domingo, 3 de mayo de 2026

Emergencia laboral


Ben Shan. Desempleados. 1938


Con ocasión de la conmemoración del 1° de mayo, este año, el Ministro Tomás Rau aprovechó de anunciar la otra emergencia de la que debe hacerse cargo el gobierno. La "emergencia laboral". Toda su actuación en estos primeros dos meses, ha sido de limitación de las demandas de los trabajadores y relativización de sus conquistas. La negociación del salario mínimo, en los días previos, solamente vino a confirmar su diagnóstico y la receta que pretende aplicar. Al contrario de los gobiernos anteriores, que han promovido el aumento sostenido del salario mínimo, lo que pretende Rau es limitarlo, con el viejo argumento de que encarece la contratación.

El argumento es bastante lógico y por eso mismo, bastante sospechoso de ser pura ideología. Pero la evidencia material es demasiado elocuente, casi un millón de desempleados. 

En efecto, el encarecimiento de los costos que implican los aumentos de remuneraciones, unidos a la reducción de la jornada laboral, a lo que él añade la reforma previsional por el aumento de la cotización con cargo al empleador, son lo que la provocaría. Curiosa manera de razonar la del ministro. Aumentar los salarios, facilitar las condiciones para que los trabajadores y trabajadoras dispongan de su tiempo y generar condiciones para que puedan jubilar dignamente, provocarían una situación que los perjudicaría. Las fórmulas para enfrentar esta curiosa crisis son archiconocidas y nunca han resultado. 

En este sentido, las viejas recetas como los subsidios a la contratación, la capacitación o gravar los despidos en un mercado laboral ya excesivamente flexible -aunque podría serlo más- no serían modificarlo mayormente y por esa razón le resultan prácticamente indiferentes a trabajadores y trabajadoras que ya se han habituado a la rotación, los empleos con flexibilidades horarias, multifuncionalidad y alta informalidad, que es justamente una de las razones por las que se pretende desregularlo todavía más.

También contención de las remuneraciones. Es decir, sumar a la graciosa rebaja de impuestos que acaba de anunciar su colega Quiroz, el respaldo del Estado a su avaricia y los argumentos técnicos que la avalarían. La lógica deja, entonces, de ser puramente formal para convertirse en una herramienta política.  

Por la historia sabemos lo que eso significa: planes de empleo de emergencia, que en el pasado se llamaron PEM y POJH y que aun cuando fueran la receta que aplicó la dictadura de Pinochet hace como cuarenta años, subsisten en planes de empleo municipal y bajo la forma de "emprendimientos" o diversas formas de empleo Uber. Por la manera en que el INE mide el desempleo, no sería raro que por estas razones Rau, Quiroz y Kast, se ufanen en un tiempo más de haber logrado el pleno empleo, comparándolo con el 8,9% actual, sin cuestionar siquiera lo que ello significa. 

Tampoco la sociedad. Ello en la medida que el trabajo no sea considerado más que como una ocupación, un hacer cualquiera. En tanto no sea visto como un factor determinante de la industria, de una estrategia de desarrollo nacional, más aun hoy en que el mercado flaquea, la globalización retrocede y las superpotencias compiten, cada vez más agresivamente, por el dominio de recursos, materias primas y mercados. Ello, aunque los nostálgicos de los viejos buenos tiempos del neoliberalismo, como los que actualmente gobiernan, no lo quieran admitir e insistan en sus impracticables recetas. 

Es lamentable que el 1° de mayo sea recordado este año por tan aciagas noticias y que el encargado de notificarnos de ellas sea un ingeniero comercial de la católica, ministro de Kast.