lunes, 11 de mayo de 2026

Nueva Eucación Pública o plan focalizado

Homenaje a Gabriela Mistral. Fernando Daza. 1971



La ministra de educación, María Paz Arzola acaba de realizar un anuncio de la máxima gravedad. Pausar los traspasos de escuelas y liceos públicos, administrados actualmente por corporaciones y departamentos de educación municipal, a la institucionalidad creada por la Nueva Educación Pública, los Servicios Locales de Educación Pública. 

Ésta ya cuenta con 36 Servicios Locales funcionando con sus establecimientos, sumando así más de 640 mil estudiantes y párvulos, y casi 119 mil docentes, asistentes de la educación y educadoras de párvulos. Por tanto, más del 50% del nuevo sistema se encuentra instalado, el que debiera concluir en 2029 con las 346 comunas traspasadas a los 70 Servicios Locales creados por la Ley 21.040. 

Resulta evidente para cualquier observador objetivo que no estamos hablando de un sistema imposibilitado estructuralmente de funcionar, como sí ha demostrado serlo el sistema municipal, que arrastra deuda y déficits crónicos, malos resultados académicos y deterioro del servicio.

El coro de prosélitos de la privatización y la concepción de la educación pública como plan focalizado -el que la concibe como "la educación de los pobres"- no ha podido ocultar su algarabía. Lo mismo los alcaldes de derecha; algunos sobrevivientes del pinochetismo, liberales y conservadores de diversas especies y denominaciones que coinciden en su consideración del individuo como una especie de “alma pura” que no tiene nada que ver con sus congéneres.

La respuesta del sindicalismo docente, en cambio, es de una tranquilidad pasmosa. Los recortes que se han realizado ya, y los que se anuncian para la ley de presupuesto 2027, parecieran no conmover a los dirigentes del Colegio de Profesores y Profesoras, quienes se mantienen fielmente impertérritos a su agenda reivindicativa. Parecieran no darse por enterados que el gobierno de Kast no solamente no va a negociar con el gremio por pura buena voluntad; sino de que no va a sostener la tendencia de reformas que se vienen realizando desde hace como veinte años y que, por el contrario, viene a ponerles el freno de mano para profundizar la precariedad y el agobio laboral de los y las docentes.

Sin desmunicipalización ni creación y expansión de la Nueva Educación Pública, lo mejor es olvidarse de cambios al sistema de financiamiento; un curriulum nacional que exprese verdaderamente las aspiraciones y demandas de la sociedad en lugar del catálogo de contenidos actual; de dignificación de la docencia y el derecho a la educación. En lugar de luchar por completar dichas reformas, el sindicalismo docente va a permanecer preso de la defensa de los derechos que no le han sido arrebatados y los que ha logrado arrancar al sistema neoliberal en los últimos diez años.

La intención de Kast, Arzola y el resto de la derecha, es terminar de ahogar lo que queda de educación pública, mantener el actual sistema de financiamiento y la ineptitud y en no pocos casos, los vicios administrativos de los actuales responsables de la educación estatal para que termine de morir o quede disminuida a su más mínima expresión: la educación de los pobres y los más deprivados, como siempre lo han soñado.

Los conservadores, la ven como una amenaza. Demasiados niños y jóvenes juntos, y lo que es peor pensando. Un grupo de trabajadores y profesionales que les inculcan ideas peligrosas, como cuidado del medioambiente; respeto por los derechos humanos; a convivir democráticamente incorporando a las diferencias de clase, nacionales, étnicas y de género, todo lo contrario del mundo preconizado por Kast y su secta de fanáticos religiosos y a la que pretende arrastrarnos.

El anuncio de Arzola, por lo tanto, no es “tomémonos un tiempo y veamos”. Es más bien, dejemos morir a la educación pública y de esa manera, nos deshacemos de la molestia que significa el gremio docente. Todavía es tiempo de recuperar la iniciativa. No hacerlo, un boleto seguro a a intrascendencia. 


jueves, 7 de mayo de 2026

Cuestión de lógica

Georg Baselitz. Die Mädchen von Olmo. 1981

                             
                                         





Estos días, el proyecto estrella de la administración derechista que gobierna el país entró en una etapa crítica. Se juega mucho en esta pasada y aritméticamente, faltan apenas un par de votos para que vea la luz verde. Pero la cosa no es tan simple, como sumar y restar. 

En efecto, el problema es que se trata de una decisión política y por lo tanto, una materia opinable. Los intereses en juego, contradictorios y su implementación pasaría por otras reformas legales y medidas administrativas que van a seguir agitándolos. Hasta ahora, han pesado más las críticas que ha motivado en su propio sector e instituciones que no son precisamente opositoras del modelo neoliberal. El CFA, el FMI, JP Morgan, a lo que hay que sumar periodistas y comunicadores sociales, que son los que realmente influyen en la opinión pública. 

La principal: el aumento del déficit fiscal que generaría la rebaja del impuesto corporativo y la imposibilidad de asegurar el porcentaje de crecimiento que lo podría compensar en el mediano plazo. Como quien dice, que el proyecto es un "tufazo" de Quiroz. Lo que no dicen estos expertos, aun cuando demuestren un poco más de realismo, es que la rebaja de impuestos además es un favor que se le hace a las grandes empresas, así que los costos de ese menor crecimiento económico ni les va ni les viene porque sus ganancias ya están aseguradas. No así los programas de alimentación escolar; de salud mental; odontología; personas mayores; pensiones; un nivel decente de remuneraciones para trabajadores y trabajadoras, empleados y profesionales de clase media y un largo etcétera.

Las ridículas compensaciones que el PDG está negociando con hacienda, no dan más que para un par de fotos en portadas y sus correspondientes negociaciones, para mantener con vida a ese imbunche lo suficiente como para asegurar la aprobación de la idea de legislar. De pasada, asegurar su lugar al provocador en que se ha convertido Parisi, siempre dispuesto a terminar acordando cualquier porquería con Quiroz, con tal de salir en la foto. 

Su lógica es implacable de manera que las inconsistencias que se le reprochan van a terminar siendo resueltas por cambios no del proyecto, sino de la realidad. Finalmente, como siempre lo han hecho los liberales, el déficit se puede resolver vendiendo un par de empresas del Estado o por medio de "racionalizaciones" en servicios públicos, como ya lo vienen haciendo los ministerios desde que asumió Kast. 

Quiroz ha sido consistente en cuanto a su propósito. Ha demostrado desde antes de ser ministro de hacienda que es un férreo defensor de los intereses de las grandes empresas. Un fiel seguidor de la doctrina de Pinochet de hay que "cuidar a los ricos". Por esa razón, las críticas no lo amilanan. Muy suelto de cuerpo ha respondido a los cuestionamientos que desde su propio sector le hacen a su receta, que ésta no se puede analizar y criticar separando las diferentes medidas que contempla sino que tiene que ser vista como un conjunto. 

A eso se refiere cuando dice que el CFA, lo mismo que todos los críticos de su plan, comparten un mismo propósito que es recuperar dinamismo y el crecimiento económico de manera que sus aspectos cuestionables desaparecen en su rigurosa lógica interna y su comprensión. 

Es decir, a los efectos reales que se puede suponer casi con toda seguridad va a tener, responde con la fe de carbonero de los economistas neoliberales en sus sofismas. Semejante ideologización, propia de fanáticos religiosos, se expresa finalmente en violencia física y simbólica. Los recortes en cultura, a cargo de un liberal de pura cepa como Undurraga, lo demuestran.

El problema del plan de Quiroz no es su lógica o su inconsistencia interior, sino la filosofía de clase que lo inspira. También su resistencia a concebir, por razones obvias, que hay otras maneras de enfrentar una ralentización típica de los ciclos económicos y los riesgos que implica para una economía pequeña y excesivamente abierta como la chilena el retroceso de la globalización neoliberal, que no son la apertura indiscriminada de nuestro comercio, la privatización y el ajuste. 

