viernes, 27 de octubre de 2023

La bancarrota moral de la derecha



Jean August D. Ingres. Napoleón en su traje imperial. 1806

El devenir de los acontecimientos y las necesidades de preparación para los combates que vienen, ha dejado en evidencia los intereses en juego y a cada uno de sus protagonistas. El llamado impúdico y vergonzante de Evelyn Matthei a favor del mamarracho del Consejo Constitucional, después de haber declarado con ínfulas de gran estadista que no iba a poner su capital político a favor de hacerlo, es suficientemente elocuente al respecto.

Muy similar a la performance de Patricia Bulrich llamando a votar ´por Millei en la segunda vuelta de las elecciones de Argentina, después de que éste trapeara el piso con ella, la UCR y Juntos por el Cambio por ser parte de "la casta". Macri, como Piñera, ha actuado todo ese tiempo como el director de orquesta, y en principio lo único que han hecho es dinamitar a la derecha tradicional, en favor de la ultraderecha y las posiciones fundamentalistas de personajes tan bizarros como Kast y Millei, por motivos inconfesados e inconfesables que tienen que ver con la defensa de sus respectivas fortunas y no precisamente por el interés nacional que es lo que proclaman.

Millei, se sacó la careta y de ser, según los medios hegemónicos, el candidato antisistema (sic) se ha transformado en el gran articulador  -o al menos eso pretende- de acuerdos con la odiada derecha tradicional que es parte de la casta. El consejero Luis Silva, por lo menos, ha sido bastante sincero como para reconocer que la propuesta del Consejo es un traje a la medida de los empresarios y la derecha y que, como la motosierra de Millei, tiene como finalidad arrebatar los pocos derechos que todavía tienen los trabajadores, las trabajadoras y el pueblo. 

A medida que se acerca la hora de las definiciones, la derecha muestra su verdadera cara. La de la mentira, la demagogia, la desvergüenza y falta de escrúpulos a la hora de defender los intereses del gran  empresariado,  no de los emprendedores a los que usa como coartada para hacerlo. Los de las AFP´s, las ISAPRES, el retail, las mineras, la agroindustria que se disfraza de "huaso" y el negocio inmobiliario. 

En su desesperación por salvar lo que se pueda de la estantería que hace rato tambalea, la derecha actúa de esa manera inconsistente, oportunista y acomodaticia que la población rechaza como lo típico de "la clase política". Efectivamente, en ese caso se puede hablar de la clase política, si es que existiera algo que pudiera llamarse de esa manera. Es la representante del interés de quienes tienen realmente el poder y sus domésticos.  Ya con ocasión del plebiscito en el que se consultó al país acerca de la propuesta de la Convención, destacaron por su indignidad, los demócratas, los amarillos, la "centroizquierda" por el rechazo y por su silencio cómplice,  "el laguismo" y lo que todavía queda o pretende quedar de la Concertación.  

La bancarrota moral de la derecha, actúa como un hoyo negro que absorbe los residuos de la transición pactada. Sus principios políticos y doctrinarios; sus productos económicos, sociales y políticos;  y los arrastra en su caída hacia lo más bajo moral y culturalmente. En es caída, pretende arrastrar también a la sociedad entera, llevándola hacia una suerte de fascismo posmo, que ciertamente no es lo mismo que fue el del siglo XX, pero que puede tener consecuencias mucho peores aún. 

Que no suceda depende sólo del pueblo y la consecuencia de los demócratas para evitarlo




 

martes, 24 de octubre de 2023

No pasarán!


Antonio Berni. Juanito Laguna remontando su barrilete. 1961



El resultado de las recientes elecciones en Argentina, tiene una gran similitud con lo que está pasando en Chile. Entre las PASO y las recientes elecciones presidenciales, hay un cambio de tendencia en el comportamiento del electorado aparentemente inexplicable o que, en el mejor de los casos, es justificado por razones de superficie, como los errores de Millei y lo tóxico de su performance y discurso; la maquinaria electoral peronista; la idiosincrasia del pueblo argentino, la ausencia de Cristina y la habilidad de Massa, etc.

Si bien todos estos factores puede que tengan alguna incidencia, lo cierto es que estamos frente a movimientos subterráneos que sacuden a la sociedad argentina, tal como lo hacen en Chile, y que tienen que ver con las contradicciones cada vez más radicales que la caracterizan.

