miércoles, 30 de septiembre de 2026

Recabarren y la democracia

Pedro Luna. Faenas en el puerto, cargadores. 1915



Toda la obra escrita de Recabarren se podría interpretar como una reflexión acerca de las relaciones entre el republicanismo formal de la oligarquía y la democracia entendida como gobierno del pueblo y finalidad de la revolución. 

Una de sus motivaciones, de hecho, es la evidente contradicción entre la República tal como se fue conformando en el transcurso del siglo XIX  y los principios que inspiraron la revolución emancipadora. La reflexión de Recabarren gira en torno a la necesidad de concluir sus tareas negadas por la forma que adoptó con posterioridad. 

Concibe el desarrollo de la República, como la negación de los principios que la habrían inspirado –libertad, igualdad y soberanía- y que habrían beneficiado sólo a los “propietarios”. Un proceso que surge del despojo de los pueblos originarios, el que daría origen a la propiedad y consecuentemente a las clases sociales -con toda la imprecisión e inexactitud científica que se le pueda reprochar a sus impresiones y la manera en que las expresa, sin que ello desmerezca la profundidad de su punto de vista-. El Estado vendría a cumplir después la función de legitimar y dar forma institucional a este proceso histórico. 

Por ello, Recabarren avanza en relación con los progresismos ilustrados de pensadores del siglo XIX como Bilbao, Lastarria y otros, pues reconoce la historicidad de los fenómenos de la desigualdad, la exclusión y el encapsulamiento del sistema político de su época, así como los fundamentos materiales que los sostienen. Permanentemente, por esa razón está haciendo referencia a su carácter de clase y señalando que en ello está precisamente el origen de sus contradicciones e incapacidad de representar efectivamente a la sociedad real, la que recién el naturalismo literario de autores como Baldomero Lillo y Augusto D´halmar, asi como los pintores de la Generación del 13, comienzan a relevar estéticamente mientras el pueblo va experimentando formas de organización social y política que van desde las mutuales y sociedades de artesanos al sindicato, la federación obrera y los partidos políticos de clase. 

Se refiere a los intereses "de los ricos" y de "los caballeros" como los que se oponen al interés nacional que identifica con los de la mayoría, a la que identifica con "los pobres", "los trabajadores de ambos sexos", "los que viven del salario", entre los que incluye a empleados, artesanos, pequeños propietarios y "trabajadores de las haciendas".  Su consideración de "la mayoría" no se agota, entonces, en una estimación estadística, sino que está determinada por el contenido del que es portadora. “Progreso”, "higiene", "instrucción", "recreo", "cultura", "bienestar", son los que asimila a una "verdadera civilización" y que considera bienes sociales producidos por el trabajo humano. Son estos, precisamente, su verdadero significado porque representan el interés general y son producidos gracias al trabajo de todos y todas. 

De esa manera, Recabarren aborda su reflexión sobre la democracia entendida como gobierno de la mayoría y realización histórico-concreta de los valores que el hombre ha ido conformando en la vida social a lo largo de la historia de Chile después de la Independencia, como surgiendo de la vida cotidiana y como una forma de convivencia en que el ser humano desarrolla unos valores, hábitos, formas de relacionarse, opuestas a los de la oligarquía que vive de las rentas del salitre y la propiedad de la tierra. Su carácter especulador y la codicia que la mueven, de hecho, están para Recabarren en el origen del atraso y la pobreza; por lo tanto, de la desigualdad y profundizan por esa razón el modo elitista y burocrático del sistema político.

No hay verdadera democracia sin considerar las necesidades cotidianas de la gente trabajadora -entre las que incluye, vivienda, educación, asistencia frente a la enfermedad y los accidentes del trabajo o durante la vejez-. También de sus formas de relacionarse en ésta y no de unos valores surgidos en un mundo trascendente que le es extraño y de los que se deducen principios como una falsa noción de la patria, obediencia, eficiencia y sumisión que después reproduce el sistema escolar y la Iglesia. Concibe la explotación, por lo tanto, como lo opuesto a la democracia y la ve manifestándose en todas las esferas de la vida social. En el trabajo, pero también en las leyes y el comercio, que son diversas formas de servidumbre que lo condenan.  

La lucha social, la educación y la cultura son para Recabarren, en consecuencia, parte de la democracia.

También la libertad de comercio porque es una forma de escapar del control que ejercen los capitalistas de los trabajadores en la vida cotidiana, a través de las pulperías y el sistema de pago en fichas. Por esa razón para él, el cooperativismo ocupa un lugar importante en la política de las clases subalternas. Es una forma de escapar a su situación de subordinación y explotación, a la que asimila con la "falta de libertad". 

Precisamente la manera en que concibe la explotación y lo que le confiere su "universalidad", como la denomina. La explotación la viven cotidianamente, en efecto, los trabajadores; pero también, y doblemente, la mujer tanto en la fábrica y el taller como en el hogar. Los trabajadores del campo que sufren la explotación así entendida por parte de los hacendados que a su vez son "autoridades" en el sistema político. Explotación y sometimiento son dos caras de una misma moneda. Libertad y democracia su opuesto.

Ese carácter burocrático y elitista, Recabarren lo identifica además con el centralismo asfixiante que lo caracterizaba desde las guerras civiles del siglo XIX, en que se había impuesto una oligarquía rancia de la capital que vivía de las rentas que extraía de la actividad de las regiones. Recabarren en muchos de sus escritos se refiere a las enormes riquezas que el salitre en el norte y la actividad maderera en el sur de Chile, por ejemplo, aumentan las de una pequeña minoría beneficiándola mientras aquellas se empobrecen y son condenadas al atraso. 

Libertad, igualdad, justicia, pueblo y soberanía, sintetizados en la Democracia como forma de gobierno y convivencia política y social, entonces, no son valores abstractos sino realidades concretas que se manifiestan históricamente en la práctica política y el pensamiento de Recabarren que lo diferencian de otras formas de progresismo ilustrado y que por el hecho de ser la negación de sus formas excluyentes e inacabamiento, anuncian el inicio de una nueva época o debería hacerlo. 

Recabarren lo aborda en su reflexión sobre la democracia entendida como gobierno de la mayoría y realización histórico-concreta de los valores que el hombre ha ido conformando en la vida social a lo largo de la historia de Chile después de la Independencia, entendida como unidad de cotidianidad e historia.

El mundo y el país han cambiado desde entonces. Pero las tareas que se propuso y que dieron origen a la izquierda chilena -a toda la izquierda- se mantienen vigentes. Incluso con más urgencia todavía en la medida que las formas de control, explotación y sometimiento a que son sometidos trabajadores y trabajadoras; y en la misma proporción en que su transformación en “clase media” vuelve más sofisticadas y absorbentes sus mecanismos.


jueves, 17 de septiembre de 2026

Otra semana de sufrimiento

Karel Apel. Grito de libertad. 1954



Llegaron las Fiestas Patrias y se suma una nueva semana, durante el mes de septiembre, de sufrimiento para el aporreado pueblo chileno. Las alzas las van a hacer tal vez menos opíparas y por esa razón su efecto adormecedor no sólo no dure demasiado sino más bien lo agudice aún más. 

Sobre los estropicios ya consumados y los chascarros del gabinete y sus sucesivas bajas, no vale la pena insistir, sino solamente señalar que en una auténtica democracia, ya habrían sido motivo suficiente de juicio político. A un Ministro de Hacienda que con sus decisiones -contando eso sí con el respaldo del jefe y la aprobación de una mayoría formal en el Congreso- arrastró al país a la recesión o a lo menos, la aceleró en lugar de contenerla y proteger a la sociedad de sus efectos (alza del costo de la vida, aumento del desempleo y caída de la productividad y el consumo, de por medio) hay que sumar un canciller fantasmagórico y un Ministro de Seguridad que ya ha tenido que retroceder varias veces en su agenda por la desprolijidad de su gestión legislativa por decirlo suavemente, cuando no por su desprecio de las normas elementales de la democracia. 

Siguiendo el modelo de Trump, el convicto Bolsonaro y el loco Milei, pareciera que para la derecha actual en eso consiste, justamente, gobernar. Distraer a la sociedad  y a todo el espectro político, incluidos los propios, entre un enjambre de fuegos de artificio a través de los que, a las perdidas, pueda colarse más de alguna privatización, recorte de gasto, racionalización, restricción de las libertades y derechos individuales y colectivos o despidos tanto en el sector público como el privado.  

Aparentemente, un verdadero desgobierno. Sin embargo, lo realmente sorprendente es que continúe insistiendo en las mismas recetas, mientras la oposición se limita a comentarlo, parafrasearlo y en algunos casos y determinadas ocasiones, deshacerse en gestos de amistad cívica, que rayan en lo bizarro. En efecto, a cada anuncio, cual más fundamentalista y reaccionario que el anterior, la respuesta de la oposición se reduce a críticas de forma, dudas técnicas y cuestionamiento de sus énfasis. La discusión política pareciera haberse reducido, por el momento, a la cuestión de qué tan liberal o no es Kast. Ni una sola propuesta de país en temas tan estratégicos como industria, empleo, educación pública y relaciones internacionales, en el marco de un orden mundial que se cae a pedazos, como si fuera posible sobrevivirlo a punta de parches curita y alambritos. 

