miércoles, 2 de abril de 2025

El ladrón persiguiendo al juez


Rembrandt van Rijn. Los sindicos de los pañeros de Staalmeesters. 1662


La situación del Poder Judicial, se caracteriza por un desprestigio que ha descendido a niveles de conventillo, de modo tal que quienes están llamados a administrar justicia aparecen involucrados en truculentas tramas de tráfico de influencias, pago de favores y corrupción. Incluso altos magistrados conceden entrevistas para descartarse, dar explicaciones o señalar su desconocimiento, cuando es precisamente para lo contrario para lo que la sociedad y el sistema político los ha puesto en esa posición. 

La fiscalía se ha transformado en el último tiempo, en epicentro de esta crisis y corazón de la cloaca en que se ha convertido. Es evidente que no trata de la misma manera a todos a los que investiga.  A unos los persigue y expone con los pretextos más inverosímiles, incluyendo sospechosas y "oportunas" filtraciones imposibles de explicar, que contrastan con el secretismo con el que otros y otras son tratados. La colusión entre ésta y los medios es, pues, más que sospechosa, característica esencial de la crisis, y sólo un republicanismo acartonado es capaz de defender todavía estas instituciones decadentes y su hipócrita independencia, sin sonrojarse siquiera.

Así las cosas, no tiene nada de rara la proliferación de hipótesis y recetas de solución que se manifiestan luego en lo que eufemísticamente suele llamarse "dispersión" o "fragmentación" del sistema político, “mal” que pretenden resolver algunos honorables, haciéndolo más restringido, eliminando la competencia y la disidencia que provoca semejante corral, en lugar de reformar las instituciones y remover de las altas responsabilidades para las que han sido asignados, a los responsables de este vergonzoso espectáculo que ya colmó la paciencia de la opinión pública, que por lo demás es sólo uno de sus síntomas más evidentes.

Para la derecha tradicional y también para algunos dizque “progresistas” que le temen más a la transformación que al autoritarismo y burocracia del actual sistema político, el clasismo y arbitrariedad del sistema judicial y el uso y abuso que de él hace la empresa privada, la solución no es otra que reproducir esas mismas características del sistema político, económico e institucional vigente. De esa manera, aparece ante los ojos de cualquiera protegiéndose a sí misma y a la elite económica que se ha beneficiado de esta cuestionada institucionalidad, pese a toda la evidencia disponible de su incapacidad para seguir organizando la vida social.

Luego, no tiene nada de raro que las recetas facilonas de la ultraderecha y el fascismo seduzcan a masas despolitizadas que primero no entienden razonamientos tan abstrusos que pretenden decir que restringir la participación, el pluralismo y la competencia política, van a mejorar la calidad de la democracia y luego, las rechazan como demostración del encapsulamiento del régimen político y la defensa corporativa que de él realizan sus miembros a los que por esa razón se moteja de modo impreciso “clase política”, asignándoles una independencia demasiado benevolente cuando en realidad se trata de simples funcionarios pagados de las grandes empresas, como ha quedado demostrado ya innumerables veces (casos PENTA, CORPESCA, SQM, ISAPRES, etc.).

Quienes tienen la osadía de denunciarlo, son rápidamente acallados; motejados como anárquicos, disolventes, populistas, autoritarios, chavistas, castristas, intolerantes y un rosario de epítetos que sólo demuestran el temor de quienes todavía defienden el orden de cosas actual. Epítetos que procuran dar la impresión de una situación de aparente equilibrio de fuerzas que solo favorece a los fascistas que intentan asimilarse a las fuerzas políticas que legítimamente pretenden disputarse la conducción del gobierno, contando eso sí con la cándida colaboración de un progresismo exánime frente a las tareas de transformación política y social que reclama la hora actual.


martes, 18 de marzo de 2025

Afinar la puntería

Pablo PIcasso. Acróbata y joven arlequín. 1905



La cadena de insultos, prepotencia, violencia verbal y física; desprecio del derecho y las normas más elementales de la convivencia entre los seres humanos que protagonizan  Trump, Milei y la caterva de fascistas que se tomaron la escena política en los últimos cinco años, suma y sigue. Mientras aplican las clásicas recetas de ajuste del neoliberalismo que consisten en rebajar salarios, congelar pensiones, privatizar servicios públicos; realizar despidos masivos; acompañados de represión a la protesta social; burlas y ofensas de sus opositores ; amenazas y persecución, el desconcierto reina entre estos últimos. 

