miércoles, 29 de julio de 2026

Trabajo contra especulación


Carlos Hermosilla. Construcción. Linóleo, 1959


En marzo de 1898, Luis Emilio Rcabarren escribe una carta al diario La tarde de Santiago en la que sostiene "Yo, señor Director, y junto conmigo hay muchos que simpatizamos con el socialismo (...) Pensamos en que pueden hacerse transformaciones sociales, en la igualdad humana, en la desaparición de la injusticias, en el alivio de las clases proletarias, en la nivelación relativa de las fortunas, en la disminución de las grandes riquezas que deben contraerse al desarrollo industrial, y en fin, de tantos otros medios que hay para igualar las condiciones sociales."

Es el primer documento escrito que lleva su firma de los que han logrado reunirse gracias al trabajo de archivo e investigación sobre su obra que se ha realizado en el país, a lo menos desde mediados del siglo pasado y al que han contribuido diversas generaciones de historiadores e investigadores comprometidos con el cambio social. 

Resulta altamente relevante que Recabarren asociara ya las ideas de construcción de una nueva sociedad, a la superación de las desigualdades. Esta a  la distribución de la riqueza y esta a su vez, al desarrollo de la industria. Un concepto político que proviene de las necesidades de la sociedad y de las contradicciones que la caracterizarían y las posibilidades que contiene, no de consideraciones técnicas elevadas a la categoría de dogma o ley inmutable de la economía política. 

Desde entonces, se podría decir, por lo tanto, que el movimiento obrero y popular ha sostenido este principio de desarrollo de la industria no sólo como una condición para el crecimiento económico. Además lo es de aseguramiento de la soberanía e independencia nacional porque aquella está también íntimamente asociada a la auténtica integración de todos y todas y a la igualdad social a través del trabajo, fuente de toda riqueza y realización humana para Racabarren. 

En este sentido fustiga en sus escritos, a todo lo largo de su vida,  el carácter especulador de las clases dominantes y cómo éste se manifestaba en un estilo de vida y cultura superfluo, frívolo y aparentador, denunciado por los escritores de su época como el reverso de la miseria y exclusión de las familias y la gente trabajadora, desde Augusto D'halmar hasta Nicomedes Guzmán. Usa la palabra orgía para referirse a éste en numerosas ocasiones. Dice "El capital exige lujo, vanidades. Vive en la orgía y pernocta en el tapete". Mientras el trabajo "pide justicia. Pide aire, alimento sano, higiene por medio de la decencia para poder vivir."

El Estado oligárquico, tal como se había constituido la República desde mediados del siglo XIX,  se le aparece como un instrumento a su servicio que garantizaba y legitimaba, precisamente, esta característica económico social y cultural de la sociedad de su época. Dice al respecto, "Hoy mismo, el llamado Estado chileno, se dice dueño de muchas de esas dilatadas e inmensas extensiones de terrenos que están sin producir y las regala a sus favoritos para proseguir la obra especuladora en beneficio único de los ricos, que mientras más grandes hacen sus fortunas, más grandes son las miserias de los pueblos que soportan aún ese despojo".  En la  actualidad no para el usufructo del latifundio y la oligarquía terrateniente que obstaculizó la modernización de la sociedad chilena a todo lo largo del siglo XX, sino de la industria inmobiliaria que especula con el suelo mientras hay miles que no tienen casa siquiera donde formar un hogar. 

Resulta llamativo que Recabarren escriba que el Estado chileno "se dice dueño de esas dilatadas extensiones de terrenos". En efecto, para Racabarren esto es el resultado del despojo del que son víctima los pueblos originarios durante la conquista y sostiene, en consecuencia, que la propiedad es producto de un robo, en un conjunto de artículos titulados "La tierra y el hombre" publicados en Tocopilla en 1904.  De manera además que en el desarrollo de sus escritos el carácter especulador de la clase dominante es recreado por la institucionalidad política y esta a su vez actúa como un instrumento a su servicio que viene a generar las condiciones materiales de su realización. 

A este respecto, Recabarren en  sus esritos de 1924, y a propósito de la posibilidad de una Asamblea Constituyente, siempre concibió la transformación del Estado y abogó por la descentralización e incluso un sistema federal,  "que entregue a los ciudadanos de las distintas regiones el derecho a trabajar por la grandeza de cada región" y pone como ejemplo "la región maderera, esclavizada al capricho de especuladores criminales que dañan a todos los habitantes". En este caso, también la democratización del sistema político aparece en sus escritos siempre asociada con el combate a la especulación, la reivindicación del trabajo y la justicia social. 