También en el marco de las conmemoraciones de septiembre, sin embargo, y como un monumento a la historia de luchas del pueblo chileno, está el triunfo de Salvador Allende y la UP en las elecciones de 1970, triunfo posible gracias a una amplia convergencia programática de los sectores progresistas, materializadas en el Congreso Pleno que lo ratifica y aprueba la nacionalización del cobre al año siguiente, e incluía profundización de la reforma agraria, aumento sostenido de los salarios y la productividad de la industria nacional. Dicha convergencia, fue interrumpida por intereses sectarios y vacilaciones alimentadas por el conservadurismo moral y cultural subsistentes en la sociedad chilena del siglo XX. Ello es lo que hizo posible el golpe de estado, no el maximalismo del gobierno popular o la fragilidad del respaldo a su gestión -que en las parlamentarias de marzo de 1973 llegó al 43% del electorado-.

Probablemente, los cambios posteriores, que la generación de revolucionarios y dirigentes políticos que protagonizaron la UP ni siquiera imaginaron, sea una de las razones que explican el retorno de una reacción recargada, que viene a resolver lo mismo que la dictadura pinochetista: el viejo dilema de quién se lleva la tajada del león del producto del trabajo y el crecimiento económico en una sociedad de clase. La oligarquía gobernante ya no necesita golpes de estado a cargo de militares gorilas, como los de las décadas del sesenta y setenta del siglo pasado; incluso la combinación de lawfare y manipulación de los medios de comunicación de masas, tal como hace tan solo diez años en los casos de Ecuador y Brasil, pasan a un segundo plano gracias a las tecnologías de la información y las redes sociales. 

Estas vacían de contenido racional el debate político. La opinión pública es reemplazada por la dictadura del algoritmo actuando con total impunidad en el ciberespacio, en que operadores tan siniestros como Fernando Cerimedo actúan a sus anchas, como mercenarios virtuales, incluso con posibilidades de tratar de eliminar físicamente cualquier amenaza, que es la razón por la que está preso en Bolivia. En eso la reacción sigue siendo la misma capaz de actuar con violencia y total falta de escrúpulos. 

La izquierda y el progresismo, en cambio, representan valores opuestos, que son los que inspiraron a Salvador Allende y la Unidad Popular: democracia, soberanía, igualdad, participación popular y cultura. Moral que se expresaba en su acción política, su consecuencia y convicción respecto de las posibilidades de construir otra sociedad. En el encuentro físico; la solidaridad y la verdad. Una sociedad que ponga en el centro al ser humano, que se construya con el aporte y esté al servicio de la gente trabajadora. Que se haga cargo de sus necesidades en vivienda, educación, cultura, salud, transporte y seguridad y las anteponga a las de quienes especulan con ellas y las consideran meras posibilidades. 

Asumir al adversario, la posición que ocupa en la sociedad para abrir el camino de una verdadera renovación de nuestra lánguida y desfalleciente democracia. 


martes, 8 de septiembre de 2026

Una crisis grande

Georg Grosz. Alemania, un cuento de invierno. 1917-1919



El ítem que se supone era en el que el actual gobierno iba a destacar -a lo menos eso decía la derecha durante la campaña- ha sido un completo fiasco.  El crecimiento económico es solamente una vaga promesa que se diluye entre el alza de la inflación y el desempleo. Los números indican, más bien, que la economía se hunde en la recesión y las únicas cosas que se le ocurren al ministro de hacienda y sus asesores, sólo la profundizan. Es más, casi todos los economistas consultados, excepto sus amigos, coinciden en señalar su responsabilidad en este resultado. 

Y el problema no es técnico. Es político. Se trata de una serie de decisiones que en el summum de su ideologismo suponen que, beneficiando a los ricos, el chorreo se va a hacer cargo del resto. Pasa por alto todas las mediaciones, intercambios y articulaciones que la mueven hasta dejarlo preso de sus resultados sin saber qué hacer excepto repetir el manual. En efecto, la posibilidad de que el Banco Central baje la tasa de interés para incentivar la actividad, es prácticamente una quimera con la inflación que él mismo provocó con su fundamentalista decisión de no intervenir el mercado, específicamente con el bencinazo de marzo, profundizado por las pésimas perspectivas de la aventura guerrerista y especuladora de su "socio estratégico", Donald Trump, en el Golfo Pérsico. 

Imposible para Quiroz y compañía, entonces, concebir otras soluciones que no sean privatizar, eliminar regulaciones y controles estatales. Dejando a un lado que reducir el gasto fiscal significa paralizar obras públicas, investigación, capacitación y prospección de futuras industrias y negocios –lo que conlleva además despidos y eliminación de fuentes de trabajo- solamente le quedan las viejas recetas de los subsidios a la contratación y los planes de empleo de emergencia, del tipo PEM y POHJ. Un desempleo que se empina al 9,5%, al que se suma el desempleo de larga duración, que pasó de un 10 a un 20% este año, ya son un problema político; como dijo el presidente de la Cámara de Diputados Jorge Alessandri "es una crisis grande". 

Muy mala suerte para ellos. La popularidad de Kast se hunde irremediablemente y la confianza en el gobierno, así como su respaldo, se desploman, mientras los chascarros que protagoniza profundizan la tendencia, cambios de gabinete de por medio, descoordinaciones en temas tan delicados como las relaciones internacionales y la improvisación en materia de seguridad. Lo más curioso en todo caso es que ante un gobierno que por su clasismo y chapucería, sólo mete las patas con un alto costo para el pueblo, el malestar social no se exprese más que en las encuestas y la oposición registre niveles de respaldo casi tan ridículos como los del gobierno. 

El malestar, y la protesta social, no son solamente, nunca lo han sido, el resultado de la pura insatisfacción. Esta de hecho ha podido ser resuelta de las más diversas maneras que, aunque la profundizan –por ejemplo, el endeudamiento- le permiten soportarlo momentáneamente. Lo mismo la manipulación emocional e ideológica a través de los medios y hoy por hoy, las redes sociales.

La sociedad parece paralizada ante la ausencia de alternativas y de planes por los cuales valga la pena movilizarse. Así las cosas, el malestar -lo más probable- va a terminar siendo el instrumento de algún tipo de populismo que, en los hechos, no va a modificar gran cosa las condiciones materiales que lo explican. Hasta algunos parlamentarios de derecha hacen propuestas de este tipo. En este sentido, no va a haber manifestaciones políticas de descontento ni movilización de la opinión pública y las organizaciones sociales mientras no haya contrapartes dispuestas a disputar con el gobierno y la derecha, un proyecto de sociedad distinto.

Solamente, oponiendo un concepto distinto de sociedad y de la economía es posible superar este estado de marasmo; la izquierda tiene un capital acumulado de propuestas que se expresaron en el debate constitucional; y antes, en las propuestas de las organizaciones sociales, sindicales, ambientalistas, de género y pueblos originarios que son la base para reconstruirlo. Quienes hoy en día abjuran de ellas solamente demuestran no sólo oportunismo político sino deshonestidad intelectual e incapacidad política. Precisamente la que le permite a la derecha gobernar contra los intereses del pueblo y posiblemente, seguir haciéndolo en el futuro.

 


martes, 1 de septiembre de 2026

Ciclo reaccionario a la vista



Francisco Goya. Los fusilamientos del 3 de mayo. 1808

Los acontecimientos de los últimos días son el comienzo de un nuevo ciclo reaccionario. 

Kast mandó al Congreso una reforma constitucional que prácticamente lo notifica de que, llegado el momento, debe autorizarlo para ejercer un poder sin contrapesos. En el summum de sus delirios bonapartistas al presidente del partido en el que milita, se le ocurrió la peregrina idea de llevar la dichosa reforma constitucional a plebiscito, considerando la imposibilidad de que, así como está, sea aprobada por éste. El resto de la derecha apenas logró eliminar la urgencia que tenía la reforma y ampliar el plazo para discutirla. 

La sangre no llegó al río, pero quedó instalada la posibilidad, tal como antes el mismo personaje dejó instalada la idea de privatizar CODELCO. No se andan con chicas por cierto. 

El otro ministro que lleva la batuta, aparte de Arrau, anuncia una reforma al mercado de capitales que lo único nuevo que hace es confirmar el carácter especulador de nuestra elite económica y su postración servil ante el capital financiero. Y su fe de carbonero en que el dinero produce más dinero.

Una especie de remake de la dictadura militar y de neoliberalismo ochentero, que para más mala suerte del ministro y el gobierno, no ha producido por ahora las prometidas cascadas de inversiones y emprendimientos. Todo lo contrario, la economía se hunde irremediablemente en la recesión, tras un efímero paréntesis en junio, y el desempleo no afloja sino que aumenta. Imposible que sea de otro modo, si el sector privado y los empresarios de lo único que se ocupan es de salvar sus ganancias guardándolas debajo del colchón, como se dice vulgarmente, y las políticas de Quiroz les dan todas las garantías de que así sea. No hay fomento de la industria, ni de las obras públicas porque si no lo hacen los primeros, para éste, que lo haga el Estado es casi una herejía.  

