sábado, 13 de enero de 2024

Argentina, experimento libertario o vanguardia de la reacción

John Bratby. The toilette. 1955



El neoliberalismo dio paso en los últimos años, al surgimiento desde sus entrañas de un tipo de reacción política y cultural de nuevo tipo. Una suerte de neoliberalismo remasterizado que intenta recuperar la posta de un antecesor agónico, radicalizando sus fundamentos ideológicos y doctrinarios. Se yergue sobre las ruinas que éste ha dejado de las sociedades modernas, pulverizadas por las políticas de privatización, flexibilidad laboral y desregulación de los mercados. 

En efecto, dichas políticas están en el origen de la destrucción de fuentes de riqueza y prosperidad que habían costado siglos de esfuerzo e inteligencia de los seres humanos; arrasar con clases, movimientos de clase, organizaciones sociales y de masas; licuar instituciones, incluidas las de los sistemas democráticos; cuerpos de doctrina, valores y concepciones de mundo, a lo menos, como las conocíamos hasta hace poco.

Este vástago del neoliberalismo pretende afianzar en el poder a la oligarquía más grosera, corrupta e ignorante de la que se tenga memoria. La más perezosa además, la que vive de la especulación y la usura y de la que proyecta luego su concepción del mundo, con aires de gran sabiduría, en silogismos y argumentaciones lógicas que pese a su corrección formal, no tienen nada que ver con la realidad.

Argentina es, hoy por hoy,  la expresión más conspicua de este estado de cosas. La irracionalidad de este proyecto se manifiesta en forma concreta en las políticas que el gobierno de Millei, recién electo, intenta imponer a la sociedad, politicas que incluso - él mismo se encarga de enfatizar-  van a terminar de destruir lo poco que queda en pie -en el caso argentino, después de la “ayuda” del FMI. Los salarios, las fuentes de trabajo, las pensiones; los servicios  públicos de salud y educación; las capacidades de regulación que tiene el Estado. Y especialmente las del sistema democrático, tratando de atribuirse un poder que le permita realizarlo, sin necesidad de someterlo al escrutinio del pueblo y la ciudadanía, que para el libertarismo no es más que una masa informe sin voluntad, aspiraciones ni autoridad.

Excepto por la posibilidad de elegir entre lo que el sistema ofrece, en Argentina y en todo el mundo, la humanidad ha sido reducida a la calidad de espectador. Así, la barbarie del sionismo en Palestina es tolerada no solamente por los organismos que ésta creó después del fascismo, precisamente, para evitar que volviera a ocurrir, sino por la humanidad entera con una indiferencia escalofriante. Energúmenos como Trump, Bolsonaro y Millei; Vox en España y los Frateli d’Italia en Europa son los retoños del neoberalismo, que oponen a los catastróficos resultados de la globalización neoliberal, unos nacionalismos demagógicos; un paternalismo, un cesarismo de opereta y unos proteccionismos autoritarios que pretenden mantener las posiciones de dominio de las mismas clases que los provocaron.

El experimento argentino, quizás sólo comparable al que realizó Pinochet en Chile, es hoy por hoy, la vanguardia de la reacción en América Latina. No es que vaya a terminar solamente con los derechos conquistados por el pueblo en el pasado; ni tampoco es un intento por aplicar una receta económica con el fin de seguir beneficiando al capital financiero y los grupos monopólicos, que ya se soban las manos tratando de hacerse de los fondos previsionales de los trabajadores y trabajadoras liquidando el FGS, posibilitando la especulación con los precios, poniendo límtes a la negociación colectiva, liberando las importaciones, mientras ya es notoria la caída de la inversión y quiebran las PYMES.

El experimento argentino es el intento de realizar las mismas recetas que se han aplicado ya con los consabidos resultados de estancamiento económico; aumento de la violencia -como se aprecia en Ecuador-; profundización de la desigualdad y la pobreza y destrucción del medioambiente. Pero ahora en el marco de una carrera desenfrenada y sin control y que se confía del deterioro moral y doctrinario de las fuerzas que históricamente han representado la negación del sistema dominante. Pobres contra pobres, pueblo contra pueblo, es la utopía de los neoliberales, ahora de los libertarios, usando como excusa, precisamente, la libertad. 

La construcción de un "nosotros" que pueda oponer al experimento libertario, después del cual es muy probable que no quede mucho por componer, es urgente y necesario. Es una tarea moral y cultural; una tarea de masas.  No solamente el resultado de la obra de un gobierno ni de una coalición. Ni siquiera la suma de todas las reivindicaciones e intereses lesionados por las políticas libertarias, que son libertad para los vivos y palos para los pobres. La construcción de ese "nosotros", pasa por la afirmación de unos principios que convoquen a todos y todas, y no sólo a los propios. La democracia; la igualdad y la solidaridad; el derecho a tener un futuro y a una libertad real y no sólo formal, que es la única que garantiza el mercado. También por separar aguas con quienes tienen la intención de profundizar en la actualidad este estado de cosas. Construir ese nosotros en Chile, es la mejor manera de apoyar al pueblo argentino en su histórica tarea de detener el experimento totalitario de Millei y sus aliados. 

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