, a lo que hay que sumar periodistas y comunicadores sociales, que son los que realmente influyen en la opinión pública. 

La principal: el aumento del déficit fiscal que generaría la rebaja del impuesto corporativo y la imposibilidad de asegurar el porcentaje de crecimiento que lo podría compensar en el mediano plazo. Como quien dice, que el proyecto es un "tufazo" de Quiroz. Lo que no dicen estos expertos, aun cuando demuestren un poco más de realismo, es que la rebaja de impuestos además es un favor que se le hace a las grandes empresas, así que los costos de ese menor crecimiento económico ni les va ni les viene porque sus ganancias ya están aseguradas. No así los programas de alimentación escolar; de salud mental; odontología; personas mayores; pensiones; un nivel decente de remuneraciones para trabajadores y trabajadoras, empleados y profesionales de clase media y un largo etcétera.

Las ridículas compensaciones que el PDG está negociando con hacienda, no dan más que para un par de fotos en portadas y sus correspondientes negociaciones, para mantener con vida a ese imbunche lo suficiente como para asegurar la aprobación de la idea de legislar. De pasada, asegurar su lugar al provocador en que se ha convertido Parisi, siempre dispuesto a terminar acordando cualquier porquería con Quiroz, con tal de salir en la foto. 

Su lógica es implacable de manera que las inconsistencias que se le reprochan van a terminar siendo resueltas por cambios no del proyecto, sino de la realidad. Finalmente, como siempre lo han hecho los liberales, el déficit se puede resolver vendiendo un par de empresas del Estado o por medio de "racionalizaciones" en servicios públicos, como ya lo vienen haciendo los ministerios desde que asumió Kast. 

Quiroz ha sido consistente en cuanto a su propósito. Ha demostrado desde antes de ser ministro de hacienda que es un férreo defensor de los intereses de las grandes empresas. Un fiel seguidor de la doctrina de Pinochet de hay que "cuidar a los ricos". Por esa razón, las críticas no lo amilanan. Muy suelto de cuerpo ha respondido a los cuestionamientos que desde su propio sector le hacen a su receta, que ésta no se puede analizar y criticar separando las diferentes medidas que contempla sino que tiene que ser vista como un conjunto. 

A eso se refiere cuando dice que el CFA, lo mismo que todos los críticos de su plan, comparten un mismo propósito que es recuperar dinamismo y el crecimiento económico de manera que sus aspectos cuestionables desaparecen en su rigurosa lógica interna y su comprensión. 

Es decir, a los efectos reales que se puede suponer casi con toda seguridad va a tener, responde con la fe de carbonero de los economistas neoliberales en sus sofismas. Semejante ideologización, propia de fanáticos religiosos, se expresa finalmente en violencia física y simbólica. Los recortes en cultura, a cargo de un liberal de pura cepa como Undurraga, lo demuestran.

El problema del plan de Quiroz no es su lógica o su inconsistencia interior, sino la filosofía de clase que lo inspira. También su resistencia a concebir, por razones obvias, que hay otras maneras de enfrentar una ralentización típica de los ciclos económicos y los riesgos que implica para una economía pequeña y excesivamente abierta como la chilena el retroceso de la globalización neoliberal, que no son la apertura indiscriminada de nuestro comercio, la privatización y el ajuste. 

Es justamente el rol de la oposición hacerlo y señalar que una sociedad y una economía soberana; con igualdad, derechos asegurados y donde todos y todas sean considerados ciudadanos, no sólo consumidores con derecho a voto, es posible y necesaria.