martes, 15 de junio de 2021

Desafíos del movimiento sindical

Ben Shahn. Demonstration. 1933



Todos los procesos históricos de cambio social y político, en el último siglo, han sido protagonizados por las luchas obreras y el movimiento sindical. El siglo XXI no será diferente.

Las primeras manifestaciones de resistencia al neoliberalismo global, de hecho, fueron convocadas por los sindicatos en Seattle en 1999 en contra de la OMC. El rol de los trabajadores en el resurgimiento de la izquierda en Brasil, del vasto y diverso movimiento que lleva al triunfo del MAS en Bolivia, la derrota del menemismo en la Argentina y posteriormente de Macri, son protagonizados en gran parte también por los trabajadores y el movimiento sindical.

El 2011 en Chile, si bien el movimiento estudiantil y juvenil juega un rol protagónico, los trabajadores y las organizaciones sindicales fueron fundamentales en la defensa de las empresas del Estado, de la educación y la salud públicas; en las articulaciones territoriales que oponen resistencia a los megaproyectos energéticos que impulsa Piñera en su primer período.

Las movilizaciones contra el sistema de AFP’s, impulsadas por sindicatos y organizaciones de trabajadores, antecedieron también las movilizaciones feministas que encuentran en la conmemoración del 8 de marzo del año 2019 una de sus máximas expresiones y que es, sin duda, el preámbulo de las masivas movilizaciones que le han sucedido. 

El ciclo histórico inaugurado por las protestas de los secundarios evadiendo el metro, es la continuidad de este proceso, no un trueno que irrumpe inesperadamente en un cielo despejado, y se va a prolongar por varias décadas además.

Mientras las cifras de crecimiento económico expresaban el enriquecimiento de unos pocos, llegó un punto en que los bajos salarios no resistieron más endeudamiento como paliativo; el fracaso de las promesas de movilidad social a través de la educación expresado en la cesantía de miles de profesionales jóvenes –además, endeudados de por vida-, tiraron al tacho de la basura el relato de la meritocracia.

Finalmente, la miseria de los ancianos se le apareció a millones,  como una escalofriante amenaza del porvenir que depara a todos el sistema de pensiones basado en la capitalización individual.

En pocas palabras, la desigualdad que reproduce y profundiza el neoliberalismo, quedó en evidencia y ni toda la manipulación mediática, ni los mares de tinta gastados por columnistas y periodistas del sistema pudieron seguir ocultándola o explicarla sin caer en los galimatías más absurdos e incomprensibles.

Ello pues dicha desigualdad es la expresión más radical de la división de la sociedad en clases sociales, clases poseedoras y clases que sólo tienen para sobrevivir su fuerza de trabajo -incluyendo a amplias capas de los llamados "sectores medios", compuestas por profesionales, técnicos y pequeños propietarios cada vez más dependientes del capital o simplemente barridos por éste.

La desigualdad no es, pues, un resultado inesperado de malas decisiones o de políticas incorrectas. Es precisamente la expresión de una sociedad basada en la apropiación privada del producto del trabajo de todes en beneficio de unos pocos.

La superación del neoliberalismo es ,pues, la superación del carácter clasista de la sociedad actual y no solamente la corrección de ciertos "excesos" o externalidades negativas del mercado.

La votación del plebiscito constitucional del 25 de octubre del año pasado, marca el fin de la Constitución de Pinochet y representa la derrota más profunda que haya sufrido la derecha chilena en décadas, es cierto. Pero además, es expresión del desbordamiento social del pacto que en 1989 definió los contornos del neoliberalismo criollo.

En efecto, el hecho de que se identifique la desigualdad, el abuso, la exclusión y la discriminación; el autoritarismo y la burocracia con la Constitución y no con una falla accidental o una condición contingente, demuestra que chilenos y chilenas ven mucho más que su condición individual y de que la interpretan correctamente como el resultado de sus relaciones con otros y otras y que se ven a sí mismos como parte de una totalidad mayor.

