Juan Davila. Stupid as a Painter. 1982 |
La
marcha de la reacción continua sin que, aparentemente, tenga resistencia. Ello
incluso a pesar de sus chambonadas; la impopularidad de sus recetas; el
estancamiento de su potencial de crecimiento electoral y sus profundas
contradicciones. Así las cosas, no es descartable que nuevamente llegue al
gobierno, esta vez en una versión remasterizada de sus peores abyecciones.
Demostración
de su marcha implacable, es la ofensiva que ha desatado contra destacados
liderazgos de izquierda usando todos los medios a su disposición: el lawfare, la difusión de noticias falsas
y el ocultamiento de las que dejan en evidencia sus actos corruptos; su
complicidad con las AFP´s y la gran empresa, así como su disimulado pinochetismo.
Ataques tanto en la persona de la ex alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, como
en el de Daniel Jadue y ahora último, en el de la presidenta de la Cámara de
Diputados, Karol Cariola, caso en el que, al igual que en los anteriores, se
hace uso y abuso del poder judicial, por medio de interpretaciones antojadizas
de la ley, difundidas por una prensa servil hasta naturalizarlas.
También
el bloqueo legislativo, el que le ha servido durante todo el mandato del
Presidente Boric para contener las reformas impulsadas por éste; confundir a la
opinión pública en medio de la maraña de negociaciones para hacerlas posibles
en su situación de minoría en el congreso; dividir a los sectores interesados
en sacarlas adelante y haciendo uso y abuso de las atribuciones que tienen sus
parlamentarios para avanzar en su promulgación.
Nada
muy diferente a lo que hayan hecho las derechas de otros países
latinoamericanos, como por ejemplo en la destitución de la Presidenta Dilma
Roussef en Brasil, de Pedro Castillo en el Perú; la persecución de Rafael
Correa o Cristina Fernández.
Estos
ataques a la izquierda, a sus liderazgos y su intento por bloquear toda posibilidad
de que estos surjan están motivados por su comprensión del significado de la
hora actual. Su necesidad de eliminar toda posible resistencia a sus
pretensiones de restaurar lo peor del neoliberalismo; asegurar sus fundamentos
y profundizar sus características más funestas -como la reducción de salarios,
los despidos masivos; el aumento de la contaminación; la mercantizilización de
la educación, la cultura y la salud; todo ello, con tal de garantizar las
ganancias de las grandes empresas nacionales y transnacionales y las fortunas
de un puñado de magnates.
La
búsqueda desesperada de rebuscados argumentos pseudofilosóficos que, por lo
demás, le son indiferentes a masas de trabajadores, empleados y profesionales
cada vez más golpeados por la inseguridad a la que los condena el
neoliberalismo y que es explotada por el fascismo -pretextos para atacarlos o
justificar su actitud sectaria- solamente la favorecen y en el fondo ocultan,
su incapacidad o su desinterés, para enfrentarla.
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