Aboga por el cooperativismo, experiencia que conoció en Europa y que especialmente los socialistas belgas habían desarrollado, como una forma de  "combatir el lucro y la usura y poner en manos de los trabajadores la mayor suma de bienestar posible"  en el período previo a la fundación del POS. Lo mismo el municipio, al que ve como un instrumento útil en las luchas de los trabajadores y trabajadoras en la lucha por su emancipación. No dejó ámbito en el que experimentar nuevas formas de asociatividad; formas de lucha por la emancipación de la clase trabajadora -en la que siempre incluyó a "todos los que viven de un salario" incluidos empleados y pequeños propietarios-. 

De no ser por las luchas obreras y populares del siglo XX continuadoras de las ideas y práctica de Recabarren, que junto a la iniciativa de gobiernos progresistas de diverso signo crearon, entre otras, la CORFO y la red de empresas estatales que construyeron infraestructura y conectividad; que lucharon y conquistaron la reforma agraria que transformó el campo además de derrotar a la oligarquía terrateniente; la reforma educacional que universalizó la cobertura de la matrícula y creó un sistema escolar y universitario que fueron orgullo del país; y la más importante de todas sus realizaciones, la nacionalización del cobre, que es la que lo ha resguardado de todas las crisis económicas internacionales de los últimos cincuenta años. De no ser por ello, la vergonzante obra de la dictadura que vino a interrumpir esta línea de progreso y democratización no sería sino un pie de página en los libros de historia. 

En efecto, su obsesión por las "ventajas comparativas" que sirvieron de argumento ideológico para destruir la industria nacional y de paso aniquilar al movimiento sindical, o debilitarlo al menos, convirtieron a Chile en el paraíso de los capitales rentistas y la especulación financiera, que siempre van de la mano y que en la actual coyuntura pretenden restaurar en su máxima pureza doctrinaria las bases de un neoliberalismo recargado que le entregue y asegure el poder. Lo mismo que ha hecho Milei en Argentina y pretenden el resto de las oligarquías latinoamericanas subordinadas a la dirección de la ultraderecha norteamericana. 

Lo que Recabarren escribe en El socialista de Antofagasta en1919, en ese sentido, podría haberlo escrito hoy de haber estado vivo: "La Asamblea de delegados de la Federación Obrera declara que la llamada crisis, es un acto de especulación destinado a reducir todavía más la ración de hambre que se le da al productor del salitre, y del cobre, para dejar más libre la ganancia de los agiotistas que se hacen llamar propietarios de las industrias, al amparo de la fuerza." 


jueves, 23 de julio de 2026

¿Qué significa la megareforma?

Jean Dubuffet. VONT ET VIENNENT. 1980



Después de la aprobación de la megarreforma de Kast y Quiroz en el Parlamento ¿qué queda? Primero, un congreso prácticamente partido en dos. La ilusión del centro se esfumó definitivamente. El torpe intento de los senadores del PPD, va a pasar a la historia sólo como eso. Un gesto bizarro, que no comprendieron ni siquiera los suyos. 

Más importante por sus proyecciones políticas es la actitud del PDG, Walker y un par de parlamentarios más, como Bianchi, los que fungían de supuestos custodios de la moderación y terminaron aprobando la más radical de las rebajas de impuestos y garantías a los capitales concentrados. En buenas cuentas, y sin siquiera intentar argumentos diferentes a los esgrimidos por el gobierno y los parlamentarios que lo respaldan, se pasaron con camión y carro del lado de la derecha y los empresarios. 

El limitado margen que defendieron en el pasado para reclamar compensaciones y garantías, se esfumó. La frontera entre gobierno y oposición se hizo evidente hasta para los más porfiados defensores del camino del medio. Y ya no quedan muchas posibilidades excepto las que eventualmente podría brindar un fallo favorable del TC a los reclamos de los partidos de oposición. 

En rigor, solamente alargar su agonía y darle algún imprimátur de presunta legitimidad a las políticas del gobierno de Kast, y una eventual negociación sobre límites todavía más estrechos. 

Según todos los comentaristas y opinólogos de la plaza, el gobierno se anotó un triunfo porque logra aprobar su "Big Beautiful Bill" criollo. Pero nada que no fuera esperable. Probablemente el dato más paradójico es que al mismo tiempo, la popularidad y respaldo de Kast y el gobierno, se desploman. Así al menos lo indican las encuestas. Siempre a partir de una impresión superficial que es lo único que puede medir una encuesta y lo que por la misma razón, puede ser objeto de las más disímiles interpretaciones. En general, de lo que dan cuenta es de un estado de ánimo de la sociedad, caracterizado por las mismas como "desconfianza" y "pesimismo". 

Semejante estado de ánimo de masas cada vez más molestas, sin embargo, no representa una posición política ni mucho menos. De hecho, va acompañado de un inmovilismo inquietante y una falta de contenido que solamente presagian explosiones de anomia que generalmente van acompañadas de reacciones violentas y autoritarias. Los difíciles momentos por los que ha pasado la oposición las últimas semanas -donde sus resacciones a la incapacidad de la institucionalidad política de procesarla y resolverla sólo ha dado pie a soluciones dentro de los marcos de la misma institucionalidad que ya no la representa y que incluso está entrando en una inevitable y abierta contradicción- son expresión de esta crisis en ciernes.  