Es precisamente a esta necesidad a la que debe responder el sindicalismo en la actualidad. Un sindicalismo que sólo se ve a sí mismo como una línea de defensa de los derechos de trabajadores y trabajadoras, incluso en todos los ámbitos de la vida social y política, pero que pierde de vista que estos se dan en el contexto de unas relaciones sociales y que generalmente están en la relación inversamente proporcional al beneficio y acumulación de riqueza y poder de las clases dominantes de la sociedad, está condenado a la irrelevancia.

Por ello Chile necesita un sindicalismo que incida en el manejo de la pandemia, desafío que sobrepasó política y moralmente al gobierno de Piñera en sus inicios y ante lo cual ya nada le queda por hacer, salvo reconocer su fracaso y entregar la responsabilidad a quienes sí tengan voluntad y política para hacerse cargo de ella en favor de trabajadores y trabajadoras, las familias, los excluidos y no los dueños de fantasilandia.  

Un sindicalismo que incida en el proceso constituyente aun sin representación formal en la Convención. Para eso, sin embargo, se requiere voluntad, audacia, creatividad, espíritu unitario y menos chovinismo. 

La recuperación de la economía después de la pandemia va a determinar el desarrollo de los acontecimientos por décadas. Y esta no será la excepción, va a generar grandes confrontaciones entre quienes van a continuar sosteniendo la prioridad de sus intereses de clase, como los de toda la sociedad. La sentencia majadera de que son los empresarios los que crean riqueza y empleo, repetida hasta el cansancio en los últimos treinta años, se va a expresar ahora además no ya con el tono docto y académico con el que se sostuvo en los noventa. 

Es bastante previsible que va a ser la estulticia del fascismo la que la va a sostener y que su falta de argumentos y razones, va a ser reemplazada por violencia física y verbal. 

Los desafíos del movimiento de trabajadores; del sindicalismo y las centrales son del tamaño de las necesidades de una sociedad en transformación. Un país nuevo está naciendo y su responsabilidad no es ya solamente la defensa de las fuentes de trabajo y el salario o la seguridad de los trabajadores y trabajadoras, sino la transformación de la sociedad. 

jueves, 3 de junio de 2021

La norma de los dos tercios: el potro de la constituyente

 

Richard Hamilton ¿Qué es lo que hace que las casas de hoy sean tan diferentes, tan atractivas? 1958




Después del terremoto que significó para la derecha el resultado de las elecciones del 15 y 16 de mayo, resulta una incógnita lo que le queda por hacer. Evidentemente, lo que está en juego es mucho para el sector y sus representados: "las libertades que con tanto esfuerzo hemos logrado en los últimos veinte años" dijo el 2011 el entonces presidente de RN, Carlos Larraín. 

Libertad para los empresarios -se entiende- de explotar inmisericordemente a trabajadores, trabajadoras y al medioambiente, hasta sacarles la última gota de sudor y savia, con tal de acrecentar sus extraordinarias ganancias

Por lo pronto, se puede avizorar desde ya que va a hacer lo que históricamente ha hecho en contextos similares y lo que ha aprendido de la experiencia de resto de las derechas latinoamericanas en el pasado reciente: conspirar y preparar su retorno al poder y en lo posible, evitar que los cambios que con toda probabilidad va a sufrir el país, los perjudiquen. 

Con la sangre fría y el aplomo que les da la experiencia de haber sido el sector político y de clase hegemónico de este país desde que se formó como República, no se ha amilanado ni lo hará frente al histórico revés que sufrió hace un par de semanas atrás. Lo concreto es que a duras penas, alcanzó un veinte por ciento de la Convención Constitucional lo que no le alcanza para vetar las transformaciones a las que el pueblo aspira. 

Le faltan catorce votos para eso y se ve difícil que los logre, por mucha política de alianzas que haga y además, porque los partidarios de la democracia de los acuerdos que sobreviven en la oposición, también fueron estrepitosamente derrotados. Eso, sin embargo, ¿es suficiente como para cantar victoria? Hay cierto optimismo -un poco ingenuo tal vez- que va desde la indiferencia a lo que pueda la derecha hacer en la Convención, pese a no tener el tercio, hasta una confianza un poco exagerada en la mayoría electoral abrumadora de la oposición. 