Es justamente el rol de la oposición hacerlo y señalar que una sociedad y una economía soberana; con igualdad, derechos asegurados y donde todos y todas sean considerados ciudadanos, no sólo consumidores con derecho a voto, es posible y necesaria. 






domingo, 3 de mayo de 2026

Emergencia laboral


Ben Shan. Desempleados. 1938


Con ocasión de la conmemoración del 1° de mayo, este año, el Ministro Tomás Rau aprovechó de anunciar la otra emergencia de la que debe hacerse cargo el gobierno. La "emergencia laboral". Toda su actuación en estos primeros dos meses, ha sido de limitación de las demandas de los trabajadores y relativización de sus conquistas. La negociación del salario mínimo, en los días previos, solamente vino a confirmar su diagnóstico y la receta que pretende aplicar. Al contrario de los gobiernos anteriores, que han promovido el aumento sostenido del salario mínimo, lo que pretende Rau es limitarlo, con el viejo argumento de que encarece la contratación.

El argumento es bastante lógico y por eso mismo, bastante sospechoso de ser pura ideología. Pero la evidencia material es demasiado elocuente, casi un millón de desempleados. 

En efecto, el encarecimiento de los costos que implican los aumentos de remuneraciones, unidos a la reducción de la jornada laboral, a lo que él añade la reforma previsional por el aumento de la cotización con cargo al empleador, son lo que la provocaría. Curiosa manera de razonar la del ministro. Aumentar los salarios, facilitar las condiciones para que los trabajadores y trabajadoras dispongan de su tiempo y generar condiciones para que puedan jubilar dignamente, provocarían una situación que los perjudicaría. Las fórmulas para enfrentar esta curiosa crisis son archiconocidas y nunca han resultado. 

En este sentido, las viejas recetas como los subsidios a la contratación, la capacitación o gravar los despidos en un mercado laboral ya excesivamente flexible -aunque podría serlo más- no serían modificarlo mayormente y por esa razón le resultan prácticamente indiferentes a trabajadores y trabajadoras que ya se han habituado a la rotación, los empleos con flexibilidades horarias, multifuncionalidad y alta informalidad, que es justamente una de las razones por las que se pretende desregularlo todavía más.

También contención de las remuneraciones. Es decir, sumar a la graciosa rebaja de impuestos que acaba de anunciar su colega Quiroz, el respaldo del Estado a su avaricia y los argumentos técnicos que la avalarían. La lógica deja, entonces, de ser puramente formal para convertirse en una herramienta política.  

Por la historia sabemos lo que eso significa: planes de empleo de emergencia, que en el pasado se llamaron PEM y POJH y que aun cuando fueran la receta que aplicó la dictadura de Pinochet hace como cuarenta años, subsisten en planes de empleo municipal y bajo la forma de "emprendimientos" o diversas formas de empleo Uber. Por la manera en que el INE mide el desempleo, no sería raro que por estas razones Rau, Quiroz y Kast, se ufanen en un tiempo más de haber logrado el pleno empleo, comparándolo con el 8,9% actual, sin cuestionar siquiera lo que ello significa. 

Tampoco la sociedad. Ello en la medida que el trabajo no sea considerado más que como una ocupación, un hacer cualquiera. En tanto no sea visto como un factor determinante de la industria, de una estrategia de desarrollo nacional, más aun hoy en que el mercado flaquea, la globalización retrocede y las superpotencias compiten, cada vez más agresivamente, por el dominio de recursos, materias primas y mercados. Ello, aunque los nostálgicos de los viejos buenos tiempos del neoliberalismo, como los que actualmente gobiernan, no lo quieran admitir e insistan en sus impracticables recetas. 

Es lamentable que el 1° de mayo sea recordado este año por tan aciagas noticias y que el encargado de notificarnos de ellas sea un ingeniero comercial de la católica, ministro de Kast. 


lunes, 27 de abril de 2026

El oficio N° 16

Alberto Burri. Sacco e rosso. 1954



Parece el título de un corrido mexicano, pero es de uno más de los zarpazos que Kast y Quiroz vienen a propinarle al gasto público para transferirlo a los privados bajo la forma de una rebaja ex ante de impuestos. 

El oficio N° 16 del Ministerio de Hacienda del 21 de abril, pese a las posteriores explicaciones, aclaraciones y eventuales rectificaciones, solamente viene a confirmar lo que Kast había prometido durante su campaña. Profundizar sobre esto resulta evidente y por ello excusado. 

Que su contenido de clase sea tan burdamente obvio y abundante, más que escandalizar, debiera mover a la determinación de los pasos que la oposición debiese dar en lo inmediato. No  precisamente respecto del oficio sino de la Ley de Reconstrucción Nacional. Esta es la avanzada. El famoso oficio viene a entregar orientaciones para la elaboración del presupuesto 2027 y mientras tanto, avanza la Ley de Reconstrucción en el Parlamento, trayendo varias linduras como la invariabilidad tributaria. Y en términos todavía más prácticos, corre el recorte de 3% en todos los ministerios excepto el de seguridad, sin saber todavía qué gastos sean los que cada uno de ellos vaya a disminuir. Gastos operacionales; en personal; viajes y viáticos o lo que es más probable, tal como lo viene a anunciar el oficio, programas que benefician al pueblo pero que para los avaros de hacienda representan un derroche. 

De pasar la dichosa Ley de Reconstrucción, la oposición en el presupuesto 2027 puede prepararse para el peor de los mundos posibles, como ya lo viene a anunciar el Oficio N° 16. No hacerse cargo del significado obvio de las políticas de Kast es quedarse en el plano de los sollozos. Lo mismo que los mutimillonarios y ultraderechas de todo el mundo, lo que pretenden es hacerle sostener sus obscenas utilidades a masas de trabajadores, trabajadoras, empleados, clase media y al medioambiente, transformado prácticamente en un enemigo del "progreso". 

En efecto, el Oficio, tal como la Ley de la imaginaria reconstrucción, es parte de una estrategia política de los grandes empresarios. Combina desregulación y reducción del gasto fiscal. La vía administrativa, reinterpretación de la ley a través de los reglamentos y el uso de decretos, han sido por ahora, las herramientas de las que ha hecho uso. Las grotescas performances de Kast y su gabinete, como el almuerzo en La Moneda, sólo es parte de sus condimentos pero no su esencia. Como Trump que todos los días nos sorprende con alguna nueva payasada mientras gana dinero a manos llenas, igual que sus amigos y financistas. 

Pasando estas, probablemente vendrá la desregulación de las relaciones laborales y como se han encargado de insinuarlo ya los ministros Quiroz y Mas la privatización de CODELCO. El programa de Kast contenía ya las líneas generales y en estos días solamente las ha ido desplegando. No hay nada de sorprendente. En sus dos mandatos Piñera tuvo períodos de gracia facilitados por las confusiones opositoras, que deambularon, salvo honrosas excepciones, entre la democracia de los acuerdos y la intransigencia democrática, ambivalencia que vino a resolver, como siempre, la movilización de masas que sobrepasó los límites de una acartonada institucionalidad política. 

Expresión de un mismo vacío: la inexistencia de una estrategia opositora, llamativamente obvia frente a la claridad de propósitos y la impudicia para exhibirlos de la derecha y el empresariado. El Mercurio, incluso, publica extensos reportajes consultándoles su opinión acerca de los énfasis que debiera tener la Ley de Reeconstrucción, que a estas alturas, y precisamente por esa razón, parece un menú que le lleva rebajas de impuestos, permisología, invariabilidad tributaria, subsidios a la contratación, reembolso de gastos con cargo al Estado, limitaciones  a la gratuidad, entre otros. 

En ambas ocasiones, además,  2011 y 2019, este vacío tuvo como resultado un empate que en los hechos, se expresó en un balón de oxígeno para las fuerzas de la conservación del modelo neoliberal y la Constitución del 80. 

Hoy, en cambio, la ausencia de una estrategia de reforma efectiva y democratización de la sociedad solamente facilitan las cosas a los que pretenden profundizar la desigualdad, el autoritarismo, el abuso y la destrucción del medioambiente con tal de sostener sus privilegios y los de quienes representan. Como siempre ha sido a lo largo de la aporreada experiencia del pueblo, los que no se hagan cargo de las demandas que la coyuntura hace a los demócratas, van a quedar en el mejor de los casos como un pie de página en los libros de historia. El problema es que el costo de su intrascendencia no lo van a pagar ellos sino el país entero, de no mediar una resolución decidida de enfrentar al gobierno de Kast y construir las condiciones para que el absceso que hoy afecta a la sociedad no se transforme en una infección generalizada y sea enfrentado, en cambio, como un síntoma de la enfermedad mortal que representa. 




martes, 21 de abril de 2026

El turno de la oposición

Ben Shan. Demonstration. 1933

 

Casi dos meses de administración derechista en el gobierno, y ya se empieza a aclarar el tipo de neoliberalismo que Quiroz y compañía venían a implementar. 

