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| Georg Baselitz. Die Mädchen von Olmo. 1981 |
Estos días, el proyecto estrella de la administración
derechista que gobierna el país entró en una etapa crítica. Se juega mucho en
esta pasada y aritméticamente, faltan apenas un par de votos para que vea la
luz verde. Pero la cosa no es tan simple, como sumar y restar.
En efecto, el problema es que se trata de una decisión
política y por lo tanto, una materia opinable. Los intereses en juego,
contradictorios y su implementación pasaría por otras reformas legales y
medidas administrativas que van a seguir agitándolos. Hasta ahora, han pesado
más las críticas que ha motivado en su propio sector e instituciones que no son
precisamente opositoras del modelo neoliberal. El CFA, el FMI, JP Morgan, a lo
que hay que sumar periodistas y comunicadores sociales, que son los que
realmente influyen en la opinión pública.
La principal: el aumento del déficit fiscal que generaría
la rebaja del impuesto corporativo y la imposibilidad de asegurar el porcentaje
de crecimiento que lo podría compensar en el mediano plazo. Como quien dice,
que el proyecto es un "tufazo" de Quiroz. Lo que no dicen estos
expertos, aun cuando demuestren un poco más de realismo, es que la rebaja de
impuestos además es un favor que se le hace a las grandes empresas, así
que los costos de ese menor crecimiento económico ni les va ni les viene porque
sus ganancias ya están aseguradas. No así los programas de alimentación
escolar; de salud mental; odontología; personas mayores; pensiones; un nivel
decente de remuneraciones para trabajadores y trabajadoras, empleados y
profesionales de clase media y un largo etcétera.
Las ridículas compensaciones que el PDG está negociando con
hacienda, no dan más que para un par de fotos en portadas y sus
correspondientes negociaciones, para mantener con vida a ese imbunche lo
suficiente como para asegurar la aprobación de la idea de legislar. De pasada, asegurar
su lugar al provocador en que se ha convertido Parisi, siempre dispuesto a
terminar acordando cualquier porquería con Quiroz, con tal de salir en la
foto.
Su lógica es implacable de manera que las inconsistencias
que se le reprochan van a terminar siendo resueltas por cambios no del
proyecto, sino de la realidad. Finalmente, como siempre lo han hecho los
liberales, el déficit se puede resolver vendiendo un par de empresas del Estado
o por medio de "racionalizaciones" en servicios públicos, como ya lo
vienen haciendo los ministerios desde que asumió Kast.
Quiroz ha sido consistente en cuanto a su propósito. Ha
demostrado desde antes de ser ministro de hacienda que es un férreo defensor de
los intereses de las grandes empresas. Un fiel seguidor de la doctrina de
Pinochet de hay que "cuidar a los ricos". Por esa razón, las críticas
no lo amilanan. Muy suelto de cuerpo ha respondido a los cuestionamientos que
desde su propio sector le hacen a su receta, que ésta no se puede analizar y
criticar separando las diferentes medidas que contempla sino que tiene que ser
vista como un conjunto.
A eso se refiere cuando dice que el CFA, lo mismo que todos
los críticos de su plan, comparten un mismo propósito que es recuperar
dinamismo y el crecimiento económico de manera que sus aspectos cuestionables
desaparecen en su rigurosa lógica interna y su comprensión.
Es decir, a los efectos reales que se puede suponer casi
con toda seguridad va a tener, responde con la fe de carbonero de los
economistas neoliberales en sus sofismas. Semejante ideologización, propia de
fanáticos religiosos, se expresa finalmente en violencia física y simbólica.
Los recortes en cultura, a cargo de un liberal de pura cepa como Undurraga, lo
demuestran.
El problema del plan de Quiroz no es su lógica o su
inconsistencia interior, sino la filosofía de clase que lo inspira. También su
resistencia a concebir, por razones obvias, que hay otras maneras de enfrentar
una ralentización típica de los ciclos económicos y los riesgos que implica
para una economía pequeña y excesivamente abierta como la chilena el retroceso
de la globalización neoliberal, que no son la apertura indiscriminada de
nuestro comercio, la privatización y el ajuste.
Es justamente el rol de la oposición hacerlo y señalar que
una sociedad y una economía soberana; con igualdad, derechos asegurados y donde
todos y todas sean considerados ciudadanos, no sólo consumidores con derecho a
voto, es posible y necesaria.

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