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| Georg Grosz. Homenaje a Oskar Panizza. 1917-18 |
El informe del Presidente Kast al Congreso Pleno debe haber
resultado decepcionante para los nostálgicos de la "democracia de los
acuerdos" y muy sólido, en cambio, para el sector más reaccionario de su
alianza -aunque la nostalgia cede dada vez más su lugar a la resignación entre
sus protagonistas-. Fue una declaración de principios, mezcla de
conservadurismo moral y ultraliberalismo como no se veía desde los años setenta
del siglo XX.
Lo nuevo es que ya no solamente marca sus diferencias con la
administración anterior ni que insiste majaderamente en culparla de todas las
emergencias de las que debe hacerse cargo la suya, sino que además expone un
programa reaccionario y fundamentalista, que va más allá de aquella coyuntura
que, en realidad, fue la excusa para despejarle el camino. La mejor prueba de
ello, es la confesión presidencial de lo "doloroso" que habría sido
el traspaso del alza de los combustibles a los consumidores y al pueblo, y la
consiguiente felicitación por haberlo soportado tan estoicamente.
También la de que la ausencia de una estrategia de seguridad
va a ser subsanada con una batería de medidas de control que rayan con el
Estado policial y que lleva entre sus componentes restricción en el ejercicio
de derechos como forma de castigo ante la comisión de actos que en forma gruesa
denomina "incivilidades". Crear una ley que las castigaría y un
registro de infractores o de responsables de "incivilidad", enlaza lo
arbitrario y la excusa, con la finalidad de aumentar el control y disminuir las
libertades individuales y colectivas. El plan de seguridad de Kast muestra de
esta manera realmente qué es lo que entiende por tal, incluyendo la
intervención policiaca de los barrios que con toda seguridad va a aumentar los
niveles de violencia de que ya son víctima.
La seguridad es concebida por Kast y la derecha sólo como la
posibilidad de resguardar la propiedad privada, sin considerar lo que es
patrimonio común de todos los chilenos y chilenas como los bienes culturales,
la naturaleza y otros que Kast, Poduje, Alvarado y el resto de la derecha
consideran inexistentes o motivo de chistes-.
El ajuste que ejecuta del gasto social y de las capacidades
del Estado para hacerse cargo de las demandas de la sociedad, es inevitable
pues la rebaja de impuestos a los super ricos lo priva de los recursos
necesarios para hacerse cargo de ellas. Es una transferencia de varios miles de
millones de pesos desde el gasto social a los súper ricos que muestra su lado
violento pues no se puede suponer que no vaya a generar molestia, disconformidad
y protesta social, catalogada de antemano como “incivilidad”. El aumento en el
límite de deuda que según Quiroz habría autorizado casi con lágrimas en los
ojos, es la mejor demostración de su obsecuencia con los intereses del
empresariado, toda vez que prefiere endeudar al Estado antes que subirle los
impuestos, usando como excusa el último IFP.
La brecha de desigualdad que dicha estrategia profundiza y
la de la sociedad con una institucionalidad política que no solamente no se
hace cargo de ella sino que la legitima y la genera, están provocando un cambio
social de proporciones. Un cambio de este calado reclama la reforma del Estado
que dé cuenta de ella.
Es, precisamente, por esa razón que Kast lo incluye en la
cuenta presidencial y empezaría por la fusión de algunos ministerios. Pero va a
continuar con la comisión de expertos que le haría recomendaciones que con toda
seguridad ya están redactadas y guardadas en los cajones del escritorio de
Alvarado o García. Vendrán luego otras
fusiones, eliminación de programas; guerra a la “permisología” y con toda seguridad
algunas privatizaciones de lo que aún se pueda privatizar, como CODELCO.
El discurso de Kast frente al Congreso marca un hito en la
historia reciente del país. No solamente se encarga de dejar en claro su
diferencia doctrinaria, moral y política sino que señala una que solamente es
posible salvar en el caso de la resignación frente a los puros hechos, en este
caso la política represiva, moralmente fundamentalista y ultra liberal de su
gobierno. El rol de la oposición entonces ya no es solamente
"defender", "resistir", ni siquiera someter a un escrutinio
crítico la acción del gobierno. Ahora además debe ser la de representar una
alternativa de sociedad, la aspiración y la voluntad de construir una sociedad
diametralmente opuesta. Otra cosa es darse por vencido de antemano.

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