El desastre del gobierno macrista, que dejó a Argentina a merced del FMI y determinó la suerte del gobierno de Fernández -llevándose durante su mandato más de nueve mil millones de dólares- y hoy en día, el de su candidata, Patricia Bulrich -quien sucumbió primero ante la retórica ultra de Millei y ahora ante su incapacidad de proponer soluciones al desastre que dejó su antiguo jefe, pese a la incorporación de Melconian a su equipo o quizás por ello- determina y lo seguirá haciendo su destino porque profundizó la desigualdad y las contradicciones sociales haciendo posible que emerjan personajes tan reaccionarios como MiIlei.

En efecto, Millei representa la única salida posible a la crisis en la que dejó el neoliberalismo a la Argentina sin tocar las bases clasistas y excluyentes sobre los que se sostiene: terminar con su soberanía, con la ciudadanía y cualquier ensayo de proyecto nacional para ser una especie de departamento de las transnacionales y los organismos financieros promoviendo con entusiasmo la destrucción de todos los vínculos sociales y culturales posibles detrás de una retórica chartalanesca que postula una concepción rabanera de la libertad que no es más que individualismo y egotismo radical.

El triunfo de Massa en la primera vuelta, es una excelente noticia para los argentinos y argentinas; para América Latina y también para Chile. Es la demostración de que la derecha, las clases dominantes y la reacción tienen al frente un pueblo que no les cree y que mantiene viva la memoria de sus luchas; que valora sus derechos y conquistas y que no está dispuesto a renunciar a ellos voluntariamente. Dos cosas fueron determinantes para obtener este resultado en primera vuelta y probablemente es lo que se deberá reafirmar y profundizar para ganar definitivamente.

La primera es la movilización popular, la organización y la vinculación de partidos, movimientos de masas y organizaciones sociales. El resultado de la derecha es producto de la despolitización; del recurso al sentido común y la emoción, todos factores explotados por Millei, por Kast y los republicanos en Chile y el campeón y gurú de la ultraderecha en América Latina, Donald Trump. Los sindicatos, las cooperativas, los colectivos territoriales y sectoriales, las agrupaciones de distinto signo, deben involucrarse en la política y los partidos de izquierda abandonar sus complejos de inferioridad frente al discurso apolítico, gremialista y autonomista que mete a derecha e izquierda en el mismo saco.

Lo segundo es sostener la unidad y la amplitud en la defensa de los derechos sociales, económicos y culturales conquistados por el pueblo a lo largo de su historia e incluso plantearse su profundización, que es la única manera de triubfar y detener el avance de la ultraderecha.

Argentina deberá enfrentar uina segunda vuelta en poco tiempo. Chile el plebiscito constitucional en el que se consultará al pueblo por la nueva Constitución. Esta vez, no pasarán.


jueves, 19 de octubre de 2023

Lo que está en juego

Eugene Delacroix. La libertad guiando al pueblo. 1830




Los últimos tres años han sido intensos. Históricos referentes políticos, sociales y sindicales que no se han hecho cargo de esto y han insistido en seguir siendo lo que fueron o haciendo lo que hacían hasta poco antes del 2019, han desaparecido progresivamente y no tienen ninguna incidencia salvo la que les da el comportarse como asistente o apéndice de quienes sí la tienen. 

La movilización social y la lucha de masas, que fue el factor determinante en el cambio histórico que hemos presenciado y del que seguimos siendo testigos en el último período, dio paso a una impasibilidad que tolera de modo impresionante los discursos de odio en contra de la izquierda, los inmigrantes, los sindicatos, los indígenas y las mujeres, entre otras linduras.

La derecha y las clases dominantes, después de haber estado contra las cuerdas y hasta obligadas a reconocer la necesidad de realizar reformas profundas que incluían la Constitución, hoy están a la ofensiva; tienen la capacidad de bloquear reformas que se hacen cargo de las necesidades de la población en salarios, pensiones, salud y Derechos Humanos, dentro del mezquino marco que impone ésta y hasta de imputar al país soluciones reaccionarias a los problemas que las generaron.   

Su ofensiva tiene un solo objetivo. Aprobar la propuesta reaccionaria, machista y clasista del Consejo Constitucional.

"La casa de todos", y otros eufemismos que se enarbolaron como coartada ideológica para adormecer a la opinión pública y  facilitar un acuerdo entre los de siempre, ha dado paso paulatinamente al fundamentalismo del mercado, a la defensa del sentido común, esto es de lo existente -las AFP´s, las escuelas particulares subvencionadas, los bajos salarios, la salud privada y el abuso con los consumidores-. 

La desmovilización de la sociedad y de la opinión pública es lo que ha facilitado este estado de cosas que por lo demás, nos pone como país y como sociedad en una condición similar a la de otros países en el mundo que son testigos del avance de la ultraderecha y de los fundamentalismos de mercado que pretenden aparentemente que la solución a la crisis actual del sistema neoliberal, es reventar a los trabajadores y trabajadoras y el medioambiente, incluida toda la diversidad de pueblos y etnias originarias que son los únicos aparentemente que  tienen consciencia de la gravedad de la crisis climática, pese a todas las advertencias del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guetrres. 