Pero lo cierto es que esa mayoría aplastante, expresión para algunos de la “multitud” de desposeídos, excluidos, desheredados, discriminados, endeudados, y explotados chilenos y chilenas, se manifiesta a través de un diverso y abigarrado conjunto de demandas hacia el Estado y no en un proyecto de sociedad y modelo de desarrollo. 

Justamente, la necesidad de que sea el conjunto de la sociedad quien lo debata y construya,  considerando toda su riqueza y diversidad, es lo que expresa la convención aún con todas las limitaciones que se le impuso desde un principio, incluidos los dos tercios. Pero puede ser también el ecúleo que termine por hacerla trizas.

En efecto, el problema ahora no es la capacidad de veto de la derecha, ni el riesgo de que pirquineando por aquí y por allá, consiga los catorce votos que le faltan. El problema ahora, dado el megaquórum establecido en la ley 21200, es la posibilidad de que éste no se alcance en lo que tiene que ver con importantes materias  y la convención termine en un aborto constitucional.

Evidentemente, el interés de la derecha es precisamente el fracaso de la Convención, pese a sus farisaicas declaraciones, y en ese sentido, el quórum, y no su poder de veto, actúa ahora como un obstáculo para cualquier cambio. Por cierto, las cuatro quintas partes de la convención son más que suficientes para derrotarla, pero considerando la especificidad de intereses representados en ella, la posibilidad de concretarla no es pan comido. Y también, la posibilidad de que esa mayoría sufra escisiones que terminen actuando también como un factor de contención. 

Las clases medias, como se les ha denominado comúnmente, en este sentido, serán un campo de disputa cultural e ideológico privilegiado del conservadurismo político, para lo que cuenta con una potente maquinaria propagandística y cultural que son los medios de comunicación de masas. Radio, televisión, prensa escrita, industria de la entretención masiva, indudablemente se pondrán del lado de los perdedores y serán esenciales a la hora de legitimar a esa minoría reaccionaria. 

En toda América Latina ha sido así. Lo mismo la movilización de esos sectores permeables de la población a los encantos de la cultura neoliberal, que en este caso van a ser convocados con toda seguridad por la derecha,  como fue en Bolivia y Venezuela, y más recientemente en la hermana República Argentina tras la bandera anticuarentenas,  para boicotear la Convención. 

En el debate del Reglamento entonces, está parte importante de las posibilidades que le quedan todavía a la derecha y la reacción, que con el hipócrita argumento de la sostenibilidad de las reformas, la unidad, representatividad y la amplitud que deben representar, esconde precisamente su desprecio por las mayorías. La norma de los dos tercios por lo demás, no es la única que puede entorpecer la construcción de mayorías y disimular las componendas que en ciertas materias del debate constitucional, pudieran intentarse. 

Las mayorías, perfectamente, si es que no es el caso que se expresen en la Convención electa, debieran manifiestarse a través de mecanismos de democracia directa como plebiscitos para resolver materias en que ésta no llegue a acuerdo. Además, es una forma eficiente de salir al paso de los intentos de los sectores conservadores de deslegitimarla a través de una acción desestabilizadora. 

La batalla de la Convención no está ganada pese a los primeros triunfos del plebiscito y la elección de convencionales. Hay que asegurar su éxito, que debe ser el resultado de la participación directa del pueblo y que consiste en superar el corset del reglamento. La unidad de los demócratas será expresión precisamente de esa movilización popular y la forma que adopte el nuevo consenso que emerge de las ruinas del modelo neoliberal y la Constitución pinochetista. 


miércoles, 26 de mayo de 2021

El consenso de los tartufos

Honore Daumier. Crispin & Scapin




En estos días, se supo por fin lo que la derecha entiende por "mínimo" para que una familia pueda sobrevivir en medio de la catástrofe que ha significado para chilenos y chilenas, la pandemia de coronavirus. En realidad, nada muy novedoso. Mantener a la población de trabajadores y trabajadoras y sus familias en la miseria sin morir, mientras al empresariado se le brindan toda clase de ayudas, subsidios, créditos y facilidades legales. 

