viernes, 18 de agosto de 2017

Arte en la educación: una tarea para el próximo gobierno

Edgar Degas. Clase de danza en el Teatro de la Opera, 1872


En Chile estudian actualmente en el sistema escolar formal más de tres millones y medio de niños y jóvenes. Poco menos de un millón en la educación secundaria y más de dos millones y medio en la Educación Básica. Es evidente la potencia que tiene un sistema de esta relevancia en la política cultural de cualquier Estado.

Después de la familia, es el primer acceso de los niños al saber, las tradiciones, la cultura -entendida en un sentido amplio- y la historia de su comunidad, de su sociedad. Es lo que expresa el curriculum escolar. 

Desde el año 1990, éste ha sido objeto de numerosas reformas y en todas ellas, sin excepción, las áreas artísticas han disminuido su presencia en los Planes de Estudio, tanto de la enseñanza básica como secundaria. En la Educación Básica, concentrándola entre primero y cuarto, con dos horas semanales de música y arte visual que van disminuyendo progresivamente de quinto en adelante hasta llegar a dos de "educación artística" en 8°. Y dejándolas como asignaturas optativas en la EM; de hecho, en la educación TP desaparece en 3° y 4° Medio.

La implementación de las artes en la actividad escolar ha sido enfrentada de dos maneras: la primera mejorar los programas, actualizando contenidos y objetivos de aprendizaje en relación con las nuevas tecnologías, enfatizando el carácter expresivo y de comunicación de las artes; introduciendo como parte de estos contenidos, lenguajes ausentes hasta entonces del curriculum como el teatro y la danza; el cine y el video. 

Pero hay un problema. A esos nuevos contenidos no se les asigna un tiempo en el Plan de Estudios y por tanto, quedan en muy buenos programas que no se materializan en la actividad escolar. Entonces, se ha tratado de compensar esta carencia, a través de planes y programas "extracurriculares": los ACLE -al principio de la reforma del año 95-; OKUPA y ACCIONA del CNCA; aumentando la oferta, financiamiento y mejorando la gestión de instituciones como Matucana 100 o los Talleres Balmaceda 1215; la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles.

De los más de tres millones de estudiantes que hay en Chile, sin embargo, sólo hasta los  nueve años ellos tienen un acceso -precario por lo demás- a estas manifestaciones de la cultura. De los diez años en adelante, ello depende de la buena voluntad de algún sostenedor; del acceso a financiamientos por la vía de las donaciones; del talento e intuición de buenos docentes y no de su preparación académica lamentablemente.

Es impresionante, sin embargo, como ministros de educación, de cultura, autoridades regionales y parlamentarias y hasta presidentes de la república, hablan de "calidad de la educación" sin tomarse la molestia siquiera de mencionar datos tan brutales: que más de la mitad de nuestros niños y jóvenes no tienen acceso a conocer el patrimonio cultural de su país y de la sociedad; que no tienen derecho a imaginar, a crear, y a expresarse por medio de los lenguajes artísticos.

Ello sin considerar a los miles de talentos innatos que hay en escuelas y liceos pobres de nuestro país pero que no tienen un  profesor de arte, de música o de teatro; una guitarra, una sala de pintura o más grave aún, una escuela artística especializada en su comuna en la cual desarrollarlos, como opción vocacional y hasta laboral.

El arte, en buenas cuentas, está presente en el discurso de la institución escolar y en las políticas públicas, como una ideología. Un adorno o discurso legitimador de la exclusión; de la ignorancia y la desigualdad en el acceso y disfrute de los bienes culturales.

Lamentablemente, durante el actual período presidencial, pese a todos los cambios impulsados al marco regulatorio de la educación privada con subvención estatal, la disminución de las pruebas SIMCE, el impulso de la desmunicipalización escolar y la carrera docente, en esta materia es poco, por no decir nada, lo que se avanzó. Será un próximo gobierno quien tenga que hacerse cargo de ello. 

No habrá una reforma completa de nuestra educación y no se superará definitivamente la pesada herencia neoliberal de abandono, pobreza y desigualdad de nuestra educación mientras así no se haga.


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