sábado, 28 de marzo de 2026

Un cóctel explosivo

Honore Daumier. El levantamiento. 1860



 

A pocos días de asumir, el nuevo Gobierno ya tuvo que enfrentar una crisis de proporciones. El alza de los combustibles fue la chispa que encendió la hoguera, pero solo parcialmente.

La reducción del impuesto corporativo de primera categoría del 27% al 23% y la reintegración del sistema tributario junto con la instrucción de ajustar el presupuesto de todos los ministerios en un 3%, generó un schock anticipado, difícil de explicar y justificar a un gobierno que se ha dado a sí mismo el título de "gobierno de emergencia", lo que ha puesto en entredicho precisamente el argumento, al comparar la situación actual con la que había meses antes de que asumiera.

Detrás de la crisis hay varios factores que se conjugaron para aguarle la fiesta a Kast apenas dos semanas después de haber asumido, razón por la que la derecha lo mantiene oculto, tirando al choque a sus rudos ministros de hacienda e interior y quemando un fusible antes de tiempo, que es la vocera Mara Sedini, que hace rato ya tiene olor a claveles.

Entre esos factores, su servilismo frente a la administración Trump, a la que ha aplaudido todos sus dislates, especialmente en este caso su incursión en Irán, motivo del alza de la bencina y el kerosene, lo que lo imposibilita de dar una explicación razonable al pueblo que lo escogió, sin entrar en contradicciones con sus propias definiciones previas, y que según las encuestas, prematuramente le quita su apoyo.  

La diferencia en la manera en que trata a trabajadores y clase media con las facilidades que otorga a los empresarios, ha puesto al descubierto, además, el carácter de clase de su gobierno. Y eso no pasa desapercibido. No hay manera de disimular. El paquete de medidas anunciado por el gobierno en su versión criolla de la Ley Omnibus, la llamada Ley de Reconstrucción Nacional, no deja espacio a interpretaciones. La bofetada es demasiado evidente y la teoría del chorreo ya no tiene el aura de cientificidad y pureza técnica que tenía hace treinta años, lapso de tiempo en el cual no ha dado frutos destacables.

Es más. La pobreza sigue siendo una realidad estructural, que se refleja en los bajos salarios, pensiones bajo la línea de pobreza e informalidad, la que es apenas parchada por planes focalizados y transferencias directas e indirectas desde el Estado a los más pobres, pero que el dichoso plan de reconstrucción se propone eliminar.  Lamentablemente para Rossana Costa, el CFA y la tecnocracia monetarista, según sus propias palabras, tampoco garantiza crecimiento económico, el que ha sido ajustado desde la afiebrada profecía de Quiroz de crecer a un 4% a apenas un 1,5 o 1,8. Evidentemente esa magra cifra no alcanza para gratuidad, salarios, educación y salud públicas, transporte digno para el pueblo y al mismo tiempo, las tasas de ganancia que esperan recuperar los empresarios, siempre ávidos de embolsar más.

Ello augura una dura pugna por llevarse la tajada del león. Al pueblo -según el plan, se da por descontado- no le corresponde mucho excepto el sacrificio. Pero entre los empresarios, la repartición de las ganancias que se obtengan según este "modesto" guarismo va a ser probablemente objeto de más de una polémica. Especialmente la manera de administrarlas. Han retornado, por esa razón, viejas glorias de la transición como Mathei y Longueira tratando de poner un poco de racionalidad, intento del que difícilmente se podrían augurar los resultados por ahora ni si serán escuchados. Lo mismo los tradicionales partidos de derecha haciendo lo propio respecto de la gestión de gobierno.

Esta, hay que decirlo, no se ha caracterizado precisamente por su prolijidad y si no fuera por su hegemonía absoluta en los medios y su circunstancial mayoría en el Parlamento, habría justificado las homéricas iras del pueblo, tal como lo hicieron el 2019 las declaraciones de funcionarios del gobierno de Piñera y del propio Piñera. Efectivamente, la ausencia de una oposición parlamentaria se nota de una manera que está dejando un espacio propicio para el crecimiento del populismo.

Espacio para una reedición de la política de los consensos no hay mucho, por no decir ninguno. La sola denominación que el gobierno ha hecho de sí mismo, lo confirma. La actuación de sus ministros, de los que el de vivienda se lleva las palmas por lo prepotente, y su mayoría en el Congreso sólo refuerzan esta disposición a arreglárselas solo y protegiendo el interés del puñado de ricachones a los que sirve.

