lunes, 29 de enero de 2024

Unidad de la izquierda para una nueva sociedad

 

Fernand Leger. Los placeres del ocio. 1949

 

Desde el año 2020 a lo menos, el país vive un proceso de ruptura constituyente que se ha prolongado por la resistencia tenaz que la derecha y los empresarios han desplegado desde la instalación de la Convención Constitucional y los errores de la izquierda, incapaz de haber hecho de ésta una cuestión de masas. La lógica parece haber sido más o menos, “que los sindicatos luchen por los salarios, las mujeres y los pueblos originarios por sus derechos, los jóvenes por el medioambiente y sus representantes en el sistema político –incluida en su momento la Convención- por la nueva Constitución”.

Sin embargo, esta situación no se puede extender indefinidamente y en algún momento, debe resolverse y no sólo como el resultado de la evolución normal de los acontecimientos sociales y políticos. La ruptura significa que en algún momento la sociedad debiera romper con décadas de neoliberalismo y comenzar algo nuevo. La prolongada coyuntura constituyente, es solamente el inicio de un proceso que es la construcción de una nueva sociedad.

La coyuntura tiene un significado similar a la de 1952, momento en el que empiezan a perfilarse las tres alternativas que iban a disputar la dirección política del país en los siguientes veinte años: la revolución en libertad, la vía chilena al socialismo y un neoliberalismo en pañales.

El voto femenino; la derogación de la Ley Maldita; la creación de la cédula única en 1958–fundamental para acabar con el cohecho y el fraude, consuetudinario en nuestros procesos electorales hasta esa fecha- le dan un enorme impulso a la expansión de la democracia en Chile, que incluye en la década del sesenta a los ciegos y en 1972 a los analfabetos.

Se han hecho muchas alusiones al significado del Bloque de Saneamiento para la derogación de la ley maldita y del combate al cohecho, así como de la amplia unidad y el rol del movimiento sindical en su consecución pero pocas a la importancia de la unidad de los partidos de izquierda como una condición habilitante de dicho proceso. El doctor Salvador Allende fue uno de sus artífices y protagonista principal hasta su elección como Presidente de la República en 1970, proceso interrumpido violentamente en 1973 pero retomado en la actualidad en la forma de la lucha por una nueva Constitución.

La contradicción neoliberalismo/democracia tiene por esa razón hoy en día un nuevo significado. Sus proyecciones no son ya solamente formales o exclusivamente instrumentales, como lo fue la eliminación de los senadores designados y vitalicios; la limitación del rol del COSENA o el cambio del sistema electoral binominal. Dicha contradicción está determinada en la actualidad por un contenido concreto que es el tipo de sociedad que expresa y a la vez modela la institucionalidad política del país.

La nueva sociedad que intenta abrirse paso en este proceso, que incluye además la desmercantillización de los servicios y su restitución como derechos sociales –lo que pasa por el cambio del sistema previsional, incluyendo a las AFP’s y las ISAPRES- tiene en quienes viven o dependen de un salario, que son la mayoría de la población, al principal interesado. Son los trabajadores en las diversas formas que el neoliberalismo los ha fragmentado como sujeto social y como movimiento de masas al ritmo de las transformaciones productivas y tecnológicas  que ha realizado.

No referirse a la construcción de una sociedad que supere los antagonismos de clase, es quitarle todo el significado que esa idea tiene y las posibilidades de reconstruirse y de reconstruir un movimiento popular pleno, como el que persiguió y reprimió casi hasta el exterminio la dictadura mililtar.

La resistencia de la reacción política y económica adopta por esa razón la forma de neofascismos como el de Trump y Millei o en Chile el del Partido Republicano.

La unidad de la izquierda es una condición para proyectar el proceso constituyene hacia la construccción de una nueva sociedad y bloquear de esa manera el avance de la ultraderecha. Y esta fundarse en la convicción de que el cambio social y político no será un producto espontáneo o de la evolución de la misma sociedad que agoniza y que se resiste a morir, sino el resultado de su actividad práctica y del involucramiento de los movimientos y organizaciones sociales en la lucha política. 

domingo, 21 de enero de 2024

Fascismo o democracia

Asgern Jorn. La double face. 1960



En España, Italia y los Estados Unidos se han realizado manifestaciones en contra del genocidio perpetrado por el Estado de Israel en la Franja de Gaza. En Alemania miles lo hacen en las calles por el avance de las fuerzas de ultraderecha del partido AfD. 