Se trata de la versión original. Similar a la de Sergio de Castro y Jorge Cauas, la que se yergue sobre la obra del glamoroso aspecto que le dió la globalización y que sobrevive sobre la misma exclusión, contaminación y desigualdad -incluso como si fuera el costo que nuestra sociedad tuvo que pagar por ella, como un Fausto tercermundista. No hay compensaciones posibles para enfrentar el schock o dejaría de serlo. Lo han declarado de todos los modos posibles, no vienen a administrar lo que ya existía sino a modificarlo desde sus cimientos para recuperar su pujanza. 

Las plañideras declaraciones sobre la inconsistencia del plan pasan por alto, precisamente, su naturaleza y parten de una suposición errada. Creer que se está frente a la misma derecha y el mismo empresariado de la "democracia de los acuerdos". Claramente el Proyecto de Reconstrucción Nacional y su megajuste que en los hechos es la transferencia de al menos cuatro mil millones de dólares del gasto público a los bolsillos de los grandes grupos económicos y sus millonarios controladores, no tolera compensaciones que no sean la archiconocida receta del regateo de las migajas. Sólo que esta vez, son mucho más escuálidas y mezquinas de lo que fueron en el pasado, por mucho que este fluyera con gotario y no por chorreo. 

Justamente el origen de la desigualdad actual.

El límite entre gobierno y oposición, entonces, se vuelve mucho más nítido y la batalla por la defensa de los derechos económicos, sociales y culturales de chilenos y chilenas, menos formal que el de los compuestos centros de pensamiento, la academia y los salones del congreso. Sobrepasa -debiera hacerlo- sus estrictos límites y va a terminar siendo la sociedad entera, no sólo sus representantes, la que se vea involucrada por mucho que la Constitución actual lo ignore, cual si fuera una pura entelequia y no la expresión de intereses materiales que surgen de sus entrañas. 

La derecha cuenta con los votos en el Congreso. Sin embargo, estos no son tampoco la pura expresión sublime de las ideas políticas. Son expresiones transfiguradas de ciudadanos a los que se ha escamoteado su derecho a deliberar para ser convertidos en meros electores de representantes que no se sienten obligados a rendir cuenta de sus actuaciones, excepto cuando los primeros empiezan a sospechar que algo no coincide entre sus vidas cotidianas y las refinadas disquisiciones de economistas neoliberales y los discursos de aquellos. 

Esta desconexión entre la sociedad real y la institucionalidad política es profundizada por el plan de Kast y Quiroz, los que estiran el elástico sin preocuparse, aparentemente, de su costo social y la deslegitimación de la institucionalidad política. 

Pero la democracia no se realiza solamente en una institucionalidad acartonada y ajena a la sociedad real. Las formas de participación social a través de la movilización, diversas formas de deliberación en asambleas sindicales, del movimiento estudiantil; la autoconvocatoria y organización autónoma en barrios y comunas; de usuarios de servicios públicos y consumidores, son también parte de ésta, mal que le pese a los conservadores y a los nostálgicos de nuestra somnífera transición.

La derecha, como era de esperar, ya se cuadró y por mucho que el Presidente de la Cámara de Diputados, el diputado Jorge Alessandri, haya rogado hasta el último minuto y las viejas glorias de la transición como Longueira y Matthei advirtieran el riesgo que implica, los gremios empresariales y paulatinamente toda la derecha, incluidos duchos cuadros del “liberalismo”, se cuadra tras el Proyecto de Reconstrucción Nacional. Ahora le toca a la oposición actuar conforme a este nuevo escenario histórico.

 

jueves, 16 de abril de 2026

Las cartas sobre la mesa

 

Carlo Carra. El ídolo hermafrodita. 1917


Después de semanas de tiras y aflojas, finalmente el gobierno a través de una cadena nacional del Presidente de la República, anunció el envío al Parlamento de su anunciada Ley de Reconstrucción Nacional, versión criolla del Big Beautiful Bill del ídolo de los republicanos chilenos Donald Trump y de la Ley Omnibus de Sturzenegger y Milei en Argentina. Parte del plan de liberación de las trabas y obstáculos que aún tienen los grandes capitales para emprender negocios que les permitan recuperar las tasas de ganancia que obtenían durante la época de gloria de la globalización neoliberal y que hoy, en cambio, se han visto disminuidas por un proceso de ralentización típico de los ciclos económicos, que llegados a un punto dejan de crecer al mismo ritmo. 

Esto para el gran capital no es óbice para su avaricia. 

Hasta algunas horas antes, en Cerro Castillo, los parlamentarios de su coalición trataban de convencer a Kast y Quiroz, el Ministro de Hacienda, de introducir algunas medidas que fueran en "beneficio de la clase media", habida cuenta de las impúdicas facilidades y regalías para el gran capital que contenía. A la salida, el compungido diputado de la UDI Gustavo Alessandri, declaraba que quedaban algunas horas para hacerlo. Lamentablemente para él y el resto de los suplicantes parlamentarios de derecha, eso no ocurrió y el anuncio de Kast solamente reafirmó el proyecto original, salvo en lo que se refiere a la limitación del beneficio de la gratuidad a los mayores de treinta años. 

El eje del proyecto sigue siendo el viejo dogma neoliberal de rebajar impuestos a los más ricos y otorgarles la certeza de que esto se va a mantener así hasta el fin de los tiempos. En los hechos una transferencia de miles de millones desde el gasto social a los bolsillos de los mismos que financiaron su campaña y pusieron a sus operadores en el gabinete.

Las declaraciones de los presidentes de partidos de derecha, sus parlamentarios y dirigentes, ni siquiera un matiz expresan respecto a las posibilidades de enchularlo en el trámite parlamentario. Todo lo contrario. Sin caer en las hipérboles típicas de Trump para referirse a cualquier estropicio que se le ocurre y ejecuta, solamente se han deshecho en elogios y repetición de las típicas fórmulas de los economistas neoliberales. Lo mismo las organizaciones gremiales de los empresarios. Rápidamente se ha ido conformando un consenso a su alrededor que hace prever una dura lucha en la defensa de los derechos de chilenos y chilenas; el patrimonio del Estado y todo lo que le sigue. 

Restricciones en el acceso y ejercicio de los derechos sociales, económicos y culturales; deterioro de los servicios; afectaciones al medioambiente; despidos y deslegitimación de la función pública, etc.

Espacios para la negociación y reeditar la política de los consensos no hay muchos. Porque la esencia del plan es esencialmente excluyente, ello por motivos de clase evidentes reafirmados por el contenido del discurso presidencial que, torpemente además, endosa la responsabilidad de su imaginaria emergencia a todos los gobiernos anteriores, la izquierda y las organizaciones sociales, o sea, prácticamente a todos.

A eso, se suman la forma en que el Ministerio del Trabajo ha enfrentado la negociación del sueldo mínimo y antes, los retiros del Proyecto de Negociación Multinivel y el de Sala Cuna Universal del Parlamento, negación de la voluntad siquiera de discutirlos. Los fallos técnicos y metodológicos en materia económica o de técnica legislativa, apenas dan cuenta de una excusa. Su contenido es esencialmente doctrinario y maximalista.

En este sentido, el ambicionado centro se corre hacia la derecha empujado por las circunstancias y su proyecto se reduce a puro juego de piernas para tratar de sacar un par de concesiones insignificantes que lucir para la tribuna que no lo alteren en lo esencial. Es el lugar que cómodamente ocupa hoy el PDG.

Lo que debiera definir entonces a la oposición, son definiciones de principio y concepciones de lo social y la democracia que la ubiquen en el espectro político, del que prácticamente ha desaparecido. Ideas que movilicen a la sociedad civil, que la motiven y que señalen un futuro posible en un mundo cada vez más violento, desigual y excluyente. El gobierno ya puso las cartas sobre la mesa.


sábado, 11 de abril de 2026

¡Qué tiene que ver Kant!