El coctel resulta explosivo y la cosa no pinta para bueno. A la contracción del crecimiento, el retiro del Estado en lo que tiene que ver con educación y salud pública, a lo que se deben agregar trabajo, cultura, vivienda y medioambiente, hay que sumar el aumento de los precios y la inflación, también pronosticados por el BC, y para lo cual no había que ser pitoniso.

Estamos frente a una crisis en ciernes. No prepararse para hacerle frente es una irresponsabilidad, eludirla sin hacerse cargo de la profunda contradicción social, caracterizada por la desigualdad y exclusión que el gobierno de emergencia solamente está profundizando, el augurio de un seguro fracaso.


viernes, 27 de marzo de 2026

El fascismo contra la escuela

Francisco Goya. Los fusilamientos del 3 de mayo. 1814



El fascismo actual odia la escuela. Al contrario de los fascismos de mediados del siglo XX, o el de las dictaduras latinoamericanas de los años setenta y ochenta -el de Pinochet y Videla, los que hicieron de la escuela primero un instrumento de disciplinamiento y control, y luego de adoctrinamiento en un ideal de ser humano basado en ideas racistas, patrioteras, clasistas y machistas- el fascismo del siglo XXI se caracteriza por su desprecio hacia esta y su escepticismo respecto de su utilidad para alcanzarlo.

El fascismo clásico contenía ya un elemento de este tipo de pesimismo sobre las posibilidades de la escuela, en tanto era el producto político de la aceptación de la realidad no más que como un conjunto de hechos ante los cuales el pensamiento debía someterse.

Esta renuncia del pensamiento a comprenderlas y después transformarlas, ha hecho de nuestras sociedades acumulaciones de datos, grupos de palabras e individuos que, primero, coexistían en el mercado o se topaban eventualmente en él y que hoy -especialmente después de la pandemia de COVID 19- lo hacen cada vez más en el ciberespacio, donde se condensa esta amalgama de lenguaje, individuos y cosas presentados como bytes.

La mitología heroica del fascismo clásico, acumulación de relatos y creencias irracionales acerca de la idea de una "misión histórica", la procedencia de razas o naciones de un origen excepcional, cuyo cometido sería el de recuperarlos y luego, realizarlos, ha sido reforzada en la actualidad por un repertorio de creencias que cumplen una función similar que es sustituir a la razón en los fundamentos de lo social: el terraplanismo, los antivacunas, y el culto a los extraterrestres, entre otras.

Para el fascismo actual el mundo está condenado a ser como es, caótico, violento, excluyente y biológicamente precario, no intenta comprenderlo ni explicarlo y por eso ya ni siquiera intenta dialogar con la escuela. Ve en ella y en los profesores y profesoras a sospechosos de propalar ideas peligrosas y que obstaculizan la adaptación de las personas a esta realidad apremiante.

La escuela, de esta manera, entra en abierta e inevitable contradicción con esta tendencia de sociedades en proceso de fascistización.

La escuela entendida, primero, como un espacio de debate cultural. Porque en rigor, para el fascismo que amenaza a nuestras sociedades en la actualidad, no es mucho lo que es objeto de reflexión. En el mejor de los casos, lo es de un intercambio de informaciones, medibles y clasificables, luego expresadas en el resultado de pruebas estandarizadas. En este sentido, la escuela también ha colaborado en la preparación de nuestras sociedades a aceptar charlatanería y mistificación para terminar siendo su víctima sacrificial, en los altares del terraplanismo.

Llegando a un punto en que incluso por las posibilidades que brindan las TICs de acceso a la información y su intercambio, incluso este es eludible por medio de un aparato, que va desde un celular a un Macintosh. Es decir, la escuela siempre sale sobrando. El avance de las tecnologías de la información y la irrupción de la IA, en lugar de motivar una perspectiva de mayor autonomía y libertad del ser humano, ha redundado en nuevas formas de control y sometimiento que han terminado por reemplazarlo o amenazan al menos con hacerlo. La automatización de funciones; el trabajo a distancia y la teleeducación, lo hacen cada vez más prescindible y los procesos de administración de datos, menos reflexivo.

Otro factor que conspira contra la escuela es la evolución demográfica, caracterizada por bajas tasas de natalidad y envejecimiento de la población. La tendencia de la matrícula a caer a niveles tan bajos como nunca antes se había visto, es la coartada perfecta para afectar su sobrevivencia. Especialmente en Chile, donde su financiamiento está atado a este concepto de la escuela como mercado de informaciones que se miden en las pruebas estandarizadas y que son el indicador que, supuestamente, guiaría las preferencias de las familias -lo que como “la mano invisible”, lo determinaría en última instancia.