Envalentonado por su logro, el gobierno incluso profundiza su política y radicaliza sus argumentos incorporando las propuestas de reforma laboral más siniestras de las que se tenga memoria desde el Plan Laboral de José Piñera. 

Todo este paquete presentado como una estrategia para reactivar la economía, es mucho más que un plan para la coyuntura. Su intención de amarrar la reforma tributaria que contiene por un cuarto de siglo lo demuestra. Y como lo ha dicho Quiroz en todos los tonos posibles contiene una lógica interna en que rebajas de impuestos, desregulación y ajuste representan una visión coherente de la economía y la sociedad. Justamente la razón por la cual lo que a duchos economistas opositores les parece un error o una grave omisión del proyecto de ley, es manifestación de su visión de clase. No es raro en este sentido que los únicos que lo aprueben sean los gremios empresariales y un par de tecnócratas que les sirven por medio de sus papers y publicaciones. 

Queda pendiente entonces, la proposición de una estrategia de desarrollo distinta. Resulta asombroso que nadie hable de desarrollo industrial, de riquezas mineras y el rol del Estado y el sector público. Investigación y Desarrollo; descentralización y Derechos Humanos, excepto para referirse a los funestos resultados que con absoluta certeza se pueden esperar de las políticas de la derecha. Suponer que la alternancia en el poder es garantía de que vayan a ser corregidas en el futuro, es no entender la gravedad del momento histórico y seguir conservando indefinidamente las condiciones de exclusión y desigualdad que posibilitan la irrupción del fascismo en nuestras sociedades. 

domingo, 12 de julio de 2026

Esclavitud servil

Arturo Gordon. La huelga. Oleo sobre cartón. 1915

"Esclavitud servil" es la expresión que usaba Recabarren, entre otras similares, para referirse a las formas en que se manifestaba el trabajo asalariado en el Chile de comienzos del siglo XX. Sus locuciones para referirse al respecto son de un dramatismo e intensidad conmovedoras. Manifiestan un trasfondo de carácter moral en su denuncia que claramente tiene una función política porque mueven a la indignación y actúan como un llamamiento a la acción. No se trata de comentarios o descripción de la situación de los trabajadores y trabajadoras ("trabajadores de ambos sexos" decía Recabarren) con pretensiones de objetividad científica. 

Más bien, tiene el propósito de señalar el significado moral de la explotación. 

Además de la pobreza y la exclusión, el vicio y la ignorancia, la explotación determina la ausencia de libertad y autonomía del hombre trabajador. Es precisamente esta característica de la explotación la que define su "universalidad", palabra que usa en reiteradas ocasiones para referirse a la situación de los trabajadores (por ejemplo "esclavitud universal". También a la de la mujer de la que dice "mujer, tu esclavitud es la esclavitud universal" y los inquilinos en el campo declarando por ejemplo que "Los trabajadores de las haciendas son verdaderos esclavos a quienes hay que libertar y educar"). 

En este sentido, la histórica lucha por la jornada laboral y la jornada de 8 horas, no tiene el sentido solamente de disminuir su duración y por lo tanto, aliviar el peso de la explotación patronal o recuperar algo de la plusvalía con la que se enriquece a costa del trabajador y la trabajadora. Además, es una forma de introducir una racionalidad en la organización del tiempo que les permita la organización de la existencia y por lo tanto una manera de ganar autonomía en la realización de sus proyectos de vida. 

Por lo demás, Recabarren insiste permanentemente en las formas diversas que adopta el dominio de clase y la explotación, a la que ve como una totalidad opresiva que se manifiesta por esa razón en la vida cotidiana precisamente. No se vive sólo en la faena; en la mina o la obra. 

La explotación para Recabarren se expresa, por cierto, en el salario. Usa de hecho, la expresión "esclavitud del salario" repetidamente. Hay que considerar el sistema de pago en fichas que se usaba en salitreras y minas de carbón, además. Pero este luego es recuperado por el patrón en las pulperías donde están obligados los trabajadores a usarlas para proveerse, es decir, como otro mecanismo de explotación del obrero en el comercio. Su situación, entonces, es dramática y sin salida. Porque tampoco hay leyes que lo protejan. Por el contrario, son una forma de "tiranía" (la "tiranía del gobierno y las leyes", dice Recabarren) que proviene del hecho de que son los mismos patrones de las minas y las haciendas quienes lo conforman y las elaboran. 

