martes, 21 de noviembre de 2017

Ganadores y perdedores


Manuel Antonio Caro. La zamacueca



Las elecciones del domingo tienen varios perdedores y sólo ganadores relativos. La derecha sacó más votos pero no logra hacerlo como para declarar inevitable su triunfo.

En la centroizquierda gana Guilier pero por tan pocos votos -120.000- que aunque es quien va a pasar a segunda vuelta, no es una posición lo suficientemente sólida como para conducir por sí solo al sector. Los partidos que lo apoyan bajan su representación parlamentaria o en el mejor de los casos, la mantienen.

El FA es el gran triunfador de las jornadas del domingo pero no lo suficiente como para pasar a la segunda vuelta. Y su magnífico resultado, lo pone en la difícil situación de tener que tomar decisiones políticas y no de principios, las que por definición son siempre más sencillas.

Los perdedores ya han sido señalados con bastante insistencia. Las encuestas de opinión, en primer lugar. Por una razón muy simple. Son un instrumento científicamente diseñado con la finalidad de modelar el sentido común y la opinión pública. Lo fueron durante todo el mandato de la presidenta Bachelet y durante la campaña, trabajaron para Piñera de un modo desembozado. De no ser por eso, su resultado quizás hubiese sido peor.

La DC, que arrastrada por un grupo conservador y anticomunista, emprende una aventura política que se puede interpretar como chovinismo partidario para terminar con el peor resultado electoral de su historia.

Los nostálgicos de la Concertación que durante todo el mandato de la presidenta Bachelet actuaron casi como una quinta columna. 

Pero además hay otros perdedores menos visibles. En el FA, para comenzar, todos los grupos más radicalizados de los que lo conforman. No solamente no eligen sino que además, muchos pierden la legalidad. RD se lleva casi todo y se configura una hegemonía más centrista.

En este momento solamente los mantienen unidos al conglomerado un conjunto de principios muy generales.

Perdieron también los teóricos pop del liberalismo y la autocomplacencia, representados por el columnista mercurial Carlos Peña. Pero también los radicalizados de la autonomía, como Carlos Ruiz, Gabriel Salazar y el prematuro agorero del apocalipsis del sistema Alberto Mayol.

Lo que se expresó el domingo es un anhelo de cambios y de profundización de las reformas emprendidas en este período; un castigo a las posiciones más conservadoras de la NM; una crítica a su parsimonia e inconsistencia para impulsar el programa comprometido en la elección del 2014, no un movimiento antisistémico y autónomo de la “clase política”.

El pueblo entiende y así lo expresó el domingo, que las reformas deben continuar, deben ir más rápido y ser más profundas. Que debe hacerlo hacerlo desde todos los espacios institucionales y al contrario de lo que todos pensábamos hasta el domingo, la ideología dominante no es una barrera impenetrable y estamos ante un pueblo mucho más politizado de lo que parece.

Hoy más que nunca, es necesaria su unidad. Y no solamente para derrotar a Piñera en diciembre. Eso es casi un hecho si se tratara de lógica y sentido común. La unidad es un instrumento imprescindible para consolidar las reformas en curso y terminar de desmantelar el modelo neoliberal y lograr una democracia plena.

En ese sentido, para obtener un triunfo democrático y popular en diciembre lo primero que debemos derrotar todos quienes estamos interesados en el cambio social, es el sectarismo. 

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