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| Marinus van Reymerswaele. Dos recaudadores de impuestos. 1542 |
El acuerdo suscrito recientemente entre el PPD y el Ministro de Hacienda trae a la memoria lo que pasó en los primeros meses de la primera administración de Piñera. La oposición de entonces, deambulando entre la política de los consensos y la intrasigencia democrática. El terremoto, además, le impuso algunos límites difíciles de soslayar para ejercer su rol. Lo curioso en ese entonces era que los papeles a los que algunos actores políticos se habían adaptado, en algunos casos de muy buen grado, se invertían. En un régimen fuertemente presidencialista además, era lógico que la derecha debía llevar el pandero sin que eso les pareciera anormal.
Sin embargo, la movilización social, le puso un límite. Y es así que a los muchos llamados que hizo el entonces Presidente de la República a acuerdos nacionales y consensos, no hubo quien acudiera excepto sus amigos y aliados.
El corazón de la democracia de los acuerdos quedó herido. Piñera en las postrimerías de su mandato, tuvo que recibir directamente en La Moneda a un grupo de dirigentes estudiantiles, sindicales y de padres y apoderados aunque no se llegara a casi nada. Donde sí estaban pasando cosas era entre los mismos partidos que la habían protagonizado. Las alianzas políticas tradicionales sucumbieron a esta ola de luchas protagonizadas por estudiantes, ambientalistas y trabajadores (el año 2011 fue el primer paro de trabajadores de planta de CODELCO en democracia y un masivo paro nacional convocado por la CUT; la lucha contra la instalación de centrales termoeléctricas en el norte e hidroeléctricas en el sur; sumados al paro prolongado de las universidades estatales y liceos públicos) de manera tal que se empiezan a configurar otras nuevas y a aparecer otros actores políticos como el FA.
Se acaba el sistema binominal mayoritario, piedra angular de la estabilidad política de la transición y comienza un ciclo de reformas limitadas pero que apuntan por primera vez en un sentido opuesto al de ésta. Muchas de ellas sucumbieron en el TC y otras en el propio parlamento por la ambigüedad comentada al comienzo.
Actualmente, en cambio, la idea de reeditarla no seduce a muchos. Es usada solamente como recurso retórico o como una suerte de advertencia ante la inestabilidad que augura la incapacidad de la elite de reconstruir su consenso sobre una base material frágil caracterizada por la capacidad limitada que tiene el modelo de desarrollo actual de generar riquezas que alcancen para todos. En efecto, el bajo crecimiento económico estimado para este año en un modesto 1,8% no alcanza ni siquiera para satisfacer la codicia de los grandes empresarios y el capital hiperconcentrado. Qué migajas van a quedar para educación, salud, vivienda, salarios, transporte público, seguridad y cultura....todo apunta, como agudamente lo sugirió el CEP en su última encuesta, a un aumento de la conflictividad social.
Durante la transición, en cambio, había para todos, incluso para programas focalizados. Los últimos precisamente, son los primeros en sufrir el ajuste. Negociar compensaciones, por lo tanto, resulta inconcebible. Ello, porque el margen para hacerlo es minúsculo por no decir inexistente. Recurrir al TC para oponerse al Proyecto de Reconstrucción es una estrategia que puede inducir a la realización de un debate nacional acerca de la forma de hacerse cargo de sus objetivos sin afectar los derechos de las familias trabajadoras, las PYMES y el medioambiente. Esto pues la naturaleza de clase del dichoso proyecto solamente considera las necesidades del gran empresariado.
Recurir al TC entonces es un importante primer paso, siempre y cuando esto motive a los mismos partidos de oposición y las organizaciones sociales y de trabajadores y trabajadoras a involucrarse en él. En efecto, aparte de que las famosas compensaciones, en realidad, debieran ser expresión de su capacidad para arrebatarle al sistema y la avaricia de empresarios y tecnócratas la parte que les pertenece del crecimiento económico y que debiera asegurar sus derechos y libertades, lo que se requiere es poner sobre la mesa sus aspiraciones y propuestas. Esto es, como dice el senador Daniel Núñez acerca de las motivaciones para recurrir al TC, recuperar soberanía.
El deja vu del PPD es solamente un síntoma. Un partido en franca decadencia y que en base a su par de senadores hace del muñequeo su razón de ser. Lo importante es qué dice la oposición, incluyéndolo, acerca de crecimiento económico; salarios; riquezas mineras; impuestos; industria nacional, entre otros temas. Lo mismo las organizaciones de trabajadores y trabajadoras, estudiantiles, ambientalistas y de género. Es probable que la coyuntura actual sea el epílogo para todos aquellos que no lo hagan. Se puede sobrevivir a muchas siendo ambiguos y seguir existiendo en la intrascendencia o bien, ser protagonista aunque sea para ser derrotado en la coyuntura y dejar sembrada la semilla de un futuro mejor por venir.
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