Mientras tanto, él y el resto del gabinete, lo único que pueden hacer son promesas de que las reformas que están hundiendo la economía, la van a salvar en el futuro. Para ellos, dada su forma de pensar que proviene de las finanzas y no de la economía real, la categoría fundamental es la "posibilidad". 

Pero el pueblo no vive de posibilidades y todos los días tiene que parar la olla y a fin de mes pagar las cuentas. Y como los salarios no alcanzan, el endeudamiento aumenta profundizando la espiral de pobreza y sometimiento de trabajadores y empleados al gran capital. Y al que no le guste, y se atreva a manifestarlo, solamente le espera el castigo y la represión. Las leyes de seguridad que promueve Arrau, solamente afectan a los pobres incluso con la restricción de sus derechos, mientras a los ricos se les da manga ancha para eludirlos. Nunca la naturaleza de clase del sistema y de un gobierno había sido, pues, más evidente. 

Este nuevo ciclo, abre un debate académico que apenas disimula la incapacidad de sus protagonistas de adoptar una posición política frente al giro reaccionario del gobierno y la complicidad cínica de la derecha tradicional. Se entretiene en disquicisiones sobre qué tan liberal o qué tan poco lo es. De esa manera, los renuncios y volteretas de antiguos "progresistas", pasan desapercibidos o son sublimados por la academia como demostraciones de "tolerancia" o "librepensamiento" expresados en un debate aparentemente teórico aunque sus efectos sean sumamente prácticos. En realidad, lo único que demuestran es la autonomía con que actúan respecto de la sociedad que debe soportarlo o lo hace hasta ahora con resignación. 

Este ciclo reaccionario, surge desde las entrañas mismas de la sociedad y de las contradicciones que la agitan y que el pensamiento neoliberal, en sus versiones más reaccionarias tanto como las adocenadas, no se puede explicar sin caer en contradicciones consigo mismo. El aumento de la desigualdad; las discriminaciones y restricciones al ejercicio de los derechos y libertades, tanto individuales como colectivas, que van de la mano de la llamada "guerra cultural" que aún con algunos límites -por ahora- logra instalar la familia Kaiser, están en su origen. Sobre ellas se empina el "gobierno de emergencia", que parece estar dispuesto, atendiendo al contenido de su agenda de seguridad, a extenderla indefinidamente. 


martes, 25 de agosto de 2026

Ser de izquierda en tiempos difíciles


Gonzalo Diaz. De la chilena pintura historia. 1982



Escribía Recabarren en 1903 “Luchamos como se dice, aguas arriba, contra toda una corriente poderosa que pretende detener la marcha que hemos emprendido en busca de la felicidad humana”. Este fragmento sintetiza una moral y una actitud política. Implica en una sola afirmación la posición que ocupa la izquierda en la historia. Caracterizada no precisamente por sus rutilantes triunfos sino por un constante, incluso cotidiano, empeño por sobreponerse a la resistencia de quienes detentan el poder a dicha felicidad a la que hace referencia.

La derrota sufrida por la izquierda en las últimas elecciones en este sentido no es la primera ni la última que enfrente en su aporreada experiencia. Sin embargo, como suele suceder, ha dado lugar a autocríticas y profesiones de fe de una profundidad doctrinaria y académica singulares, por decir lo menos. Unas que aseguran haber encontrado “el meollo del asunto” o al menos un camino para encontrarlo y no volver a cometer los mismos errores que la habrían ocasionado.

Un punto de vista que hace de éste la generalidad, de modo que se queda atrapado en el fragmento y deja de apreciar el conjunto, que es la transformación. La sociedad es una totalidad hecha de conflictos, contradicciones sociales y culturales que se expresan después en triunfos y derrotas. Y no es la izquierda la que las resiente sino el pueblo, que debe soportar –en silencio por ahora- desigualdad, represión, exclusión social y violencia que no desaparecen por muchas que se realicen.

En la actualidad, por el peso del ajuste que con inusitado sadismo promueven las derechas en toda América Latina. Aumento del costo de la vida; recorte de programas sociales; encarecimiento del crédito; aumento del desempleo y bajos salarios. También flexibilización de las normas laborales que facilitan el despido y destruyen incluso el concepto de jornada laboral, sometiéndola a las puras necesidades de empleadores y empresas, sin considerar al trabajador o trabajadora. Sobreexplotación de la naturaleza que genera contaminación y deterioro progresivo para la sostenibilidad de la vida en la tierra, excepto la de los billonarios. Y pérdida de soberanía que se expresa en sometimiento de nuestros pueblos a las imposiciones del gobierno utraderechista de los EEUU mediatizado por el bonapartismo de plástico de personajes como Kast, Noboa o MIlei. 

Ser de izquierda es asumir una posición frente al conjunto de dichas contradicciones. Es -siempre lo ha sido- estar con el que pierde mientras haya capitalismo. No ser el que le “achunta” o pretende estar listo para hacerlo en el futuro y ofrecerle con gesto altruista su triunfo al pueblo. No es únicamente, como se ha dicho majaderamente, “estar con los movimientos sociales”, o no exclusivamente, porque además es parte de ellos. Es asumir a quienes oponen a la satisfacción de los derechos de aquellos su propio beneficio, el adversario que hay que derrotar para darles cumplimiento y dar significado y un sentido a su experiencia.

A casi seis meses de asumido el gobierno de Kast, éste no solo no ha cumplido ninguna de sus promesas de campaña sino que ha profundizado las condiciones de desigualdad, inseguridad y exclusión que el neoliberalismo genera cotidianamente. Demuestra impúdicamente su sometimiento a los intereses del capital y los empresarios; la contingencia del cambio y la necesidad de actualizar lo que significa ser oposición cuando es la propia derecha la que hace rato reventó la burbuja del consenso. 


domingo, 16 de agosto de 2026

¿Y después del TC?

Francisco Goya. El coloso, 1808



Hace días ya que el TC falló acerca de los reclamos de la oposición por la Ley Miscelánea o Megareforma. Las reacciones ante el fallo, sin embargo, sólo se han hecho notar por su intrascendencia. Ocultas además por el frenesí comunicacional del gobierno, puesta en escena que confunde con agenda legislativa y hace de sus propios chascarros, otro recurso para copar la preocupación de los medios. 

Lo cierto, en todo caso, es que el fallo final del TC deja a las claras cuál es la función que cumple:  cancerbero de los intereses del capital. No podía ser de otro modo considerando que la propia Constitución que debe asegurar de abusos y excesos que pudieran cometer otros poderes del Estado, tiene esa finalidad. Uno de los abogados de la oposición, Jorge Correa Sutil, había planteado anteriormente que uno de los fundamentos de su presentación sería la vulneración de la "democracia republicana" pues la megareforma impediría a cualquier legislatura modificarla en el futuro, lo que sería contrario a una "República Democrática". 

Pues bien, el TC en un fallo que habría dejado muy satisfecha a la Junta, notificó a la oposición y al país, que más importante que el "principio democrático" como lo llamó Correa Sutil, es la estabilidad de las reglas que le aseguran sus ganancias al gran capital. Como en una novela de Balzac, la codicia y la avaricia se sobreponen a cualquier otro rasgo de la cultura dominante, ahora consagradas jurídicamente como bienes superiores incluso a la propia democracia. 

Nuestra desfalleciente República, no considera otras posibilidades que esperar en el futuro una nueva correlación de fuerzas y en ese caso incluso, por ejemplo con la conformación de un nuevo congreso que pudiera derogarla más adelante, no garantiza la corrección y restitución de dicho principio. Es más, ya le brindó los argumentos jurídicos al gran empresariado para defender en el futuro su éxito de hoy, con independencia de la soberanía popular que la letra de la Constitución consagra como un sarcasmo diciendo que "reside en el pueblo" y se realiza "mediante las elecciones y los plebiscitos".

Envalentonado con su logro, el gobierno incluso prepara ya la batería de medidas administrativas por medio de las cuales pudiera hacerse cargo de lo que no pasó la prueba del TC, que son las normas ambientales, en este caso las contenidas en los artículos 12 y 13 que establecían el derecho a indemnización ante la anulación de una Resolución de Calificación Ambiental  (RCA) y  algunas disposiciones sobre microrelocalizaciones de concesiones acuícolas. Todas ellas medidas que interesan a los empresarios del salmón, golpeados ya por el alza de aranceles de Trump. 

El satisfecho Ministro de Hacienda señaló entonces que el fallo "inequívocamente", le sería favorable. ¡Por supuesto! Y a partir de este logro anuncia las próximas linduras, reformar -lo que en su idioma quiere decir "reventar"- el Estatuto Administrativo y "modernizar" el mercado de capitales para hacerlo más competitivo, lo que quiere decir más propicio para la acumulación de ganancias y para la especulación -fuente de la riqueza de la Nación en sus delirantes teorías- mientras caen los ingresos, de las familias trabajadoras y aumenta el endeudamiento. 