Combinados, todos estos factores hacen que la escuela tal como la concebimos hasta hace no mucho, sea un obstáculo para los intereses de ultras de derecha, las empresas tecnológicas, los nuevos chovinismos surgidos del agotamiento de la globalización neoliberal, el fundamentalismo religioso, fundaciones conservadoras e industria armamentista. La proliferación y luego, difusión sensacionalista de actos violentos en escuelas y liceos, las presentan como lugares peligrosos y objeto de un mayor control. En lugar de mejorar la convivencia, para los fascistas de nueva generación se trata de evitarla por medio de mecanismos cada vez más coercitivos: instalación de la sospecha, vigilancia y acciones punitivas.

Ciertamente no es esta la escuela que queremos ni tampoco que su rol sea traspasado a las familias, ideal de los conservadores desde el siglo XIX, sino redefinido en función de las necesidades del ser humano en un mundo precario, peligroso y cada vez más violento.  

martes, 17 de marzo de 2026

Las desgracias nunca vienen solas



Pieter Bruegel el viejo. La Gran Torre de Babel. 1563

Recién asumido, Kast firmó varios decretos, anunció un acuerdo con el gobierno norteamericano para la explotación de tierras raras y minerales críticos y apenas dos días después, anuncia un proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional. Siguiendo el formato de Milei y del ideólogo de los fascistas del siglo XXI, Steve Bannon, apabulla a la sociedad con una batería de medidas tan agobiante que le resulta difícil discernir cuál es peor para terminar inmovilizada y a merced de quienes realmente comprenden su sentido y están esperando hacerse, con mano ajena, de sus resultados.

 

Rebajas de impuestos, desregulaciones, recortes de gasto fiscal, despidos, todo junto en solo algunos días. No había que ser muy perspicaz para darse cuenta de que su discurso, de días antes, acerca de que el gobierno anterior le heredó un déficit enorme y lo dejó sin caja era una manera de justificar semejante cogoteo ex ante. Las por demás académicas explicaciones con las que economistas y ex autoridades tratan de demostrar la falsedad de los datos esgrimidos por Quiroz y compañía, apenas logran hacerse cargo de la prepotencia de clase con la que actúan; el dogmatismo emocional que los inspira y la bofetada que representa para trabajadores, trabajadoras, empleados, y clase media.

 

Todos los días, y varias veces además, titulan los medios con los efectos de semejantes bribonadas. En el sector cultura, donde el "liberal" Undurraga compite con Pancho Malo para ser más despiadado a la hora de anunciar los recortes. O en educación escolar, donde ya se anuncian despidos de docentes y asistentes de la educación. O el cobro a los deudores del CAE que a los únicos que seguramente alegra es a los bancos. O la guerra a la "permisología" y el levantamiento de las restricciones administrativas que se puedan hacer para el emprendimiento de proyectos de construcción en humedales; la salmonicultura, minería, el sector pesquero y otros que representan la promesa de presunto crecimiento a costa del medioambiente para garantizar el enriquecimiento real de un puñado de empresas privadas.

 

Es probable que la ideologización con la que actúan, sin embargo, en algún momento choque con la realidad y se transforme en una pesadilla para sus autores. Le pasó a Piñera en dos ocasiones. La primera, el 2011 después de anuncios bastante similares en modernización del Estado, privatización de empresas estatales y reformas a la educación superior. O el 2019 tras una seguidilla de actos fallidos de sus ministros y de él mismo, refiriéndose a un "oasis", "flores" y "madrugadores" que se estrellaron contra la precariedad de las vidas de chilenos y chilenas reales, especialmente los primeros pensionados y pensionadas por el sistema de AFP que no recibían bono de reconocimiento.

 

La situación, por cierto, no es la misma. Transformaciones realizadas en los últimos años han modificado no solamente el paisaje material de nuestras ciudades, sino también las percepciones subjetivas y las construcciones ideológicas que de él se han hecho chilenos y chilenas. Al aspecto moderno; al confort, la comodidad producto de la tecnología; y la flexibilidad en la organización de la vida; la extensión limitada de la focalización del gasto y la morigeración de los efectos más inhumanos del neoliberalismo, se opone una percepción de la imposibilidad de disfrutar plenamente los logros de esa modernización que sólo benefician a unos pocos excepto al costo de tener que hacer tantos sacrificios.

