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| Alberto Burri. Sacco e rosso. 1954 |
Parece el título de un corrido mexicano, pero es de uno más de los zarpazos que Kast y Quiroz vienen a propinarle al gasto público para transferirlo a los privados bajo la forma de una rebaja ex ante de impuestos.
El oficio N° 16 del Ministerio de Hacienda del 21 de abril, pese a las posteriores explicaciones, aclaraciones y eventuales rectificaciones, solamente viene a confirmar lo que Kast había prometido durante su campaña. Profundizar sobre esto resulta evidente y por ello excusado.
Que su contenido de clase sea tan burdamente obvio y abundante, más que escandalizar, debiera mover a la determinación de los pasos que la oposición debiese dar en lo inmediato. No precisamente respecto del oficio sino de la Ley de Reconstrucción Nacional. Esta es la avanzada. El famoso oficio viene a entregar orientaciones para la elaboración del presupuesto 2027 y mientras tanto, avanza la Ley de Reconstrucción en el Parlamento, trayendo varias linduras como la invariabilidad tributaria. Y en términos todavía más prácticos, corre el recorte de 3% en todos los ministerios excepto el de seguridad, sin saber todavía qué gastos sean los que cada uno de ellos vaya a disminuir. Gastos operacionales; en personal; viajes y viáticos o lo que es más probable, tal como lo viene a anunciar el oficio, programas que benefician al pueblo pero que para los avaros de hacienda representan un derroche.
De pasar la dichosa Ley de Reconstrucción, la oposición en el presupuesto 2027 puede prepararse para el peor de los mundos posibles, como ya lo viene a anunciar el Oficio N° 16. No hacerse cargo del significado obvio de las políticas de Kast es quedarse en el plano de los sollozos. Lo mismo que los mutimillonarios y ultraderechas de todo el mundo, lo que pretenden es hacerle sostener sus obscenas utilidades a masas de trabajadores, trabajadoras, empleados, clase media y al medioambiente, transformado prácticamente en un enemigo del "progreso".
En efecto, el Oficio, tal como la Ley de la imaginaria reconstrucción, es parte de una estrategia política de los grandes empresarios. Combina desregulación y reducción del gasto fiscal. La vía administrativa, reinterpretación de la ley a través de los reglamentos y el uso de decretos, han sido por ahora, las herramientas de las que ha hecho uso. Las grotescas performances de Kast y su gabinete, como el almuerzo en La Moneda, sólo es parte de sus condimentos pero no su esencia. Como Trump que todos los días nos sorprende con alguna nueva payasada mientras gana dinero a manos llenas, igual que sus amigos y financistas.
Pasando estas, probablemente vendrá la desregulación de las relaciones laborales y como se han encargado de insinuarlo ya los ministros Quiroz y Mas la privatización de CODELCO. El programa de Kast contenía ya las líneas generales y en estos días solamente las ha ido desplegando. No hay nada de sorprendente. En sus dos mandatos Piñera tuvo períodos de gracia facilitados por las confusiones opositoras, que deambularon, salvo honrosas excepciones, entre la democracia de los acuerdos y la intransigencia democrática, ambivalencia que vino a resolver, como siempre, la movilización de masas que sobrepasó los límites de una acartonada institucionalidad política.
Expresión de un mismo vacío: la inexistencia de una estrategia opositora, llamativamente obvia frente a la claridad de propósitos y la impudicia para exhibirlos de la derecha y el empresariado. El Mercurio, incluso, publica extensos reportajes consultándoles su opinión acerca de los énfasis que debiera tener la Ley de Reeconstrucción, que a estas alturas, y precisamente por esa razón, parece un menú que le lleva rebajas de impuestos, permisología, invariabilidad tributaria, subsidios a la contratación, reembolso de gastos con cargo al Estado, limitaciones a la gratuidad, entre otros.
En ambas ocasiones, además, 2011 y 2019, este vacío tuvo como resultado un empate que en los hechos, se expresó en un balón de oxígeno para las fuerzas de la conservación del modelo neoliberal y la Constitución del 80.
Hoy, en cambio, la ausencia de una estrategia de reforma efectiva y democratización de la sociedad solamente facilitan las cosas a los que pretenden profundizar la desigualdad, el autoritarismo, el abuso y la destrucción del medioambiente con tal de sostener sus privilegios y los de quienes representan. Como siempre ha sido a lo largo de la aporreada experiencia del pueblo, los que no se hagan cargo de las demandas que la coyuntura hace a los demócratas, van a quedar en el mejor de los casos como un pie de página en los libros de historia. El problema es que el costo de su intrascendencia no lo van a pagar ellos sino el país entero, de no mediar una resolución decidida de enfrentar al gobierno de Kast y construir las condiciones para que el absceso que hoy afecta a la sociedad no se transforme en una infección generalizada y sea enfrentado, en cambio, como un síntoma de la enfermedad mortal que representa.






