jueves, 2 de febrero de 2023

¿Adónde va el PPD?

Alice Neel. Jackie Curtis y Rita Reed. 1970



El Partido por la Democracia nació hace poco más de treinta años, en el marco de la promulgación de las leyes políticas por la Junta Militar, en 1988. Éstas cumplirían la finalidad, como lo exigía la oposición de ese entonces, de dar garantías de transparencia, ecuanimidad y pluralismo político al plebiscito en el que Pinochet pretendía apernarse ocho años más al frente del Gobierno. 

Entre socialistas, mapucistas, liberales, antiguos radicales y todo tipo de emigrantes de diversos partidos opositores a Pinochet que vieron en el plebiscito una oportunidad de derrotar a la dictadura, surgió con el único objetivo de movilizar electoralmente a través de la inscripción en los registros electorales creados especialmente para la ocasión; formar comandos de campaña por el NO; inscribir apoderados y crear correos entre estos para llevar un conteo paralelo al realizado por la dictadura. Por eso, se definió como "partido instrumental".

Pero una vez cumplido este objetivo, se prolongó como un "partido programático", esto es, uno que se proyectaba en la floreciente transición a la democracia con el objeto de realizar las tareas contenidas en el programa de la Concertación. Se definía a sí mismo más por éstas que por una ideología determinada. Mezcla de liberalismo, nociones generales de autonomía y diversidad, racionalismo laico, temas emergentes en ese entonces (como el ambientalismo) y un vago ethos "progre", el PPD acogió a todo el mundo. Ex comunistas, ex miristas, ex socialistas, derechistas como Armando Jaramillo, etc. 

En función de cumplir ese propósito, el aparato público se transformó en su ecosistema. La administración pública, desde los ministerios, los servicios centralizados y descentralizados del Estado; los municipios; el Parlamento y como sucedáneo de los organismos sociales y de masas, las ONG´s y las fundaciones que ocupaban un lugar muy importante en los noventa y hasta el día de hoy, en la mediación entre las políticas del Estado subsidiario y la sociedad.  

Se convirtió así en un partido ligado al poder y definido prácticamente por esta circunstancia. 

Alejado del poder, sin embargo, el PPD manifiesta un comportamiento errático, que va del gradualismo a la retroexcavadora y viceversa. Un comportamiento sinuoso en materia de política de alianzas y unos opacos estilos por los que la denominada G-90 tuvo una efímera incidencia para terminar dando paso al retorno de sus viejos cuadros y fundadores, como la ministra del interior, Carolina Tohá. 

Ya no se trata simplemente de aplicar algunas reformas, programas focalizados o regulaciones al mercado. Se trata nada menos que de cambiar la Constitución. Su extravagante pretensión de hacerlo sin realizar transformaciones radicales es lo que explica su comportamiento oportunista y errático. Mezcla de ni lo uno ni lo otro...ni tanto ni tan poco; acuerdos con la derecha y retórica progre para justificar las medias tintas....y especialmente esa pasión por no ser de izquierda ni ser de derecha. 

También su intento por tratar de hacerlo sin afectar intereses poderosos como el de la industria de la seguridad social privada, explotación de comodities, el retail y la banca; a los grupos conservadores parapetados en los medios y el sistema educacional, lo que está difícil, si no imposible. 

Su posición en el proceso de conformación de las listas o idealmente "la" lista a consejeros constitucionales es una manifestación de su ideología pequeñoburguesa, la indefinición en cuestiones de fondo que definen su origen y de las que nunca se hizo cargo en más de treinta años. De la decisión que tome al respecto de aquí al 6 de febrero depende su sobrevivencia.

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