Ellos insultan; los otros ríen nerviosos o simplemente los consideran apenas unos niños con rabieta. Este gesto oculta, en realidad, una tolerancia que raya con una complicidad inconsciente y culpable que sería expresión del retroceso moral, político y cultural al que el neoliberalismo ha arrastrado a la sociedad, asimilado por sectores políticos que alguna vez se identificaron con posiciones de centro e izquierda.

Lo que es fascismo puro y duro, es motejado con una liviandad espeluznante "populismo de derecha", seguramente con el propósito oblicuo de asimilarlo con las críticas que desde la izquierda se vienen haciendo hace más de treinta años a los efectos excluyentes, clasistas y autoritarios que ha tenido. Asume esta "centroizquierda" culposa que la desigualdad, la contaminación, la burocracia y pérdida de autonomía y libertades individuales y colectivas, típicas del neoliberalismo frente a la gran empresa y la red inextricable tejida entre el Estado y el sector ptivado, son apenas "externalidades", no características esenciales del modelo. 

De esa manera, no aciertan a apuntar al enemigo principal que amenaza a las democracias en la actualidad, tanto en Europa como América, de lo que son apenas un par de botones las desafortunadas expresiones de Carolina Tohá o las oportunistas críticas de la Presidenta del PS al Partido Comunista a partir de la sospechosa filtración de una conversación privada entre dos de sus dirigentes que nada dicen acerca del programa de gobierno ni de las tareas de su implementación. 

A partir de su incapacidad o de su resistencia a admitir que el mundo se sigue dividiendo entre quienes están motivados por su afán de lucro y maximización de las ganancias que obtienen de la superexplotación de la naturaleza que nos pertenece a todos y de la fuerza de trabajo estrujada hasta la inanición, disparan de chincol a jote premunidos de una actitud "librepensadora" que los motiva a ocupar más tiempo y esfuerzos en criticar a los aliados que tiene a la izquierda, que denunciar la violencia y el fundamentalismo neoliberal de la derecha en sus diferentes versiones. 

Ya en el pasado, conocimos los resultados que este tipo de confusiones puede llegar a tener. En la actualidad, cuando la marcha de la reacción parece no tener límite en Europa y en América Latina somos testigos de una fuerte disputa por la defensa de la democracia y los Derechos Humanos, afinar la puntería es más necesario que nunca. Los eternos buscadores del "centro" y de principios abstractos que poco tienen que ver con las contradicciones sociales y políticas que agitan al mundo en la actualidad, están siendo absorbidos por los acontecimientos y lo más probable es que terminen siendo o bien una minoría extravagante o masa de maniobra de las posiciones ultraderechistas. En ambos casos, una intrascendencia similar a la que en la actualidad se convirtió Europa, producto del avance de la agenda fascista de Trump. 

miércoles, 12 de marzo de 2025

La marcha de la reacción y la izquierda

Juan Davila. Stupid as a Painter. 1982







La marcha de la reacción continua sin que, aparentemente, tenga resistencia. Ello incluso a pesar de sus chambonadas; la impopularidad de sus recetas; el estancamiento de su potencial de crecimiento electoral y sus profundas contradicciones. Así las cosas, no es descartable que nuevamente llegue al gobierno, esta vez en una versión remasterizada de sus peores abyecciones.

Demostración de su marcha implacable, es la ofensiva que ha desatado contra destacados liderazgos de izquierda usando todos los medios a su disposición: el lawfare, la difusión de noticias falsas y el ocultamiento de las que dejan en evidencia sus actos corruptos; su complicidad con las AFP´s y la gran empresa, así como su disimulado pinochetismo. Ataques tanto en la persona de la ex alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, como en el de Daniel Jadue y ahora último, en el de la presidenta de la Cámara de Diputados, Karol Cariola, caso en el que, al igual que en los anteriores, se hace uso y abuso del poder judicial, por medio de interpretaciones antojadizas de la ley, difundidas por una prensa servil hasta naturalizarlas.

