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| Equipo crónica. La rendición de Torrejón. Acrílico sobre tela. 1970 |
Para todos los que nacimos en la década del sesenta del siglo XX; para quienes la infancia transcurrió entre el gobierno popular y la dictadura militar; y nos hicimos adultos después de la caída del Muro de Berlín, Fidel Castro y su legado es parte de nuestra historia. La atraviesa desde la oleada revolucionaria que cruzó el mundo en la década del sesenta desde las luchas anticolonialistas en Asia y África, pasando por América Latina, los campus universitarios de los EEUU y Europa, la crisis de la deuda externa en los 80 y tras la caída del socialismo, en la reivindicación y reconstrucción de un proyecto socialista para el nuevo mundo unipolar que se erigía entonces tras la soberbia e ingenua idea del "fin de la historia".
En primer lugar, su caracterización de la contradicción entre soberanía e imperialismo como característica de la historia de América Latina y explicación de su atraso. En efecto, desde la Primera y la Segunda Declaración de La Habana de 1960 y 1962 respectivamente, la establece como una que contiene la explicación de su historia y su resolución, como la clave de su superación. Ideas que en los noventa, en medio de la euforia neoliberal, fueron relegadas por algunos al desván de las antiguallas.
Todos los procesos de democratización que han tenido lugar en este siglo en América Latina, interrumpidos momentáneamente por la oleada ultraderechista y restauradora que la afecta en la actualidad, tuvieron su punto de partida en la derrota del ALCA en Mar del Plata el 2005. Un mentis para el imperialismo en sus pretensiones de establecer una zona de libre comercio en lo que históricamente consideró su "patio trasero". Hoy en día, su contraofensiva es un intento por recuperar el terreno perdido al esfumarse precisamente su pretensión de ser el centro del nuevo orden surgido tras la caída del Muro de Berlín. Es la reedición de la Doctrina Monroe, recargada ahora bajo la dirección de capitales tecnológicos y en alianza con la industria de medios, entretención masiva y como siempre, el capital financiero.
Argentina, Perú, Honduras, una golpeada Colombia y Chile actualmente, sufren sus consecuencias. Sólo pueden esperar pérdida de soberanía; enajenación de sus riquezas básicas; dependencia creciente del endeudamiento externo y los organismos financieros que reemplazan a los organismos multilaterales en la definición de los marcos de lo admisible para naciones que se supone son parte de un consenso básico de la humanidad después de la Segunda Guerra. Consenso que está siendo sistemáticamente demolido por la ultraderecha mundial y que prepara las condiciones para la aceptación de fascismo en nuestras sociedades.
El latinoamericanismo de Fidel se expresó en su solidaridad con las luchas de liberación nacional, como se denominó en las décadas del sesenta, setenta y ochenta a las que libraban los pueblos de América contra las dictaduras militares sostenidas por el gobierno norteamericano, como ha quedado demostrado en los documentos desclasificados de la CIA y el informe del comité Church del senado norteamericano. También en el impulso que dio a al ALBA y a todos los procesos de integración de América Latina en los noventa y posteriores como la CELAC. Esta constante preocupación latinoamericanista de Fidel es inseparable de su concepción de la incompatibilidad entre el neoliberalismo y la democracia que cruza todo su discurso de los años noventa.
También de su reivindicación del lugar que le corresponde al tercer mundo y lo que actualmente se denomina "el sur global" en el orden internacional. De hecho, fue uno de los promotores del Movimiento de Países no Alineados el que presidió en dos ocasiones (1979-1983 y 2006-2009). Probablemente, uno de los mayores problemas que éste enfrenta, es la sobreexplotación de sus recursos por parte de las potencias capitalistas del mundo -en el caso de América desde la conquista española en el siglo XV- lo que lo ha llevado a sufrir con más rigor los efectos de la devastación del medio ambiente. Cuestión que Fidel denunció en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992. Y al mismo tiempo, ser un objetivo privilegiado de las transnacionales y el imperialismo por su riqueza de agua dulce, recursos naturales y un mercado de mas de seiscientos millones de seres humanos.
Fidel Castro, durante la borrachera neoliberal de la globalización de los años noventa, sostuvo en reiteradas ocasiones que se rebelaba ante la idea de que ésta fuera el mejor de los mundos posibles; el límite del progreso de la humanidad, lo que sólo habría hecho posible la morigeración de sus "externalidades" o efectos secundarios más injustos o excluyentes por medio de pequeños ajustes y reformas parciales. La experimentación, la búsqueda de alternativas, de propuestas y acciones para enfrentarlo y cambiarlo fue parte de su práctica permanente hasta su muerte.
Las posiciones y discurso que anatemizan el pensamiento y la práctica del Comandante Fidel Castro, ocultan tras una presunta superioridad teórica o una benevolente sonrisa ante su presunta candidez o anacrónico maximalismo, su bancarrota ante el surgimiento de un fascismo de nuevo tipo que amenaza a la humanidad y que vuelve a poner al día la necesidad del cambio histórico y de un pensamiento que lo elabore y le de perspectivas de realización efectiva, que está precisamente en el corazón de su pensamiento y práctica política. No pueden oponer a esta ofensiva reaccionaria que ya ni siquiera disimula su desprecio por la razón, sino gestos grotescos por su indignidad y falta de coraje.


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