La fe de carbonero con que algunos dirigentes opositores pretenden defender al pueblo en el Congreso de esta ofensiva conservadora y a las perdidas, en el TC si esto no resulta, ha sido ampliamente superada por los últimos acontecimientos. Y el problema no es ni siquiera ese. Claramente no se puede pretender cuestionar los contenidos abiertamente reaccionarios, pro empresariales y de un añejo neoliberalismo que contienen las políticas de Kast y Quiroz, ni defender al pueblo de sus más que seguras consecuencias en aumento de la sobreexplotación, de la pobreza, contaminación y pérdida de derechos, sin oponerle otro concepto de la sociedad y la economía. Uno que releve el lugar del trabajo; fomente la industria nacional y releve el lugar del Estado en la regulación del mercado y la provisión de derechos económicos, sociales y culturales. 

La derecha lo sabe. Sin alternativas a la vista, solamente espera el estallido de protesta y prepara la batería de medidas represivas que le permitan enfrentarlo, sin preocuparse siquiera de los argumentos políticos y filosóficos que le permitan sostenerlos -que es la preocupación casi histérica de un grupo de  intelectuales de derecha que avizoran este escenario con gran preocupación. 

El fallo del TC solamente viene a profundizar la grieta que la megarreforma  abrió entre la sociedad y la institucionalidad política. Las posibilidades que esta ofrece son prácticamente nulas excepto esperar pacientemente la próxima elección con resultados inciertos y antes de la cual pueden generarse condiciones todavía más tóxicas para la convivencia social en el país. El momento de actuar es ahora y no será una meticulosa aplicación técnica de las recetas neoliberales -como fue en el pasado- lo que resguarde nuestra democracia de sus propios resultados. 




martes, 11 de agosto de 2026

Centenario de Fidel

Equipo crónica. La rendición de Torrejón. Acrílico sobre tela. 1970



Para todos los que nacimos en la década del sesenta del siglo XX; para quienes la infancia transcurrió entre el gobierno popular y la dictadura militar; y nos hicimos adultos después de la caída del Muro de Berlín, Fidel Castro y su legado es parte de nuestra historia. La atraviesa desde la oleada revolucionaria que cruzó el mundo en la década del sesenta desde las luchas anticolonialistas en Asia y África, pasando por América Latina, los campus universitarios de los EEUU y Europa, la crisis de la deuda externa en los 80 y tras la caída del socialismo, en la reivindicación y reconstrucción de un proyecto socialista para el nuevo mundo unipolar que se erigía entonces tras la soberbia e ingenua idea del "fin de la historia".

En primer lugar, su caracterización de la contradicción entre soberanía e imperialismo como característica de la historia de América Latina y explicación de su atraso. En efecto, desde la Primera y la Segunda Declaración de La Habana de 1960 y 1962 respectivamente, la establece como una que contiene la explicación de su historia y su resolución, como la clave de su superación. Ideas que en los noventa, en medio de la euforia neoliberal, fueron relegadas por algunos al desván de las antiguallas. 

Todos los procesos de democratización que han tenido lugar en este siglo en América Latina, interrumpidos momentáneamente por la oleada ultraderechista y restauradora que  la afecta en la actualidad, tuvieron su punto de partida en la derrota del ALCA en Mar del Plata el 2005. Un mentis para el imperialismo en sus pretensiones de establecer una zona de libre comercio en lo que históricamente consideró su "patio trasero". Hoy en día, su contraofensiva es un intento por recuperar el terreno perdido al esfumarse precisamente su pretensión de ser el centro del nuevo orden surgido tras la caída del Muro de Berlín. Es la reedición de la Doctrina Monroe, recargada ahora bajo la dirección de capitales tecnológicos y en alianza con la industria de medios, entretención masiva y como siempre, el capital financiero. 

Argentina, Perú, Honduras, una golpeada Colombia y Chile actualmente, sufren sus consecuencias. Sólo pueden esperar pérdida de soberanía; enajenación de sus riquezas básicas; dependencia creciente del endeudamiento externo y los organismos financieros que reemplazan a los organismos multilaterales en la definición de los marcos de lo admisible para naciones que se supone son parte de un consenso básico de la humanidad después de la Segunda Guerra. Consenso que está siendo sistemáticamente demolido por la ultraderecha mundial y que prepara las condiciones para la aceptación de fascismo en nuestras sociedades. 

El latinoamericanismo de Fidel se expresó en su solidaridad con las luchas de liberación nacional, como se denominó en las décadas del sesenta, setenta y ochenta a las que libraban los pueblos de América contra las dictaduras militares sostenidas por el gobierno norteamericano, como ha quedado demostrado en los documentos desclasificados de la CIA y el informe del comité Church del senado norteamericano. También en el impulso que dio a al ALBA y a todos los procesos de integración de América Latina en los noventa y posteriores como la CELAC. Esta constante preocupación latinoamericanista de Fidel es inseparable de su concepción de la incompatibilidad entre el neoliberalismo y la democracia que cruza todo su discurso de los años noventa. 

También de su reivindicación del lugar que le corresponde al tercer mundo y lo que actualmente se denomina "el sur global" en el orden internacional. De hecho, fue uno de los promotores del Movimiento de Países no Alineados el que presidió en dos ocasiones (1979-1983 y 2006-2009). Probablemente, uno de los mayores problemas que éste enfrenta, es la sobreexplotación de sus recursos por parte de las potencias capitalistas del mundo -en el caso de América desde la conquista española en el siglo XV- lo que lo ha llevado a sufrir con más rigor los efectos de la devastación del medio ambiente. Cuestión que Fidel denunció en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992. Y al mismo tiempo, ser un objetivo privilegiado de las transnacionales y el imperialismo por su riqueza de agua dulce, recursos naturales y un mercado de mas de seiscientos millones de seres humanos. 

Fidel Castro, durante la borrachera neoliberal de la globalización de los años noventa, sostuvo en reiteradas ocasiones que se rebelaba ante la idea de que ésta fuera el mejor de los mundos posibles; el límite del progreso de la humanidad, lo que sólo habría hecho posible la morigeración de sus "externalidades" o efectos secundarios más injustos o excluyentes por medio de pequeños ajustes y reformas parciales. La experimentación, la búsqueda de alternativas, de propuestas y acciones para enfrentarlo y cambiarlo fue parte de su práctica permanente hasta su muerte. 

Las posiciones y discurso que anatemizan el pensamiento y la práctica del Comandante Fidel Castro, ocultan tras una presunta superioridad teórica o una benevolente sonrisa ante su presunta candidez o anacrónico maximalismo, su bancarrota ante el surgimiento de un fascismo de nuevo tipo que amenaza a la humanidad y que vuelve a poner al día la necesidad del cambio histórico y de un pensamiento que lo elabore y le de perspectivas de realización efectiva, que está precisamente en el corazón de su pensamiento y práctica política. No pueden oponer a esta ofensiva reaccionaria que ya ni siquiera disimula su desprecio por la razón, sino gestos grotescos por su indignidad y falta de coraje.





miércoles, 29 de julio de 2026

Trabajo contra especulación


Carlos Hermosilla. Construcción. Linóleo, 1959


En marzo de 1898, Luis Emilio Rcabarren escribe una carta al diario La tarde de Santiago en la que sostiene "Yo, señor Director, y junto conmigo hay muchos que simpatizamos con el socialismo (...) Pensamos en que pueden hacerse transformaciones sociales, en la igualdad humana, en la desaparición de la injusticias, en el alivio de las clases proletarias, en la nivelación relativa de las fortunas, en la disminución de las grandes riquezas que deben contraerse al desarrollo industrial, y en fin, de tantos otros medios que hay para igualar las condiciones sociales."

Es el primer documento escrito que lleva su firma de los que han logrado reunirse gracias al trabajo de archivo e investigación sobre su obra que se ha realizado en el país, a lo menos desde mediados del siglo pasado y al que han contribuido diversas generaciones de historiadores e investigadores comprometidos con el cambio social. 

Resulta altamente relevante que Recabarren asociara ya las ideas de construcción de una nueva sociedad, a la superación de las desigualdades. Esta a  la distribución de la riqueza y esta a su vez, al desarrollo de la industria. Un concepto político que proviene de las necesidades de la sociedad y de las contradicciones que la caracterizarían y las posibilidades que contiene, no de consideraciones técnicas elevadas a la categoría de dogma o ley inmutable de la economía política. 

Desde entonces, se podría decir, por lo tanto, que el movimiento obrero y popular ha sostenido este principio de desarrollo de la industria no sólo como una condición para el crecimiento económico. Además lo es de aseguramiento de la soberanía e independencia nacional porque aquella está también íntimamente asociada a la auténtica integración de todos y todas y a la igualdad social a través del trabajo, fuente de toda riqueza y realización humana para Racabarren. 

