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| Georg Grosz. Alemania, un cuento de invierno. 1917-1919 |
El ítem que se supone era
en el que el actual gobierno iba a destacar -a lo menos eso decía la derecha
durante la campaña- ha sido un completo fiasco. El crecimiento económico
es solamente una vaga promesa que se diluye entre el alza de la inflación y el desempleo.
Los números indican, más bien, que la economía se hunde en la recesión y las
únicas cosas que se le ocurren al ministro de hacienda y sus asesores, sólo la
profundizan. Es más, casi todos los economistas consultados, excepto sus
amigos, coinciden en señalar su responsabilidad en este resultado.
Y el problema no es
técnico. Es político. Se trata de una serie de decisiones que en el summum de
su ideologismo suponen que, beneficiando a los ricos, el chorreo se va a hacer
cargo del resto. Pasa por alto todas las mediaciones, intercambios y
articulaciones que la mueven hasta dejarlo preso de sus resultados sin saber
qué hacer excepto repetir el manual. En efecto, la posibilidad de que el Banco
Central baje la tasa de interés para incentivar la actividad, es prácticamente
una quimera con la inflación que él mismo provocó con su fundamentalista
decisión de no intervenir el mercado, específicamente con el bencinazo de
marzo, profundizado por las pésimas perspectivas de la aventura guerrerista y
especuladora de su "socio estratégico", Donald Trump, en el
Golfo Pérsico.
Imposible para Quiroz
y compañía, entonces, concebir otras soluciones que no sean privatizar,
eliminar regulaciones y controles estatales. Dejando a un lado que reducir el
gasto fiscal significa paralizar obras públicas, investigación, capacitación y
prospección de futuras industrias y negocios –lo que conlleva además despidos y
eliminación de fuentes de trabajo- solamente le quedan las viejas recetas de
los subsidios a la contratación y los planes de empleo de emergencia, del tipo
PEM y POHJ. Un desempleo que se empina al 9,5%, al que se suma el desempleo de
larga duración, que pasó de un 10 a un 20% este año, ya son un problema
político; como dijo el presidente de la Cámara de Diputados Jorge Alessandri
"es una crisis grande".
Muy mala suerte para ellos.
La popularidad de Kast se hunde irremediablemente y la confianza en el gobierno,
así como su respaldo, se desploman, mientras los chascarros que protagoniza
profundizan la tendencia, cambios de gabinete de por medio, descoordinaciones
en temas tan delicados como las relaciones internacionales y la improvisación
en materia de seguridad. Lo más curioso en todo caso es que ante un gobierno
que por su clasismo y chapucería, sólo mete las patas con un alto costo para el
pueblo, el malestar social no se exprese más que en las encuestas y la
oposición registre niveles de respaldo casi tan ridículos como los del gobierno.
El malestar, y la protesta
social, no son solamente, nunca lo han sido, el resultado de la pura
insatisfacción. Esta de hecho ha podido ser resuelta de las más diversas maneras
que, aunque la profundizan –por ejemplo, el endeudamiento- le permiten
soportarlo momentáneamente. Lo mismo la manipulación emocional e ideológica a
través de los medios y hoy por hoy, las redes sociales.
La sociedad parece
paralizada ante la ausencia de alternativas y de planes por los cuales valga la
pena movilizarse. Así las cosas, el malestar -lo más probable- va a terminar
siendo el instrumento de algún tipo de populismo que, en los hechos, no va a
modificar gran cosa las condiciones materiales que lo explican. Hasta algunos
parlamentarios de derecha hacen propuestas de este tipo. En este sentido, no va
a haber manifestaciones políticas de descontento ni movilización de la opinión
pública y las organizaciones sociales mientras no haya contrapartes dispuestas
a disputar con el gobierno y la derecha, un proyecto de sociedad distinto.
Solamente, oponiendo un
concepto distinto de sociedad y de la economía es posible superar este estado
de marasmo; la izquierda tiene un capital acumulado de propuestas que se
expresaron en el debate constitucional; y antes, en las propuestas de las
organizaciones sociales, sindicales, ambientalistas, de género y pueblos
originarios que son la base para reconstruirlo. Quienes hoy en día abjuran de
ellas solamente demuestran no sólo oportunismo político sino deshonestidad
intelectual e incapacidad política. Precisamente la que le permite a la derecha
gobernar contra los intereses del pueblo y posiblemente, seguir haciéndolo en
el futuro.





