lunes, 2 de noviembre de 2026

¿Y dónde está la oposición?

Eugenio Dittborn



El gobierno de Kast, atraviesa la mayor crisis política que haya sufrido alguno, a sólo meses de haber asumido. Toda la retórica de la que hizo gala durante la campaña; todas sus promesas, han quedado en evidencia como lo que eran, pura ideología. Se han ido al tarro de la basura de la historia, junto con la popularidad y confianza que todavía podían haberle tenido algunos de los suyos incluso. 

El entuerto en que lo colocaron el ministro Rabat y el subsecretario Silva, terminaron por sepultar lo poco que le quedaba de respaldo, pero la verdad es que desde el bencinazo, los chascarros no paraban. Esa obstinación en seguir metiendo la pata, en ese sentido, no se puede interpretar simplemente como una cadena de errores involuntarios, tratándose de una sucesión lógica de golpes a la democracia, el respeto por los derechos humanos, sociales, económicos y culturales del pueblo. 

Las opiniones de los analistas habituales de los medios hablan de "ausencia de relato", "problemas de liderazgo", "gestión deficiente" y toda clase de eufemismos para evitar referirse a lo único cierto. El gobierno de la derecha, es un gobierno tan pero tan antipopular que no puede sino generar una ola de malestar e intolerancia por el clasismo de sus decisiones. Partiendo por la de traspasar el alza de los combustibles a los usuarios  y consumidores.  Rebajar los impuestos a las grandes fortunas, mientras las alzas licuan lo poco que queda de los ingresos de los trabajadores que apenas si llegan a fin de mes, si no fuera por las tarjetas. Usar toda clase de subterfugios y triquiñuelas para torcer el sentido de la reducción de horas de la jornada laboral para terminar aumentándola incluso. Al mismo tiempo, recorta beneficios sociales como el salario mínimo de personas mayores y los computadores de los estudiantes de séptimo básico, y estruja el seguro de cesantía para que sean los propios trabajadores los que financien sus beneficios, no sus empleadores. 

Eso y otras linduras que sería largo enumerar. Por esa razón, es lógico suponer que se trata de decisiones políticas que expresan opciones para favorecer a las grandes fortunas. La Ley de Presupuesto 2027, contiene la verdad de esta política. Aumentar el gasto fiscal sobre las rebajas ya realizadas a partir de las orientaciones del Ministerio de Hacienda, es finalmente una trampa propia de pillos, no de doctores en economía. El punto es que ello no representa errores ni sinvergüenzura sino clasismo puro y duro. Y los cagatintas de los ministerios dejan en evidencia que no son más que unos suches de empresarios y ricachones. 

Esto explica la aparente torpeza con que el gobierno ha enfrentado el caso Rabat. Lo lógico era haberlo sacado del ministerio para evitarse semanas de bochornos, explicaciones y recriminaciones públicas entre altos dirigentes de su sector. Porque además, el Presidente brilla por su ausencia, dejando en claro que no es de muchas luces o bien, que es tan tozudo en sus intenciones de clase y por defenderlas que prefiere soportar el chaparrón y mientras tanto buscar aliados circunstanciales o neutralizar posibles adversarios en la oposición que le permitan hacerlo. 

La señal a la sociedad civil y el pueblo es clara. El cogoteo a las familias trabajadoras perpetrado por un  grupo de tecnócratas al servicio de las grandes fortunas va a quedar impune, como los violadores de derechos humanos, pedófilos y abusadores. Mover, por esa razón, un milímetro del diseño original no está entre las posibilidades contempladas por el gobierno y los republicanos. Obviamente, ello al costo de algunas polémicas y golpes en el pecho y unos cuantos avemarías de sus aliados.  

De hecho, éste es posible especialmente por la incapacidad de la oposición de representar una alternativa a tanta barrabasada. En efecto, el aumento del desempleo, la caída del consumo y el PIB; la inflación desatada por decisiones abiertamente clasistas, subsisten impávidas ante un estentóreo silencio que aparentemente busca mantener a todos relativamente juntos al precio de hacer la vista gorda con los vacilantes que le han permitido abrirse paso a esta ofensiva reaccionaria y desmovilizar al pueblo, mientras ésta acaba con lo poco que queda de sus conquistas. 

No se trata de inventar la rueda tampoco. Las bases de un proyecto semejante han ido poniéndose lentamente pero con perseverancia desde las luchas por la defensa del interés nacional que la borrachera gloabalizadora de los noventa pretendió un anacronismo, pero que hoy vuelve a instalarse por el retorno de los proteccionismos que los más campeones del capitalismo quieren a instalar en medio del descalabro del orden mundial. No es casual en ese sentido que una de las bases del triunfo de Lula en Brasil sea la defensa de la soberanía frente a los intentos abiertamente injerencistas de Trump y el imperialismo norteamericano.

A nuestra provinciana derecha, y algunos sobrevivientes de la democracia de los acuerdos, esto les suena a nostalgia sesentera, cuando los únicos nostálgicos, son los eternos buscadores de acuerdos de libre comercio mientras su patrón imperialista les sube los aranceles y los notifica de su interés porque no hagan más negocios con China. Patéticos. 

Estamos probablemente ante uno de los momentos de mayor debilidad de la derecha en años. Piñera, con esa habilidad de gato con siete vidas que lo caracterizaba, logró zafar aunque en la pasada quedaran algunos logros para el pueblo que es imprescindible recuperar. En efecto, a pesar de su buena fortuna y las inmejorables condiciones que les da la constitución actual, la derecha no pudo detener la gratuidad de la educación y la desmunicipalización de las escuelas públicas; algunas reformas laborales y a las pensiones que de no ser por las inconsistencias de algunos y la defensa de los intereses económicos de otros, no estaríamos temiendo perder en este momento. La empresa nacional del litio y la consolidación de CODELCO como la principal empresa del país. 

Finalmente un proyecto constitucional que podría ser la base para comenzar a debatir con el pueblo y los trabajadores, un proyecto de sociedad distinta aunque a algunos de los que la votaron favorablemente hoy en día les parezca demasiado. 


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