"Ni gobierno, ni patrón, ni fraile -escribe- alivian su situación". El trabajador y la trabajadora para él, viven en la más completa indefensión, librados a su suerte y condenados a trabajar "como bestias de carga". Una expresión que parece cumplir el papel de una ilustración de las condiciones materiales de trabajo en minas y haciendas de esa época pero que por la forma en que las modula y describe como ausencia de libertad y limitación de su autonomía, parecen estar haciendo alusión, más bien, a su deshumanización. En efecto, para Recabarren el mundo es un mundo humano porque todo lo que existe es obra del trabajo, pero por la forma que adopta en el capitalismo y específicamente en el del Chile del centenario, dicha forma caracterizada por él como "esclavitud", resulta su negación porque en lugar de hacerlo libre, lo somete a las más crueles y despreciables formas de sometimiento. 

En efecto, todo lo existente es obra del trabajo. Excepto la naturaleza. Ésta, sin embargo, precisamente por haber sido objeto de apropiación por parte de grupos específicos durante la conquista, deja de estar en una relación armoniosa con el hombre y es víctima también de esta forma histórica de enajenación que viene a producir dicha deshumanización del mundo en tanto se convierte en fuente de desigualdad y servidumbre. 

El trabajo, por lo tanto -no la propiedad ni menos las "cosas"-, es el que produce el "bien social" y es la fuente de realización de hombres y mujeres libres. El que representa "el interés nacional", opuesto al de las clases dominantes, porque incluye las ideas y también su realización práctica, de justicia, progreso, comodidad e higiene, cultura y bienestar para todos y todas. Sin embargo, en la sociedad de su época el trabajo se le aparece, paradójicamente, como carga. Se pregunta entonces "cómo es posible que siendo el trabajador el que produce todo viva en tan triste condición". Ello por las formas de organización que adopta que se oponen a su propia vida y tienen en cambio un aspecto embrutecedor y abyecto, a los que se refiere como "abismo de miserias" o "sangrienta explotación". 

Incorpora cada vez más frecuentemente a la clase media y los empleados también en sus reflexiones sobre el trabajo y especialmente, para referirse a su insatisfacción con el orden de cosas imperante. Dice, de hecho, que "es en esta clase, la clase media, donde se recluta actualmente a la mayoría de los descontentos" al mismo tiempo que denuncia su sometimiento a las formas culturalmente imperantes, pues vive esclavizada "al brillo falso" y "al qué dirán".

El trabajo, entonces, además no es, ni debe serlo, sólo un mecanismo de adaptación del hombre y la mujer a formas culturales que asumen el carácter de modas, hábitos y usos que no le son propios, sino que le han sido impuestos. De hecho, denuncia justamente aquellas formas culturales originadas en la acumulación de riquezas que tienen su origen en la especulación y las rentas provenientes del salitre y de la hacienda, no del trabajo, y que después serán reproducidas o intentado al menos, por sectores socialmente subalternos, como una forma más de dominación.

No es la producción de cosas ni una manera de obtenerlas; tampoco de adaptarse a unas formas culturales que le son ajenas ni de dominar la naturaleza como si fuera un obstáculo a vencer para alcanzar su bienestar lo que el hombre produce por el trabajo. Se hace libre; construye el bien social y es la garantía del interés nacional. Asimismo, se relaciona con otros hombres y mujeres y realiza su autonomía. Reclama la protección de todos y todas pues es un bien social, no una  capacidad individual que corre tras los objetos, sino una potencia social que debiera producir la felicidad humana.  

jueves, 9 de julio de 2026

Deja vu



Marinus van Reymerswaele. Dos recaudadores de impuestos. 1542

El acuerdo suscrito recientemente entre el PPD y el Ministro de Hacienda trae a la memoria lo que pasó en los primeros meses de la primera administración de Piñera. La oposición de entonces, deambulando entre la política de los consensos y la intrasigencia democrática. El terremoto, además, le impuso algunos límites difíciles de soslayar para ejercer su rol. Lo curioso en ese entonces era que los papeles a los que algunos actores políticos se habían adaptado, en algunos casos de muy buen grado, se invertían. En un régimen fuertemente presidencialista además, era lógico que la derecha debía llevar el pandero sin que eso les pareciera anormal. 

Sin embargo, la movilización social, le puso un límite. Y es así que a los muchos llamados que hizo el entonces Presidente de la República a acuerdos nacionales y consensos, no hubo quien acudiera excepto sus amigos y aliados. 

El corazón de la democracia de los acuerdos quedó herido. Piñera en las postrimerías de su mandato, tuvo que recibir directamente en La Moneda a un grupo de dirigentes estudiantiles, sindicales y de padres y apoderados aunque no se llegara a casi nada. Donde sí estaban pasando cosas era entre los mismos partidos que la habían protagonizado. Las alianzas políticas tradicionales sucumbieron a esta ola de luchas protagonizadas por estudiantes, ambientalistas y trabajadores (el año 2011 fue el primer paro de trabajadores de planta de CODELCO en democracia y un masivo paro nacional convocado por la CUT; la lucha contra la instalación de centrales termoeléctricas en el norte e hidroeléctricas en el sur; sumados al paro prolongado de las universidades estatales y liceos públicos) de manera tal que se empiezan a configurar otras nuevas y a aparecer otros actores políticos como el FA.

