Después de la aprobación de la megarreforma de Kast y Quiroz en el Parlamento ¿qué queda? Primero, un congreso prácticamente partido en dos. La ilusión del centro se esfumó definitivamente. El torpe intento de los senadores del PPD, va a pasar a la historia sólo como eso. Un gesto bizarro, que no comprendieron ni siquiera los suyos.
Más importante por sus proyecciones políticas es la actitud del PDG, Walker y un par de parlamentarios más, como Bianchi, los que fungían de supuestos custodios de la moderación y terminaron aprobando la más radical de las rebajas de impuestos y garantías a los capitales concentrados. En buenas cuentas, y sin siquiera intentar argumentos diferentes a los esgrimidos por el gobierno y los parlamentarios que lo respaldan, se pasaron con camión y carro del lado de la derecha y los empresarios.
El limitado margen que defendieron en el pasado para reclamar compensaciones y garantías, se esfumó. La frontera entre gobierno y oposición se hizo evidente hasta para los más porfiados defensores del camino del medio. Y ya no quedan muchas posibilidades excepto las que eventualmente podría brindar un fallo favorable del TC a los reclamos de los partidos de oposición.
En rigor, solamente alargar su agonía y darle algún imprimátur de presunta legitimidad a las políticas del gobierno de Kast, y una eventual negociación sobre límites todavía más estrechos.
Según todos los comentaristas y opinólogos de la plaza, el gobierno se anotó un triunfo porque logra aprobar su "Big Beautiful Bill" criollo. Pero nada que no fuera esperable. Probablemente el dato más paradójico es que al mismo tiempo, la popularidad y respaldo de Kast y el gobierno, se desploman. Así al menos lo indican las encuestas. Siempre a partir de una impresión superficial que es lo único que puede medir una encuesta y lo que por la misma razón, puede ser objeto de las más disímiles interpretaciones. En general, de lo que dan cuenta es de un estado de ánimo de la sociedad, caracterizado por las mismas como "desconfianza" y "pesimismo".
Semejante estado de ánimo de masas cada vez más molestas, sin embargo, no representa una posición política ni mucho menos. De hecho, va acompañado de un inmovilismo inquietante y una falta de contenido que solamente presagian explosiones de anomia que generalmente van acompañadas de reacciones violentas y autoritarias. Los difíciles momentos por los que ha pasado la oposición las últimas semanas -donde sus resacciones a la incapacidad de la institucionalidad política de procesarla y resolverla sólo ha dado pie a soluciones dentro de los marcos de la misma institucionalidad que ya no la representa y que incluso está entrando en una inevitable y abierta contradicción- son expresión de esta crisis en ciernes.
Envalentonado por su logro, el gobierno incluso profundiza su política y radicaliza sus argumentos incorporando las propuestas de reforma laboral más siniestras de las que se tenga memoria desde el Plan Laboral de José Piñera.
Todo este paquete presentado como una estrategia para reactivar la economía, es mucho más que un plan para la coyuntura. Su intención de amarrar la reforma tributaria que contiene por un cuarto de siglo lo demuestra. Y como lo ha dicho Quiroz en todos los tonos posibles contiene una lógica interna en que rebajas de impuestos, desregulación y ajuste representan una visión coherente de la economía y la sociedad. Justamente la razón por la cual lo que a duchos economistas opositores les parece un error o una grave omisión del proyecto de ley, es manifestación de su visión de clase. No es raro en este sentido que los únicos que lo aprueben sean los gremios empresariales y un par de tecnócratas que les sirven por medio de sus papers y publicaciones.
Queda pendiente entonces, la proposición de una estrategia de desarrollo distinta. Resulta asombroso que nadie hable de desarrollo industrial, de riquezas mineras y el rol del Estado y el sector público. Investigación y Desarrollo; descentralización y Derechos Humanos, excepto para referirse a los funestos resultados que con absoluta certeza se pueden esperar de las políticas de la derecha. Suponer que la alternancia en el poder es garantía de que vayan a ser corregidas en el futuro, es no entender la gravedad del momento histórico y seguir conservando indefinidamente las condiciones de exclusión y desigualdad que posibilitan la irrupción del fascismo en nuestras sociedades.
.jpg)