La propuesta del Consejo Constitucional es un excelente ejemplo de esta ideología reaccionaria y torpe, que está muy en sintonía con la propuesta y discurso de otros energúmenos como Trump o Millei.  

El resultado del plebiscito del 4 de septiembre del año pasado demuestra que nada está ganado y que sin que haya una voluntad subjetiva, una convicción radical acerca del significado de lo que está en juego, la posibilidad de que la reacción política, moral y cultural no sólo frustre las esperanzas de cambio social del pueblo sino de que le imponga condiciones de vida todavía más precarias. El destino no va a ser el resultado de la evolución natural de las cosas. Nunca lo ha sido. Es el resultado de la práctica, de los anhelos y luchas del pueblo. 

La burguesía así lo ha entendido y lleva tiempo preparándose para enfrentarlo.  






domingo, 15 de octubre de 2023

La ventaja de la derecha

 

Yacinthe Rigaud. Retrato de Luis XIV

La Comisión de Expertos terminó su trabajo sin lograr -como era previsible aunque no improbable por una cuestión exclusivamente lógica- acuerdos para corregir los excesos doctrinarios e ideologismos de la propuesta del Consejo Constitucional en el que la derecha ostenta la mayoría.

La única posibilidad de alcanzarlos descansaba en que ésta hiciera un cálculo político que la llevara a darles el visto bueno, temiendo que, por su radicalidad, por su clasismo y la filosofía intrínsecamente machista y autoritaria que la inspira, pudiera ser rechazada en diciembre. Algo de eso hubo en las expresiones iniciales de algunos de sus más conspicuos representantes, como Evelyn Matthei, candidata presidencial virtual del sector; también de sus concesiones en el borrador del Comité de Expertos.

Pero la clase tira. En efecto, primero en el Consejo Constitucional, la derecha tradicional actuó como vagón de cola de los republicanos y borró con el codo lo que escribió con la mano en el Comité de Expertos prestando sus votos para todas las modificaciones y propuestas de estos que negaban los acuerdos que suscribieron en el susodicho comité y que dejaron la propuesta peor, más clasista y más reaccionaria que la Constitución actual.

Prueba de ello es que, salvo un par de cosas, no hubo acuerdos en prácticamente ninguna cuestión relevante. Lo han dicho Alejandra Krauss de la DC; la presidenta del PS Pauina Vodanovic, los diputados Hirsch e Ibáñez; el presidente del PC Lautaro Carmona, dirigentes de la CUT, la ANEF, la FECH, colectivos feministas, etc.

La derecha, por cierto, ni corta ni perezosa y haciendo gala de su inveterado oportunismo, ya está llamando a aprobar en diciembre, obedeciendo dócilmente al gremio empresarial que ya se está poniendo medio nervioso y tiene ganas de cerrar de una vez por todas el capítulo constitucional y “devolver la certeza jurídica a los inversores”.   

Con esto, la derecha ya demostró que no está ni a medio metro con ningún acuerdo, excepto los que mantengan las cosas como están o incluso las empeoren. Lo que la derecha y la ultraderecha han hecho en el Consejo Constitucional y lo han reafirmado en el Comité de Expertos sin que a nadie aparentemente lo escandalizara, es constitucionalizar su ideología, identificándola con el “sentido común”. Por cierto, cuando la han machacado día y noche por treinta y cinco o cuarenta años y han contado con toda la fuerza del Estado y los medios de comunicación regalados a la empresa privada, para hacerlo, no es raro que se hayan convencido de que es efectivamente lo que siente y piensa el pueblo.

El problema es que esa búsqueda febril y voluntarista de llegar a acuerdos con ella o de demostrarle a alguien que es a la derecha la quien no le interesan, le ha dejado un amplio y cómodo espacio para hacer su política y acumular fuerzas para diciembre.

Ya con ocasión del plebiscito de la propuesta de la Convención Constitucional quedó claro el poder que significa ser clase dominante y de los partidos, los medios y todas las instituciones que la representan. Mal que le pese a muchos, la lucha de clases existe y fue descubierta no por los comunistas, sino por economistas liberales en el siglo XIX.

Eso es lo que se expresa en la actualidad con más radicalidad que nunca en muchos años, lamentablemente con una ventaja enorme para la que defiende sus privilegios y han dado una lucha sin concesiones por mantenerlos. Ya es hora de enfrentarla sin tantos rodeos.