Se acaba el sistema binominal mayoritario, piedra angular de la estabilidad política de la transición y comienza un ciclo de reformas limitadas pero que apuntan por primera vez en un sentido opuesto al de ésta. Muchas de ellas sucumbieron en el TC y otras en el propio parlamento por la ambigüedad comentada al comienzo. 

Actualmente, en cambio, la idea de reeditarla no seduce a muchos. Es usada solamente como recurso retórico o como una suerte de advertencia ante la inestabilidad que augura la incapacidad de la elite de reconstruir su consenso sobre una base material frágil caracterizada por la capacidad limitada que tiene el modelo de desarrollo  actual de generar riquezas que alcancen para todos. En efecto, el bajo crecimiento económico estimado para este año en un modesto 1,8% no alcanza ni siquiera para satisfacer la codicia de los grandes empresarios y el capital hiperconcentrado. Qué migajas van a quedar para educación, salud, vivienda, salarios, transporte público, seguridad y cultura....todo apunta, como agudamente lo sugirió el CEP en su última encuesta, a un aumento de la conflictividad social.

Durante la transición, en cambio, había para todos, incluso para programas focalizados. Los últimos precisamente, son los primeros en sufrir el ajuste. Negociar compensaciones, por lo tanto, resulta inconcebible. Ello, porque el margen para hacerlo es minúsculo por no decir inexistente. Recurrir al TC para oponerse al Proyecto de Reconstrucción es una estrategia que puede inducir a la realización de un debate nacional acerca de la forma de hacerse cargo de sus objetivos sin afectar los derechos de las familias trabajadoras, las PYMES y el medioambiente. Esto pues la naturaleza de clase del dichoso proyecto solamente considera las necesidades del gran empresariado. 

Recurir al TC entonces es un importante primer paso, siempre y cuando esto motive a los mismos partidos de oposición y las organizaciones sociales y de trabajadores y trabajadoras a involucrarse en él. En efecto, aparte de que las famosas compensaciones, en realidad, debieran ser expresión de su capacidad para arrebatarle al sistema y la avaricia de empresarios y tecnócratas la parte que les pertenece del crecimiento económico y que debiera asegurar sus derechos y libertades, lo que se requiere es poner sobre la mesa sus aspiraciones y propuestas. Esto es, como dice el senador Daniel Núñez acerca de las motivaciones para recurrir al TC, recuperar soberanía. 

El deja vu del PPD es solamente un síntoma. Un partido en franca decadencia y que en base a su par de senadores hace del muñequeo su razón de ser. Lo importante es qué dice la oposición, incluyéndolo, acerca de crecimiento económico; salarios; riquezas mineras; impuestos; industria nacional, entre otros temas. Lo mismo las organizaciones de trabajadores y trabajadoras, estudiantiles, ambientalistas y de género. Es probable que la coyuntura actual sea el epílogo para todos aquellos que no lo hagan. Se puede sobrevivir a muchas siendo ambiguos y seguir existiendo en la intrascendencia o bien, ser protagonista aunque sea para ser derrotado en la coyuntura y dejar sembrada la semilla de un futuro mejor por venir. 

jueves, 2 de julio de 2026

Cuenta regresiva


Equipo crónica. El acorazado Potemkin. 1971


El tiempo se le presentó aparentemente más rápido de lo previsto a Kast. Salida anticipada de dos ministras; una crisis de seguridad inventada por él mismo durante su campaña -que fue lo que entre otras cosas la precipitó-; un desempleo que no afloja y que incluso tiende a aumentar y una recesión en ciernes que está disipando rápidamente el aura de supuesta infalibilidad técnica de sus ministros del área y el pensamiento neoliberal que lo inspira. 

Sus respuestas no pueden ser más torpes, por lo dogmáticas y poco prolijas. Fundamentalmente, trasladar todo el costo que implican a los trabajadores y la clase media. Sala cuna e indemnización en caso de despido, deberán financiarlos los mismos que supuestamente debieran ser sus beneficiarios y beneficiarias descontándolos de su seguro de cesantía. Un cogoteo presentado con lenguaje técnico. Empleos cada vez más precarios como forma de recuperación de puestos de trabajo, esto es con jornadas cada vez más inciertas, salarios más bajos y sin seguridad social; ajuste del gasto que el Estado realiza y que los beneficiaría en materia de vivienda, salud y educación públicas y cultura. 

