![]() |
| Honoré Daumier. Pierrot con mandolina. 1873 |
La reciente ceremonia de traspaso de mando no fue un
despliegue contundente de poder ultraderechista regional ni global. Asistieron
apenas un par de presidentes de América Latina y el inefable Milei, que ni
siquiera tuvo la bilateral anunciada con Kast. La esperada visita de Marco
Rubio no ocurrió ni la de Giorgia Meloni o algún referente de la ultraderecha
europea. Fue un acto más bien provinciano y con ínfulas tercermundistas de
cosmopolitismo.
Poco antes de ser Presidente de la República incluso, Kast
había viajado a Miami para participar junto con otro grupo de pigmeos a recibir
las burlas de su patrón, en la cacareada cumbre Shield of the Américas, la que
apenas ocupó un pequeño cuadro en el New York Times pero que la prensa local
hace aparecer como si fuera un hecho de enorme relevancia.
Pero lo cierto es que aparte de una demostración de
sumisión y el intento por adaptar a su patio trasero a las necesidades de la
nueva estrategia de seguridad de los Estados Unidos, no representa nada
relevante. Más importante para el imperialismo es resolver sus relaciones con
los gobiernos de México, Venezuela y Colombia, los que desde una digna posición
de defensa de su soberanía en medio de los embates imperialistas, sí pueden
resultar determinantes en la definición de las correlaciones de fuerza regional
en el marco de una competencia desatada por la hegemonía mundial; el acceso a
recursos y rutas.
Las elecciones de medio tiempo en los Estados Unidos en
noviembre, hacen presagiar la pérdida del control que el día de hoy ostentan
los republicanos del Congreso norteamericano y hasta la posibilidad de juicio
político contra Trump; las elecciones de Colombia y Brasil van a ser
determinantes en la definición de una nueva correlación de fuerzas en América
Latina que pueden resultar en un cambio de tendencia habida cuenta de los
problemas de los aliados más cercanos de Kast, Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz
en Bolivia, así como la impredecible inestabilidad del Perú.
Kast viene a hacerse cargo de la Presidencia de la República, pues, en un escenario favorable para la derecha global, pero con signos de fatiga coyuntural que se podría prolongar. Por eso la política que ya anunciaba, se empieza a desplegar el mismo día de su asunción firmando un decreto para destrabar proyectos de inversión en el sector minero por el valor de US$1600 millones y un acuerdo con los Estados Unidos sobre minerales críticos.
Sin embargo, su posición no es relevante, pese a lo
anterior, para la derecha global y así lo demuestra la fría recepción que su
invitación recibió por parte de sus aliados o presuntos aliados a nivel
internacional. Su retórica milenarista que apunta a una supuesta emergencia
económica, retórica basada en un uso mañoso de cifras, apenas disimula su
intención de facilitar la transferencia de fondos desde el gasto social a los
bolsillos de los multimillonarios y las transnacionales con asiento en los EEUU,
especialmente en el sector minero.
En resumidas cuentas, con el gobierno de Kast, el de Chile
vuelve a ocupar el indigno papel de peón del imperialismo norteamericano. Así lo
dio a entender días antes del cambio de mando con la revocación de las visas
del ex ministro de transportes y del subsecretario. Con las impertinentes
declaraciones del embajador Brandon Jud, apenas parafraseadas por el canciller
Pérez Mackenna.
Su debilidad pasa desapercibida por ahora. Pero cada acto
de sumisión; cada intento por pasar gato por liebre para facilitar las cosas a
las transnacionales y al puñado de ricachones que pusieron a sus operadores en
el gabinete, va a ir desafiando la tolerancia de la sociedad y el pueblo.
También de la izquierda y los sectores democráticos, no necesariamente de
izquierda, para denunciarlos haciendo valer su condición de fuerzas opositoras,
así como de proponer alternativas que releven la soberanía, la igualdad y la
dignidad.




_van_het_Amsterdamse_lakenbereidersgilde_-_Google_Art_Project.jpg)

