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| Francis Picabia. Love parade. 1917 |
La decisión del Partido Socialista de suspender su participación en el cónclave de los partidos de izquierda este fin de semana, es insólita por decir lo menos. Es como abandonar el partido minutos antes del pitazo final.
La explicación de la dirigencia socialista, y también la de dirigentes del PPD como Carola Tohá, incluso la desmiente cuando dice que lo prioritario es la solidaridad con Gustavo Gatica.
En efecto, la razón aducida por la dirigencia socialista para restarse del cónclave y suspender su participación en las reuniones de coordinación de los partidos que apoyan al gobierno, son las críticas hechas por sus aliados de Apruebo Dignidad (el PCCH y el FA) a la Ley Naín Retamal, que es la que en principio habría determinado la resolución de la justicia -resolución criticada incluso por el Presidente Boric-, aunque recién en Mayo se conocería el fallo, lo que haría posible determinar nuevos pasos a seguir en la búsqueda de la justicia.
Recientemente también, se acaba de dar un vuelco sorprendente en el caso de la investigación por la desaparición de Julia Chuñil que, desechando diligencias solicitadas por los abogados del CODEPU, consiste, en cambio, en otras ordenadas por la fiscal Tatiana Esquivel que sugieren una responsabilidad de sus propios familiares en la desaparición de la activista ambiental mapuche, en un proceso cuestionado por la dirección que ha tenido desde un principio, sin que haya habido poder del Estado capaz de modificarlo.
Los matinales y toda la prensa venal que por más de dos años ignoraron el caso, le han dedicado prolongadas horas de morbo para machacar dicha hipótesis. Los medios han dedicado también una extensa cobertura al teniente coronel que disparó contra Gustavo Gatica, convirtiéndolo en una suerte de referente de la ultraderecha y los fascistas de todas las calañas y denominaciones.
No hay que ser pitoniso para darse cuenta de la operación que pretende dejar en la impunidad alevosos crímenes y legitimarla ante la opinión pública, que es el primer paso de los poderes constituidos para impedir que en el futuro el pueblo vuelva a osar siquiera cuestionar la sacrosanta gobernabilidad democrática sostenida en la exclusión y el abuso con los pobres y el pueblo.
Es esa impunidad precisamente la que establece un límite, tal como los mismos partidos de Socialismo Democrático admiten en su declaración, y lo que debiera ser una razón más que suficiente para asistir a la convergencia de los partidos y organizaciones populares y democráticas.
El partido no ha terminado aún y abandonarlo en este momento es a lo menos antiestético y poco honorable. Las diferencias políticas en el seno del pueblo son históricas y tratándose de la complejidad de la lucha de clases en la etapa actual, esperables y una motivación para debatir, reflexionar y corregir lo que haya que corregir; en ningún caso una excusa para abandonarlo.
Desde "avanzar sin transar", hasta "la retroexcavadora",son muchas las fórmulas simplistas que pueden transformarse en un obstáculo para el avance de la unidad del pueblo y no motivo de debate y elaboración. Ese debate se debe realizar, negarse a hacerlo justamente la excusa de la reacción para golpearlo.

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