 

La desigualdad sigue ofendiendo la dignidad del pueblo, aunque no sea el hambre ni la exclusión del siglo XX. Aflora por todas partes, en efecto, la diferencia que es realmente el origen de las contradicciones que agitan la sociedad. Las formas en que ésta es elaborada, sólo su manifestación ideológica. Para unos, un costo ineludible; para otros, una externalidad, un accidente corregible; para el pueblo una bofetada que humilla su existencia en forma reiterada.

 

Sin hacerse cargo de este problema, lo más probable es que la oposición y particularmente la izquierda, no acabe nunca por comprender el significado de tanta desgracia ni adoptar una posición eficiente ante el abuso de clase y la violencia con la que el gobierno de Kast trata al pueblo de manera tal que el despertar de la reacción no sea sino un momento más de su aporreada existencia y no el final de la pesadilla.


viernes, 13 de marzo de 2026

Un secundón en La moneda


Honoré Daumier. Pierrot con mandolina. 1873


La reciente ceremonia de traspaso de mando no fue un despliegue contundente de poder ultraderechista regional ni global. Asistieron apenas un par de presidentes de América Latina y el inefable Milei, que ni siquiera tuvo la bilateral anunciada con Kast. La esperada visita de Marco Rubio no ocurrió ni la de Giorgia Meloni o algún referente de la ultraderecha europea. Fue un acto más bien provinciano y con ínfulas tercermundistas de cosmopolitismo. 

Poco antes de ser Presidente de la República incluso, Kast había viajado a Miami para participar junto con otro grupo de pigmeos a recibir las burlas de su patrón, en la cacareada cumbre Shield of the Américas, la que apenas ocupó un pequeño cuadro en el New York Times pero que la prensa local hace aparecer como si fuera un hecho de enorme relevancia. 

Pero lo cierto es que aparte de una demostración de sumisión y el intento por adaptar a su patio trasero a las necesidades de la nueva estrategia de seguridad de los Estados Unidos, no representa nada relevante. Más importante para el imperialismo es resolver sus relaciones con los gobiernos de México, Venezuela y Colombia, los que desde una digna posición de defensa de su soberanía en medio de los embates imperialistas, sí pueden resultar determinantes en la definición de las correlaciones de fuerza regional en el marco de una competencia desatada por la hegemonía mundial; el acceso a recursos y rutas. 

Las elecciones de medio tiempo en los Estados Unidos en noviembre, hacen presagiar la pérdida del control que el día de hoy ostentan los republicanos del Congreso norteamericano y hasta la posibilidad de juicio político contra Trump; las elecciones de Colombia y Brasil van a ser determinantes en la definición de una nueva correlación de fuerzas en América Latina que pueden resultar en un cambio de tendencia habida cuenta de los problemas de los aliados más cercanos de Kast, Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia, así como la impredecible inestabilidad del Perú. 

Kast viene a hacerse cargo de la Presidencia de la República, pues, en un escenario favorable para la derecha global, pero con signos de fatiga coyuntural que se podría prolongar. Por eso la política que ya anunciaba, se empieza a desplegar el mismo día de su asunción firmando un decreto para destrabar proyectos de inversión en el sector minero por el valor de US$1600 millones y un acuerdo con los Estados Unidos sobre minerales críticos.

Sin embargo, su posición no es relevante, pese a lo anterior, para la derecha global y así lo demuestra la fría recepción que su invitación recibió por parte de sus aliados o presuntos aliados a nivel internacional. Su retórica milenarista que apunta a una supuesta emergencia económica, retórica basada en un uso mañoso de cifras, apenas disimula su intención de facilitar la transferencia de fondos desde el gasto social a los bolsillos de los multimillonarios y las transnacionales con asiento en los EEUU, especialmente en el sector minero.

En resumidas cuentas, con el gobierno de Kast, el de Chile vuelve a ocupar el indigno papel de peón del imperialismo norteamericano. Así lo dio a entender días antes del cambio de mando con la revocación de las visas del ex ministro de transportes y del subsecretario. Con las impertinentes declaraciones del embajador Brandon Jud, apenas parafraseadas por el canciller Pérez Mackenna.