Algo tan viejo como el hilo negro, presentado como si fuera la novedad del año. Y más encima, como si se tratara de un aporte a la solución de las pellejerías que vienen sufriendo las familias chilenas hace a lo menos un año. Se trata de una descripción edulcorada del lado angosto del embudo. Al empresariado se le brindan todas las facilidades -no digamos, precisamente, al "emprendedor" sino al pez gordo del retail, la construcción, los servicios, la explotación de recursos naturales, con la chiva de que son los que dan empleo-, mientras al pueblo se le ofrecen migajas como los beatos reparten limosnas a la salida de las iglesias. 

Lo más indignante en todo caso no es eso, sino el escándalo con el que reaccionan ante las tibias críticas que se le han hecho a su propuesta de "mínimos comunes", como si se tratara de un gran aporte a la solución de las necesidades de la población. 

Rasgan vestiduras, como si a estas alturas a alguien le parecieran sinceros sus gestos de caridad, los que espetan hipócritamente la prepotencia del rico para tratar al pobre. Y acto seguido, denuncian falta de voluntad para lograr un "consenso" que vaya en beneficio de las familias. 

¿De cuándo que se necesita un consenso para eso? Evidentemente, lo que por tal entiende la derecha es la concesión, la entrega, la renuncia de la oposición a su calidad de mayoría social, política, cultural y moral, para seguir haciendo lo que viene haciendo hace unos cuarenta años: gobernar para el empresariado y asegurarle así su posición de dominio sobre la sociedad. 

Lo que realmente se necesita son políticas estatales -ya que la avaricia y ambición de los empresarios les hacen actuar siempre en sentido contrario- que vayan en beneficio de la población, en empleo, en salud, en salarios, en educación, protección social y participación;  cuidado del medioambiente e integración de la diversidad de género. 

Resulta por consiguiente, inconcebible, la búsqueda de un consenso que vaya en esa dirección sin antes pasar por un conflicto que se resolverá democráticamente, esto es a través de la determinación de mayorías y minorías en los órganos correspondientes del Estado, diferencia que el binominalismo borró a fuerza de exclusión, manipulación y represión, presentadas como "virtudes republicanas" y que hasta el día de hoy se expresan pese a la reforma del sistema electoral. 

La derecha no va a ceder un milímetro ni el pueblo necesita que lo haga, pues la expresión de su voluntad en las urnas fue categórica al respecto. Mas de cuatro quintas partes de quienes participaron en las elecciones del 15 y 16 de mayo, se manifestaron por las listas y candidatos que propugnan un cambio social y político. Es ocioso, pues, continuar pontificando acerca del consenso y los acuerdos con quienes los han negado sistemáticamente en los últimos treinta años a través de una institucionalidad política y social excluyente.

Es innecesaria una norma como la de los dos tercios, en tanto la composición de la Convención es mayoritariamente partidaria de cambios de fondo al orden Constitucional y consecuentemente, político y social. En realidad, el consenso ya existe y es lo que se expresó en las urnas.

Es innecesario un acuerdo con la derecha, existiendo ya en el Parlamento proyectos que cuentan con un respaldo mayoritario como el de renta universal de emergencia, royalty minero, impuesto a los super ricos y otros, que apuntan en la dirección de favorecer a chilenos y chilenas, a las familias trabajadoras en el transcurso de la pandemia de coronavirus. Muchas de ellas, por lo demás, necesarias incluso en contextos de normalidad de una sociedad democrática y no el mamarracho que el neoliberalismo ha presentado los últimos treinta años como paradigma de "modernidad", siendo en realidad todo lo contrario.

