martes, 17 de marzo de 2026

Las desgracias nunca vienen solas



Pieter Bruegel el viejo. La Gran Torre de Babel. 1563

Recién asumido, Kast firmó varios decretos, anunció un acuerdo con el gobierno norteamericano para la explotación de tierras raras y minerales críticos y apenas dos días después, anuncia un proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional. Siguiendo el formato de Milei y del ideólogo de los fascistas del siglo XXI, Steve Bannon, apabulla a la sociedad con una batería de medidas tan agobiante que le resulta difícil discernir cuál es peor para terminar inmovilizada y a merced de quienes realmente comprenden su sentido y están esperando hacerse, con mano ajena, de sus resultados.

 

Rebajas de impuestos, desregulaciones, recortes de gasto fiscal, despidos, todo junto en solo algunos días. No había que ser muy perspicaz para darse cuenta de que su discurso, de días antes, acerca de que el gobierno anterior le heredó un déficit enorme y lo dejó sin caja era una manera de justificar semejante cogoteo ex ante. Las por demás académicas explicaciones con las que economistas y ex autoridades tratan de demostrar la falsedad de los datos esgrimidos por Quiroz y compañía, apenas logran hacerse cargo de la prepotencia de clase con la que actúan; el dogmatismo emocional que los inspira y la bofetada que representa para trabajadores, trabajadoras, empleados, y clase media.

 

Todos los días, y varias veces además, titulan los medios con los efectos de semejantes bribonadas. En el sector cultura, donde el "liberal" Undurraga compite con Pancho Malo para ser más despiadado a la hora de anunciar los recortes. O en educación escolar, donde ya se anuncian despidos de docentes y asistentes de la educación. O el cobro a los deudores del CAE que a los únicos que seguramente alegra es a los bancos. O la guerra a la "permisología" y el levantamiento de las restricciones administrativas que se puedan hacer para el emprendimiento de proyectos de construcción en humedales; la salmonicultura, minería, el sector pesquero y otros que representan la promesa de presunto crecimiento a costa del medioambiente para garantizar el enriquecimiento real de un puñado de empresas privadas.

 

Es probable que la ideologización con la que actúan, sin embargo, en algún momento choque con la realidad y se transforme en una pesadilla para sus autores. Le pasó a Piñera en dos ocasiones. La primera, el 2011 después de anuncios bastante similares en modernización del Estado, privatización de empresas estatales y reformas a la educación superior. O el 2019 tras una seguidilla de actos fallidos de sus ministros y de él mismo, refiriéndose a un "oasis", "flores" y "madrugadores" que se estrellaron contra la precariedad de las vidas de chilenos y chilenas reales, especialmente los primeros pensionados y pensionadas por el sistema de AFP que no recibían bono de reconocimiento.

 

La situación, por cierto, no es la misma. Transformaciones realizadas en los últimos años han modificado no solamente el paisaje material de nuestras ciudades, sino también las percepciones subjetivas y las construcciones ideológicas que de él se han hecho chilenos y chilenas. Al aspecto moderno; al confort, la comodidad producto de la tecnología; y la flexibilidad en la organización de la vida; la extensión limitada de la focalización del gasto y la morigeración de los efectos más inhumanos del neoliberalismo, se opone una percepción de la imposibilidad de disfrutar plenamente los logros de esa modernización que sólo benefician a unos pocos excepto al costo de tener que hacer tantos sacrificios.

 

La desigualdad sigue ofendiendo la dignidad del pueblo, aunque no sea el hambre ni la exclusión del siglo XX. Aflora por todas partes, en efecto, la diferencia que es realmente el origen de las contradicciones que agitan la sociedad. Las formas en que ésta es elaborada, sólo su manifestación ideológica. Para unos, un costo ineludible; para otros, una externalidad, un accidente corregible; para el pueblo una bofetada que humilla su existencia en forma reiterada.