Su debilidad pasa desapercibida por ahora. Pero cada acto de sumisión; cada intento por pasar gato por liebre para facilitar las cosas a las transnacionales y al puñado de ricachones que pusieron a sus operadores en el gabinete, va a ir desafiando la tolerancia de la sociedad y el pueblo. También de la izquierda y los sectores democráticos, no necesariamente de izquierda, para denunciarlos haciendo valer su condición de fuerzas opositoras, así como de proponer alternativas que releven la soberanía, la igualdad y la dignidad.


miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Tiene futuro el neoliberalismo?

Pieter Bruegel. El triunfo de la muerte. 1562



En el marco de los preparativos del traspaso de mando, Kast haciendo gala del estilo desaforado de Trump. Milei, Bukele y el resto de los líderes ultraderechistas del mundo, ha puesto en duda el proceso y preparando las condiciones para instalar una retórica y lo que es más significativo, una política refundacional que algunos han dejado en el plano de la advertencia. Los pusilánimes de siempre, que esperando que cambie de opinión y abrigue en algún rincón de su retorcidos razonamientos la posibilidad de que escuche sus ruegos, se disponen a prestar servicios a su obra restauradora de lo más puro del dogma neoliberal. A las perdidas, algo podrá chorrear de ésta; algún contrato, algún proyecto o un pituto siquiera.

Los dos nudos en que se ha centrado aquella mise en place son la historia del "cable chino" y el "enorme" déficit fiscal que le hereda Boric a la futura administración. 

La trama que involucra a una empresa china y al Ministerio de Transportes en la realización de un negocio que claramente beneficia al país, ahora incluye al gobierno de Trump y arrastra irremediablemente a Kast y todo su gabinete, incluido el ministro que era abogado de China Mobile a un conflicto en que solamente demuestra su servilismo con los actuales inquilinos de la Casa Blanca. No hay otra explicación para tan escandalosas declaraciones de Kast, Sedini, Alvarado y De Grange. Es impresionante cómo incluso el interés que puede tener para los empresarios chilenos, es puesto en segundo plano a la hora de demostrar la buena conducta y la disoposición de la nueva administración para lustrar los zapatos de Marco Rubio y aplaudir todos los estropicios de la administración Trump incluido el bombardeo de Teheran. 

Las declaraciones de Pérez Mackenna frente al hecho y los planteamientos abiertamente injerencistas del embajador Brandon Jud resultan de una indignidad que sólo debiera avergonzarnos, pues demuestran cuál va a ser su política. No se trata ya ni siquiera de defender el hipócrita concepto de un "orden internacional basado en reglas". Se trata de rechazar los intentos de restaurar la primacía de un imperialismo agónico. 

En cuanto al dichoso déficit fiscal heredado, la alharaca sólo convence a audiencias cada vez más embrutecidas por la majadería de los medios del sistema y las estrecheces de su vida cotidiana, las que no se topan por ninguna parte. Es más, lo único en que puede concluir, que es como lo han sostenido las futuras autoridades, el batallón de opinólogos venales, así como toda la tecnocracia neoliberal, es la necesidad de realizar un ajuste que significa recortar el gasto fiscal y eliminar trabas para proyectos de inversión. 

En simple, eliminar o a lo menos limitar gasto que actualmente realiza el Estado y del que pueden hacerse cargo las familias. Por ejemplo, gastos en educación, salud, vivienda, transportes, cuidado de enfermos, personas mayores o con discapacidad. Y en segundo lugar, como lo pretende Trump en Alaska agujereando el subsuelo marino en busca de petróleo o Milei en Argentina reformando la ley de glaciares para facilitar la explotación minera en la Cordillera de los Andes, en desregulación en el terreno ambiental para facilitar proyectos mineros, energéticos, portuarios etc.. Es lo que han dicho majaderamente habiendo acuñado y popularizado incluso el concepto dfe "permisología". 

Las desregulaciones van a incluir con toda probabilidad normas de seguridad, flexibilidad laboral y facilitación de contratos con terceros en la provisión de servicios temporales en faenas, inlcuyendo además, la destrucción de las fuentes de trabajo actualmente existentes y que no se ajusten a sus necesidades. 

Ese es el futuro del neoliberalismo. Profundizar y acelerar a un ritmo desmesurado la destrucción del medioambiente, con todo lo que conlleva en relación con la transformación de la sociedad, el trabajo, las relaciones del hombre con la naturaleza, sus hábitos y cultura -incluida la educación escolar y uiversitaria-, así como una desprotección social cada vez más total presentada, como lo ha hecho el bufón de Milei, tras la retórica de la libertad. Es frente a lo cual debe prepararse el pueblo y lo que deberá enfrentar en el mediano y corto plazo.