Jean Ver Meer. El astrólogo. 1668



En semanas recientes, varios intelectuales de la derecha, miembros de sus centros de pensamiento, profesores de sus universidades y asiduos columnistas de los medios escritos, se trenzaron en una discusión aparentemente teórica sobre un autor alemán del siglo XVIII. Y cual de todos ha tratado de demostrar un mejor conocimiento sobre éste y una interpretación más fiel de su pensamiento. ¿Y qué tiene que ver con nosotros y nosotras en pleno siglo XXI?

La verdad es que no tiene tanta importancia como podría parecer por las contradicciones y malosentendidos sobre Kant que entre ellos mismos se reprochan y la "profundidad" de sus columnas. La discusión es eminentemente política, como siempre. Si bien el cuerpo Artes y Letras de El Mercurio había publicado varios artículos sobre el tema desde hace al menos un año, en el lapso de unas tres semanas -abrió los fuegos Hugo Herrera con columnas en elmostrador.cl los días 22 y 29 de marzo, comentadas por Lucas Miranda en Ellibero.cl el 25 de ese mes, a lo que siguieron nuevos aportes de Jaime de la Hoz Alfaro el 5 de abril, Renato Cristi el 8 de abril  y Herrera de nuevo el 12 de abril  en elmostrador.cl- estos escritores han puesto en el debate de su sector cuestiones fundamentales. 

Primero, la relación que debe haber entre nacionalismo y cosmopolitismo en su doctrina y propuesta. En general, ésta se ha resuelto en formas más bien pragmáticas. Nacionalismo para enfrentar la disidencia y la oposición, especialmente cuando se trata de la que proviene de sectores excluidos por motivos de clase, raza u orientación sexual o género a lo que se suma ahora la nacionalidad producto de la inmigración aunque siempre estuvo presente respecto de la Nación  Mapuche y los pueblos originarios. 

Un verdadero dolor de cabeza considerando que no se trata de un problema teórico sino sumamente práctico, el que se manifiesta en la construcción de zanjas y la imposición de prohibiciones y límites que niegan justamente el contenido de la discusión, razón por la cual lo dejan en el plano de la pureza sublime de la filosofía. 

Y bueno, cosmopolitismo para subordinarse a algún imperialismo, sea éste cultural, económico o político o los tres, conducta que ha sido constante en el comportamiento de las elites chilenas a todo lo largo de su historia. Afrancesados, germanófilos, anglófilos o asiduos de Miami, Chicago y Harvard, nuestras elites han demostrado poca originalidad, salvo honrosas excepciones que no viene al caso mencionar.

La globalización del neoliberalismo que siguió a la caída de los socialismos reales, lo resolvió para algunos optimistas de manera definitiva a favor de una sociedad global, que en sus simplificaciones equivalía a la "mundialización" del mercado y las democracias "representativas". Estados de derecho, semejantes a una "República" con la sola salvedad de que su origen no estuvo en el empoderamiento de la sociedad civil (la soberanía popular) que limitaba el poder de clases o gobiernos despóticos o autoritarios, sino del mercado. Éste además fue el producto de la acción de los Estados, invasiones territoriales, establecimiento de tributos, aranceles y gravámenes, sistemas de control fronterizo, y las menos diplomáticas asonadas militares y golpes de estado. Ejemplos abundan en América Latina, a lo que suma en los noventa la experiencia de las antiguas repúblicas socialistas de Europa del Este. 

Ahora que la globalización pierde dinamismo; los mercados flaquean; y la expansión de las crisis económicas arrastran a la humanidad entera desatando guerras tan o más cruentas que las de fines del siglo XIX y el siglo XX, profundizando sus crisis; y en la medida que su producto no garantiza siquiera las gananacias de todos los sectores de clase dominante en el mundo, su repliegue sobre el Estado Nacional, proteger sus zonas de influencia y dinamitar la hipócrita idea de un "orden internacional basado en reglas", los obliga a repensar esta relación. El botonazo de Trump habla por sí solo, aunque la filosofía no sea lo suyo.

Esto, por cierto, es el resultado de la indigencia del pensamiento neoliberal en su versión original de ofrecer un conjunto de conceptos, ideas y teorías para hacerlo. 

El predominio de la economía política, efectivamente, está en retirada o debiera estarlo para la derecha como fundamento doctrinario de su postura política. Una demostración de esto mismo, es que todos los protagonistas del debate en cuestión provienen de las ciencias sociales y la filosofía. Ni un solo ingeniero comercial de la Católica o Chicago. Porque la economía expresa, sin saberlo ni panteárselo siquiera, una forma de abordar la elaboración de una concepción de mundo y del ser humano, que es precisamente donde estos intelectuales de derecha creen debería estar puesto el acento de su debate y debiera antecederla. Por ello, un segundo punto en torno al cual gira la discusión es precisamente el del lugar de la filosofía o de las relaciones entre ésta y la economía, aunque ellos mismos no atinen a encontrar la manera de planteárselo sin caer en contradicciones que negarían su posición política. 

En efecto, la apelación a la "interioridad", la "persona", "universalidad de los derechos", la "libertad" etc. da cuenta de este giro reflexivo de la derecha. Porque aparentemente la doctrina que afirma los automatismos del mercado como explicación de lo real no daría cuenta de las necesidades actuales de la sociedad. Hay una crítica implícita a la ausencia pertinaz de una reflexión seria sobre la desigualdad y la exclusión de nuestra sociedad, sobre la base de una concepción del ser humano que vaya más allá, mucho mas allá, de lo exclusivamente material (Recabarren escribía hace más de un siglo que "la cuestión social no se resuelve con hacer más pan"). 

Esta incapacidad de la matriz economicista que predomina en sus filas, ha sido abordada antes por la vía de un pensamiento racialista y reaccionario que pretende resolverlo mediante una homogeneización cultural autoritaria o un espiritualismo cristiano en el que todos somos "hijos de Dios", aunque unos lo sean más que otros. 

Lo que este debate entre "intelectuales orgánicos" de la derecha expresa -concepto que en este caso aplica a a la perfección-, es la tosquedad del repertorio no sólo teórico sino también politico de su sector. Son como unos "pepito grillo" alertando acerca del riesgo de esta ausencia de mediaciones entre sus axiomas doctrinarios y la sociedad real. Por eso, llaman la atención en la importancia del "derecho" y las "formas históricas concretas" más que de los "universales irrealizables". La ausencia de mediaciones entre sus concepciones de principio, sus fundamentos doctrinarios, y su acción política es acerca de lo que llaman la atención revelando un cierto temor a los resultados socialmente explosivos que semejante omisión puede generar.  

Es interesante que un grupo de intelectuales de derecha trate de instalar un debate como éste en su sector. Lamentablemente, como lo han comentado algunos columnistas, sus exelsos asertos filosóficos contradicen de manera flagrante sus actuaciones políticas. Sin ánimo de justificarlos, es de suponer que en el fondo enfrentar un debate político como si fuera filosófico sería la única manera de hacerse cargo por el momento, para -quién sabe- algún día encontrar el modo de superar las formas autoritarias y violentas con que en el pasado las ha resuelto. Esta, como la misma discusión lo expresa, sólo será el producto de un cambio material en el que las declaraciones de principio, como las escritas en este debate, den cuenta de una nueva sociedad. Su actuación en el golpe de estado de 1973 es demasiado elocuente como para disculparla. 

Esta disusión da cuenta del agotamiento prematuro del pensamiento reaccionario que ha surgido de las entrañas de la globalización. Pero especialmente llama la atención sobre las posibilidades que esta coyuntura histórica representa para el surgimiento de nuevas síntesis teóricas de izquierda, tal como a fines del siglo XVIII lo fue el agotamiento de las del viejo pensador que sirvió de punto de partida de este debate y que se expresaron en las formas de una nueva literatura e ideas políticas. 

miércoles, 8 de abril de 2026

¿Hasta cuando?