En este sentido fustiga en sus escritos, a todo lo largo de su vida,  el carácter especulador de las clases dominantes y cómo éste se manifestaba en un estilo de vida y cultura superfluo, frívolo y aparentador, denunciado por los escritores de su época como el reverso de la miseria y exclusión de las familias y la gente trabajadora, desde Augusto D'halmar hasta Nicomedes Guzmán. Usa la palabra orgía para referirse a éste en numerosas ocasiones. Dice "El capital exige lujo, vanidades. Vive en la orgía y pernocta en el tapete". Mientras el trabajo "pide justicia. Pide aire, alimento sano, higiene por medio de la decencia para poder vivir."

El Estado oligárquico, tal como se había constituido la República desde mediados del siglo XIX,  se le aparece como un instrumento a su servicio que garantizaba y legitimaba, precisamente, esta característica económico social y cultural de la sociedad de su época. Dice al respecto, "Hoy mismo, el llamado Estado chileno, se dice dueño de muchas de esas dilatadas e inmensas extensiones de terrenos que están sin producir y las regala a sus favoritos para proseguir la obra especuladora en beneficio único de los ricos, que mientras más grandes hacen sus fortunas, más grandes son las miserias de los pueblos que soportan aún ese despojo".  En la  actualidad no para el usufructo del latifundio y la oligarquía terrateniente que obstaculizó la modernización de la sociedad chilena a todo lo largo del siglo XX, sino de la industria inmobiliaria que especula con el suelo mientras hay miles que no tienen casa siquiera donde formar un hogar. 

Resulta llamativo que Recabarren escriba que el Estado chileno "se dice dueño de esas dilatadas extensiones de terrenos". En efecto, para Racabarren esto es el resultado del despojo del que son víctima los pueblos originarios durante la conquista y sostiene, en consecuencia, que la propiedad es producto de un robo, en un conjunto de artículos titulados "La tierra y el hombre" publicados en Tocopilla en 1904.  De manera además que en el desarrollo de sus escritos el carácter especulador de la clase dominante es recreado por la institucionalidad política y esta a su vez actúa como un instrumento a su servicio que viene a generar las condiciones materiales de su realización. 

A este respecto, Recabarren en  sus esritos de 1924, y a propósito de la posibilidad de una Asamblea Constituyente, siempre concibió la transformación del Estado y abogó por la descentralización e incluso un sistema federal,  "que entregue a los ciudadanos de las distintas regiones el derecho a trabajar por la grandeza de cada región" y pone como ejemplo "la región maderera, esclavizada al capricho de especuladores criminales que dañan a todos los habitantes". En este caso, también la democratización del sistema político aparece en sus escritos siempre asociada con el combate a la especulación, la reivindicación del trabajo y la justicia social. 

Aboga por el cooperativismo, experiencia que conoció en Europa y que especialmente los socialistas belgas habían desarrollado, como una forma de  "combatir el lucro y la usura y poner en manos de los trabajadores la mayor suma de bienestar posible"  en el período previo a la fundación del POS. Lo mismo el municipio, al que ve como un instrumento útil en las luchas de los trabajadores y trabajadoras en la lucha por su emancipación. No dejó ámbito en el que experimentar nuevas formas de asociatividad; formas de lucha por la emancipación de la clase trabajadora -en la que siempre incluyó a "todos los que viven de un salario" incluidos empleados y pequeños propietarios-. 

De no ser por las luchas obreras y populares del siglo XX continuadoras de las ideas y práctica de Recabarren, que junto a la iniciativa de gobiernos progresistas de diverso signo crearon, entre otras, la CORFO y la red de empresas estatales que construyeron infraestructura y conectividad; que lucharon y conquistaron la reforma agraria que transformó el campo además de derrotar a la oligarquía terrateniente; la reforma educacional que universalizó la cobertura de la matrícula y creó un sistema escolar y universitario que fueron orgullo del país; y la más importante de todas sus realizaciones, la nacionalización del cobre, que es la que lo ha resguardado de todas las crisis económicas internacionales de los últimos cincuenta años. De no ser por ello, la vergonzante obra de la dictadura que vino a interrumpir esta línea de progreso y democratización no sería sino un pie de página en los libros de historia. 

En efecto, su obsesión por las "ventajas comparativas" que sirvieron de argumento ideológico para destruir la industria nacional y de paso aniquilar al movimiento sindical, o debilitarlo al menos, convirtieron a Chile en el paraíso de los capitales rentistas y la especulación financiera, que siempre van de la mano y que en la actual coyuntura pretenden restaurar en su máxima pureza doctrinaria las bases de un neoliberalismo recargado que le entregue y asegure el poder. Lo mismo que ha hecho Milei en Argentina y pretenden el resto de las oligarquías latinoamericanas subordinadas a la dirección de la ultraderecha norteamericana. 

Lo que Recabarren escribe en El socialista de Antofagasta en1919, en ese sentido, podría haberlo escrito hoy de haber estado vivo: "La Asamblea de delegados de la Federación Obrera declara que la llamada crisis, es un acto de especulación destinado a reducir todavía más la ración de hambre que se le da al productor del salitre, y del cobre, para dejar más libre la ganancia de los agiotistas que se hacen llamar propietarios de las industrias, al amparo de la fuerza." 


jueves, 23 de julio de 2026

¿Qué significa la megareforma?

Jean Dubuffet. VONT ET VIENNENT. 1980



Después de la aprobación de la megarreforma de Kast y Quiroz en el Parlamento ¿qué queda? Primero, un congreso prácticamente partido en dos. La ilusión del centro se esfumó definitivamente. El torpe intento de los senadores del PPD, va a pasar a la historia sólo como eso. Un gesto bizarro, que no comprendieron ni siquiera los suyos. 

Más importante por sus proyecciones políticas es la actitud del PDG, Walker y un par de parlamentarios más, como Bianchi, los que fungían de supuestos custodios de la moderación y terminaron aprobando la más radical de las rebajas de impuestos y garantías a los capitales concentrados. En buenas cuentas, y sin siquiera intentar argumentos diferentes a los esgrimidos por el gobierno y los parlamentarios que lo respaldan, se pasaron con camión y carro del lado de la derecha y los empresarios. 

El limitado margen que defendieron en el pasado para reclamar compensaciones y garantías, se esfumó. La frontera entre gobierno y oposición se hizo evidente hasta para los más porfiados defensores del camino del medio. Y ya no quedan muchas posibilidades excepto las que eventualmente podría brindar un fallo favorable del TC a los reclamos de los partidos de oposición. 

En rigor, solamente alargar su agonía y darle algún imprimátur de presunta legitimidad a las políticas del gobierno de Kast, y una eventual negociación sobre límites todavía más estrechos. 

Según todos los comentaristas y opinólogos de la plaza, el gobierno se anotó un triunfo porque logra aprobar su "Big Beautiful Bill" criollo. Pero nada que no fuera esperable. Probablemente el dato más paradójico es que al mismo tiempo, la popularidad y respaldo de Kast y el gobierno, se desploman. Así al menos lo indican las encuestas. Siempre a partir de una impresión superficial que es lo único que puede medir una encuesta y lo que por la misma razón, puede ser objeto de las más disímiles interpretaciones. En general, de lo que dan cuenta es de un estado de ánimo de la sociedad, caracterizado por las mismas como "desconfianza" y "pesimismo". 

Semejante estado de ánimo de masas cada vez más molestas, sin embargo, no representa una posición política ni mucho menos. De hecho, va acompañado de un inmovilismo inquietante y una falta de contenido que solamente presagian explosiones de anomia que generalmente van acompañadas de reacciones violentas y autoritarias. Los difíciles momentos por los que ha pasado la oposición las últimas semanas -donde sus resacciones a la incapacidad de la institucionalidad política de procesarla y resolverla sólo ha dado pie a soluciones dentro de los marcos de la misma institucionalidad que ya no la representa y que incluso está entrando en una inevitable y abierta contradicción- son expresión de esta crisis en ciernes.  

Envalentonado por su logro, el gobierno incluso profundiza su política y radicaliza sus argumentos incorporando las propuestas de reforma laboral más siniestras de las que se tenga memoria desde el Plan Laboral de José Piñera. 

Todo este paquete presentado como una estrategia para reactivar la economía, es mucho más que un plan para la coyuntura. Su intención de amarrar la reforma tributaria que contiene por un cuarto de siglo lo demuestra. Y como lo ha dicho Quiroz en todos los tonos posibles contiene una lógica interna en que rebajas de impuestos, desregulación y ajuste representan una visión coherente de la economía y la sociedad. Justamente la razón por la cual lo que a duchos economistas opositores les parece un error o una grave omisión del proyecto de ley, es manifestación de su visión de clase. No es raro en este sentido que los únicos que lo aprueben sean los gremios empresariales y un par de tecnócratas que les sirven por medio de sus papers y publicaciones. 