Mientras tanto, el ridículo que hizo Millei en Davos es saludado solamente por Ellon Musk, Trump y un par de fanáticos más en el Tercer Mundo, generalmente millonarios que se han enriquecido gracias a las transferencias de fondos del Estado, en la forma de subsidios para el desarrollo de  áreas tecnológicas y productivas que éste no puede realizar precisamente gracias al desmantelamiento del que ha sido objeto por las políticas que promueven ellos mismos y sus lacayos desde la academia y el sistema político.  

Acto seguido, mandan a Millei a Suiza a repetir el mantra que les ha permitido seguir enriqueciéndose gracias al desmantelamiento del Estado y los subsidios que les entrega: "El Estado es un estorbo". Una paparruchada que nadie se toma en serio después de las permanentes recesiones provocadas por las políticas de ajuste que promueven para componer los estropicios que sus mismas recetas de reducción del gasto fiscal,  eliminación de las regulaciones y privatización, provocaron antes.  

Dichas políticas -como lo está demostrando ya el caso argentino-  el único resultado que pueden tener es una profundización aún mayor de la crisis y las "ayudas" que gentilmente ofrecen y luego imponen los organismos financieros, terminan por demoler sociedades, culturas, estilos de vida y formas de sociabilidad que ha tomado décadas construir. 

Es la construcción por la vía de los hechos de nuevos pactos sociales que reemplazan la "voluntad general", por poderes que sustituyen la soberanía popular por un líder o una oligarquía compuesta por financistas, banqueros, políticos corruptos que pululan en las ruinas de lo que queda del Estado, como se ha visto recientemente en el caso de los municipios administrados por la derecha y antes por los casos de coimas y connubio entre las grandes empresas -PENTA, SOQUIMICH, CORPESCA, etc.-, parlamentarios y ministros del gobierno de Piñera. Esta tendencia del sistema se extiende como mancha de aceite y afecta a todo aquel que se le acerque siquiera.

También participan de ella burócratas que han hecho de la administración un fin en sí mismo y con gran entusiasmo, una red de medios serviles que reaccionan a través de una academia funcional ante cualquier intento de resguardar la verdad y la objetividad de las informaciones que difunden como un ataque a la libertad.

Dicha profundización de lo peor del sistema neoliberal y sus sempiternas políticas de ajuste, trae aparejadas la resurrección no solamente de su silabario sino también de sus antiguos guaripolas. La bancarrota de JAK y el Partido Republicano, después de su aventura fundamentalista en el Consejo Constitucional, abre paso a la reaparición de antigüedades como Evelyn Matthei, los ex ministros de Piñera y los partidos de Chile Vamos que protagonizan una despiadada y poco fraterna lucha por la dirección de su sector. 

Estamos en presencia del avance en todo el mundo de una forma de neofascismo que reúne algunas de sus características más esenciales –corrupción del sistema político; sometimiento del Estado a los requerimientos del capital concentrado; transnacionalización de sus necesidades; militarismo desenfrenado; subjetivación de la verdad, burocratización y constitución de un estamento de funcionarios que hace de los métodos científicos de la administración una ideología conservadora, etc.-. Ésta ofensiva reaccionaria provoca la respuesta espontánea de la sociedad.

No se la puede seguir disimulando tras nombres de fantasía que se acuñan para la ocasión con el objetivo de mantener una estabilidad conservadora eufemísticamente denominada "gobernabilidad democrática". La subjetivación de la verdad que consiste en su reemplazo por la opinión  que acepta de modo ingenuo las atrocidades más aberrantes y los galimatías más absurdos como parte legítima del debate democrático, debe ser combatido y detenido antes de que sea demasiado tarde. 


sábado, 13 de enero de 2024

Argentina, experimento libertario o vanguardia de la reacción

John Bratby. The toilette. 1955



El neoliberalismo dio paso en los últimos años, al surgimiento desde sus entrañas de un tipo de reacción política y cultural de nuevo tipo. Una suerte de neoliberalismo remasterizado que intenta recuperar la posta de un antecesor agónico, radicalizando sus fundamentos ideológicos y doctrinarios. Se yergue sobre las ruinas que éste ha dejado de las sociedades modernas, pulverizadas por las políticas de privatización, flexibilidad laboral y desregulación de los mercados. 

En efecto, dichas políticas están en el origen de la destrucción de fuentes de riqueza y prosperidad que habían costado siglos de esfuerzo e inteligencia de los seres humanos; arrasar con clases, movimientos de clase, organizaciones sociales y de masas; licuar instituciones, incluidas las de los sistemas democráticos; cuerpos de doctrina, valores y concepciones de mundo, a lo menos, como las conocíamos hasta hace poco.

