martes, 25 de agosto de 2026

Ser de izquierda en tiempos difíciles


Gonzalo Diaz. De la chilena pintura historia. 1982



Escribía Recabarren en 1903 “Luchamos como se dice, aguas arriba, contra toda una corriente poderosa que pretende detener la marcha que hemos emprendido en busca de la felicidad humana”. Este fragmento sintetiza una moral y una actitud política. Implica en una sola afirmación la posición que ocupa la izquierda en la historia. Caracterizada no precisamente por sus rutilantes triunfos sino por un constante, incluso cotidiano, empeño por sobreponerse a la resistencia de quienes detentan el poder a dicha felicidad a la que hace referencia.

La derrota sufrida por la izquierda en las últimas elecciones en este sentido no es la primera ni la última que enfrente en su aporreada experiencia. Sin embargo, como suele suceder, ha dado lugar a autocríticas y profesiones de fe de una profundidad doctrinaria y académica singulares, por decir lo menos. Unas que aseguran haber encontrado “el meollo del asunto” o al menos un camino para encontrarlo y no volver a cometer los mismos errores que la habrían ocasionado.

Un punto de vista que hace de éste la generalidad, de modo que se queda atrapado en el fragmento y deja de apreciar el conjunto, que es la transformación. La sociedad es una totalidad hecha de conflictos, contradicciones sociales y culturales que se expresan después en triunfos y derrotas. Y no es la izquierda la que las resiente sino el pueblo, que debe soportar –en silencio por ahora- desigualdad, represión, exclusión social y violencia que no desaparecen por muchas que se realicen.

En la actualidad, por el peso del ajuste que con inusitado sadismo promueven las derechas en toda América Latina. Aumento del costo de la vida; recorte de programas sociales; encarecimiento del crédito; aumento del desempleo y bajos salarios. También flexibilización de las normas laborales que facilitan el despido y destruyen incluso el concepto de jornada laboral, sometiéndola a las puras necesidades de empleadores y empresas, sin considerar al trabajador o trabajadora. Sobreexplotación de la naturaleza que genera contaminación y deterioro progresivo para la sostenibilidad de la vida en la tierra, excepto la de los billonarios. Y pérdida de soberanía que se expresa en sometimiento de nuestros pueblos a las imposiciones del gobierno utraderechista de los EEUU mediatizado por el bonapartismo de plástico de personajes como Kast, Noboa o MIlei. 

Ser de izquierda es asumir una posición frente al conjunto de dichas contradicciones. Es -siempre lo ha sido- estar con el que pierde mientras haya capitalismo. No ser el que le “achunta” o pretende estar listo para hacerlo en el futuro y ofrecerle con gesto altruista su triunfo al pueblo. No es únicamente, como se ha dicho majaderamente, “estar con los movimientos sociales”, o no exclusivamente, porque además es parte de ellos. Es asumir a quienes oponen a la satisfacción de los derechos de aquellos su propio beneficio, el adversario que hay que derrotar para darles cumplimiento y dar significado y un sentido a su experiencia.

A casi seis meses de asumido el gobierno de Kast, éste no solo no ha cumplido ninguna de sus promesas de campaña sino que ha profundizado las condiciones de desigualdad, inseguridad y exclusión que el neoliberalismo genera cotidianamente. Demuestra impúdicamente su sometimiento a los intereses del capital y los empresarios; la contingencia del cambio y la necesidad de actualizar lo que significa ser oposición cuando es la propia derecha la que hace rato reventó la burbuja del consenso. 


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