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| John Everett Millais. Ophelia. 1852 |
FA, "la reforma privatizadora más agresiva desde la dictadura". Lamentablemente, poco más de treinta años de un sistema político en que el consenso de la elite reemplazó a la sociedad, la radicalidad de las acciones y medidas de un gobierno ultrafundamentalista en materia económica y cultural para algunos son una base razonable para construir uno tolerable para la sociedad.
Hace cincuenta años, los chicago boys llegaron con un
programa parecido a hacerse de la dirección económica de la dictadura
militar. El resultado inmediato que tuvo el plan de De Castro y Cauas, fue
destruir la industria nacional, la cesantía generalizada, el aumento de la
pobreza, la caída del consumo interno y finalmente llevar al país a la
recesión. Es algo que le han advertido a Quiroz -prácticamente un astrólogo de
las finanzas- instituciones tan o incluso más fundamentalistas que él mismo y
el gabinete de operadores de la gran empresa que es el de Kast.
En ese entonces, de hecho, Chile entero estaba aterrorizado
por la represión y los crímenes de la dictadura. Las direcciones de los
partidos socialista y comunista en la clandestinidad; buscadas por los agentes
de la DINA; finalmente asesinadas y hechas desaparecer. Lo mismo en el caso del
MIR; la dirigencia de los sindicatos, organizaciones vecinales y del movimiento
estudiantil. La respuesta de la izquierda y el pueblo chileno fue
resistir primero y luego, movilizarse para derrocarla.
En la actualidad, en cambio, parece presa de un marasmo
incomprensible desde la cruel racionalidad de la política de la administración
derechista. Los recortes en salud y educación pública; las alzas; y el
permanente ninguneo del que es objeto por parte de Kast y sus colaboradores
-comentados extensamente por El Mercurio del fin de semana- hasta ahora no han motivado
sino al movimiento estudiantil mientras la oposición parece haber renunciado a
su responsabilidad de representar una alternativa y se mantiene en el plano de
las manifestaciones de una molestia formal.
Todas las actuaciones de Kast y sus ministros y ministras
tienen el aspecto de una permanente pulseada que se propone medir sus
posibilidades de seguir profundizando la implementación de su agenda.
Por esa razón, probablemente, de antemano los poderes
constituidos por el sistema neoliberal rasgan vestiduras ante la sola
posibilidad de que las organizaciones sociales, de trabajadores, estudiantes,
ambientalistas y de género, se movilicen en defensa de sus conquistas y de los
derechos que han logrado arrancar a la avaricia de los que realmente detentan
el poder en Chile. A las declaraciones de la diputada Lorena Pizarro, como
antes lo habían hecho con las del senador Daniel Núñez, reaccionó la jauría de
chupamedias para acusarlos de no creer en la democracia.
Eso, como si el gobierno de Kast fuera un paradigma al
respecto. Hay sectores de oposición que han preferido concentrar su atención en
las paparruchadas de la ministra de seguridad; o el cantinfleo permanente de la
vocera; o preferido las visiones "técnicas" del CFA a las “tincadas”
de Quiroz como si aquel fuera un arquetipo de pureza científica. Algo parecido
a los inicios de Piñera I cuando muchos concentraron su atención en la denuncia
de los conflictos de interés y la "letra chica" de los proyectos de
ley que enviaba al Congreso y no en su contenido abiertamente conservador y
antipopular.
Entonces, fue la movilización la que colocó a la oposición
en el lugar que le correspondía e imposibilitó la reedición de la democracia de
los acuerdos y logró gratuidad de la educación, desmunicipalización del sistema
escolar y fin del sistema binominal. La que el 18 de octubre obligó al poder a
reconocer la legitimidad y posibilidad del cambio constitucional. La negación
del consenso imposible por el fundamentalismo de Quiroz, Mas, Rau y cía. y que hasta
ahora lo había salvado de terminar en el tarro de la basura de la historia.
Esa es el trance por el que atraviesa el país y la pregunta
de la que debe hacerse cargo la oposición para, efectivamente, resolver la
incertidumbre que lo atraviesa y que lo arrastra inexorablemente al precipicio.

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