Juan Domingo Dávila. Rota. 1996



En días recientes, el gobierno de Kast ha subido el tono y el riesgo de sus apuestas. La Ley de Reconstrucción Nacional solamente viene a confirmar y profundizar sus ímpetus de renovación del neoliberalismo criollo. Para sus fanáticos razonamientos, el crecimiento económico funciona con piloto automático y nunca va a ser suficiente para satisfacer la codicia de los grandes empresarios. Los números son sagrados y no importa lo que pase en la realidad sino solamente que estos cuadren, aun cuando aquella sea un mar de lágrimas o esté en llamas. 

Por cierto, esta forma de razonar de los economistas neoliberales como Quiroz, su Ministro de Hacienda -lo que en principio se expresa en una lógica impecable que es lo único que le interesa- no le dice mucho a los populáricos que ven como sus escuálidos ingresos se van en puro pagar deudas.

Resulta un caso digno de análisis cómo ello no tiene todavía una expresión material, es decir en un estado de crispación y movilización social mayor y se manifieste solamente a través de mediciones, supuestamente, objetivas de la "opinión pública".

Para la derecha y los liberales de diversas denominaciones –entre ellos Brunner, Tironi y un par más de antiguas glorias del liberalismo social-, es solamente producto de la conformidad de la sociedad con el actual orden de cosas. Pero como escribió Goethe "gris es el árbol de toda teoría y verde el árbol de oro de la vida". Las razones son mucho más complejas que aquellas que se despechan el asunto con un par de encuestas o galimatías sociológicos.

Primero, el control de los medios de comunicación de masas por parte de la derecha, los empresarios y los sectores conservadores. Y esto no es una "tesis". El nivel grotesco de concentración de la propiedad de los medios no es teórico ni su línea editorial pura buena intención. El actual gobierno, además, ha demostrado una aguda comprensión de su naturaleza y una notable capacidad de adaptárseles. Todo el mundo hablando de los intríngulis de la vocera; las pachotadas del ministro de vivienda o los gestos grotescos del propio Kast y la familia presidencial.

Las redes sociales después, los multiplican millones de veces y luego vuelven a ser comentados en los medios tradicionales multiplicándolos de nuevo hasta convertirse en tema de conversación en los trabajos, en los almacenes, en los barrios, consultorios y escuelas. Eso sin considerar que sean materia de chistes y rutinas de stand-up comedy, que los banalizan hasta naturalizar su crueldad. 

Pero del contenido reaccionario de su política, apenas un par de declaraciones de desagrado, como si no fuera más que la expresión de un malestar subjetivo, casi un dolor de muelas. 

Dicha política, efectivamente, no deja mucho espacio para las interpretaciones. Es un gobierno que partió recortando derechos sociales, incluidos los de la naturaleza, beneficiando impúdicamente a los sectores de más altos ingresos e imponiendo una doctrina de ajuste que tiene al país condenado a un bajo crecimiento del que deben hacerse cargo los más pobres a través de recortes de programas sociales, congelamiento de obras de infraestructura que mejoran su calidad de vida y encarecimiento del costo de la vida. A eso se suma el aumento de la inflación que va a terminar por licuar lo poco que quede de sus ingresos. 

Los resultados del plan de Quiroz empiezan a ser evidentes. Y el carácter ideológico de sus impecables razonamientos, también.

Esto, sin embargo, no significa necesariamente que la anomalía que representa el actual gobierno derechista, sea la señal de un cambio de la tendencia política dominante después de las recientes elecciones. Esto nunca va a ser otra cosa que el resultado de una acción reflexionada y resuelta, no la evolución natural de los puros hechos, la acumulación del malestar o la "agudización de las contradicciones". Antes que eso, como en Argentina, los que actualmente gobiernan están dispuestos, y es posible que lo logren, a arrasar con el medioambiente, los derechos de trabajadores y trabajadoras, arrebatar los derechos que mujeres y divergencias sexogenéricas han logrado arrancar al conservadurismo cultural de nuestra sociedad y que el grupo de fanáticos que hoy gobierna pretende restituir.

Resulta sorprendente por esa razón que al retiro de la ley de negociación multinivel por parte del Ministerio del Trabajo, no le haya seguido ni siquiera una convocatoria al Consejo Directivo Nacional Ampliado de la CUT o de la Asamblea Nacional del Colegio de Profesores al recorte de 3% del presupuesto ordenado por el Ministro Quiroz, o los anuncios de los alcaldes de derecha de resistir la implementación de la Ley de Nueva Educación Pública, una acción abiertamente sediciosa. Esto, sin embargo, es solamente un síntoma.

La única manera de enfrentarlo es relevando el rol que debe cumplir una oposición política en democracia. Poner la diferencia y la contradición.  En este caso, a los demagógicos y pomposos anuncios de Kast, Quiroz y cía. de resolver mediante un plan de ajuste brutal, problemas que ellos mismos crearon con su política pro-empresarial y que considera la acumulación de dinero y los equilibrios macroeconómicos, los fines últimos de la acción política. 

Décadas de neoliberalismo y consenso en torno a la gobernabilidad democrática han terminado por  disiparla haciendo de la estabilidad, como decía Lastarria a propósito de la República Conservadora "la  palabra mágica que para la opinión pública representaba la tranquilidad que facilita el curso de los negocios, y el imperio del orden arbitrario y despótico".  

 

 


sábado, 28 de marzo de 2026

Un cóctel explosivo

Honore Daumier. El levantamiento. 1860



 

A pocos días de asumir, el nuevo Gobierno ya tuvo que enfrentar una crisis de proporciones. El alza de los combustibles fue la chispa que encendió la hoguera, pero solo parcialmente.

La reducción del impuesto corporativo de primera categoría del 27% al 23% y la reintegración del sistema tributario junto con la instrucción de ajustar el presupuesto de todos los ministerios en un 3%, generó un schock anticipado, difícil de explicar y justificar a un gobierno que se ha dado a sí mismo el título de "gobierno de emergencia", lo que ha puesto en entredicho precisamente el argumento, al comparar la situación actual con la que había meses antes de que asumiera.

Detrás de la crisis hay varios factores que se conjugaron para aguarle la fiesta a Kast apenas dos semanas después de haber asumido, razón por la que la derecha lo mantiene oculto, tirando al choque a sus rudos ministros de hacienda e interior y quemando un fusible antes de tiempo, que es la vocera Mara Sedini, que hace rato ya tiene olor a claveles.

Entre esos factores, su servilismo frente a la administración Trump, a la que ha aplaudido todos sus dislates, especialmente en este caso su incursión en Irán, motivo del alza de la bencina y el kerosene, lo que lo imposibilita de dar una explicación razonable al pueblo que lo escogió, sin entrar en contradicciones con sus propias definiciones previas, y que según las encuestas, prematuramente le quita su apoyo.  

La diferencia en la manera en que trata a trabajadores y clase media con las facilidades que otorga a los empresarios, ha puesto al descubierto, además, el carácter de clase de su gobierno. Y eso no pasa desapercibido. No hay manera de disimular. El paquete de medidas anunciado por el gobierno en su versión criolla de la Ley Omnibus, la llamada Ley de Reconstrucción Nacional, no deja espacio a interpretaciones. La bofetada es demasiado evidente y la teoría del chorreo ya no tiene el aura de cientificidad y pureza técnica que tenía hace treinta años, lapso de tiempo en el cual no ha dado frutos destacables.

Es más. La pobreza sigue siendo una realidad estructural, que se refleja en los bajos salarios, pensiones bajo la línea de pobreza e informalidad, la que es apenas parchada por planes focalizados y transferencias directas e indirectas desde el Estado a los más pobres, pero que el dichoso plan de reconstrucción se propone eliminar.  Lamentablemente para Rossana Costa, el CFA y la tecnocracia monetarista, según sus propias palabras, tampoco garantiza crecimiento económico, el que ha sido ajustado desde la afiebrada profecía de Quiroz de crecer a un 4% a apenas un 1,5 o 1,8. Evidentemente esa magra cifra no alcanza para gratuidad, salarios, educación y salud públicas, transporte digno para el pueblo y al mismo tiempo, las tasas de ganancia que esperan recuperar los empresarios, siempre ávidos de embolsar más.