También el bloqueo legislativo, el que le ha servido durante todo el mandato del Presidente Boric para contener las reformas impulsadas por éste; confundir a la opinión pública en medio de la maraña de negociaciones para hacerlas posibles en su situación de minoría en el congreso; dividir a los sectores interesados en sacarlas adelante y haciendo uso y abuso de las atribuciones que tienen sus parlamentarios para avanzar en su promulgación.

Nada muy diferente a lo que hayan hecho las derechas de otros países latinoamericanos, como por ejemplo en la destitución de la Presidenta Dilma Roussef en Brasil, de Pedro Castillo en el Perú; la persecución de Rafael Correa o Cristina Fernández.

Estos ataques a la izquierda, a sus liderazgos y su intento por bloquear toda posibilidad de que estos surjan están motivados por su comprensión del significado de la hora actual. Su necesidad de eliminar toda posible resistencia a sus pretensiones de restaurar lo peor del neoliberalismo; asegurar sus fundamentos y profundizar sus características más funestas -como la reducción de salarios, los despidos masivos; el aumento de la contaminación; la mercantizilización de la educación, la cultura y la salud; todo ello, con tal de garantizar las ganancias de las grandes empresas nacionales y transnacionales y las fortunas de un puñado de magnates.

La búsqueda desesperada de rebuscados argumentos pseudofilosóficos que, por lo demás, le son indiferentes a masas de trabajadores, empleados y profesionales cada vez más golpeados por la inseguridad a la que los condena el neoliberalismo y que es explotada por el fascismo -pretextos para atacarlos o justificar su actitud sectaria- solamente la favorecen y en el fondo ocultan, su incapacidad o su desinterés, para enfrentarla.

miércoles, 5 de marzo de 2025

Un nuevo ciclo

Jean-Michel-Basquiat. Hollywood Africans. 1983

                             


La renuncia de la ministra del interior, Carolina Tohá, y su anuncio de asumir una candidatura presidencial, inauguran una nueva situación política. Lo que hace más de un año ha intentado la derecha, prácticamente, incinerando a fuego lento la candidatura de Evelyn Matthei, y lo que no han podido lograr sus compañeros ultras del Partido Republicano y Nacional Libertario, acontece ante sus barbas y en pocas horas.

 

Es una demostración de la buena salud de la que goza la alternativa de continuar por la senda de las reformas políticas y sociales comenzadas durante el mandato de la Presidenta Bachelet, interrumpida por las torpezas de las mismas fuerzas democráticas que facilitaron el segundo triunfo de la derecha tras el retorno de la democracia. Ello, con los mismos votos de siempre y con los que fue derrotada reiteradamente.

 

No está todo dicho todavía. El anuncio de la Presidenta Bachelet de no presentarse por tercera vez como candidata a la Presidencia de la República, precisamente, llama la atención sobre el carácter abierto y absolutamente novedoso del ciclo que comienza. Se trata de una coyuntura en desarrollo.

 

La precandidatura de la ex ministra del interior representa al sector más centrista de los que fueron sostén político del gobierno del Presidente Boric. Apela a una sensibilidad más tributaria del liberalismo social, anclada como lo ha señalado en sus primeras declaraciones en las ideas de convergencia, progreso y estabilidad. Su entorno, conformado fundamentalmente por militantes y antiguos dirigentes del PPD, así lo confirman. Pero tanto el PS como el PC y el FA han declarado su pretensión de tener nombres que podrían representar al sector. Sumados todos ellos, por cierto, con una altísima probabilidad de propinarle una derrota de proporciones y de carácter estratégico a la derecha.

 

Pero en política, dos más dos no necesariamente son cuatro. No se trata solamente de juntar votos. Se trata de representar efectivamente, como lo reclama este nuevo período que comienza, una alternativa que responda a las necesidades del pueblo y que logre encantarlo y movilizarlo para derrotar a la reacción. Sin pueblo movilizado, no se podrá detener el fundamentalismo ultra de la derecha, para la que la única solución es -como lo han demostrado ya Milei y Trump- favorecer a los ricos, profundizar la desigualdad, seguir destruyendo el medioambiente, echarle la culpa a los "zurdos de mierda"; a los inmigrantes; agudizar la exclusión y las discriminaciones de diverso signo.