Por cierto, la derecha históricamente ha demostrado su desprecio por el consenso promoviendo conspiraciones palaciegas, oponiéndose a la inclusión, sosteniendo posiciones odiosamente clasistas, discriminatorias, excluyentes, xenófobas y de un chovinismo de clase que la ha llevado a promover golpes de estado y asonadas militares cuando ya no tiene ni los votos ni los argumentos para sostenerlas. 

Lo que el pueblo ha manifestado en las calles y en las urnas con un costo de miles de encarcelados, mutilados y víctimas de trauma ocular, desapariciones y hasta asesinatos,  se debe expresar ahora en un nuevo consenso que no es sino la ampliación de los límites para la participación. En primer lugar, en la distribución de la riqueza producida y que la sigue acumulando groseramente un puñado de familias, por ejemplo a través de los salarios. 

Participación en el proceso constituyente, a través de plebiscitos intermedios, revocación de cargos de constituyentes que no den cuenta de su actuación y que pudieren manifestar conflictos de interés en la discusión de materias constitucionales; audiencias públicas, rendición de cuentas de los convencionales en sus respectivos distritos, etc. 

Ciertamente, además, el paisaje político del país cambió en la última elección y la participación de los independientes --esto es, de quienes teniendo una posición política, no militan en partidos inscritos legalmente-  debiera ser parte de este nuevo consenso y no puede seguir siendo contenida por una institucionalidad cuestionada y que ya no goza de legitimidad social. 

Ese es el verdadero consenso. Se trata de un acuerdo que debiera expresar institucionalmente y legitimar políticamente la voluntad mayoritaria del pueblo y no el resultado de camarillas, conspiraciones y cocinas como las llamo el ex senador Democracristiano Andrés Zaldívar, que es en realidad el consenso hipócrita de quienes se resisten a los cambios y que con palabras dulces y gestos grotescos de "amistad cívica", se prepararn para dar un zarpazo al nuevo consenso social que emerge de la movilización popular y que deberá expresarse en a futura Consttución. 

miércoles, 19 de mayo de 2021

Se abrirán las grandes alamedas


 

La renuncia del presidente de la DC, Fuad Chaín, en la Junta Nacional de su partido es la demostración más elocuente del ocaso definitivo de la democracia de los acuerdos. 

Es el acta de defunción que solamente viene a confirmar un proceso largo y paulatino de decadencia retrasado por el voluntarismo obtuso de su gestión a la cabeza del PDC. Su resultado en gobernadores, alcaldes y especialmente convencionales para la constituyente, representan el castigo a una gestión caracterizada por la afanosa búsqueda de un acuerdo imposible con la derecha, que generalmemte terminó en puras concesiones.

Aunque suene trillado decirlo a estas alturas, como decía Radomiro Tomic, cuando se gobierna con la derecha, es la derecha la que gobierna y eso el pueblo lo percibió claramente y lo castigó.

El otro finado ilustre es ciertamente el gobierno que de aquí a noviembre va a ser un zombie aun cuando haya muchas cuestiones por resolver, lo que considerando el presidencialismo radical de nuestro régimen político, en el que muchas de las soluciones dependen de la iniciativa del Ejecutivo, se puede avizorar desde ya un período corto pero turbulento.

En tercer lugar, y probablemente el más evidente, la coalición de partidos que lo sustenta. No habiendo pasado más de cuarenta y ocho horas de su estrepitosa derrota, sin embargo, este sector sigue defendiendo los dogmas de la doctrina neoliberal que la condujeron a la tumba.

Sigue amenazando con sus majaderas reservas de constitucionalidad frente a proyectos como el de impuesto a los súper ricos y royalty minero.

Habrá que ver si cumple su amenaza de llevar todo lo que no le gusta al TC, que a estas alturas no es, o no debiera ser, más que una pieza de museo.

Surge entonces, de entre las ruinas de Vamos por Chile, una nueva derecha más recalcitrante, más reaccionaria, más chusca, más violenta, representada por personajes tan bizarros como Tere Marinovic o Marcela Cubillos y que considerando el resultado de la secta de JAK, no es mucho más insignificante que el resto del sector. Evidentemente, los defensores de la democracia de los acuerdos como Lavín o Desbordes, se resisten a desaparecer, pero les está costando y muy probablemente, van a terminar siendo fagocitados por esta nueva derecha proto fascista.

