sábado, 10 de enero de 2026

La tentación de seguir haciendo lo mismo

Francisco Goya. Si sabrá más el discípulo. Serie los caprichos. 1799



Fines de 2025 en una comuna popular urbana de la RM. Como todos los años, el Concejo Municipal debe aprobar el PADEM que no consiste en la planificación de la oferta de matrícula de establecimientos públicos, sino en su adaptación a la demanda de los vecinos, la que depende fundamentalmente de dos cosas: la evolución demográfica y la competencia del sector particular subvencionado.

El plan aprobado en él, consiste en fusionar cursos, y en cerrar escuelas. No en proponer un proyecto educacional para la comuna, como no sea un listado de buenas intenciones.

En general, los planes propuestos por los DEM y Corporaciones a los Concejos Municipales, como en este caso, no son otra cosa que la renuncia del Estado a diseñar y planificar la educación pública y más bien, consisten en adaptarla a presuntas leyes naturales como la tasa de natalidad y la piedra filosofal de los neoliberales, las "preferencias" individuales de los padres y apoderados.

Por eso el “plan” consiste, en los hechos, en una adaptación de la oferta educativa que, en muchas ocasiones, implica sacrificar talleres, actividades escolares, laboratorios de ciencias, producto de la estrechez económica que significa la pérdida de matrícula dado el esquema actual de financiamiento que lo hace depender de factores variables como la asistencia a clases de los y las estudiantes.

Es decir, además de ser menor, la oferta educativa es de peor calidad. El "servicio", por lo tanto, se reduce a lo mínimo, docencia directa en aula -lo que en el peor de los casos, equivale a tiempo de encierro y en el mejor, a clases monótonas, mero adiestramiento-.

Los equipos de directivos docentes, en lugar de ser equipos pedagógicos que lideran proyectos educacionales, son reducidos a meros administradores de recursos humanos y materiales, cada vez más escasos, sobreexigidos por la rendición de cuentas a través de una red burocrática que van de las Direcciones Provinciales, la Superintendencia de Educación, la Agencia de Calidad, las Direcciones Municipales de Educación a multitud de agencias, fundaciones y corporaciones por las que están intervenidas pedagógicamente, con tal de demostrar a través del SIMCE y la PAES su aptitud para entregar una educación de calidad, de manera que su profesionalismo se mide por la cantidad de papeles que llenan o se expresan en una planilla excell.

En el pasado, esto facilitó el florecimiento de la educación particular subvencionada, cuyos empresarios se hicieron el pino a costa de la educación pública. Hoy en día, sin embargo, son todas y no sólo las municipales, las escuelas que tienen este tipo de problemas, incluida la baja de la matrícula, a las que las arrastraron políticas que se suponía eran las que iban a hacer florecer un sistema educativo diverso y de calidad, aunque los resuelven de modos distintos.

La respuesta del sistema y de sus representantes políticos, especialmente ahora con la elección de Kast, consiste en reincidir en las mismas recetas sabiendo que sus resultados no podrían ser distintos. Es como el alumno que no entiende la materia y que cree que con volver a estudiarla, podría mejorar sus calificaciones aunque no entienda ni jota. Más inverosímil en todo caso es que las organizaciones sindicales del magisterio consideren una idea similar que consiste en resistir del mismo modo y con las mismas herramientas de hace treinta y más años, una tendencia confirmada periódicamente y que no ha podido detener.

Las únicas políticas que, parcialmente, han modificado este panorama son la Ley de Inclusión y la Nueva Educación Pública, aprobadas durante el segundo gobierno de la presidenta Bachelet.

Pese a lo anterior, las administraciones municipales, incluidas las que estaban bajo conducción del “progresismo”, salvo honrosas excepciones, siguieron haciendo lo mismo. Y el magisterio organizado también. El resultado no podía ser otro que la destrucción de la educación escolar.

Llegó el momento por lo tanto de intentar hacerlo de otra manera. No se trata de resistir, lo que a estas alturas resulta de un romanticismo grotesco por lo extemporáneo, sino de proponerse la construcción de un nuevo sistema escolar. Las bases están echadas como queda dicho anteriormente. Un conjunto que considerando la diversidad de proveedores del servicio, de orientaciones doctrinarias y pedagógicas, conforme un “sistema”. Hay experiencia acumulada en los últimos diez años y cuadros preparados. Ello supone pensar y discutir las atribuciones del Mineduc y toda la institucionalizad educativa.

También modificar el sistema de financiamiento de la educación escolar, verdadero “lecho de procusto” que cercena su sentido y facilita la transferencia de responsabilidades y atribuciones de lo que es una politica de Estado, a los privados y finalmente a las familias, tal como lo está haciendo Milei en Argentina .

Finalmente, encabezar una discusión sobre el curriculum que la escuela chilena necesita, en el marco de un mundo cada vez más peligroso e incierto.

Las tentación de resistir ahora que Kast, asume la posta de un neoliberalismo agónico es mucha y el velo con que lo habitual oculta los desafíos auténticos del sindicalismo docente puede terminar por ponerlo en una posición defensiva que posponga una vez más los cambios en medio de una crisis que la ultraderecha no puede enfrentar sino con violencia pero que el pueblo puede transformar, con audacia y voluntad, en una genuina transformación. 

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