 

El país necesita una alternativa que enfrente al fascismo y lo desenmascare frente a la sociedad.

 

Las viejas recetas y la añoranza en un presunto pasado mejor, serán cada vez más extravagantes para generaciones de chilenos y chilenas, nacidos en democracia, que reclaman respuesta a los problemas más urgentes y por lo tanto, los más actuales: el aumento de la desigualdad y las exclusiones de distinto tipo; la incapacidad de servicios y empresas concentrados en manos privadas de proveer soluciones accesibles, oportunas y de calidad a la sociedad -de lo que el reciente megacorte del suministro eléctrico es un botonazo-.

 

Las formas cada vez más sofisticadas de control y la progresiva pérdida de autonomía de los individuos en la nueva forma de imperialismo tecnológico que avanza en todo el mundo; así como el deterioro del medioambiente a niveles que ponen en riesgo incluso su sobrevivencia, no son un juego ni una distopia cinematográfica. Son la realidad fascista a la que se enfrenta la humanidad en la hora actual y ante la cual deben levantarse los demócratas del mundo entero.




domingo, 23 de febrero de 2025

La motosierra de Matthei



Albrecht Dürer. Los cuatro jinetes del apocalipsis. 1498

                         


Por esos  días, la derecha en su conjunto las ha emprendido contra el gobierno y particularmente contra el Ministerio de Hacienda a propósito del aumento del déficit fiscal y los traspasos de la CORFO. Coinciden en la ofensiva desde el polo ultra de socialcristianos, republicanos y nacional libertarios, hasta la derecha soft de Sichel pasando por la eterna promesa de Chile Vamos, Evelyn Matthei. 

Es su propuesta programática la que se expresa en esta pataleta por el derroche del erario público. Ésta, como siempre, consiste en cuadrar la caja; mantener en orden los números y ahorrar para un porvenir inexplicable y remoto. El utopismo derechista de que algún día la realidad y sus quimeras doctrinarias coincidan, aunque el costo social de dicho logro, en el camino, sea el empobrecimiento de trabajadores y trabajadoras a niveles cercanos a la sobrevivencia biológica; la destrucción del medioambiente; el abandono de la sociedad y su adaptación a la ley de la selva; hacer del Estado un gendarme con el propósito de garantizar que este tipo de (des)orden funcione -su chusca interpretación de "la mano invisible"- es decir de los niveles obscenos de desigualdad que lo caracterizan y las exclusiones de diverso signo que le permiten asegurarla. 

Es expresión de la marcha del fascismo, que ha tenido en el último tiempo sendos aquelarres en España, en la reunión de Patriotas por Europa y más recientemente en la Cumbre de Partidos de Acción Conservadora en los Estados Unidos, donde se dieron cita nuevamente los fachos europeos, esta vez con Milei, Corina Machado, Bukele y el hijo de Bolsonaro. En la ocasión, de hecho, Elon Musk, el sudafricano nombrado por Trump a cargo del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE por su sigla en inglés), lució como símbolo de este programa, el regalo que le llevó Milei: la motosierra, la misma que pretende aplicar Mathei al gasto público destinado a cubrir necesidades sociales del pueblo. 

De hecho, en su lenguaje y discurso, aparte de sus conocidas y archirrepetidas consignas contra la casta, la burocracia estatal y la izquierda woke, no se le ha escuchado ni una sola palabra acerca de la desigualdad y cómo combatirla; salud y educación públicas, industria y empleo. Dan por hecho que estas en el peor de los casos, se pueden abordar y resolver espontáneamente porque en realidad son características naturales del orden social que incluso ni siquiera son un problema. 