Queda pendiente entonces, la proposición de una estrategia de desarrollo distinta. Resulta asombroso que nadie hable de desarrollo industrial, de riquezas mineras y el rol del Estado y el sector público. Investigación y Desarrollo; descentralización y Derechos Humanos, excepto para referirse a los funestos resultados que con absoluta certeza se pueden esperar de las políticas de la derecha. Suponer que la alternancia en el poder es garantía de que vayan a ser corregidas en el futuro, es no entender la gravedad del momento histórico y seguir conservando indefinidamente las condiciones de exclusión y desigualdad que posibilitan la irrupción del fascismo en nuestras sociedades. 

domingo, 12 de julio de 2026

Esclavitud servil

Arturo Gordon. La huelga. Oleo sobre cartón. 1915

"Esclavitud servil" es la expresión que usaba Recabarren, entre otras similares, para referirse a las formas en que se manifestaba el trabajo asalariado en el Chile de comienzos del siglo XX. Sus locuciones para referirse al respecto son de un dramatismo e intensidad conmovedoras. Manifiestan un trasfondo de carácter moral en su denuncia que claramente tiene una función política porque mueven a la indignación y actúan como un llamamiento a la acción. No se trata de comentarios o descripción de la situación de los trabajadores y trabajadoras ("trabajadores de ambos sexos" decía Recabarren) con pretensiones de objetividad científica. 

Más bien, tiene el propósito de señalar el significado moral de la explotación. 

Además de la pobreza y la exclusión, el vicio y la ignorancia, la explotación determina la ausencia de libertad y autonomía del hombre trabajador. Es precisamente esta característica de la explotación la que define su "universalidad", palabra que usa en reiteradas ocasiones para referirse a la situación de los trabajadores (por ejemplo "esclavitud universal". También a la de la mujer de la que dice "mujer, tu esclavitud es la esclavitud universal" y los inquilinos en el campo declarando por ejemplo que "Los trabajadores de las haciendas son verdaderos esclavos a quienes hay que libertar y educar"). 

En este sentido, la histórica lucha por la jornada laboral y la jornada de 8 horas, no tiene el sentido solamente de disminuir su duración y por lo tanto, aliviar el peso de la explotación patronal o recuperar algo de la plusvalía con la que se enriquece a costa del trabajador y la trabajadora. Además, es una forma de introducir una racionalidad en la organización del tiempo que les permita la organización de la existencia y por lo tanto una manera de ganar autonomía en la realización de sus proyectos de vida. 

Por lo demás, Recabarren insiste permanentemente en las formas diversas que adopta el dominio de clase y la explotación, a la que ve como una totalidad opresiva que se manifiesta por esa razón en la vida cotidiana precisamente. No se vive sólo en la faena; en la mina o la obra. 

La explotación para Recabarren se expresa, por cierto, en el salario. Usa de hecho, la expresión "esclavitud del salario" repetidamente. Hay que considerar el sistema de pago en fichas que se usaba en salitreras y minas de carbón, además. Pero este luego es recuperado por el patrón en las pulperías donde están obligados los trabajadores a usarlas para proveerse, es decir, como otro mecanismo de explotación del obrero en el comercio. Su situación, entonces, es dramática y sin salida. Porque tampoco hay leyes que lo protejan. Por el contrario, son una forma de "tiranía" (la "tiranía del gobierno y las leyes", dice Recabarren) que proviene del hecho de que son los mismos patrones de las minas y las haciendas quienes lo conforman y las elaboran. 

"Ni gobierno, ni patrón, ni fraile -escribe- alivian su situación". El trabajador y la trabajadora para él, viven en la más completa indefensión, librados a su suerte y condenados a trabajar "como bestias de carga". Una expresión que parece cumplir el papel de una ilustración de las condiciones materiales de trabajo en minas y haciendas de esa época pero que por la forma en que las modula y describe como ausencia de libertad y limitación de su autonomía, parecen estar haciendo alusión, más bien, a su deshumanización. En efecto, para Recabarren el mundo es un mundo humano porque todo lo que existe es obra del trabajo, pero por la forma que adopta en el capitalismo y específicamente en el del Chile del centenario, dicha forma caracterizada por él como "esclavitud", resulta su negación porque en lugar de hacerlo libre, lo somete a las más crueles y despreciables formas de sometimiento. 

En efecto, todo lo existente es obra del trabajo. Excepto la naturaleza. Ésta, sin embargo, precisamente por haber sido objeto de apropiación por parte de grupos específicos durante la conquista, deja de estar en una relación armoniosa con el hombre y es víctima también de esta forma histórica de enajenación que viene a producir dicha deshumanización del mundo en tanto se convierte en fuente de desigualdad y servidumbre. 

El trabajo, por lo tanto -no la propiedad ni menos las "cosas"-, es el que produce el "bien social" y es la fuente de realización de hombres y mujeres libres. El que representa "el interés nacional", opuesto al de las clases dominantes, porque incluye las ideas y también su realización práctica, de justicia, progreso, comodidad e higiene, cultura y bienestar para todos y todas. Sin embargo, en la sociedad de su época el trabajo se le aparece, paradójicamente, como carga. Se pregunta entonces "cómo es posible que siendo el trabajador el que produce todo viva en tan triste condición". Ello por las formas de organización que adopta que se oponen a su propia vida y tienen en cambio un aspecto embrutecedor y abyecto, a los que se refiere como "abismo de miserias" o "sangrienta explotación". 

Incorpora cada vez más frecuentemente a la clase media y los empleados también en sus reflexiones sobre el trabajo y especialmente, para referirse a su insatisfacción con el orden de cosas imperante. Dice, de hecho, que "es en esta clase, la clase media, donde se recluta actualmente a la mayoría de los descontentos" al mismo tiempo que denuncia su sometimiento a las formas culturalmente imperantes, pues vive esclavizada "al brillo falso" y "al qué dirán".

El trabajo, entonces, además no es, ni debe serlo, sólo un mecanismo de adaptación del hombre y la mujer a formas culturales que asumen el carácter de modas, hábitos y usos que no le son propios, sino que le han sido impuestos. De hecho, denuncia justamente aquellas formas culturales originadas en la acumulación de riquezas que tienen su origen en la especulación y las rentas provenientes del salitre y de la hacienda, no del trabajo, y que después serán reproducidas o intentado al menos, por sectores socialmente subalternos, como una forma más de dominación.

No es la producción de cosas ni una manera de obtenerlas; tampoco de adaptarse a unas formas culturales que le son ajenas ni de dominar la naturaleza como si fuera un obstáculo a vencer para alcanzar su bienestar lo que el hombre produce por el trabajo. Se hace libre; construye el bien social y es la garantía del interés nacional. Asimismo, se relaciona con otros hombres y mujeres y realiza su autonomía. Reclama la protección de todos y todas pues es un bien social, no una  capacidad individual que corre tras los objetos, sino una potencia social que debiera producir la felicidad humana.  

jueves, 9 de julio de 2026

Deja vu



Marinus van Reymerswaele. Dos recaudadores de impuestos. 1542

El acuerdo suscrito recientemente entre el PPD y el Ministro de Hacienda trae a la memoria lo que pasó en los primeros meses de la primera administración de Piñera. La oposición de entonces, deambulando entre la política de los consensos y la intrasigencia democrática. El terremoto, además, le impuso algunos límites difíciles de soslayar para ejercer su rol. Lo curioso en ese entonces era que los papeles a los que algunos actores políticos se habían adaptado, en algunos casos de muy buen grado, se invertían. En un régimen fuertemente presidencialista además, era lógico que la derecha debía llevar el pandero sin que eso les pareciera anormal. 

Sin embargo, la movilización social, le puso un límite. Y es así que a los muchos llamados que hizo el entonces Presidente de la República a acuerdos nacionales y consensos, no hubo quien acudiera excepto sus amigos y aliados. 

El corazón de la democracia de los acuerdos quedó herido. Piñera en las postrimerías de su mandato, tuvo que recibir directamente en La Moneda a un grupo de dirigentes estudiantiles, sindicales y de padres y apoderados aunque no se llegara a casi nada. Donde sí estaban pasando cosas era entre los mismos partidos que la habían protagonizado. Las alianzas políticas tradicionales sucumbieron a esta ola de luchas protagonizadas por estudiantes, ambientalistas y trabajadores (el año 2011 fue el primer paro de trabajadores de planta de CODELCO en democracia y un masivo paro nacional convocado por la CUT; la lucha contra la instalación de centrales termoeléctricas en el norte e hidroeléctricas en el sur; sumados al paro prolongado de las universidades estatales y liceos públicos) de manera tal que se empiezan a configurar otras nuevas y a aparecer otros actores políticos como el FA.

Se acaba el sistema binominal mayoritario, piedra angular de la estabilidad política de la transición y comienza un ciclo de reformas limitadas pero que apuntan por primera vez en un sentido opuesto al de ésta. Muchas de ellas sucumbieron en el TC y otras en el propio parlamento por la ambigüedad comentada al comienzo. 