Este vástago del neoliberalismo pretende afianzar en el poder a la oligarquía más grosera, corrupta e ignorante de la que se tenga memoria. La más perezosa además, la que vive de la especulación y la usura y de la que proyecta luego su concepción del mundo, con aires de gran sabiduría, en silogismos y argumentaciones lógicas que pese a su corrección formal, no tienen nada que ver con la realidad.

Argentina es, hoy por hoy,  la expresión más conspicua de este estado de cosas. La irracionalidad de este proyecto se manifiesta en forma concreta en las políticas que el gobierno de Millei, recién electo, intenta imponer a la sociedad, politicas que incluso - él mismo se encarga de enfatizar-  van a terminar de destruir lo poco que queda en pie -en el caso argentino, después de la “ayuda” del FMI. Los salarios, las fuentes de trabajo, las pensiones; los servicios  públicos de salud y educación; las capacidades de regulación que tiene el Estado. Y especialmente las del sistema democrático, tratando de atribuirse un poder que le permita realizarlo, sin necesidad de someterlo al escrutinio del pueblo y la ciudadanía, que para el libertarismo no es más que una masa informe sin voluntad, aspiraciones ni autoridad.

Excepto por la posibilidad de elegir entre lo que el sistema ofrece, en Argentina y en todo el mundo, la humanidad ha sido reducida a la calidad de espectador. Así, la barbarie del sionismo en Palestina es tolerada no solamente por los organismos que ésta creó después del fascismo, precisamente, para evitar que volviera a ocurrir, sino por la humanidad entera con una indiferencia escalofriante. Energúmenos como Trump, Bolsonaro y Millei; Vox en España y los Frateli d’Italia en Europa son los retoños del neoberalismo, que oponen a los catastróficos resultados de la globalización neoliberal, unos nacionalismos demagógicos; un paternalismo, un cesarismo de opereta y unos proteccionismos autoritarios que pretenden mantener las posiciones de dominio de las mismas clases que los provocaron.

El experimento argentino, quizás sólo comparable al que realizó Pinochet en Chile, es hoy por hoy, la vanguardia de la reacción en América Latina. No es que vaya a terminar solamente con los derechos conquistados por el pueblo en el pasado; ni tampoco es un intento por aplicar una receta económica con el fin de seguir beneficiando al capital financiero y los grupos monopólicos, que ya se soban las manos tratando de hacerse de los fondos previsionales de los trabajadores y trabajadoras liquidando el FGS, posibilitando la especulación con los precios, poniendo límtes a la negociación colectiva, liberando las importaciones, mientras ya es notoria la caída de la inversión y quiebran las PYMES.

El experimento argentino es el intento de realizar las mismas recetas que se han aplicado ya con los consabidos resultados de estancamiento económico; aumento de la violencia -como se aprecia en Ecuador-; profundización de la desigualdad y la pobreza y destrucción del medioambiente. Pero ahora en el marco de una carrera desenfrenada y sin control y que se confía del deterioro moral y doctrinario de las fuerzas que históricamente han representado la negación del sistema dominante. Pobres contra pobres, pueblo contra pueblo, es la utopía de los neoliberales, ahora de los libertarios, usando como excusa, precisamente, la libertad. 

La construcción de un "nosotros" que pueda oponer al experimento libertario, después del cual es muy probable que no quede mucho por componer, es urgente y necesario. Es una tarea moral y cultural; una tarea de masas.  No solamente el resultado de la obra de un gobierno ni de una coalición. Ni siquiera la suma de todas las reivindicaciones e intereses lesionados por las políticas libertarias, que son libertad para los vivos y palos para los pobres. La construcción de ese "nosotros", pasa por la afirmación de unos principios que convoquen a todos y todas, y no sólo a los propios. La democracia; la igualdad y la solidaridad; el derecho a tener un futuro y a una libertad real y no sólo formal, que es la única que garantiza el mercado. También por separar aguas con quienes tienen la intención de profundizar en la actualidad este estado de cosas. Construir ese nosotros en Chile, es la mejor manera de apoyar al pueblo argentino en su histórica tarea de detener el experimento totalitario de Millei y sus aliados. 

lunes, 8 de enero de 2024

La política contra el destino


Kasimir Malevitch. Cuadro blanco sobre fondo blanco. Camaradas, alzaos, escapad a la tiranía de las cosas, 1918


Este 2024, se van a llevar a cabo unas setenta elecciones en todo el mundo. Millones de electores van a definir en gran medida los destinos de cerca de la mitad de la humanidad. Y lamentablemente, estas se dan en el marco de un creciente deterioro y dicen, "fatiga" de la democracia. Basta considerar, como botón de muestra, la preferencia que marca Trump en las encuestas para las primarias republicanas y la posibilidad de que incluso llegue a ser candidato y hasta ganar las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, pese a tener procesos abiertos por fraude electoral, sedición y/o participación en actos insurreccionales que pusieron en riesgo la democracia norteamericana, una de las que se jacta de ser un modelo para el mundo. 