La chiva de que esto en el futuro va a cambiar o de que apretarse el cinturón hoy, se traduciría en mejorías por venir, se las creen cada vez menos incautos, como lo reflejan las encuestas. Lo cierto es que el gobierno ha sido decepcionante para la mayoría que lo votó y se está transformando progresivamente en una pesadilla para la mayoría de la población.

Bueno, excepto para los mismos de siempre. Los únicos que aplauden a Quiroz y aprueban su paquete ochentero de medidas, son los gremios empresariales, felices por las rebajas de impuestos, los subsidios a la contratación, flexibilidades para hacerlo en el caso de jóvenes y mujeres que rayan con las formas que tenía en el siglo XIX aunque con perfume y luces de colores. Basta con ver las formas de trabajo del retail para ver cómo las pestilentes y oscuras minas de carbón descritas por Baldomero Lillo a comienzos del siglo XX, han sido reemplazadas por los subterráneos de los mall, donde trabajadores y trabajadoras son sometidos a tratos intimidantes, jornadas extralargas, así como condiciones de higiene y alimentación, que contrastan con el oropel de sus vitrinas y patios de comida. 

Por lo demás, dichos anuncios no han tenido el efecto supuesto por el equipo económico entrante de cascadas de inversionistas, nuevos emprendimientos y negocios ni motivado su entusiasmo y confianza. Aparentemente, han producido el efecto contrario, al menos hasta ahora. La creencia neoliberal de que el sector privado, casi como si se tratara de la ley de gravedad, va a encabezar la recuperación en un ciclo de menos dinamismo y de ralentización que hasta los mismos economistas del sistema empiezan a admitir, queda en evidencia como lo que es: pura ideología. 

Algunos, de hecho, demostrando más realismo y un poco más de creatividad, han propuesto algunas alternativas y posibilidades dentro de sus límites. Puntos más, puntos menos; algunas compensaciones; tal vez redistribuir la focalización o redefinirla, considerando los cambios operados en los últimos años en cuanto a necesidades de consumo de los hogares. 

Por esa razón, ya no basta con la pura voluntad. Se requiere hacer política. Algo a lo que no están muy acostumbrados. Hasta ahora se parapetan en el Proyecto de Reconstrrucción Nacional, como si fuera un fetiche. Quiroz y Mas; Alvarado y García Ruminot; las bancadas del Partido Republicano y los Nacional Libertarios. Los de Chile Vamos fungiendo de mediadores de un diálogo limitado por su propio contenido. Para ellos, solamente la aprobación del dichoso proyecto va a sacar al país adelante de donde ellos mismos lo están poniendo. Un cuento archiconocido.

No puede haber diálogo si  es que las "líneas rojas", como las llaman, las determinan las cámaras empresariales sin considerar los intereses de trabajadores y trabajadoras, incluyendo en esta categoría a todos quienes cobran un sueldo a fin de mes y van a tener que vivir su vejez en base a lo que lograron ahorrar en una AFP y que esta no haya dilapidado; pequeños emprendedores que abastecen a los grandes empresarios de servicios, mano de obra, intermediación, etc. y que se llevan apenas una pequeña parte de sus ganancias. Algunos incluso en condiciones todavía más precarias que trabajadores y empleados.

No hay contraparte. Y no la habrá si es que la oposición no tiene una idea distinta. Primero, respecto del rol que al Estado y el sector público le corresponde en una estrategia para enfrentar el momento actual, distinta a la visión dogmática de Kast y el gobierno de derechas que preside. Existen condiciones para platearse por ejemplo una política sobre recursos mineros que no sea la privatización o seguir exportando concentrado de cobre. La industria del litio ofrece una enorme posibilidad de desarrollo industrial que no sea concesionar. Eso activaría también las obras públicas, capacidades tecnológicas, etc.

En segundo lugar, respecto de los derechos esenciales que debe resguardar o mejor dicho considerar. Para Kast, Quiroz y cía. parece que el derecho a un trabajo decente no está dentro de sus preocupaciones. Basta con tener trabajo. Lo comprenden como una mera ocupación, nada más. El trabajo, sin embargo, además significa autonomía, libertad para crear y desarrollar un proyecto de vida. Sin embargo, se ve cada vez más amenazada por las políticas que no lo consideran sino como una pieza solamente del proceso productivo, subordinado por cierto al capital y a sus necesidades de valorización. No como fuente de realización autónoma. 

Con los ridículos niveles de salario que se pagan y en un país donde todo es una mercancía y considerando que es la manera en que el gobierno actual lo comprende, obviamente, es imposible. 

Una solución como el acuerdo por la paz entre Piñera y la oposición de entonces, salvo honrosas execpciones, es imposible en estas circunstancias. Kast ha movido los límites del sistema a extremos que difícilmente lo harían posible a menos que se vea obligado a retroceder, lo que no hará voluntariamente ni como el resultado de un consenso.  