El resultado no podría ser mejor ciertamente. Las fuerzas de izquierda han salido fortalecidas, incluyendo a una socialdemocracia que se diluye y se adapta a estas nuevas circunstancias o que está en proceso de hacerlo.

Los triunfos del PC en convencionales y concejales, alcaldías como la de Santiago y Lo espejo, así como el del FA en Viña del Mar y Maipú, el triunfo de un luchador social como Rodrigo Mundaca en la Gobernación de la región de Valparaíso, son excelentes noticias. Lo mismo el resultado de la Lista del Pueblo y el Partido Igualdad en comunas como Puente Alto y Peñalolén son claramente lo nuevo de la situación política.

Sin embargo, no es menos cierto que la izquierda debe lamentar la pérdida de importantes dirigentes sociales como el vocero de la Coordinadora NO+AFP, la Presidenta de la CUT o el presidente metropolitano del Colegio de Profesores. En cambio, surge del resultado del domingo un abigarrado panorama de liderazgos y representaciones sociales, que es ciertamente parte del campo popular y antineoliberal.

Probablemente la Convención será, o debiera serlo, el momento de síntesis.

Y no solamente por lo que pase en el transcurso de sus deliberaciones y votaciones, durante el cual además, se verá realmente qué significa ser “independiente” o “movimiento social”. Ello dependerá también de las luchas sociales y de masas que deberán darse en torno a cuestiones como el inefable reglamento de la Convención, impuesto por los derrotados del domingo y aceptado de muy buen grado por los partidarios de la democracia de los acuerdos, derrotados también el fin de semana.

La síntesis va a hacerse también en las luchas de masas que debieran desplegarse en torno a los salarios y las medidas para enfrentar la pandemia, caracterizadas hasta ahora, como decía hace un año el dirigente de la ANEF, compañero Caros Insunza, por la aplicación ortodoxa de la ley del embudo.

También en la lucha por la libertad de los presos de la revuelta y la reparación, juicio y castigo en los casos de violación a los DD.HH. que en ningún caso puede considerarse entra dentro de la lógica de lo posible o lo mínimo.

Para todo esto, se requiere la más amplia unidad de los vencedores. Las grandes Alamedas se están abriendo tras el ocaso de la democracia de los acuerdos. Todos caben excepto los neoliberales y quienes crean que es necesario algún tipo de acuerdo con la derecha para lograrlo, después de las históricas jornadas del fin de semana. 

 

 

 

viernes, 30 de abril de 2021

¿Requiem de la democracia de los acuerdos?

Max Beckmann. Los acróbatas, 1939



La avaricia de quienes detentan el poder en Chile es como un abismo insondable. Como todas las clases poseedoras a lo largo de la historia, se aferran a sus posesiones como a amuletos y en ocasiones, sólo en ocasiones, se les cae una lágrima para referirse a ellos en un tono entre beato y colérico. No se sabe si para reconocer  su dudosa legitimidad o  para llorar la miseria social que como contrapartida ven reflejada en su propia opulencia. 

Es más o menos lo que todos sintieron con las cínicas palabras de la primera dama de la Nación para decir que iba a tener que compartir sus privilegios. Un chiste de muy mal gusto, igual que el del ex ministro de transporte diciendo que quienes se levantaran más temprano aún para ir a trabajar  (cuando las puertas del metro ni siquiera estaban abiertas) iban a ser recompensados con treinta pesos. 

Estos actos fallidos desnudan en toda su miseria, la moral de las clases dominantes. Un tópico ampliamente descrito por la literatura y las artes visuales modernas. 

Ese gesto inconsciente es precisamente lo que detona la rebeldía popular que puso en vilo al  sistema neoliberal y las condiciones de la dominación de las clases poseedoras sobre toda la sociedad. 