En las elecciones para el europarlamento, las formaciones de derecha y ultraderecha son las que según las encuestas, se podrían imponer. En las elecciones en que se renuevan miles de municipios en Brasil también el bolsonarismo parece avanzar pese a la inhabilitación de su líder para ser candidato hasta el 2030 por su comprobada participación en la asonada de Brasilia. Eso sin considerar el reciente triunfo de Millei en Argentina y el retroceso democrático que significan sus planes "libertarios" que no son otra cosa que la imposición totalitaria de las lógicas del mercado en todos los ámbitos de la vida social y política de su país y que niegan en los hechos las mismas libertades que dice promover. 

El fascismo es un fenómeno latente del capitalismo. Es una consecuencia predecible de su tendencia a la concentración de la propiedad y la riqueza, que lleva aparejado centralización del poder, autoritarismo, y una cultura de la exclusión, la discriminación y el conservadurismo que es el resultado de dicha concentración en el plano cultural y moral, para terminar transformándolos en obra de los mismos que la sufren: trabajadores y sindicalistas, inmigrantes, jóvenes y mujeres; pueblos indígenas; defensores de medioambiente y disidencias sexogenéricas. 

Por eso el pensamiento acerca del fascismo; sus características, sus causas, las tácticas para enfrentarlo, y el combate permanente en su contra, han sido una preocupación imprescindible de la teoría política. Gran parte de la actividad teórica y política del movimiento comunista en el siglo XX; la monumental obra que realizó Antonio Gramsci en la cárcel; la filosofía de la Escuela de Frankfurt, son un claro ejemplo. 

Pero el combate al fascismo, es esencialmente político. Y si hay algo en que se diferencian las posiciones revolucionarias del reformismo pequeñoburgués, es precisamente en que ve en él no solamente un desvarío de las derechas o una expresión de la supuesta "fatiga" del régimen democrático, sino una expresión del carácter de clase de las sociedades en las que ha surgido y se desarrolla. Por esa razón, el combate al fascismo no es solamente doctrinario o moral. Necesita expresarse, además, en instrumentos políticos, organizaciones y luchas que hagan histórica esa noción diversa de la democracia y el límite que la separa del totalitarismo en sus diferentes variantes.

El combate al fascismo no es solamente la oposición a sus resultados materiales, aunque también los incluye.

Los sindicatos, las asociaciones de defensa de los derechos humanos, ambientalistas, colectivos que protegen los derechos y dignidad de las minorías y las diversidades, están en este sentido en la primera línea y tienen una gran responsabilidad. Pero como Lenin ya a comienzos del siglo XX discutió con las posiciones positivistas y naturalistas que postulaban que lo político es prácticamente un cuociente de lo social y una especie de impostación de las condiciones económicas de una sociedad -negando la autonomía propia de lo ideológico, lo simbólico y la subjetividad- no alcanzan a dar cuenta de la totalidad de lo real, que es precisamente un  tópico ampliamente desarrollado por el idealismo filosófico en el siglo XIX en su combate con el empirismo que lo transforma en una red de acontecimientos singulares sin una coherencia que los pueda convertir en el objeto de un discurso, una teoría y finalmente de la acción política.

Las dificultades en este sentido que tiene actualmente la oposición argentina para generar un amplio movimiento opositor al gobierno de Millei, es precisamente expresión de esta deficiencia. También lo es en nuestro país, las de la izquierda para desplegar un gran frente que pudiera haber hecho efectiva la demanda social y política de tener una nueva Constitución, teniendo condiciones inmejorables para hacerlo luego de octubre del 2019.

El economicismo, incluido el revestido de lenguaje emergente –que de emergente ya no tiene nada- es el principal obstáculo para detener el fascismo, porque oculta la perspectiva de transformación global que es la única que le daría sentido a la lucha por sus derechos en el marco de un sistema que los niega constantemente, acumulando más frustraciones y derrotas que éxitos en los últimos treinta años.

