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| Eugenio Dittborn |
El gobierno de
Kast, atraviesa la mayor crisis política que haya sufrido alguno, a sólo meses
de haber asumido. Toda la retórica de la que hizo gala durante la campaña;
todas sus promesas, han quedado en evidencia como lo que eran, pura ideología.
Se han ido al tarro de la basura de la historia, junto con la popularidad y
confianza que todavía podían haberle tenido algunos de los suyos incluso.
El entuerto en
que lo colocaron el ministro Rabat y el subsecretario Silva, terminaron por
sepultar lo poco que le quedaba de respaldo, pero la verdad es que desde el
bencinazo, los chascarros no paraban. Esa obstinación en seguir metiendo la
pata, en ese sentido, no se puede interpretar simplemente como una cadena de
errores involuntarios, tratándose de una sucesión lógica de golpes a la
democracia, el respeto por los derechos humanos, sociales, económicos y
culturales del pueblo.
Las opiniones
de los analistas habituales de los medios hablan de "ausencia de
relato", "problemas de liderazgo", "gestión
deficiente" y toda clase de eufemismos para evitar referirse a lo único
cierto. El gobierno de la derecha, es un gobierno tan pero tan antipopular que
no puede sino generar una ola de malestar e intolerancia por el clasismo de sus
decisiones. Partiendo por la de traspasar el alza de los combustibles a los
usuarios y consumidores. Rebajar los impuestos a las grandes
fortunas, mientras las alzas licuan lo poco que queda de los ingresos de los
trabajadores que apenas si llegan a fin de mes, si no fuera por las tarjetas.
Usar toda clase de subterfugios y triquiñuelas para torcer el sentido de la
reducción de horas de la jornada laboral para terminar aumentándola incluso. Al
mismo tiempo, recorta beneficios sociales como el salario mínimo de personas
mayores y los computadores de los estudiantes de séptimo básico, y estruja el
seguro de cesantía para que sean los propios trabajadores los que financien sus
beneficios, no sus empleadores.
Eso y otras
linduras que sería largo enumerar. Por esa razón, es lógico suponer que se
trata de decisiones políticas que expresan opciones para favorecer a las
grandes fortunas. La Ley de Presupuesto 2027, contiene la verdad de esta
política. Aumentar el gasto fiscal sobre las rebajas ya realizadas a partir de
las orientaciones del Ministerio de Hacienda, es finalmente una trampa propia
de pillos, no de doctores en economía. El punto es que ello no representa
errores ni sinvergüenzura sino clasismo puro y duro. Y los cagatintas de los
ministerios dejan en evidencia que no son más que unos suches de empresarios y
ricachones.
Esto explica la
aparente torpeza con que el gobierno ha enfrentado el caso Rabat. Lo lógico era
haberlo sacado del ministerio para evitarse semanas de bochornos, explicaciones
y recriminaciones públicas entre altos dirigentes de su sector. Porque además,
el Presidente brilla por su ausencia, dejando en claro que no es de muchas
luces o bien, que es tan tozudo en sus intenciones de clase y por defenderlas
que prefiere soportar el chaparrón y mientras tanto buscar aliados
circunstanciales o neutralizar posibles adversarios en la oposición que le
permitan hacerlo.
La señal a la
sociedad civil y el pueblo es clara. El cogoteo a las familias trabajadoras
perpetrado por un grupo de tecnócratas al servicio de las grandes
fortunas va a quedar impune, como los violadores de derechos humanos, pedófilos
y abusadores. Mover, por esa razón, un milímetro del diseño original no está
entre las posibilidades contempladas por el gobierno y los republicanos.
Obviamente, ello al costo de algunas polémicas y golpes en el pecho y unos
cuantos avemarías de sus aliados.
De hecho, éste
es posible especialmente por la incapacidad de la oposición de representar una
alternativa a tanta barrabasada. En efecto, el aumento del desempleo, la caída
del consumo y el PIB; la inflación desatada por decisiones abiertamente
clasistas, subsisten impávidas ante un estentóreo silencio que aparentemente busca
mantener a todos relativamente juntos al precio de hacer la vista gorda con los
vacilantes que le han permitido abrirse paso a esta ofensiva reaccionaria y
desmovilizar al pueblo, mientras ésta acaba con lo poco que queda de sus
conquistas.
No se trata de
inventar la rueda tampoco. Las bases de un proyecto semejante han ido
poniéndose lentamente pero con perseverancia desde las luchas por la defensa
del interés nacional que la borrachera gloabalizadora de los noventa pretendió
un anacronismo, pero que hoy vuelve a instalarse por el retorno de los
proteccionismos que los más campeones del capitalismo quieren a instalar en
medio del descalabro del orden mundial. No es casual en ese sentido que una de
las bases del triunfo de Lula en Brasil sea la defensa de la soberanía frente a
los intentos abiertamente injerencistas de Trump y el imperialismo
norteamericano.
A nuestra
provinciana derecha, y algunos sobrevivientes de la democracia de los acuerdos,
esto les suena a nostalgia sesentera, cuando los únicos nostálgicos, son los
eternos buscadores de acuerdos de libre comercio mientras su patrón
imperialista les sube los aranceles y los notifica de su interés porque no
hagan más negocios con China. Patéticos.
Estamos
probablemente ante uno de los momentos de mayor debilidad de la derecha en
años. Piñera, con esa habilidad de gato con siete vidas que lo caracterizaba,
logró zafar aunque en la pasada quedaran algunos logros para el pueblo que es
imprescindible recuperar. En efecto, a pesar de su buena fortuna y las
inmejorables condiciones que les da la constitución actual, la derecha no pudo
detener la gratuidad de la educación y la desmunicipalización de las escuelas
públicas; algunas reformas laborales y a las pensiones que de no ser por las
inconsistencias de algunos y la defensa de los intereses económicos de otros,
no estaríamos temiendo perder en este momento. La empresa nacional del litio y
la consolidación de CODELCO como la principal empresa del país.
Finalmente un
proyecto constitucional que podría ser la base para comenzar a debatir con el
pueblo y los trabajadores, un proyecto de sociedad distinta aunque a algunos de
los que la votaron favorablemente hoy en día les parezca demasiado.