Ello augura una dura pugna por llevarse la tajada del león. Al pueblo -según el plan, se da por descontado- no le corresponde mucho excepto el sacrificio. Pero entre los empresarios, la repartición de las ganancias que se obtengan según este "modesto" guarismo va a ser probablemente objeto de más de una polémica. Especialmente la manera de administrarlas. Han retornado, por esa razón, viejas glorias de la transición como Mathei y Longueira tratando de poner un poco de racionalidad, intento del que difícilmente se podrían augurar los resultados por ahora ni si serán escuchados. Lo mismo los tradicionales partidos de derecha haciendo lo propio respecto de la gestión de gobierno.

Esta, hay que decirlo, no se ha caracterizado precisamente por su prolijidad y si no fuera por su hegemonía absoluta en los medios y su circunstancial mayoría en el Parlamento, habría justificado las homéricas iras del pueblo, tal como lo hicieron el 2019 las declaraciones de funcionarios del gobierno de Piñera y del propio Piñera. Efectivamente, la ausencia de una oposición parlamentaria se nota de una manera que está dejando un espacio propicio para el crecimiento del populismo.

Espacio para una reedición de la política de los consensos no hay mucho, por no decir ninguno. La sola denominación que el gobierno ha hecho de sí mismo, lo confirma. La actuación de sus ministros, de los que el de vivienda se lleva las palmas por lo prepotente, y su mayoría en el Congreso sólo refuerzan esta disposición a arreglárselas solo y protegiendo el interés del puñado de ricachones a los que sirve.

El coctel resulta explosivo y la cosa no pinta para bueno. A la contracción del crecimiento, el retiro del Estado en lo que tiene que ver con educación y salud pública, a lo que se deben agregar trabajo, cultura, vivienda y medioambiente, hay que sumar el aumento de los precios y la inflación, también pronosticados por el BC, y para lo cual no había que ser pitoniso.

Estamos frente a una crisis en ciernes. No prepararse para hacerle frente es una irresponsabilidad, eludirla sin hacerse cargo de la profunda contradicción social, caracterizada por la desigualdad y exclusión que el gobierno de emergencia solamente está profundizando, el augurio de un seguro fracaso.


viernes, 27 de marzo de 2026

El fascismo contra la escuela

Francisco Goya. Los fusilamientos del 3 de mayo. 1814



El fascismo actual odia la escuela. Al contrario de los fascismos de mediados del siglo XX, o el de las dictaduras latinoamericanas de los años setenta y ochenta -el de Pinochet y Videla, los que hicieron de la escuela primero un instrumento de disciplinamiento y control, y luego de adoctrinamiento en un ideal de ser humano basado en ideas racistas, patrioteras, clasistas y machistas- el fascismo del siglo XXI se caracteriza por su desprecio hacia esta y su escepticismo respecto de su utilidad para alcanzarlo.

El fascismo clásico contenía ya un elemento de este tipo de pesimismo sobre las posibilidades de la escuela, en tanto era el producto político de la aceptación de la realidad no más que como un conjunto de hechos ante los cuales el pensamiento debía someterse.

Esta renuncia del pensamiento a comprenderlas y después transformarlas, ha hecho de nuestras sociedades acumulaciones de datos, grupos de palabras e individuos que, primero, coexistían en el mercado o se topaban eventualmente en él y que hoy -especialmente después de la pandemia de COVID 19- lo hacen cada vez más en el ciberespacio, donde se condensa esta amalgama de lenguaje, individuos y cosas presentados como bytes.

La mitología heroica del fascismo clásico, acumulación de relatos y creencias irracionales acerca de la idea de una "misión histórica", la procedencia de razas o naciones de un origen excepcional, cuyo cometido sería el de recuperarlos y luego, realizarlos, ha sido reforzada en la actualidad por un repertorio de creencias que cumplen una función similar que es sustituir a la razón en los fundamentos de lo social: el terraplanismo, los antivacunas, y el culto a los extraterrestres, entre otras.

Para el fascismo actual el mundo está condenado a ser como es, caótico, violento, excluyente y biológicamente precario, no intenta comprenderlo ni explicarlo y por eso ya ni siquiera intenta dialogar con la escuela. Ve en ella y en los profesores y profesoras a sospechosos de propalar ideas peligrosas y que obstaculizan la adaptación de las personas a esta realidad apremiante.

La escuela, de esta manera, entra en abierta e inevitable contradicción con esta tendencia de sociedades en proceso de fascistización.

La escuela entendida, primero, como un espacio de debate cultural. Porque en rigor, para el fascismo que amenaza a nuestras sociedades en la actualidad, no es mucho lo que es objeto de reflexión. En el mejor de los casos, lo es de un intercambio de informaciones, medibles y clasificables, luego expresadas en el resultado de pruebas estandarizadas. En este sentido, la escuela también ha colaborado en la preparación de nuestras sociedades a aceptar charlatanería y mistificación para terminar siendo su víctima sacrificial, en los altares del terraplanismo.

Llegando a un punto en que incluso por las posibilidades que brindan las TICs de acceso a la información y su intercambio, incluso este es eludible por medio de un aparato, que va desde un celular a un Macintosh. Es decir, la escuela siempre sale sobrando. El avance de las tecnologías de la información y la irrupción de la IA, en lugar de motivar una perspectiva de mayor autonomía y libertad del ser humano, ha redundado en nuevas formas de control y sometimiento que han terminado por reemplazarlo o amenazan al menos con hacerlo. La automatización de funciones; el trabajo a distancia y la teleeducación, lo hacen cada vez más prescindible y los procesos de administración de datos, menos reflexivo.

Otro factor que conspira contra la escuela es la evolución demográfica, caracterizada por bajas tasas de natalidad y envejecimiento de la población. La tendencia de la matrícula a caer a niveles tan bajos como nunca antes se había visto, es la coartada perfecta para afectar su sobrevivencia. Especialmente en Chile, donde su financiamiento está atado a este concepto de la escuela como mercado de informaciones que se miden en las pruebas estandarizadas y que son el indicador que, supuestamente, guiaría las preferencias de las familias -lo que como “la mano invisible”, lo determinaría en última instancia.

Combinados, todos estos factores hacen que la escuela tal como la concebimos hasta hace no mucho, sea un obstáculo para los intereses de ultras de derecha, las empresas tecnológicas, los nuevos chovinismos surgidos del agotamiento de la globalización neoliberal, el fundamentalismo religioso, fundaciones conservadoras e industria armamentista. La proliferación y luego, difusión sensacionalista de actos violentos en escuelas y liceos, las presentan como lugares peligrosos y objeto de un mayor control. En lugar de mejorar la convivencia, para los fascistas de nueva generación se trata de evitarla por medio de mecanismos cada vez más coercitivos: instalación de la sospecha, vigilancia y acciones punitivas.

Ciertamente no es esta la escuela que queremos ni tampoco que su rol sea traspasado a las familias, ideal de los conservadores desde el siglo XIX, sino redefinido en función de las necesidades del ser humano en un mundo precario, peligroso y cada vez más violento.  

martes, 17 de marzo de 2026

Las desgracias nunca vienen solas



Pieter Bruegel el viejo. La Gran Torre de Babel. 1563

Recién asumido, Kast firmó varios decretos, anunció un acuerdo con el gobierno norteamericano para la explotación de tierras raras y minerales críticos y apenas dos días después, anuncia un proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional. Siguiendo el formato de Milei y del ideólogo de los fascistas del siglo XXI, Steve Bannon, apabulla a la sociedad con una batería de medidas tan agobiante que le resulta difícil discernir cuál es peor para terminar inmovilizada y a merced de quienes realmente comprenden su sentido y están esperando hacerse, con mano ajena, de sus resultados.

 

Rebajas de impuestos, desregulaciones, recortes de gasto fiscal, despidos, todo junto en solo algunos días. No había que ser muy perspicaz para darse cuenta de que su discurso, de días antes, acerca de que el gobierno anterior le heredó un déficit enorme y lo dejó sin caja era una manera de justificar semejante cogoteo ex ante. Las por demás académicas explicaciones con las que economistas y ex autoridades tratan de demostrar la falsedad de los datos esgrimidos por Quiroz y compañía, apenas logran hacerse cargo de la prepotencia de clase con la que actúan; el dogmatismo emocional que los inspira y la bofetada que representa para trabajadores, trabajadoras, empleados, y clase media.

