miércoles, 30 de septiembre de 2026

Recabarren y la democracia

Pedro Luna. Faenas en el puerto, cargadores. 1915



Toda la obra escrita de Recabarren se podría interpretar como una reflexión acerca de las relaciones entre el republicanismo formal de la oligarquía y la democracia entendida como gobierno del pueblo y finalidad de la revolución. 

Una de sus motivaciones, de hecho, es la evidente contradicción entre la República tal como se fue conformando en el transcurso del siglo XIX  y los principios que inspiraron la revolución emancipadora. La reflexión de Recabarren gira en torno a la necesidad de concluir sus tareas negadas por la forma que adoptó con posterioridad. 

Concibe el desarrollo de la República, como la negación de los principios que la habrían inspirado –libertad, igualdad y soberanía- y que habrían beneficiado sólo a los “propietarios”. Un proceso que surge del despojo de los pueblos originarios, el que daría origen a la propiedad y consecuentemente a las clases sociales -con toda la imprecisión e inexactitud científica que se le pueda reprochar a sus impresiones y la manera en que las expresa, sin que ello desmerezca la profundidad de su punto de vista-. El Estado vendría a cumplir después la función de legitimar y dar forma institucional a este proceso histórico. 

Por ello, Recabarren avanza en relación con los progresismos ilustrados de pensadores del siglo XIX como Bilbao, Lastarria y otros, pues reconoce la historicidad de los fenómenos de la desigualdad, la exclusión y el encapsulamiento del sistema político de su época, así como los fundamentos materiales que los sostienen. Permanentemente, por esa razón está haciendo referencia a su carácter de clase y señalando que en ello está precisamente el origen de sus contradicciones e incapacidad de representar efectivamente a la sociedad real, la que recién el naturalismo literario de autores como Baldomero Lillo y Augusto D´halmar, asi como los pintores de la Generación del 13, comienzan a relevar estéticamente mientras el pueblo va experimentando formas de organización social y política que van desde las mutuales y sociedades de artesanos al sindicato, la federación obrera y los partidos políticos de clase. 

Se refiere a los intereses "de los ricos" y de "los caballeros" como los que se oponen al interés nacional que identifica con los de la mayoría, a la que identifica con "los pobres", "los trabajadores de ambos sexos", "los que viven del salario", entre los que incluye a empleados, artesanos, pequeños propietarios y "trabajadores de las haciendas".  Su consideración de "la mayoría" no se agota, entonces, en una estimación estadística, sino que está determinada por el contenido del que es portadora. “Progreso”, "higiene", "instrucción", "recreo", "cultura", "bienestar", son los que asimila a una "verdadera civilización" y que considera bienes sociales producidos por el trabajo humano. Son estos, precisamente, su verdadero significado porque representan el interés general y son producidos gracias al trabajo de todos y todas. 

De esa manera, Recabarren aborda su reflexión sobre la democracia entendida como gobierno de la mayoría y realización histórico-concreta de los valores que el hombre ha ido conformando en la vida social a lo largo de la historia de Chile después de la Independencia, como surgiendo de la vida cotidiana y como una forma de convivencia en que el ser humano desarrolla unos valores, hábitos, formas de relacionarse, opuestas a los de la oligarquía que vive de las rentas del salitre y la propiedad de la tierra. Su carácter especulador y la codicia que la mueven, de hecho, están para Recabarren en el origen del atraso y la pobreza; por lo tanto, de la desigualdad y profundizan por esa razón el modo elitista y burocrático del sistema político.

No hay verdadera democracia sin considerar las necesidades cotidianas de la gente trabajadora -entre las que incluye, vivienda, educación, asistencia frente a la enfermedad y los accidentes del trabajo o durante la vejez-. También de sus formas de relacionarse en ésta y no de unos valores surgidos en un mundo trascendente que le es extraño y de los que se deducen principios como una falsa noción de la patria, obediencia, eficiencia y sumisión que después reproduce el sistema escolar y la Iglesia. Concibe la explotación, por lo tanto, como lo opuesto a la democracia y la ve manifestándose en todas las esferas de la vida social. En el trabajo, pero también en las leyes y el comercio, que son diversas formas de servidumbre que lo condenan.  

La lucha social, la educación y la cultura son para Recabarren, en consecuencia, parte de la lucha por la democracia.

También la libertad de comercio porque es una forma de escapar del control que ejercen los capitalistas de los trabajadores en la vida cotidiana, a través de las pulperías y el sistema de pago en fichas. Por esa razón para él, el cooperativismo ocupa un lugar importante en la política de las clases subalternas. Es una forma de escapar a su situación de subordinación y explotación, a la que asimila con la "falta de libertad". 

Precisamente la manera en que concibe la explotación y lo que le confiere su "universalidad", como la denomina. La explotación la viven cotidianamente, en efecto, los trabajadores; pero también, y doblemente, la mujer tanto en la fábrica y el taller como en el hogar. Los trabajadores del campo que sufren la explotación así entendida por parte de los hacendados que a su vez son "autoridades" en el sistema político. Explotación y sometimiento son dos caras de una misma moneda. Libertad y democracia su opuesto.

Ese carácter burocrático y elitista, Recabarren lo identifica además con el centralismo asfixiante que lo caracterizaba desde las guerras civiles del siglo XIX, en que se había impuesto una oligarquía rancia de la capital que vivía de las rentas que extraía de la actividad de las regiones. Recabarren en muchos de sus escritos se refiere a las enormes riquezas que el salitre en el norte y la actividad maderera en el sur de Chile, por ejemplo, aumentan las de una pequeña minoría beneficiándola mientras aquellas se empobrecen y son condenadas al atraso. 

Libertad, igualdad, justicia, pueblo y soberanía, sintetizados en la Democracia como forma de gobierno y convivencia política y social, entonces, no son valores abstractos sino realidades concretas que se manifiestan históricamente en la práctica política y el pensamiento de Recabarren que lo diferencian de otras formas de progresismo ilustrado y que por el hecho de ser la negación de sus formas excluyentes e inacabamiento, anuncian el inicio de una nueva época o debería hacerlo. 

Recabarren lo aborda en su reflexión sobre la democracia entendida como gobierno de la mayoría y realización histórico-concreta de los valores que el hombre ha ido conformando en la vida social a lo largo de la historia de Chile después de la Independencia, entendida como unidad de cotidianidad e historia.

El mundo y el país han cambiado desde entonces. Pero las tareas que se propuso y que dieron origen a la izquierda chilena -a toda la izquierda- se mantienen vigentes. Incluso con más urgencia todavía en la medida que las formas de control, explotación y sometimiento a que son sometidos trabajadores y trabajadoras; y en la misma proporción en que su transformación en “clase media” vuelve más sofisticadas y absorbentes sus mecanismos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario