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| Caravaggio. David y Goliat. 1600 |
Mientras en las calles de Caracas y otras ciudades de Venezuela, así como en capitales de Europa y el resto del mundo se multiplican las manifestaciones de rechazo a la intervención militar de los Estados Unidos en ese país y el secuestro del Presidente, junto a su esposa, Kast no hace sino avergonzar a los chilenos y chilenas con sus ridículas declaraciones celebrando el delito flagrante de Trump y su patota. Solamente un grupo de presidentes latinoamericanos tan pusilánimes como él, se refocilan en su servilismo e imposibilitan un acuerdo de la CELAC condenándolo.
Presidentes que tienen a sus pueblos sumidos en la desesperanza y la incertidumbre producto del retiro del Estado y la transferencia escandalosa de recursos que le pertenecen a todos y todas, al pequeño grupo de las grandes fortunas que controlan sus riquezas, riquezas que podrían solucionar la pobreza y precariedad de millones.
Milei en Argentina, que la tiene sumida en la recesión más profunda y sometida a un endeudamiento crónico que condena sus posibilidades futuras de desarrollo; Rodrigo Paz en Bolivia, quien elimina subsidios y se apresta a la privatización de los hidrocarburos, lo mismo que su colega peruano José Jerí; el tristemente célebre Nayib Bukele, cancerbero de El Salvador y Daniel Noboa, empresario bananero que ha generado con sus políticas de recorte de políticas sociales el estallido de protesta de trabajadores e indígenas en Ecuador.
Ese es el grupo de amigos a los que se ha unido Kast para celebrar el delito consumado por Trump, Rubio y el resto. Hasta los países de la UE, que no son precisamente comunistas ni chavistas, lo han condenado. Probablemente, porque con esa grosería que lo caracteriza, ya los notificó de que además de hacerse cargo de financiar su seguridad y tener que pagarle los insumos, pretende arrebatarles Groenlandia.
Resulta inaudito que haya quienes lo hagan. Bolsonaro, afortunadamente encarcelado por sus actos sediciosos, junto a un pequeño grupo de mafiosos de Miami son los únicos que están celebrando y precisamente por esa razón, más temprano que tarde, van a tener que rendir cuentas ante los pueblos de América por su abyección y su renuncia a la defensa de su soberanía.
Por eesa razón, el latinoamericanismo, heredero de Bilbao, Recabarren, Allende y Fidel, es el que hoy por hoy establece una frontera entre la reacción y los demócratas. No hay lugar para medias tintas. Trump no consiguió lo que en sus afiebrados delirios tal vez pretendía. La extravagante Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado y el resto de la ultraderecha, incluido el presidente encargado Juan Gauidó y el frustrado prospecto Edmundo González, después de clamar por una invasión, se quedaron con los crespos hechos, primero por su incapacidad para convocar a nadie y en segundo lugar por el temprano desahucio que les extendió Trump.
Por el contrario, la aplicación del plan de sucesión del Presidente Maduro en un caso como el actual; la unidad de la dirección del proceso bolivariano; el repudio masivo a la intervención norteamericana incluso en las calles de Nueva York y Washington; la condena internacional que ha caído sobre el secuestro de Maduro y el bombardeo de algunos barrios de Caracas, no hacen sino dejar al desnudo el servilismo de Kast; el tipo de amistades de las que se rodea y su nula voluntad de defender la soberanía sobre nuestros recursos.
Contrasta con la dignidad con la que brillan Lula, Claudia Scheimbaum y Gustavo Petro, sin contar con la heroica resistencia del pueblo cubano, referentes todos contra los que Trump destila babas y amenazas incomprensibles e irracionales.
Pero no hay que quedarse en la superficie. Las políticas guerreristas e imperiales de Trump, tienen como correlato los recortes brutales a la salud de los trabajadores norteamericanos; el cierre de la Secretaría de Educación; los programas de salud para personas trans; los recortes a los programas de seguridad social. Exactamente los mismos planes que tiene Kast en nuestro país. Por esa razón no es raro que tan solícitamente y sin que nadie se lo haya pedido, aplauda la masacre del derecho; la prepotencia imperial y el robo de los recursos naturales de nuestra América, tal como lo hacen el grupo de calcetineras que tiene Trump en el continente.



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