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| Homenaje a Gabriela Mistral. Fernando Daza. 1971 |
La ministra de educación, María Paz Arzola acaba de
realizar un anuncio de la máxima gravedad. Pausar los traspasos de escuelas y
liceos públicos, administrados actualmente por corporaciones y departamentos de
educación municipal, a la institucionalidad creada por la Nueva Educación
Pública, los Servicios Locales de Educación Pública.
Ésta ya cuenta con 36 Servicios Locales funcionando con sus
establecimientos, sumando así más de 640 mil estudiantes y párvulos, y casi 119
mil docentes, asistentes de la educación y educadoras de párvulos. Por tanto,
más del 50% del nuevo sistema se encuentra instalado, el que debiera concluir
en 2029 con las 346 comunas traspasadas a los 70 Servicios Locales creados por
la Ley 21.040.
Resulta evidente para cualquier observador objetivo que no
estamos hablando de un sistema imposibilitado estructuralmente de funcionar,
como sí ha demostrado serlo el sistema municipal, que arrastra deuda y déficits
crónicos, malos resultados académicos y deterioro del servicio.
El coro de prosélitos de la privatización y la concepción
de la educación pública como plan focalizado -el que la concibe como "la
educación de los pobres"- no ha podido ocultar su algarabía. Lo mismo los
alcaldes de derecha; algunos sobrevivientes del pinochetismo, liberales y
conservadores de diversas especies y denominaciones que coinciden en su
consideración del individuo como una especie de “alma pura” que no tiene nada
que ver con sus congéneres.
La respuesta del sindicalismo docente, en cambio, es de una
tranquilidad pasmosa. Los recortes que se han realizado ya, y los que se
anuncian para la ley de presupuesto 2027, parecieran no conmover a los
dirigentes del Colegio de Profesores y Profesoras, quienes se mantienen
fielmente impertérritos a su agenda reivindicativa. Parecieran no darse por
enterados que el gobierno de Kast no solamente no va a negociar con el gremio
por pura buena voluntad; sino de que no va a sostener la tendencia de reformas
que se vienen realizando desde hace como veinte años y que, por el contrario,
viene a ponerles el freno de mano para profundizar la precariedad y el agobio
laboral de los y las docentes.
Sin desmunicipalización ni creación y expansión de la Nueva
Educación Pública, lo mejor es olvidarse de cambios al sistema de financiamiento;
un curriulum nacional que exprese verdaderamente las aspiraciones y demandas de
la sociedad en lugar del catálogo de contenidos actual; de dignificación de la
docencia y el derecho a la educación. En lugar de luchar por completar dichas
reformas, el sindicalismo docente va a permanecer preso de la defensa de los
derechos que no le han sido arrebatados y los que ha logrado arrancar al
sistema neoliberal en los últimos diez años.
La intención de Kast, Arzola y el resto de la derecha, es
terminar de ahogar lo que queda de educación pública, mantener el actual
sistema de financiamiento y la ineptitud y en no pocos casos, los vicios
administrativos de los actuales responsables de la educación estatal para que
termine de morir o quede disminuida a su más mínima expresión: la educación de
los pobres y los más deprivados, como siempre lo han soñado.
Los conservadores, la ven como una amenaza. Demasiados
niños y jóvenes juntos, y lo que es peor pensando. Un grupo de trabajadores y
profesionales que les inculcan ideas peligrosas, como cuidado del
medioambiente; respeto por los derechos humanos; a convivir democráticamente
incorporando a las diferencias de clase, nacionales, étnicas y de género, todo
lo contrario del mundo preconizado por Kast y su secta de fanáticos religiosos y a la que
pretende arrastrarnos.
El anuncio de Arzola, por lo tanto, no es “tomémonos un
tiempo y veamos”. Es más bien, dejemos morir a la educación pública y de esa manera, nos deshacemos de la molestia que significa el gremio docente. Todavía es tiempo de recuperar la iniciativa. No hacerlo, un boleto seguro a a intrascendencia.

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