viernes, 13 de marzo de 2026

Un secundón en La moneda


Honoré Daumier. Pierrot con mandolina. 1873


La reciente ceremonia de traspaso de mando no fue un despliegue contundente de poder ultraderechista regional ni global. Asistieron apenas un par de presidentes de América Latina y el inefable Milei, que ni siquiera tuvo la bilateral anunciada con Kast. La esperada visita de Marco Rubio no ocurrió ni la de Giorgia Meloni o algún referente de la ultraderecha europea. Fue un acto más bien provinciano y con ínfulas tercermundistas de cosmopolitismo. 

Poco antes de ser Presidente de la República incluso, Kast había viajado a Miami para participar junto con otro grupo de pigmeos a recibir las burlas de su patrón, en la cacareada cumbre Shield of the Américas, la que apenas ocupó un pequeño cuadro en el New York Times pero que la prensa local hace aparecer como si fuera un hecho de enorme relevancia. 

Pero lo cierto es que aparte de una demostración de sumisión y el intento por adaptar a su patio trasero a las necesidades de la nueva estrategia de seguridad de los Estados Unidos, no representa nada relevante. Más importante para el imperialismo es resolver sus relaciones con los gobiernos de México, Venezuela y Colombia, los que desde una digna posición de defensa de su soberanía en medio de los embates imperialistas, sí pueden resultar determinantes en la definición de las correlaciones de fuerza regional en el marco de una competencia desatada por la hegemonía mundial; el acceso a recursos y rutas. 

Las elecciones de medio tiempo en los Estados Unidos en noviembre, hacen presagiar la pérdida del control que el día de hoy ostentan los republicanos del Congreso norteamericano y hasta la posibilidad de juicio político contra Trump; las elecciones de Colombia y Brasil van a ser determinantes en la definición de una nueva correlación de fuerzas en América Latina que pueden resultar en un cambio de tendencia habida cuenta de los problemas de los aliados más cercanos de Kast, Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia, así como la impredecible inestabilidad del Perú. 

Kast viene a hacerse cargo de la Presidencia de la República, pues, en un escenario favorable para la derecha global, pero con signos de fatiga coyuntural que se podría prolongar. Por eso la política que ya anunciaba, se empieza a desplegar el mismo día de su asunción firmando un decreto para destrabar proyectos de inversión en el sector minero por el valor de US$1600 millones y un acuerdo con los Estados Unidos sobre minerales críticos.

Sin embargo, su posición no es relevante, pese a lo anterior, para la derecha global y así lo demuestra la fría recepción que su invitación recibió por parte de sus aliados o presuntos aliados a nivel internacional. Su retórica milenarista que apunta a una supuesta emergencia económica, retórica basada en un uso mañoso de cifras, apenas disimula su intención de facilitar la transferencia de fondos desde el gasto social a los bolsillos de los multimillonarios y las transnacionales con asiento en los EEUU, especialmente en el sector minero.

En resumidas cuentas, con el gobierno de Kast, el de Chile vuelve a ocupar el indigno papel de peón del imperialismo norteamericano. Así lo dio a entender días antes del cambio de mando con la revocación de las visas del ex ministro de transportes y del subsecretario. Con las impertinentes declaraciones del embajador Brandon Jud, apenas parafraseadas por el canciller Pérez Mackenna.

Su debilidad pasa desapercibida por ahora. Pero cada acto de sumisión; cada intento por pasar gato por liebre para facilitar las cosas a las transnacionales y al puñado de ricachones que pusieron a sus operadores en el gabinete, va a ir desafiando la tolerancia de la sociedad y el pueblo. También de la izquierda y los sectores democráticos, no necesariamente de izquierda, para denunciarlos haciendo valer su condición de fuerzas opositoras, así como de proponer alternativas que releven la soberanía, la igualdad y la dignidad.


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