Pero Piñera, en un gesto impresionante de codicia, tozudez, audacia, torpeza o todo junto, después de declarar que iba a promulgar la ley de retiro del 10% aprobada por el Congreso, anuncia que le va a devolver los mismos fondos retirados a las AFP´s en un tiempo más. 

Una performance tan impresionante de terquedad solamente deja en evidencia la imposibilidad de Piñera y el círculo más estrecho del poder, de ceder. 

La dichosa democracia de los acuerdos que a tantos les parece una joya de civismo y espíritu republicano, no fue otra cosa que el retroceso doctrinario, político y cultural más grande de la socialdemocracia en los años noventa. Piñera y su círculo se lo refriegan en la cara todos los días en la actualidad con cada uno de sus actos. 

Porque aparentemente no están dispuestos a ceder. No es solamente torpeza táctica lo que demuestra en sus actuaciones o en la mediocridad de su gabinete, sus bancadas parlamentarias, o sus listas a convencionales para a Constituyente, mezcla bizarra de ultraconservadores, rostros de la farándula, políticos fracasados y familiares.

Pero tampoco resulta evidente que esta imposibilidad de restituir la política de los consensos, aunque tenga muchos nostálgicos tanto entre la derecha como entre la oposición, sea la reedición de los viejos y temidos tres tercios de la clásica política chilena del siglo XX, origen para algunos de los turbulentos acontecimientos de los años setenta.  

La inestabilidad política del período que se inicia con la caída de Piñera, que como en el caso de cualquier gobierno en este presidencialismo Rabelaisiano actúa como un tapón, será producto de la dispersión de las fuerzas de centro que sin propósito ni política, pueden inclinar  la situación en las más inesperadas direcciones. Los intentos de diálogo entre gobierno y oposición, entre el Ejecutivo y el Congreso, son precisamente el intento desesperado de evitarla. 

El tercer retiro no se va a producir porque haya habido diálogo y  acuerdo. Es el resultado de un fallo político del TC que sólo intenta posponer el desastre poniendo paños fríos a los ánimos durante el debate de fondo que es la reforma al sistema de pensiones que evidentemente no se va a lograr antes de la Convención Constitucional que es lo que quisieran Piñera y sus compinches. La contradicción entre gobierno y la oposición de centro sigue ahí y por muchas genuflexiones que se hagan mutuamente no va a resolverse tan fácilmente.

Esta contradicción va a seguir, pues, determinando la situación política por un tiempo. Es el momento para que la izquierda y el movimiento sindical y popular entonces, pongan en el centro la reforma estructural y definitiva del sistema de pensiones basado en la administración privada de los ahorros individuales de cada trabajador. Es ahí donde radica el poder de la clase de especuladores y financistas que tienen sometido al sistema político y a la sociedad y donde se radica hoy por hoy, la contradicción de fondo que con argumentos marrulleros a favor o en contra de nuevos retiros ocultan quienes defienden el sistema de pensaiones. 

viernes, 23 de abril de 2021

El gobierno de los avaros


              Frans Hals. Banquete de los oficiales de la guardia civil de San Jorge. 1627


Finalmente, Piñera cumplió su promesa e hizo efectiva la presentación ante una de las instituciones más ilegítimas, cuestionadas y hasta detestadas por la población, el inefable TC. 

Ello, para detener la devolución de un miserable 10% de los ahorros de los trabajadores secuestrados por las AFP's, gracias al lanzazo más grande de nuestra historia cometido por la dictadura de Pinochet y planificado, implementado y posteriormente justificado por José Piñera. El hecho ya ha sido objeto de innumerables polémicas políticas y teóricas, especialmente acerca de la propiedad de los fondos, las que aparentemente no tienen solución a no ser que se naturalice el sistema de administración por parte de empresas privadas de los ahorros de los trabajadores expresado en el Decreto 3500.

En efecto, si no fuera por la legitimación legal de este despojo, no sería posible sostener con tanta soltura la improcedencia de devolver aunque sea un parte de estos, sin que ello pareciera una desfachatez y una bofetada al sentido común. Pero bueno, estamos en el oasis de la ideología neoliberal, donde los galimatías más absurdos han sido elevados a la categoría de axiomas de la ciencia económica. 