 

Todos los días, y varias veces además, titulan los medios con los efectos de semejantes bribonadas. En el sector cultura, donde el "liberal" Undurraga compite con Pancho Malo para ser más despiadado a la hora de anunciar los recortes. O en educación escolar, donde ya se anuncian despidos de docentes y asistentes de la educación. O el cobro a los deudores del CAE que a los únicos que seguramente alegra es a los bancos. O la guerra a la "permisología" y el levantamiento de las restricciones administrativas que se puedan hacer para el emprendimiento de proyectos de construcción en humedales; la salmonicultura, minería, el sector pesquero y otros que representan la promesa de presunto crecimiento a costa del medioambiente para garantizar el enriquecimiento real de un puñado de empresas privadas.

 

Es probable que la ideologización con la que actúan, sin embargo, en algún momento choque con la realidad y se transforme en una pesadilla para sus autores. Le pasó a Piñera en dos ocasiones. La primera, el 2011 después de anuncios bastante similares en modernización del Estado, privatización de empresas estatales y reformas a la educación superior. O el 2019 tras una seguidilla de actos fallidos de sus ministros y de él mismo, refiriéndose a un "oasis", "flores" y "madrugadores" que se estrellaron contra la precariedad de las vidas de chilenos y chilenas reales, especialmente los primeros pensionados y pensionadas por el sistema de AFP que no recibían bono de reconocimiento.

 

La situación, por cierto, no es la misma. Transformaciones realizadas en los últimos años han modificado no solamente el paisaje material de nuestras ciudades, sino también las percepciones subjetivas y las construcciones ideológicas que de él se han hecho chilenos y chilenas. Al aspecto moderno; al confort, la comodidad producto de la tecnología; y la flexibilidad en la organización de la vida; la extensión limitada de la focalización del gasto y la morigeración de los efectos más inhumanos del neoliberalismo, se opone una percepción de la imposibilidad de disfrutar plenamente los logros de esa modernización que sólo benefician a unos pocos excepto al costo de tener que hacer tantos sacrificios.

 

La desigualdad sigue ofendiendo la dignidad del pueblo, aunque no sea el hambre ni la exclusión del siglo XX. Aflora por todas partes, en efecto, la diferencia que es realmente el origen de las contradicciones que agitan la sociedad. Las formas en que ésta es elaborada, sólo su manifestación ideológica. Para unos, un costo ineludible; para otros, una externalidad, un accidente corregible; para el pueblo una bofetada que humilla su existencia en forma reiterada.

 

Sin hacerse cargo de este problema, lo más probable es que la oposición y particularmente la izquierda, no acabe nunca por comprender el significado de tanta desgracia ni adoptar una posición eficiente ante el abuso de clase y la violencia con la que el gobierno de Kast trata al pueblo de manera tal que el despertar de la reacción no sea sino un momento más de su aporreada existencia y no el final de la pesadilla.


viernes, 13 de marzo de 2026

Un secundón en La moneda


Honoré Daumier. Pierrot con mandolina. 1873


La reciente ceremonia de traspaso de mando no fue un despliegue contundente de poder ultraderechista regional ni global. Asistieron apenas un par de presidentes de América Latina y el inefable Milei, que ni siquiera tuvo la bilateral anunciada con Kast. La esperada visita de Marco Rubio no ocurrió ni la de Giorgia Meloni o algún referente de la ultraderecha europea. Fue un acto más bien provinciano y con ínfulas tercermundistas de cosmopolitismo. 

Poco antes de ser Presidente de la República incluso, Kast había viajado a Miami para participar junto con otro grupo de pigmeos a recibir las burlas de su patrón, en la cacareada cumbre Shield of the Américas, la que apenas ocupó un pequeño cuadro en el New York Times pero que la prensa local hace aparecer como si fuera un hecho de enorme relevancia. 

Pero lo cierto es que aparte de una demostración de sumisión y el intento por adaptar a su patio trasero a las necesidades de la nueva estrategia de seguridad de los Estados Unidos, no representa nada relevante. Más importante para el imperialismo es resolver sus relaciones con los gobiernos de México, Venezuela y Colombia, los que desde una digna posición de defensa de su soberanía en medio de los embates imperialistas, sí pueden resultar determinantes en la definición de las correlaciones de fuerza regional en el marco de una competencia desatada por la hegemonía mundial; el acceso a recursos y rutas. 

Las elecciones de medio tiempo en los Estados Unidos en noviembre, hacen presagiar la pérdida del control que el día de hoy ostentan los republicanos del Congreso norteamericano y hasta la posibilidad de juicio político contra Trump; las elecciones de Colombia y Brasil van a ser determinantes en la definición de una nueva correlación de fuerzas en América Latina que pueden resultar en un cambio de tendencia habida cuenta de los problemas de los aliados más cercanos de Kast, Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia, así como la impredecible inestabilidad del Perú. 

Kast viene a hacerse cargo de la Presidencia de la República, pues, en un escenario favorable para la derecha global, pero con signos de fatiga coyuntural que se podría prolongar. Por eso la política que ya anunciaba, se empieza a desplegar el mismo día de su asunción firmando un decreto para destrabar proyectos de inversión en el sector minero por el valor de US$1600 millones y un acuerdo con los Estados Unidos sobre minerales críticos.

Sin embargo, su posición no es relevante, pese a lo anterior, para la derecha global y así lo demuestra la fría recepción que su invitación recibió por parte de sus aliados o presuntos aliados a nivel internacional. Su retórica milenarista que apunta a una supuesta emergencia económica, retórica basada en un uso mañoso de cifras, apenas disimula su intención de facilitar la transferencia de fondos desde el gasto social a los bolsillos de los multimillonarios y las transnacionales con asiento en los EEUU, especialmente en el sector minero.

En resumidas cuentas, con el gobierno de Kast, el de Chile vuelve a ocupar el indigno papel de peón del imperialismo norteamericano. Así lo dio a entender días antes del cambio de mando con la revocación de las visas del ex ministro de transportes y del subsecretario. Con las impertinentes declaraciones del embajador Brandon Jud, apenas parafraseadas por el canciller Pérez Mackenna.

Su debilidad pasa desapercibida por ahora. Pero cada acto de sumisión; cada intento por pasar gato por liebre para facilitar las cosas a las transnacionales y al puñado de ricachones que pusieron a sus operadores en el gabinete, va a ir desafiando la tolerancia de la sociedad y el pueblo. También de la izquierda y los sectores democráticos, no necesariamente de izquierda, para denunciarlos haciendo valer su condición de fuerzas opositoras, así como de proponer alternativas que releven la soberanía, la igualdad y la dignidad.


miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Tiene futuro el neoliberalismo?

Pieter Bruegel. El triunfo de la muerte. 1562



En el marco de los preparativos del traspaso de mando, Kast haciendo gala del estilo desaforado de Trump. Milei, Bukele y el resto de los líderes ultraderechistas del mundo, ha puesto en duda el proceso y preparando las condiciones para instalar una retórica y lo que es más significativo, una política refundacional que algunos han dejado en el plano de la advertencia. Los pusilánimes de siempre, que esperando que cambie de opinión y abrigue en algún rincón de su retorcidos razonamientos la posibilidad de que escuche sus ruegos, se disponen a prestar servicios a su obra restauradora de lo más puro del dogma neoliberal. A las perdidas, algo podrá chorrear de ésta; algún contrato, algún proyecto o un pituto siquiera.

Los dos nudos en que se ha centrado aquella mise en place son la historia del "cable chino" y el "enorme" déficit fiscal que le hereda Boric a la futura administración. 

La trama que involucra a una empresa china y al Ministerio de Transportes en la realización de un negocio que claramente beneficia al país, ahora incluye al gobierno de Trump y arrastra irremediablemente a Kast y todo su gabinete, incluido el ministro que era abogado de China Mobile a un conflicto en que solamente demuestra su servilismo con los actuales inquilinos de la Casa Blanca. No hay otra explicación para tan escandalosas declaraciones de Kast, Sedini, Alvarado y De Grange. Es impresionante cómo incluso el interés que puede tener para los empresarios chilenos, es puesto en segundo plano a la hora de demostrar la buena conducta y la disoposición de la nueva administración para lustrar los zapatos de Marco Rubio y aplaudir todos los estropicios de la administración Trump incluido el bombardeo de Teheran. 