 

jueves, 25 de junio de 2026

Llover sobre mojado

Juan Dávila. Juanito Laguna. 1995


 

 "Las libertades que han surgido en el mundo han tenido por base el sacrificio.

Yo estimo que no hay otro remedio, en verdad, que tomar la ofensiva; de lo

contrario seremos diezmados.

 

Luis Emilio Recabarren 

 

América Latina es hoy en día un campo de batalla. El combate heroico de la revolución cubana por resistir al bloqueo sistemático del que ha sido objeto por más de sesenta años, agudizado durante la administración Trump con el propósito confesado explícitamente de hacerla explotar desde dentro, es tal vez uno que definirá el futuro de la humanidad.

El imperialismo norteamericano, armado de una versión remasterizada de la Doctrina Monroe, se ha planteado recuperar su patio trasero, rico en recursos naturales, agua dulce, tierras cultivables y un mercado de unos 671 millones de personas. En el marco de su inexorable bancarrota, Trump trata de asegurarle un lugar en el mundo que viene a las corporaciones multinacionales, la industria armamentista y de la entretención masiva, comandadas por un puñado de billonarios de la industria tecnológica y de la información, que ya ni siquiera disimulan sus tendencias fascistas e intervienen en política directamente, sin intermediarios, en todo el continente, desde Honduras al cono sur.

Las recientes elecciones de Colombia y el Perú, dan cuenta de su voluntad de dar la pelea hasta el final y recurre para ello, ya no a militares ideologizados en opiniones patrioteras y en la Doctrina de Seguridad Nacional, como en el siglo XX. Lo hace a través del uso de la información y las redes sociales; la IA y las novísimas tecnologías de las comunicaciones; que después actúan a través de los medios tradicionales y una justicia venal que legitima sus decisiones, sus actuaciones y sus resultados institucionalmente.  El resultado es como decía Recabarren hace más de cien años que "Acostumbrados los trabajadores a sufrir la tiranía y la opresión, llegan a no sentir la necesidad de emanciparse”.

En Chile, esa ofensiva reaccionaria tiene nombre y apellido. José Antonio Kast. No hay lugar para términos medios. En cien días de gobierno, ha arrasado con el consenso que con tanto esmero habían construido las elites que han gobernado el país en las últimas décadas. En materia tributaria, empleo, medioambiente, educación y cultura. A las sofisticadas versiones del neoliberalismo de la transición, lo ha reemplazado una recuperación chusca de su versión original de los “años ochenta”.

Solo en el transcurso de la última semana, instaló el debate de su agenda policíaca a través del “registro de vándalos”. También la desregulación de la jornada laboral que viene a borrar una conquista centenaria del movimiento obrero; la contrarreforma tributaria más agresiva de la que se tenga memoria desde la época de Pinochet; la reposición de la selección y mecanismos de exclusión del sistema escolar a través de la reforma del SAE; la redefinición de las políticas de recursos mineros después del nombramiento de Bernardo Fontaine en el directorio de CODELCO; la reforma del Estado durante el cambio de gabinete; los ajustes en salud y educación públicas.

Asimismo, ha sostenido una dura ofensiva en contra del gobierno anterior que ha incluido toda clase de tongos, desde anunciar una auditoria externa al Estado (sic); denuncias aparatosas de mal uso de recursos públicos; descontrol de la migración, delincuencia desatada y una enervante lista de catástrofes que sirvieran de argumento a sus políticas. El corolario de esta ofensiva es la acusación constitucional contra el ex Ministro de Hacienda Nicolás Grau, nada menos que por hacer su trabajo.

En efecto, la acusación constitucional se basa en la suposición de que el anhelado equilibrio fiscal de los neoliberales sólo es posible ajustando el gasto; eliminando programas; despidiendo funcionarios públicos; reduciendo el tamaño del Estado; y si se cumple la afiebrada profecía de que el crecimiento económico va a producirlo casi espontáneamente porque los recursos que generaría harían prácticamente innecesaria la intervención del Estado, excepto en lo que tiene que ver con lo más elemental porque todo lo demás lo resolvería el mercado.

Esta ofensiva reaccionaria prácticamente no deja margen alguno para la negociación y ha dejado en el camino un nutrido campo de plañideras que van desde la derecha “liberal” que finalmente ha votado a favor de todas las excentricidades que contiene, hasta viejas glorias del liberalismo social que se han limitado a hacerle críticas académicas. Lo esencial permanece. Pérdida de derechos; desempleo o precariedad; pérdida de soberanía; criminalización de la protesta y aumento de las medidas de control sobre los pobres, los jóvenes y otros segmentos de la sociedad.

