domingo, 16 de agosto de 2026

¿Y después del TC?

Francisco Goya. El coloso, 1808



Hace días ya que el TC falló acerca de los reclamos de la oposición por la Ley Miscelánea o Megareforma. Las reacciones ante el fallo, sin embargo, sólo se han hecho notar por su intrascendencia. Ocultas además por el frenesí comunicacional del gobierno, puesta en escena que confunde con agenda legislativa y hace de sus propios chascarros, otro recurso para copar la preocupación de los medios. 

Lo cierto, en todo caso, es que el fallo final del TC deja a las claras cuál es la función que cumple:  cancerbero de los intereses del capital. No podía ser de otro modo considerando que la propia Constitución que debe asegurar de abusos y excesos que pudieran cometer otros poderes del Estado, tiene esa finalidad. Uno de los abogados de la oposición, Jorge Correa Sutil, había planteado anteriormente que uno de los fundamentos de su presentación sería la vulneración de la "democracia republicana" pues la megareforma impediría a cualquier legislatura modificarla en el futuro, lo que sería contrario a una "República Democrática". 

Pues bien, el TC en un fallo que habría dejado muy satisfecha a la Junta, notificó a la oposición y al país, que más importante que el "principio democrático" como lo llamó Correa Sutil, es la estabilidad de las reglas que le aseguran sus ganancias al gran capital. Como en una novela de Balzac, la codicia y la avaricia se sobreponen a cualquier otro rasgo de la cultura dominante, ahora consagradas jurídicamente como bienes superiores incluso a la propia democracia. 

Nuestra desfalleciente República, no considera otras posibilidades que esperar en el futuro una nueva correlación de fuerzas y en ese caso incluso, por ejemplo con la conformación de un nuevo congreso que pudiera derogarla más adelante, no garantiza la corrección y restitución de dicho principio. Es más, ya le brindó los argumentos jurídicos al gran empresariado para defender en el futuro su éxito de hoy, con independencia de la soberanía popular que la letra de la Constitución consagra como un sarcasmo diciendo que "reside en el pueblo" y se realiza "mediante las elecciones y los plebiscitos".

Envalentonado con su logro, el gobierno incluso prepara ya la batería de medidas administrativas por medio de las cuales pudiera hacerse cargo de lo que no pasó la prueba del TC, que son las normas ambientales, en este caso las contenidas en los artículos 12 y 13 que establecían el derecho a indemnización ante la anulación de una Resolución de Calificación Ambiental  (RCA) y  algunas disposiciones sobre microrelocalizaciones de concesiones acuícolas. Todas ellas medidas que interesan a los empresarios del salmón, golpeados ya por el alza de aranceles de Trump. 

El satisfecho Ministro de Hacienda señaló entonces que el fallo "inequívocamente", le sería favorable. ¡Por supuesto! Y a partir de este logro anuncia las próximas linduras, reformar -lo que en su idioma quiere decir "reventar"- el Estatuto Administrativo y "modernizar" el mercado de capitales para hacerlo más competitivo, lo que quiere decir más propicio para la acumulación de ganancias y para la especulación -fuente de la riqueza de la Nación en sus delirantes teorías- mientras caen los ingresos, de las familias trabajadoras y aumenta el endeudamiento. 

La fe de carbonero con que algunos dirigentes opositores pretenden defender al pueblo en el Congreso de esta ofensiva conservadora y a las perdidas, en el TC si esto no resulta, ha sido ampliamente superada por los últimos acontecimientos. Y el problema no es ni siquiera ese. Claramente no se puede pretender cuestionar los contenidos abiertamente reaccionarios, pro empresariales y de un añejo neoliberalismo que contienen las políticas de Kast y Quiroz, ni defender al pueblo de sus más que seguras consecuencias en aumento de la sobreexplotación, de la pobreza, contaminación y pérdida de derechos, sin oponerle otro concepto de la sociedad y la economía. Uno que releve el lugar del trabajo; fomente la industria nacional y releve el lugar del Estado en la regulación del mercado y la provisión de derechos económicos, sociales y culturales. 

La derecha lo sabe. Sin alternativas a la vista, solamente espera el estallido de protesta y prepara la batería de medidas represivas que le permitan enfrentarlo, sin preocuparse siquiera de los argumentos políticos y filosóficos que le permitan sostenerlos -que es la preocupación casi histérica de un grupo de  intelectuales de derecha que avizoran este escenario con gran preocupación. 

El fallo del TC solamente viene a profundizar la grieta que la megarreforma  abrió entre la sociedad y la institucionalidad política. Las posibilidades que esta ofrece son prácticamente nulas excepto esperar pacientemente la próxima elección con resultados inciertos y antes de la cual pueden generarse condiciones todavía más tóxicas para la convivencia social en el país. El momento de actuar es ahora y no será una meticulosa aplicación técnica de las recetas neoliberales -como fue en el pasado- lo que resguarde nuestra democracia de sus propios resultados. 




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