Las declaraciones de Pérez Mackenna frente al hecho y los planteamientos abiertamente injerencistas del embajador Brandon Jud resultan de una indignidad que sólo debiera avergonzarnos, pues demuestran cuál va a ser su política. No se trata ya ni siquiera de defender el hipócrita concepto de un "orden internacional basado en reglas". Se trata de rechazar los intentos de restaurar la primacía de un imperialismo agónico. 

En cuanto al dichoso déficit fiscal heredado, la alharaca sólo convence a audiencias cada vez más embrutecidas por la majadería de los medios del sistema y las estrecheces de su vida cotidiana, las que no se topan por ninguna parte. Es más, lo único en que puede concluir, que es como lo han sostenido las futuras autoridades, el batallón de opinólogos venales, así como toda la tecnocracia neoliberal, es la necesidad de realizar un ajuste que significa recortar el gasto fiscal y eliminar trabas para proyectos de inversión. 

En simple, eliminar o a lo menos limitar gasto que actualmente realiza el Estado y del que pueden hacerse cargo las familias. Por ejemplo, gastos en educación, salud, vivienda, transportes, cuidado de enfermos, personas mayores o con discapacidad. Y en segundo lugar, como lo pretende Trump en Alaska agujereando el subsuelo marino en busca de petróleo o Milei en Argentina reformando la ley de glaciares para facilitar la explotación minera en la Cordillera de los Andes, en desregulación en el terreno ambiental para facilitar proyectos mineros, energéticos, portuarios etc.. Es lo que han dicho majaderamente habiendo acuñado y popularizado incluso el concepto dfe "permisología". 

Las desregulaciones van a incluir con toda probabilidad normas de seguridad, flexibilidad laboral y facilitación de contratos con terceros en la provisión de servicios temporales en faenas, inlcuyendo además, la destrucción de las fuentes de trabajo actualmente existentes y que no se ajusten a sus necesidades. 

Ese es el futuro del neoliberalismo. Profundizar y acelerar a un ritmo desmesurado la destrucción del medioambiente, con todo lo que conlleva en relación con la transformación de la sociedad, el trabajo, las relaciones del hombre con la naturaleza, sus hábitos y cultura -incluida la educación escolar y uiversitaria-, así como una desprotección social cada vez más total presentada, como lo ha hecho el bufón de Milei, tras la retórica de la libertad. Es frente a lo cual debe prepararse el pueblo y lo que deberá enfrentar en el mediano y corto plazo.  

sábado, 28 de febrero de 2026

Recuerdo de Manuel Cabieses Donoso

Antonio Berni. El mundo prometido de Juanito Laguna. 1962

La primera vez que supe de Manuel Cabieses, él estaba en el exilio o clandestinamente en Chile probablemente, colaborando en las tareas de organización de la resistencia a la dictadura. Por entonces, leer la revista Punto Final, para los adolescentes que nos organizábamos en Comités Democráticos en todos los liceos de la Región Metropolitana, y que al mismo tiempo que resistíamos la municipalización de la educación, luchábamos por la caída de Pinochet, por el retorno de la democracia y el conocimiento de la verdad y la aplicación de justicia en los casos de violaciones a los Derechos Humanos, era una manera de formarnos.

Luchábamos, sin tener muchos elementos teóricos, por recuperar los centros de alumnos del control de los rectores delegados por los alcaldes, que a su vez eran delegados por Pinochet, control ejercido a través de la siniestra Secretaría Nacional de la Juventud, de la que provienen varios ilustres dirigentes de la UDI como Chadwick, Melero y Coloma.

Por Punto Final, recuperadas de bibliotecas escondidas o guardadas por nuestros padres y abuelos en entretechos o piezas donde se guardan los cachureos, pudimos leer el diario del Che en Bolivia; el Minimanual del guerrillero urbano de Carlos Marighela; las conclusiones del Encuentro del Arrayán; los discursos de la gira de Fidel en Chile. La histórica entrevista de Regis Debray al presidente Allende. Pudimos saber de las acciones de los Tupamaros, como el secuestro del embajador norteamericano y agente del FBI Dan Mitrione; la primera entrevista a Miguel Enríquez; los debates de la izquierda durante la década del sesenta en Chile y América Latina. Conocer la experiencia de la toma de terrenos Nueva La habana y los cordones industriales y su concepción de la autogestión y el poder popular, nos inspiraban aun incluso a costa de la sobreideologización.

Buscábamos respuestas a inquietudes que nacían del ambiente de terror y represión en el que crecimos; especialmente las razones para vivir en un entorno social y cultural, marcado por el miedo, la precariedad; la injusticia y la violencia impune.

Al terminar la dictadura, volví a saber de Manuel Cabieses cuando en 1989, vuelve a publicar Punto Final, legalmente. Era una época de confusión y desconcierto en la izquierda. La caída del socialismo y la derrota del FSLN; los asesinatos postreros primero, de Jecar Neghme y después, de Raúl Pellegrin, Cecilia Magni, Pablo Vergara y Araceli Romo, y el velo de silencio con el que son cubiertos para facilitar la transición pactada, colocan a la izquierda fuera de los márgenes de lo admitido.

El pensamiento de izquierda y revolucionario era relegado a una posición de retaguardia, mientras la euforia liberal afectaba incluso a una parte importante de ésta, la que abraza las ideas de la gobernabilidad, el crecimiento y los consensos, presuntamente como una posibilidad de reinstalar ideas de justicia, igualdad, democracia y participación sin tener que entrar en contradicción con los poderes económicos, morales, políticos y culturales constituidos. Las ideas del libre comercio, la privatización, una engañosa idea de la libertad individual como posibilidad de escoger, se ponen a la vanguardia de nuestra sociedad y todo lo que no se ajuste a dichas concepciones, es arrojado al desván de los cachivaches viejos.

En ese contexto de confusiones, también de apostasías y profesiones de fe, Manuel Cabieses participa motivando el debate. promoviendo la crítica; señalando las grietas de desigualdad y exclusión sobre las que descansaron los consensos de los noventa. También colaboró en los esfuerzos por reagrupar la izquierda desde el MIDA hasta el Frente Amplio por un Chile Democrático.

Fue precisamente en esa coyuntura que lo conocí personalmente siendo dirigente de los estudiantes del Pedagógico. Manuel me planteó en esa época la idea de constituir un partido político, me dijo, usando la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como declaración de Principios.

Por cierto, ese proceso no estuvo exento de diferencias, por ejemplo con motivo de las elecciones presidenciales de 1999. Pero justamente porque Cabieses no ocupó nunca el cómodo lugar del comentarista de los acontecimientos ni el del espectador que se dedica a pontificar acerca de las consecuencias de hechos en los que ni siquiera se involucra, posición en la que tras el grueso e impreciso concepto de”autonomía”, muchos se escudaron hasta bien entrado el siglo XXI para no comprometerse sin quedar mal con nadie.

Manuel Cabieses, defendió hasta su muerte las ideas de izquierda. No fue un librepensador. Defendió desde Punto Final, las ideas de la Revolución y el Socialismo sin pedir disculpas. Un latinoamericanismo que les da sentido y significado, pues no se puede realizar auténticamente sino como el resultado de una transformación profunda de toda la región. Cabieses siempre defendió, colaboró, incentivó a los movimientos sociales, sus luchas y organización independientes. Fue hombre de partido, militó, fundó partidos y organizaciones políticas. Fue un militante unitario y aun teniendo diferencias políticas, estratégicas y tácticas, siempre las subordinó al interés del conjunto, como lo demostró desde las páginas de PF durante la UP y durante los más de treinta años que nos separan de la dictadura militar.

Todo eso hace de su muerte un momento de luto para la izquierda, para toda la izquierda, tanto para quienes fueron sus compañeros, como para quienes militaron o militan en otras organizaciones. Y a su vez, un desafío para recuperar su historia, la historia de la izquierda y el movimiento popular, una tarea política en momentos en que el avance del fascismo parece no tener obstáculos.