 

Sin hacerse cargo de este problema, lo más probable es que la oposición y particularmente la izquierda, no acabe nunca por comprender el significado de tanta desgracia ni adoptar una posición eficiente ante el abuso de clase y la violencia con la que el gobierno de Kast trata al pueblo de manera tal que el despertar de la reacción no sea sino un momento más de su aporreada existencia y no el final de la pesadilla.


viernes, 13 de marzo de 2026

Un secundón en La moneda


Honoré Daumier. Pierrot con mandolina. 1873


La reciente ceremonia de traspaso de mando no fue un despliegue contundente de poder ultraderechista regional ni global. Asistieron apenas un par de presidentes de América Latina y el inefable Milei, que ni siquiera tuvo la bilateral anunciada con Kast. La esperada visita de Marco Rubio no ocurrió ni la de Giorgia Meloni o algún referente de la ultraderecha europea. Fue un acto más bien provinciano y con ínfulas tercermundistas de cosmopolitismo. 

Poco antes de ser Presidente de la República incluso, Kast había viajado a Miami para participar junto con otro grupo de pigmeos a recibir las burlas de su patrón, en la cacareada cumbre Shield of the Américas, la que apenas ocupó un pequeño cuadro en el New York Times pero que la prensa local hace aparecer como si fuera un hecho de enorme relevancia. 

Pero lo cierto es que aparte de una demostración de sumisión y el intento por adaptar a su patio trasero a las necesidades de la nueva estrategia de seguridad de los Estados Unidos, no representa nada relevante. Más importante para el imperialismo es resolver sus relaciones con los gobiernos de México, Venezuela y Colombia, los que desde una digna posición de defensa de su soberanía en medio de los embates imperialistas, sí pueden resultar determinantes en la definición de las correlaciones de fuerza regional en el marco de una competencia desatada por la hegemonía mundial; el acceso a recursos y rutas. 

Las elecciones de medio tiempo en los Estados Unidos en noviembre, hacen presagiar la pérdida del control que el día de hoy ostentan los republicanos del Congreso norteamericano y hasta la posibilidad de juicio político contra Trump; las elecciones de Colombia y Brasil van a ser determinantes en la definición de una nueva correlación de fuerzas en América Latina que pueden resultar en un cambio de tendencia habida cuenta de los problemas de los aliados más cercanos de Kast, Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia, así como la impredecible inestabilidad del Perú. 

Kast viene a hacerse cargo de la Presidencia de la República, pues, en un escenario favorable para la derecha global, pero con signos de fatiga coyuntural que se podría prolongar. Por eso la política que ya anunciaba, se empieza a desplegar el mismo día de su asunción firmando un decreto para destrabar proyectos de inversión en el sector minero por el valor de US$1600 millones y un acuerdo con los Estados Unidos sobre minerales críticos.

Sin embargo, su posición no es relevante, pese a lo anterior, para la derecha global y así lo demuestra la fría recepción que su invitación recibió por parte de sus aliados o presuntos aliados a nivel internacional. Su retórica milenarista que apunta a una supuesta emergencia económica, retórica basada en un uso mañoso de cifras, apenas disimula su intención de facilitar la transferencia de fondos desde el gasto social a los bolsillos de los multimillonarios y las transnacionales con asiento en los EEUU, especialmente en el sector minero.

En resumidas cuentas, con el gobierno de Kast, el de Chile vuelve a ocupar el indigno papel de peón del imperialismo norteamericano. Así lo dio a entender días antes del cambio de mando con la revocación de las visas del ex ministro de transportes y del subsecretario. Con las impertinentes declaraciones del embajador Brandon Jud, apenas parafraseadas por el canciller Pérez Mackenna.

Su debilidad pasa desapercibida por ahora. Pero cada acto de sumisión; cada intento por pasar gato por liebre para facilitar las cosas a las transnacionales y al puñado de ricachones que pusieron a sus operadores en el gabinete, va a ir desafiando la tolerancia de la sociedad y el pueblo. También de la izquierda y los sectores democráticos, no necesariamente de izquierda, para denunciarlos haciendo valer su condición de fuerzas opositoras, así como de proponer alternativas que releven la soberanía, la igualdad y la dignidad.


miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Tiene futuro el neoliberalismo?