El silencio del antiguo pensamiento social liberal de la democracia de los acuerdos cuando no su búsqueda del ancho camino de en medio comparando a Trump con Maduro o sosteniendo que la democracia es amenazada por los populismos de derecha e izquierda, ocultan de manera torpe los discursos de odio, el  fascismo indisimulado y la agresividad que mueve a la derecha, antigua contraparte del liberalismo social, en la actualidad y que expresan su prédica fundamentalista defendiendo la regla fiscal que anuncian ya los recortes al gasto público que va a aplicar de llegar al gobierno. 

Su tono por lo demás no es muy amistoso. No lo fue en españa ni en el Centro de Convenciones Gaylord, donde se realizó la CAPC. No lo ha sido tampoco en nuestro país. No será dando muestras de responsabildad ni demostrando más eficiencia en la administración del Estado y de los negocios públicos que se le pueda derrotar. Solo una genuina vocación de transformación; señalar las diferencias que hay entre la derecha y los demócratas en la actualidad; denunciando permanentemente sus inconsistencias, las mentiras de su demagogia que pretende hacer creer al país que hacer más ricos a los ricos, favorecería a los pobres; la incongruencia entre su discurso pseudolibertario y las discriminaciones que promueve; entre su pretendido patriotismo y sus genuflexiones ante el imperialismo y las transnacionales, de las que el payaso de Milei es la mejor expresión. 





miércoles, 19 de febrero de 2025

El fascismo es derrotable



Marinus van Reymersvaele. Recaudadores de impuestos. 1540

                               


El escándalo protagonizado por Javier Milei, a propósito de su respaldo a una shitcoin, ha dejado al descubierto el tipo de sociedad en la que el neoliberalismo ha transformado al mundo en los últimos treinta años. Un casino en el que los vivos se hacen el pino en pocas horas sin hacer mucho esfuerzo a vista y paciencia del resto de la sociedad que apenas sobrevive gracias a las tarjetas de crédito. En este caso, además, usando hasta las instituciones de gobierno, para realizar -voluntaria o involuntariamente- una mega estafa que perjudicó a miles de pequeños ahorrantes. 

La riqueza para la concepción dominante, en la actualidad, no es más que el resultado de la especulación, no del trabajo, y en el summum de su algarabía, ha hecho creer a hombres y mujeres de a pie que podrían ser millonarios sólo gracias a un golpe de suerte, con las consabidas consecuencias que hoy lo tienen en los titulares, no precisamente por ser un brillante economista, aspirante al nobel, sino por su colosal chascarro. Su concepción del Estado y la economía, de hecho, podrían reducirse a semejante paparruchada.  

La colusión entre las grandes fortunas; especuladores e intermediarios inescrupulosos; el poder político y los medios -en este caso, las redes sociales-, coincidieron en esta ocasión para sintetizar en pocas horas su verdadera cara. La inmundicia es tanta, que no tardan en salir a dar explicaciones cada cual más inverosímil que la anterior, sus seguidores -incluidos los republicanos chilenos- y sus aliados, cada vez menos en todo caso. 

En este sentido, la inconsistencia del modelo neoliberal, junto al autoritarismo y el abuso de poder, no pueden subsistir y las explicaciones de Milei y su séquito, encontrar una audiencia que aun le cree, si no es sobre la base de su capacidad para haberse convertido en el sentido común. Para ello, por cierto, las redes sociales han sido fundamentales, así como en el siglo XX lo fueron la televisión y los medios escritos.  

Entonces, al tiempo de dejar a las claras la naturaleza de la sociedad neoliberal, el episodio de Milei deja al descubierto, su fragilidad y la vulnerabilidad a la que expone a todos y todas. La debilidad doctrinaria, técnica y política de su concepción del mundo y las bases de la dominación neoliberal. 

La derecha y el neofascismo son derrotables. Su inconsistencia y contradicciones han quedado al desnudo. Es la razón, probablemente, para que las candidaturas de la derecha tradicional no pasen de ser la eterna promesa, incapaz de proponer alternativas a su propio derrumbe, a la que sus propios vástagos neofascistas -la expresión más pura de este contubernio entre el poder, el dinero y las redes- pisan los talones aun cuando no sean más que su reiteración y por consiguiente, una versión remasterizada de la promesa de su fracaso. 

