 |
| Juan Davila. Art is homosexual. 1983-85 |
Las ideologías
-término acuñado por un grupo de pensadores franceses posteriores a la Gran
Revolución para referirse a sus ideas ligadas a la administración, la educación
y la economía- gustaban de las definiciones generales del objeto de sus
preocupaciones y teorías y sólo después extraer conclusiones que,
usualmente, las confirmarían para ser aplicadas y así transformar finalmente la
sociedad y el Estado. Estos pensadores y su manera de proceder tuvieron una
gran influencia en Chile, desde Andrés Bello en adelante.
Esta concepción, fue refundida y combinada,
en el transcurso de la formación de la República, con el liberalismo político y
otras teorías como las del contrato social que, como se enseña en los textos
escolares de historia de Chile, provienen de la Ilustración.
Todo lo que escribe Recabarren, es una
polémica contra este tipo de concepciones.
Su obra escrita y realizaciones son, más
bien, una interpelación de las clases dominantes y del poder, y por lo tanto de
su incapacidad para contenerla y representarla realmente.
Es justamente su negación, dado el carácter
abstracto y desconectado de la sociedad real de todos estos principios y teorías de los pensadores de
su época y anteriores, que es aproximadamente la del "centenario".
Recabarren se refiere a ellos explícitamente
en sus escritos. Cita y critica a Barros Borgoño, Matta, Vicuña Mackenna,
Orrego Luco, al poeta Víctor Domingo Silva y otros para referirse a su
incapacidad para reconocer el carácter histórico de la realidad social de su
época, caracterizada por la desigualdad, la exclusión y el sometimiento de las
clases trabajadoras, características todas reunidas en el concepto y el debate
de la denominada "cuestión social".
En efecto, cuando las teorías de estos
"ideólogos" de la República -que generalmente, además, ocupaban
puestos importantes en el sistema político, además de la academia y la prensa
de su época- entraban en contradicción con lo social o eran incapaces de explicarlo,
se encargaban de tratar de hacerlos coincidir con una violencia que parte con
la llamada "pacificación de la Araucanía" y luego se expresa en las
matanzas de Valparaíso en 1903, Iquique en 1907 y San Gregorio en 1921, por
poner sólo algunos ejemplos.
En sus escritos, Recabarren insiste en la
desigualdad como la característica más determinante de su época. Señala más que
una identidad definitiva, el "déficit" que la caracterizaría en la
realidad; llama la atención sobre aquello que el trabajador y la trabajadora
(usa reiteradamente la expresión "trabajadores de ambos sexos") no
son y que el discurso oficial de su época, en cambio, afirma. Precisamente, por
eso lo que define principalmente el pensamiento de Recabarren, es "la diferencia". Se inserta dentro del amplio y profundo fenómeno
social que es la irrupción de la clase trabajadora en la Historia de Chile,
como negación de la República oligárquica, la ideología que la sostiene y sus resultados.
Es su mejor intérprete, no sólo o no
exclusivamente por su obra organizativa, propagandística, educativa y cultural
sino porque a través de ésta, trata de dar forma a este movimiento, a la clase
de la que siente parte, que es la razón para que se definiera como
"intelectual obrero". Esto es, trata de otorgar un sentido que vaya
más allá de la pura denuncia de las
condiciones materiales que le dan origen para otorgarle un
significado moral que inserta en el desarrollo general
de la humanidad.
Esta diferencia expresada por el movimiento
obrero y la clase trabajadora como negación de la sociedad capitalista, en el
pensamiento de Recabarren, solamente alcanzará la plenitud de su significado,
por lo tanto, en una nueva sociedad. Es justamente el sentido que colmaría esa
diferencia que representa la clase trabajadora y las diversas expresiones
políticas que, en ese entonces, trataban de otorgar una forma y significado a
su existencia, negadas a su vez por la República, como se había ido conformando
desde el triunfo de la Revolución de la Independencia.
La exclusión y explotación de que es víctima,
la viven también los trabajadores de otras partes del mundo; pero también las
mujeres y "los trabajadores de las haciendas". Todos ellos, todos los
que como dice "viven a salario" son objeto de una consideración similar
por parte de Recabarren
dado el carácter "universal" que asigna a la explotación, que
describe como "esclavitud servil",
"esclavitud universal", "sangrienta explotación" y otras
expresiones que delatan su significado moral y aparentemente cumplirían la función
de incitar a la acción.
La experimentan los trabajadores y
trabajadoras en su vida cotidiana y no solamente en el trabajo, a través por
ejemplo del comercio -fuente particularmente importante de sometimiento en las
descripciones de Recabarren de las condiciones de explotación de la clase
trabajadora de su época- y de las leyes que la refuerzan, la legitiman jurídica
y políticamente y reproducen las condiciones que la harían posible. Utiliza la
palabra "tiranía" para referirse a este aspecto de su vida y a la
República oligárquica, que para él es la negación de los principios de
democracia y soberanía que habían inspirado la revolución emancipadora.
La tarea histórica de la clase trabajadora
sería, pues, superar la sociedad actual y construir una que define en forma
vaga como una sociedad de "hombres libres", "trabajadores
inteligentes y honestos", etc. Usa las expresiones
"porvenir", "nueva sociedad" y especialmente, "socialismo", cada vez con más
frecuencia y más sistemáticamente a partir de la fundación del POS en 1912, su
primer congreso en 1915 y 1917, después del triunfo de la revolución rusa.
De manera que la negación, para Recabarren,
no desemboca en un desencanto desesperado sino en un llamado a la acción y la
convicción de que solamente la actividad práctica de trabajadores y
trabajadoras -con toda la vaguedad que ese concepto tiene en sus escritos- hará
posible la construcción de una nueva sociedad. Por esa razón dedica
prácticamente treinta años de su vida a la construcción de un partido de los
trabajadores. Por ello, además, insiste en la necesidad de disputar el poder
político sin desestimar ninguna herramienta, incluida la lucha legal, electoral
y parlamentaria.
El esfuerzo de Recabarren, se inserta en el
desarrollo de la Historia de Chile y se proyecta a todo lo largo del siglo XX y
lo sigue haciendo hoy, o debiera hacerlo, porque se comprende a sí mismo como
surgiendo de las mismas condiciones de la sociedad de su época. No para
comentarla ni para concebir su desarrollo y evolución como un proceso de
perfeccionamiento de unos valores espirituales completos y definitivos, sobre
los cuales ir acumulando nuevos logros. Para Recabarren, el cambio proviene, al
contrario, de su negación la que a su vez contiene aquellos valores como
democracia, igualdad, pueblo y soberanía, que subsisten incompletos, muchas
veces ocultos, por condiciones históricas, políticas y sociales, en este caso
el predominio de la oligarquía, que impiden su realización y que sólo una nueva
sociedad sería capaz de cumplir.
En tiempos en que el fascismo, recurre al
"cambio", como consigna y presenta las condiciones de explotación,
sometimiento cultural, exclusión y discriminación como si se tratara de lo
nuevo, es necesario recuperar estos aspectos del pensamiento y práctica de
Recabarren. No conoció y por lo tanto es inconcebible buscar respuestas a
fenómenos como el fascismo, las redes sociales o la crisis climática, en sus
escritos. Pero hay una ética, una actitud moral y posicionamiento frente a la
actualidad que le sirvieron para formar un movimiento nacional popular que
incidió en la historia del siglo XX, explican su permanencia y son tan vigentes
como entonces, mientras sigan existiendo condiciones de explotación,
subordinación cultural y exclusión social que impidan la realización de una
humanidad libre como la que él soñó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario