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| Francisco Goya. Los fusilamientos del 3 de mayo. 1808 |
Los acontecimientos de los últimos días son el comienzo de un nuevo ciclo reaccionario.
Kast mandó al Congreso una reforma constitucional que prácticamente lo notifica de que, llegado el momento, debe autorizarlo para ejercer un poder sin contrapesos. En el summum de sus delirios bonapartistas al presidente del partido en el que milita, se le ocurrió la peregrina idea de llevar la dichosa reforma constitucional a plebiscito, considerando la imposibilidad de que, así como está, sea aprobada por éste. El resto de la derecha apenas logró eliminar la urgencia que tenía la reforma y ampliar el plazo para discutirla.
La sangre no llegó al río, pero quedó instalada la posibilidad, tal como antes el mismo personaje dejó instalada la idea de privatizar CODELCO. No se andan con chicas por cierto.
El otro ministro que lleva la batuta, aparte de Arrau, anuncia una reforma al mercado de capitales que lo único nuevo que hace es confirmar el carácter especulador de nuestra elite económica y su postración servil ante el capital financiero. Y su fe de carbonero en que el dinero produce más dinero.
Una especie de remake de la dictadura militar y de neoliberalismo ochentero, que para más mala suerte del ministro y el gobierno, no ha producido por ahora las prometidas cascadas de inversiones y emprendimientos. Todo lo contrario, la economía se hunde irremediablemente en la recesión, tras un efímero paréntesis en junio, y el desempleo no afloja sino que aumenta. Imposible que sea de otro modo, si el sector privado y los empresarios de lo único que se ocupan es de salvar sus ganancias guardándolas debajo del colchón, como se dice vulgarmente, y las políticas de Quiroz les dan todas las garantías de que así sea. No hay fomento de la industria, ni de las obras públicas porque si no lo hacen los primeros, para éste, que lo haga el Estado es casi una herejía.
Mientras tanto, él y el resto del gabinete, lo único que pueden hacer son promesas de que las reformas que están hundiendo la economía, la van a salvar en el futuro. Para ellos, dada su forma de pensar que proviene de las finanzas y no de la economía real, la categoría fundamental es la "posibilidad".
Pero el pueblo no vive de posibilidades y todos los días tiene que parar la olla y a fin de mes pagar las cuentas. Y como los salarios no alcanzan, el endeudamiento aumenta profundizando la espiral de pobreza y sometimiento de trabajadores y empleados al gran capital. Y al que no le guste, y se atreva a manifestarlo, solamente le espera el castigo y la represión. Las leyes de seguridad que promueve Arrau, solamente afectan a los pobres incluso con la restricción de sus derechos, mientras a los ricos se les da manga ancha para eludirlos. Nunca la naturaleza de clase del sistema y de un gobierno había sido, pues, más evidente.
Este nuevo ciclo, abre un debate académico que apenas disimula la incapacidad de sus protagonistas de adoptar una posición política frente al giro reaccionario del gobierno y la complicidad cínica de la derecha tradicional. Se entretiene en disquicisiones sobre qué tan liberal o qué tan poco lo es. De esa manera, los renuncios y volteretas de antiguos "progresistas", pasan desapercibidos o son sublimados por la academia como demostraciones de "tolerancia" o "librepensamiento" expresados en un debate aparentemente teórico aunque sus efectos sean sumamente prácticos. En realidad, lo único que demuestran es la autonomía con que actúan respecto de la sociedad que debe soportarlo o lo hace hasta ahora con resignación.
Este ciclo reaccionario, surge desde las entrañas mismas de la sociedad y de las contradicciones que la agitan y que el pensamiento neoliberal, en sus versiones más reaccionarias tanto como las adocenadas, no se puede explicar sin caer en contradicciones consigo mismo. El aumento de la desigualdad; las discriminaciones y restricciones al ejercicio de los derechos y libertades, tanto individuales como colectivas, que van de la mano de la llamada "guerra cultural" que aún con algunos límites -por ahora- logra instalar la familia Kaiser, están en su origen. Sobre ellas se empina el "gobierno de emergencia", que parece estar dispuesto, atendiendo al contenido de su agenda de seguridad, a extenderla indefinidamente.