Sin embargo, ello no va a ser el resultado espontáneo de dichas incoherencias. La capacidad de Milei y la derecha de oponer un discurso -absurdo, por cierto- que es tolerado por la sociedad y el que este episodio siga encapsulado en las esferas de una institucionalidad política cada vez más extraña a la sociedad real, son una demostración de esto. Sólo la más amplia movilización de la sociedad, las organizaciones sociales y sindicales, va a tener la capacidad, como lo fue durante la dictadura de Pinochet, de convertirlas en una autentica posibilidad de derrotar a la derecha y al fascismo hoy y junto con él al neoliberalismo.  

 



 

martes, 11 de febrero de 2025

¿Qué hacer con el fascismo?

Equipo crónica. El intruso, de la serie Guérnica. 1969



Los recientes acontecimientos de Argentina, demuestran la implacable marcha de la ultraderecha sobre la democracia. Gobernar por decreto; arbitrariedad en los actos de la administración; discursos de odio y rechazo de la diferencia; chovinismo superficial; favorecer a los grandes grupos económicos usando fraseología populista; destrucción de las conquistas sociales del pueblo argentino expresado en recortes a jubilaciones, salarios, presupuestos en salud, educación pública y cultura. 

Un Presidente tan histriónico como Mussolini, en versión tecno pop; una camarilla, entre esotérica y obscura, que incluye perros muertos, familiares y tarotistas. Son todas características propias de las sociedades en proceso de fascistización. Algo similar ocurre en los Estados Unidos, gobernados como dijo el actor Richard Gere, por un matón. En su caso, además, se suma otra característica propia de los fascismos clásicos que es su afán imperialista, que en este caso además va de la mano del crecimiento de los capitales de plataforma, cada vez más interesados en ser parte del complejo militar industrial. Un imperialismo tecnológico. 

Hasta ahí, nada que no se pueda comprobar hojeando los diarios o viendo noticiarios de televisión o internet. Convirtiendo, de pasada, el genocidio en espectáculo, de lo que Gaza es una dramática expresión, mezcla de fundamentalismo religioso con racismo y afanes expansionistas. De manera que este nuevo imperialismo va de la mano de la industria de las comunicaciones, la información y la entretención masiva. Algo similar a lo que percibió Walter Benjamin en las relaciones entre el cine, los espectáculos del deporte de masas y la reproducción de la imagen en los años treinta del siglo pasado, elevado a la millonésima potencia, lo que hace de su poder destructivo, algo mucho peor que los campos de exterminio del Tercer Reich. 

Lo sorprendente es la candidez con la que dicho avance es visto y tolerado. Como se decía en la marcha del orgullo antifascista en Argentina, la contradicción que cruza a nuestras sociedades es entre fascismo y antifascismo. No estamos frente a un grupo de deschavetados; de radicales de derecha o de fanáticos sin plan. La marcha de la ultraderecha es expresión del cambio de época y evidentemente, uno que además pone en peligro la sobrevivencia de la especie humana. 

La amenaza que implica este tipo de fascismo remasterizado para la libertad, la democracia y los Derechos Humanos es demasiado evidente como para pretender que se pueda resolver sin dar una lucha en su contra en todos los frentes. La paciencia que algunos le manifiestan, no es más que oportunismo y confianza en que éste es un eficiente recurso para resguardar los intereses de clase puestos en peligro durante el período de transición que media entre un neoliberalismo agónico y la construcción de una nueva sociedad. Este exceso de falso optimismo le abre las puertas de par en par; y de eso tiene la humanidad y América Latina, demasiados y hasta recientes ejemplos. 

Al fascismo se lo debe denunciar y combatir. Europa, pese a la dramática experiencia de mediados del siglo XX, lo está experimentando; América Latina y los Estados Unidos también. Sólo la más amplia unidad y movilización de la sociedad civil podrá detenerlo. Quienes se sigan tratando de ubicar en una medianía imposible, van a ser superados por los acontecimientos, como de hecho ya está siendo. También los que crean que es una coyuntura superable sólo sobre la base del ingeniería electoral y el muñequeo en gabinetes ministeriales y negociaciones parlamentarias.