Actualmente, en cambio, la idea de reeditarla no seduce a muchos. Es usada solamente como recurso retórico o como una suerte de advertencia ante la inestabilidad que augura la incapacidad de la elite de reconstruir su consenso sobre una base material frágil caracterizada por la capacidad limitada que tiene el modelo de desarrollo  actual de generar riquezas que alcancen para todos. En efecto, el bajo crecimiento económico estimado para este año en un modesto 1,8% no alcanza ni siquiera para satisfacer la codicia de los grandes empresarios y el capital hiperconcentrado. Qué migajas van a quedar para educación, salud, vivienda, salarios, transporte público, seguridad y cultura....todo apunta, como agudamente lo sugirió el CEP en su última encuesta, a un aumento de la conflictividad social.

Durante la transición, en cambio, había para todos, incluso para programas focalizados. Los últimos precisamente, son los primeros en sufrir el ajuste. Negociar compensaciones, por lo tanto, resulta inconcebible. Ello, porque el margen para hacerlo es minúsculo por no decir inexistente. Recurrir al TC para oponerse al Proyecto de Reconstrucción es una estrategia que puede inducir a la realización de un debate nacional acerca de la forma de hacerse cargo de sus objetivos sin afectar los derechos de las familias trabajadoras, las PYMES y el medioambiente. Esto pues la naturaleza de clase del dichoso proyecto solamente considera las necesidades del gran empresariado. 

Recurir al TC entonces es un importante primer paso, siempre y cuando esto motive a los mismos partidos de oposición y las organizaciones sociales y de trabajadores y trabajadoras a involucrarse en él. En efecto, aparte de que las famosas compensaciones, en realidad, debieran ser expresión de su capacidad para arrebatarle al sistema y la avaricia de empresarios y tecnócratas la parte que les pertenece del crecimiento económico y que debiera asegurar sus derechos y libertades, lo que se requiere es poner sobre la mesa sus aspiraciones y propuestas. Esto es, como dice el senador Daniel Núñez acerca de las motivaciones para recurrir al TC, recuperar soberanía. 

El deja vu del PPD es solamente un síntoma. Un partido en franca decadencia y que en base a su par de senadores hace del muñequeo su razón de ser. Lo importante es qué dice la oposición, incluyéndolo, acerca de crecimiento económico; salarios; riquezas mineras; impuestos; industria nacional, entre otros temas. Lo mismo las organizaciones de trabajadores y trabajadoras, estudiantiles, ambientalistas y de género. Es probable que la coyuntura actual sea el epílogo para todos aquellos que no lo hagan. Se puede sobrevivir a muchas siendo ambiguos y seguir existiendo en la intrascendencia o bien, ser protagonista aunque sea para ser derrotado en la coyuntura y dejar sembrada la semilla de un futuro mejor por venir. 

jueves, 2 de julio de 2026

Cuenta regresiva


Equipo crónica. El acorazado Potemkin. 1971


El tiempo se le presentó aparentemente más rápido de lo previsto a Kast. Salida anticipada de dos ministras; una crisis de seguridad inventada por él mismo durante su campaña -que fue lo que entre otras cosas la precipitó-; un desempleo que no afloja y que incluso tiende a aumentar y una recesión en ciernes que está disipando rápidamente el aura de supuesta infalibilidad técnica de sus ministros del área y el pensamiento neoliberal que lo inspira. 

Sus respuestas no pueden ser más torpes, por lo dogmáticas y poco prolijas. Fundamentalmente, trasladar todo el costo que implican a los trabajadores y la clase media. Sala cuna e indemnización en caso de despido, deberán financiarlos los mismos que supuestamente debieran ser sus beneficiarios y beneficiarias descontándolos de su seguro de cesantía. Un cogoteo presentado con lenguaje técnico. Empleos cada vez más precarios como forma de recuperación de puestos de trabajo, esto es con jornadas cada vez más inciertas, salarios más bajos y sin seguridad social; ajuste del gasto que el Estado realiza y que los beneficiaría en materia de vivienda, salud y educación públicas y cultura. 

La chiva de que esto en el futuro va a cambiar o de que apretarse el cinturón hoy, se traduciría en mejorías por venir, se las creen cada vez menos incautos, como lo reflejan las encuestas. Lo cierto es que el gobierno ha sido decepcionante para la mayoría que lo votó y se está transformando progresivamente en una pesadilla para la mayoría de la población.

Bueno, excepto para los mismos de siempre. Los únicos que aplauden a Quiroz y aprueban su paquete ochentero de medidas, son los gremios empresariales, felices por las rebajas de impuestos, los subsidios a la contratación, flexibilidades para hacerlo en el caso de jóvenes y mujeres que rayan con las formas que tenía en el siglo XIX aunque con perfume y luces de colores. Basta con ver las formas de trabajo del retail para ver cómo las pestilentes y oscuras minas de carbón descritas por Baldomero Lillo a comienzos del siglo XX, han sido reemplazadas por los subterráneos de los mall, donde trabajadores y trabajadoras son sometidos a tratos intimidantes, jornadas extralargas, así como condiciones de higiene y alimentación, que contrastan con el oropel de sus vitrinas y patios de comida. 

Por lo demás, dichos anuncios no han tenido el efecto supuesto por el equipo económico entrante de cascadas de inversionistas, nuevos emprendimientos y negocios ni motivado su entusiasmo y confianza. Aparentemente, han producido el efecto contrario, al menos hasta ahora. La creencia neoliberal de que el sector privado, casi como si se tratara de la ley de gravedad, va a encabezar la recuperación en un ciclo de menos dinamismo y de ralentización que hasta los mismos economistas del sistema empiezan a admitir, queda en evidencia como lo que es: pura ideología. 

Algunos, de hecho, demostrando más realismo y un poco más de creatividad, han propuesto algunas alternativas y posibilidades dentro de sus límites. Puntos más, puntos menos; algunas compensaciones; tal vez redistribuir la focalización o redefinirla, considerando los cambios operados en los últimos años en cuanto a necesidades de consumo de los hogares. 

Por esa razón, ya no basta con la pura voluntad. Se requiere hacer política. Algo a lo que no están muy acostumbrados. Hasta ahora se parapetan en el Proyecto de Reconstrrucción Nacional, como si fuera un fetiche. Quiroz y Mas; Alvarado y García Ruminot; las bancadas del Partido Republicano y los Nacional Libertarios. Los de Chile Vamos fungiendo de mediadores de un diálogo limitado por su propio contenido. Para ellos, solamente la aprobación del dichoso proyecto va a sacar al país adelante de donde ellos mismos lo están poniendo. Un cuento archiconocido.

No puede haber diálogo si  es que las "líneas rojas", como las llaman, las determinan las cámaras empresariales sin considerar los intereses de trabajadores y trabajadoras, incluyendo en esta categoría a todos quienes cobran un sueldo a fin de mes y van a tener que vivir su vejez en base a lo que lograron ahorrar en una AFP y que esta no haya dilapidado; pequeños emprendedores que abastecen a los grandes empresarios de servicios, mano de obra, intermediación, etc. y que se llevan apenas una pequeña parte de sus ganancias. Algunos incluso en condiciones todavía más precarias que trabajadores y empleados.

No hay contraparte. Y no la habrá si es que la oposición no tiene una idea distinta. Primero, respecto del rol que al Estado y el sector público le corresponde en una estrategia para enfrentar el momento actual, distinta a la visión dogmática de Kast y el gobierno de derechas que preside. Existen condiciones para platearse por ejemplo una política sobre recursos mineros que no sea la privatización o seguir exportando concentrado de cobre. La industria del litio ofrece una enorme posibilidad de desarrollo industrial que no sea concesionar. Eso activaría también las obras públicas, capacidades tecnológicas, etc.

En segundo lugar, respecto de los derechos esenciales que debe resguardar o mejor dicho considerar. Para Kast, Quiroz y cía. parece que el derecho a un trabajo decente no está dentro de sus preocupaciones. Basta con tener trabajo. Lo comprenden como una mera ocupación, nada más. El trabajo, sin embargo, además significa autonomía, libertad para crear y desarrollar un proyecto de vida. Sin embargo, se ve cada vez más amenazada por las políticas que no lo consideran sino como una pieza solamente del proceso productivo, subordinado por cierto al capital y a sus necesidades de valorización. No como fuente de realización autónoma. 

Con los ridículos niveles de salario que se pagan y en un país donde todo es una mercancía y considerando que es la manera en que el gobierno actual lo comprende, obviamente, es imposible. 

Una solución como el acuerdo por la paz entre Piñera y la oposición de entonces, salvo honrosas execpciones, es imposible en estas circunstancias. Kast ha movido los límites del sistema a extremos que difícilmente lo harían posible a menos que se vea obligado a retroceder, lo que no hará voluntariamente ni como el resultado de un consenso.  

 

jueves, 25 de junio de 2026

Llover sobre mojado

Juan Dávila. Juanito Laguna. 1995


 

 "Las libertades que han surgido en el mundo han tenido por base el sacrificio.

Yo estimo que no hay otro remedio, en verdad, que tomar la ofensiva; de lo

contrario seremos diezmados.