En todo el mundo avanzan las derechas, ya sea en sus versiones más torpes y violentas o en las que con aires de ridícula sofisticación las legitiman. Es el momento de detenerlas y no será el resultado inexorable del destino ni a punta de reivindicaciones que será posible. Sólo la política, en tanto acción subjetiva y con una voluntad de transformación de lo real y no sólo de adaptación a sus condiciones objetivas, será la que lo haga posible. 

 



viernes, 5 de enero de 2024

Chile y Argentina unidos por la misma hebra

Juan Domingo Dávila. Ralco. 2016



Argentina es, hoy por hoy, el escenario de la batalla más decisiva que se libra en el continente. El vástago del neoliberalismo denominado "libertarismo", suerte de excrecencia de un sistema agónico, empezó las reformas sin anestesia ni aparentar. El DNU y la Ley ómnibus son un misilazo a la democracia y en lo que a su contenido se refiere, van a afectar precisamente a quienes lo votaron en  noviembre.

Los que viven de su salario, licuado por la inflación y hoy en día contenido por las medidas incluidas en el DNU y la ley ómnibus, -también las pymes y la clase media-  van a sufrir los rigores del megaajuste. El problema es que con una pobreza que bordea el cuarenta por ciento, resulta difícil que ese sector logre convocar al conjunto de la sociedad para articular una amplia alianza social y política efectiva a la hora de detenerlo.

Los pobres, de hecho, van a seguir siendo tan pobres como siempre. Millei, buen aprendiz de las recetas aplicadas en Chile los últimos cuarenta años, los va a conformar con algunos bonos y planes focalizados. 

No hay plata para mucho más ha dicho, excepto para cumplir con el FMI y pagar la megadeuda contraída por Caputo durante la administración de Macri, quien vuelve ahora para devolver la plata de dicha deuda al sistema financiero. 

Los especuladores como Macri y Piñera, por esa razón; los grandes exportadores y sectores monopólicos de la economía trasandina están de fiesta, mientras los pobres -igual de pobres aunque esperanzados por una pomesa que contrasta con su miseria actual- reciben algunas migajas. 

El descontento y la protesta social, sin embargo, no van a ser -nunca lo han sido- la reacción espontánea de la sociedad frente a la radicalidad de las medidas adoptadas por burócratas y politicastros al servicio de las clases dominantes y los organismos financieros, ni frente al empobrecimiento de amplias capas de la población y la exclusión social que producen, especialmente capas medias. 

Por ahora, la lucha está radicada en los tribunales del trabajo y administrativos; en el Congreso y ya hay un paro nacional anunciado por los sindicatos. Pero no se percibe, por ahora, una respuesta global al plan de Millei. 

Probablemente, tal como ocurrió en Chile en los años setenta y la primera mitad de los ochenta, va a ser la represión, la restricción de las libertades políticas, civiles y culturales, las que la motiven. Ciertamente, cuando sales a protestar por hambre y te apalean, la próxima vez que lo hagas no va a ser por el hambre, sino por los palos que te dieron la vez anterior.

Lamentablemente, la unidad del pueblo tras esta motivación -como lo demuestra de cierto modo lo que vino después del plebiscito de 1988 en Chile- no asegura que los motivos de la pobreza y la exclusión vayan a resolverse en forma definitiva sino más bien que van a ser pospuestos para un futuro indeterminado, hasta que vuelva la derecha y la burguesía para profundizarlas con la excusa de resolverlas y así indefinidamente. 

Es imposible comprender lo que pasa en Chile ni en el resto de América Latina, sin considerar lo que está pasando en la hermana República Argentina. Es más, la suerte de todos los pueblos de nuestra América está atada por una misma hebra. La posibilidad de retroceder a las recetas neoliberales más ortodoxas, mezcladas con una confianza ingenua en los mercados desregulados, típica de los años noventa y la globalización -cuando toda la evidencia empírica disponible  demuestra que es lo que ha originado todas las crisis económicas recientes, el aumento de la pobreza; la crisis climática y ambiental actual- está a la vuelta de la esquina en todo el continente. 

La única diferencia con los noventa es que esta vez el estandarte lo lleva la derecha más reaccionaria y violenta. Defender lo avanzado, por minúsculo que sea, es una responsabilidad no solamente con los trabajadores y trabajadoras chilenos. Es una responsabilidad continental. Pero si hay algo que demuestran los triunfos recientes de la derecha, es que esto no se puede hacer sin la movilización del pueblo y sin proponerle razones por las cuales valga la pena hacerlo. 

La suerte de nuestros países, como en los años setenta, está atada. Cada retroceso parcial, es una derrota para todos.