Pieter Bruegel. El triunfo de la muerte. 1562



En el marco de los preparativos del traspaso de mando, Kast haciendo gala del estilo desaforado de Trump. Milei, Bukele y el resto de los líderes ultraderechistas del mundo, ha puesto en duda el proceso y preparando las condiciones para instalar una retórica y lo que es más significativo, una política refundacional que algunos han dejado en el plano de la advertencia. Los pusilánimes de siempre, que esperando que cambie de opinión y abrigue en algún rincón de su retorcidos razonamientos la posibilidad de que escuche sus ruegos, se disponen a prestar servicios a su obra restauradora de lo más puro del dogma neoliberal. A las perdidas, algo podrá chorrear de ésta; algún contrato, algún proyecto o un pituto siquiera.

Los dos nudos en que se ha centrado aquella mise en place son la historia del "cable chino" y el "enorme" déficit fiscal que le hereda Boric a la futura administración. 

La trama que involucra a una empresa china y al Ministerio de Transportes en la realización de un negocio que claramente beneficia al país, ahora incluye al gobierno de Trump y arrastra irremediablemente a Kast y todo su gabinete, incluido el ministro que era abogado de China Mobile a un conflicto en que solamente demuestra su servilismo con los actuales inquilinos de la Casa Blanca. No hay otra explicación para tan escandalosas declaraciones de Kast, Sedini, Alvarado y De Grange. Es impresionante cómo incluso el interés que puede tener para los empresarios chilenos, es puesto en segundo plano a la hora de demostrar la buena conducta y la disoposición de la nueva administración para lustrar los zapatos de Marco Rubio y aplaudir todos los estropicios de la administración Trump incluido el bombardeo de Teheran. 

Las declaraciones de Pérez Mackenna frente al hecho y los planteamientos abiertamente injerencistas del embajador Brandon Jud resultan de una indignidad que sólo debiera avergonzarnos, pues demuestran cuál va a ser su política. No se trata ya ni siquiera de defender el hipócrita concepto de un "orden internacional basado en reglas". Se trata de rechazar los intentos de restaurar la primacía de un imperialismo agónico. 

En cuanto al dichoso déficit fiscal heredado, la alharaca sólo convence a audiencias cada vez más embrutecidas por la majadería de los medios del sistema y las estrecheces de su vida cotidiana, las que no se topan por ninguna parte. Es más, lo único en que puede concluir, que es como lo han sostenido las futuras autoridades, el batallón de opinólogos venales, así como toda la tecnocracia neoliberal, es la necesidad de realizar un ajuste que significa recortar el gasto fiscal y eliminar trabas para proyectos de inversión. 

En simple, eliminar o a lo menos limitar gasto que actualmente realiza el Estado y del que pueden hacerse cargo las familias. Por ejemplo, gastos en educación, salud, vivienda, transportes, cuidado de enfermos, personas mayores o con discapacidad. Y en segundo lugar, como lo pretende Trump en Alaska agujereando el subsuelo marino en busca de petróleo o Milei en Argentina reformando la ley de glaciares para facilitar la explotación minera en la Cordillera de los Andes, en desregulación en el terreno ambiental para facilitar proyectos mineros, energéticos, portuarios etc.. Es lo que han dicho majaderamente habiendo acuñado y popularizado incluso el concepto dfe "permisología". 

Las desregulaciones van a incluir con toda probabilidad normas de seguridad, flexibilidad laboral y facilitación de contratos con terceros en la provisión de servicios temporales en faenas, inlcuyendo además, la destrucción de las fuentes de trabajo actualmente existentes y que no se ajusten a sus necesidades. 

Ese es el futuro del neoliberalismo. Profundizar y acelerar a un ritmo desmesurado la destrucción del medioambiente, con todo lo que conlleva en relación con la transformación de la sociedad, el trabajo, las relaciones del hombre con la naturaleza, sus hábitos y cultura -incluida la educación escolar y uiversitaria-, así como una desprotección social cada vez más total presentada, como lo ha hecho el bufón de Milei, tras la retórica de la libertad. Es frente a lo cual debe prepararse el pueblo y lo que deberá enfrentar en el mediano y corto plazo.