Chile es parte de la batalla que se libra en América por nuestra soberanía, los derechos humanos y la justicia social. Actualmente nos llueve sobre mojado y la ofensiva de la reacción parece no encontrar resistencia alguna. Aparentemente, la tendencia inexorable es su imposición inevitable. Eso, de no mediar la acción de una oposición decidida primero a detenerla y después a derrotarla para recuperar y ampliar los derechos y libertades que pretende arrebatarnos.


jueves, 11 de junio de 2026

Los sibilinos mensajes de la encuesta CEP

Miguel Angel. Sibila Cumana. Capilla Sixtina. 1508-1512



La medición y exposición de la opinión pública como un índice de credibilidad y luego, para la toma de decisiones políticas, durante los últimos años, ha sido constante y prácticamente ha suplantado a otras formas de deliberación, como el Parlamento, los sindicatos y los partidos políticos. 

Su crisis de representatividad y prácticamente nula credibilidad, expuestas por las mismas encuestas, confirman a las últimas como autoridad en la materia -lo que ya de por sí resulta bastante sospechoso por los enormes intereses económicos de una industria cuya base es precisamente la fiabilidad y que por consiguiente vive de los niveles de confianza depositadas en ella-. La danza de números que todos los días agobian a la opinión pública que dicen representar, en este sentido, no tienen otro propósito que modelarla de modo tal que después repite lo mismo que según las encuestas opina. 

El vaticano de estas medicioness, el CEP, acaba de presentar la suya, consultando acerca de las tendencias que supuestamente son las que definen o debieran hacerlo, el comportamiento de la sociedad y lo que es más importante, la toma de decisiones de los actores políticos y culturales relevantes de la sociedad, aunque de paso también nos dice quiénes son. Según esta, el gobierno de Kast ya dilapidó el capital con el que contaba al momento de su elección, mientras el de la izquierda, representada para el instituto en los personeros del anterior gobierno -incluido el ex presidente- mantiene inalterado los niveles de respaldo que tuvo durante todo su período e incluso en el resultado de las últimas elecciones presidenciales. En cambio, la ultraderecha tiene altísimos niveles de desaprobación. 

Para el decano de las encuestas, además, el cabecilla del estilo tecnocrático y frío del gabinete, el ministro Quiroz, tiene un nivel de aprobación tan ridículo como el de la cantinflera ex vocera. Lo que ciertamente no se dice, es que su batería de medidas, como las rebajas de impuestos, traspasar las alzas a los consumidores, su política de ajuste brutal en áreas tan sensibles para la población como salud y educación, es justamente el origen de semejante catástrofe para el gobierno. 

Se hace una mención genérica a que la población siente que la situación económica es "mala" o "muy mala", lo mismo que en delincuencia, educación y salud, pero como cualquier instrumento de estas características, no explica claramente a qué se refiere este índice. Las soluciones de Quiroz incluso podrían no ser la causa de semejante impresión de la opinión pública, sino como han tratado  de hacer creer majaderamente, el ex ministro Grau, el ex presidente Boric, la guerra en medio oriente, la reforma tributaria de la ex Presidenta Bachelet, a lo que habría que sumar todas las reformas que se han realizado en los últimos diez años en materia económica y social, excepto el mediocre paréntesis de Piñera. 

No es casual en este sentido, que hayan aparecido Matthei, Correa y otras antiguas glorias de la democracia de los acuerdos a realizar críticas muy caballerosas al gobierno de Kast. 

Que la encuesta CEP nos venga a recordar o pretenda al menos, la irrelevancia de los partidos políticos y el movimiento sindical tiene también un significado. Efectivamente, se podría decir sin temor a equivocarse y solamente en base a la constatación de los aportes que han hecho en estos tres meses, que su acción ha sido irrelevante. La consecuencia más o menos obvia de semejante constatación para un observador desprevenido es que la eventual solución a semejante crisis expresada por la encuesta no pasa por ellos. ¿Qué alternativa quedaría en ese caso? Solamente perseverar en el mismo camino de Kast y Quiroz aunque de otra manera o una populista que las preserve con ciertos toques de tropicalismo estilo Bukele, Bolsonaro o Milei, lo que se ve difícil considerando el rechazo que generan Kaiser, Squella y el resto. 

La encuesta CEP presenta más interrogantes que respuestas. Indica de modo muy sibilino un problema que tiene la derecha y sugiere ciertas maneras de enfrentarlo o a lo menos, una materia para discutir en sus centros de estudio, las universidades y los medios que tiene. A la izquierda también. Principalmente, qué es lo que falta y la manera de realizarlo, para que lel agotamiento prematuro de la estrategia de la derecha para este período se transforme en una oportunidad para democratizar la sociedad; el lugar que debieran ocupar sus partidos, el moviiento sindical y social en general para pasar de la resignación ante los puros hechos expuestos por una encuesta, a la acción social transformadora.