 

Luis Emilio Recabarren 

 

América Latina es hoy en día un campo de batalla. El combate heroico de la revolución cubana por resistir al bloqueo sistemático del que ha sido objeto por más de sesenta años, agudizado durante la administración Trump con el propósito confesado explícitamente de hacerla explotar desde dentro, es tal vez uno que definirá el futuro de la humanidad.

El imperialismo norteamericano, armado de una versión remasterizada de la Doctrina Monroe, se ha planteado recuperar su patio trasero, rico en recursos naturales, agua dulce, tierras cultivables y un mercado de unos 671 millones de personas. En el marco de su inexorable bancarrota, Trump trata de asegurarle un lugar en el mundo que viene a las corporaciones multinacionales, la industria armamentista y de la entretención masiva, comandadas por un puñado de billonarios de la industria tecnológica y de la información, que ya ni siquiera disimulan sus tendencias fascistas e intervienen en política directamente, sin intermediarios, en todo el continente, desde Honduras al cono sur.

Las recientes elecciones de Colombia y el Perú, dan cuenta de su voluntad de dar la pelea hasta el final y recurre para ello, ya no a militares ideologizados en opiniones patrioteras y en la Doctrina de Seguridad Nacional, como en el siglo XX. Lo hace a través del uso de la información y las redes sociales; la IA y las novísimas tecnologías de las comunicaciones; que después actúan a través de los medios tradicionales y una justicia venal que legitima sus decisiones, sus actuaciones y sus resultados institucionalmente.  El resultado es como decía Recabarren hace más de cien años que "Acostumbrados los trabajadores a sufrir la tiranía y la opresión, llegan a no sentir la necesidad de emanciparse”.

En Chile, esa ofensiva reaccionaria tiene nombre y apellido. José Antonio Kast. No hay lugar para términos medios. En cien días de gobierno, ha arrasado con el consenso que con tanto esmero habían construido las elites que han gobernado el país en las últimas décadas. En materia tributaria, empleo, medioambiente, educación y cultura. A las sofisticadas versiones del neoliberalismo de la transición, lo ha reemplazado una recuperación chusca de su versión original de los “años ochenta”.

Solo en el transcurso de la última semana, instaló el debate de su agenda policíaca a través del “registro de vándalos”. También la desregulación de la jornada laboral que viene a borrar una conquista centenaria del movimiento obrero; la contrarreforma tributaria más agresiva de la que se tenga memoria desde la época de Pinochet; la reposición de la selección y mecanismos de exclusión del sistema escolar a través de la reforma del SAE; la redefinición de las políticas de recursos mineros después del nombramiento de Bernardo Fontaine en el directorio de CODELCO; la reforma del Estado durante el cambio de gabinete; los ajustes en salud y educación públicas.

Asimismo, ha sostenido una dura ofensiva en contra del gobierno anterior que ha incluido toda clase de tongos, desde anunciar una auditoria externa al Estado (sic); denuncias aparatosas de mal uso de recursos públicos; descontrol de la migración, delincuencia desatada y una enervante lista de catástrofes que sirvieran de argumento a sus políticas. El corolario de esta ofensiva es la acusación constitucional contra el ex Ministro de Hacienda Nicolás Grau, nada menos que por hacer su trabajo.

En efecto, la acusación constitucional se basa en la suposición de que el anhelado equilibrio fiscal de los neoliberales sólo es posible ajustando el gasto; eliminando programas; despidiendo funcionarios públicos; reduciendo el tamaño del Estado; y si se cumple la afiebrada profecía de que el crecimiento económico va a producirlo casi espontáneamente porque los recursos que generaría harían prácticamente innecesaria la intervención del Estado, excepto en lo que tiene que ver con lo más elemental porque todo lo demás lo resolvería el mercado.

Esta ofensiva reaccionaria prácticamente no deja margen alguno para la negociación y ha dejado en el camino un nutrido campo de plañideras que van desde la derecha “liberal” que finalmente ha votado a favor de todas las excentricidades que contiene, hasta viejas glorias del liberalismo social que se han limitado a hacerle críticas académicas. Lo esencial permanece. Pérdida de derechos; desempleo o precariedad; pérdida de soberanía; criminalización de la protesta y aumento de las medidas de control sobre los pobres, los jóvenes y otros segmentos de la sociedad.

Chile es parte de la batalla que se libra en América por nuestra soberanía, los derechos humanos y la justicia social. Actualmente nos llueve sobre mojado y la ofensiva de la reacción parece no encontrar resistencia alguna. Aparentemente, la tendencia inexorable es su imposición inevitable. Eso, de no mediar la acción de una oposición decidida primero a detenerla y después a derrotarla para recuperar y ampliar los derechos y libertades que pretende arrebatarnos.


jueves, 11 de junio de 2026

Los sibilinos mensajes de la encuesta CEP

Miguel Angel. Sibila Cumana. Capilla Sixtina. 1508-1512



La medición y exposición de la opinión pública como un índice de credibilidad y luego, para la toma de decisiones políticas, durante los últimos años, ha sido constante y prácticamente ha suplantado a otras formas de deliberación, como el Parlamento, los sindicatos y los partidos políticos. 

Su crisis de representatividad y prácticamente nula credibilidad, expuestas por las mismas encuestas, confirman a las últimas como autoridad en la materia -lo que ya de por sí resulta bastante sospechoso por los enormes intereses económicos de una industria cuya base es precisamente la fiabilidad y que por consiguiente vive de los niveles de confianza depositadas en ella-. La danza de números que todos los días agobian a la opinión pública que dicen representar, en este sentido, no tienen otro propósito que modelarla de modo tal que después repite lo mismo que según las encuestas opina. 

El vaticano de estas medicioness, el CEP, acaba de presentar la suya, consultando acerca de las tendencias que supuestamente son las que definen o debieran hacerlo, el comportamiento de la sociedad y lo que es más importante, la toma de decisiones de los actores políticos y culturales relevantes de la sociedad, aunque de paso también nos dice quiénes son. Según esta, el gobierno de Kast ya dilapidó el capital con el que contaba al momento de su elección, mientras el de la izquierda, representada para el instituto en los personeros del anterior gobierno -incluido el ex presidente- mantiene inalterado los niveles de respaldo que tuvo durante todo su período e incluso en el resultado de las últimas elecciones presidenciales. En cambio, la ultraderecha tiene altísimos niveles de desaprobación. 

Para el decano de las encuestas, además, el cabecilla del estilo tecnocrático y frío del gabinete, el ministro Quiroz, tiene un nivel de aprobación tan ridículo como el de la cantinflera ex vocera. Lo que ciertamente no se dice, es que su batería de medidas, como las rebajas de impuestos, traspasar las alzas a los consumidores, su política de ajuste brutal en áreas tan sensibles para la población como salud y educación, es justamente el origen de semejante catástrofe para el gobierno. 

Se hace una mención genérica a que la población siente que la situación económica es "mala" o "muy mala", lo mismo que en delincuencia, educación y salud, pero como cualquier instrumento de estas características, no explica claramente a qué se refiere este índice. Las soluciones de Quiroz incluso podrían no ser la causa de semejante impresión de la opinión pública, sino como han tratado  de hacer creer majaderamente, el ex ministro Grau, el ex presidente Boric, la guerra en medio oriente, la reforma tributaria de la ex Presidenta Bachelet, a lo que habría que sumar todas las reformas que se han realizado en los últimos diez años en materia económica y social, excepto el mediocre paréntesis de Piñera. 

No es casual en este sentido, que hayan aparecido Matthei, Correa y otras antiguas glorias de la democracia de los acuerdos a realizar críticas muy caballerosas al gobierno de Kast. 

Que la encuesta CEP nos venga a recordar o pretenda al menos, la irrelevancia de los partidos políticos y el movimiento sindical tiene también un significado. Efectivamente, se podría decir sin temor a equivocarse y solamente en base a la constatación de los aportes que han hecho en estos tres meses, que su acción ha sido irrelevante. La consecuencia más o menos obvia de semejante constatación para un observador desprevenido es que la eventual solución a semejante crisis expresada por la encuesta no pasa por ellos. ¿Qué alternativa quedaría en ese caso? Solamente perseverar en el mismo camino de Kast y Quiroz aunque de otra manera o una populista que las preserve con ciertos toques de tropicalismo estilo Bukele, Bolsonaro o Milei, lo que se ve difícil considerando el rechazo que generan Kaiser, Squella y el resto. 

La encuesta CEP presenta más interrogantes que respuestas. Indica de modo muy sibilino un problema que tiene la derecha y sugiere ciertas maneras de enfrentarlo o a lo menos, una materia para discutir en sus centros de estudio, las universidades y los medios que tiene. A la izquierda también. Principalmente, qué es lo que falta y la manera de realizarlo, para que lel agotamiento prematuro de la estrategia de la derecha para este período se transforme en una oportunidad para democratizar la sociedad; el lugar que debieran ocupar sus partidos, el moviiento sindical y social en general para pasar de la resignación ante los puros hechos expuestos por una encuesta, a la acción social transformadora.