El asunto se reduce, pues, a una cuestión política. Nadie ha cuestionado el problema de la propiedad sino su carácter de clase. Y en este caso, el que sea el capital financiero quien defiende con uñas y dientes su derecho de propiedad sobre una riqueza producida por millones de trabajadores y empleados, esquilmados mensualmente, no es más que una expresión de este fenómeno.

El recurso ante eel TC es precisamente una expresión de aquello y aun cuando parezca una torpeza, se trata de una demostración de quiénes son realmente los que gobiernan. Piñera mismo, es un conspicuo representante de esa clase de magnates que se han enriquecido a través de la especulación y la acumulación de un fondo billonario siempre dispuesto para ser prestado y después cobrado con intereses.

El cinismo de esta clase que vive del préstamo y la especulación, llega a niveles casi intolerables y aun cuando tenga consecuencias políticas y sociales indeseables para ciertos sectores, sectores incluso privilegiados de la sociedad, se expresan en la prepotencia del prestamista al que le importa un bledo la suerte de sus clientes -como  el señor Lheureux de Madame Bovary- con tal de recuperar su inversión. 

De ahí las lágrimas de cocodrilo del presidente de RN, de los parlamentarios de derecha que votaron a favor del retiro y las súplicas al gobierno para que presente su propio proyecto de retiro o extienda los beneficios para los afectados por la pandemia. Aparentemente nada de esto conmueve a Piñera ni a su círculo de hierro. No tiene nada de raro que durante su primera administración y también en ésta, haya recurrido permanentemente a la UDI y a lo más granado de la reacción, pese a sus ínfulas de haber sido parte de la derecha liberal -como Allamand- en los inicios de la transición.

Dificilmente habrá alguna posibilidad de que la oposición llegue a algún acuerdo con este esperpento de avaricia. Es probablemente mucho lo que está en juego, negocios y créditos multimillonarios y especialmente, la posición de privilegio que ocupa este sector de las clases dominantes en la dirección del sistema político y la sociedad. 

Ni siquiera las bravatas de los militares, a través de declaraciones públicas amenazantes para referirse a un anodino programa humorístico de televisión, han logrado lo que dicen los protagonistas del acuerdo del 25 de noviembre del 2019, precipitó el acuerdo por la paz. El gobierno de los avaros tiende a radicalizar cada vez más las diferencias y el estado de crispación que cruza a nuestra sociedad. Parecen no estar dispuestos a ceder un milímetro de sus posiciones de poder ni a compartir un pedacito de las estrambóticas tasas de ganancia que les garantiza su papel de prestamistas. 

Por esa razón, se puede avizorar un panorama turbulento en los años que vienen aunque ya en las próximas semanas, definición del TC de por medio, es posible que las noticias sean muchas e inesperadas. 


domingo, 11 de abril de 2021

El gobierno de los fanáticos

 

                 Francisco Goya. Se repulen. De la serie "Los caprichos". 


Hace pocos días, el Presidente Sebastián Piñera, nombró como nuevo Ministro del Trabajo y Previsión Social, al coronel de la UDI Patricio Melero. Las reacciones no se han demorado en llegar, porque ciertamente Melero, es uno de los sobrevivientes del pinochetismo más recalcitrante. Cómo olvidar su figura sosteniendo una antorcha, en Chacarillas en 1979 junto a Pinochet, cual joven del Ku Klux Klan o las Jungvolk hitlerianas. 

Bueno. Pero estamos hablando de un dinosaurio de la derecha chilena. Y no es un problema generacional. El joven ministro de Educación, Raúl Figueroa viene insistiendo con un fanatismo parecido al de los otrora jóvenes de Chacarillas,  en el retorno a clases presenciales, mientras toda la comunidad médica y científica dice que hay que disminuir la movilidad de personas, ello escudándose en argumentos tan pueriles como que sólo en un dos por ciento de los colegios que han reabierto sus puertas para las familias, se han presentado casos de COVID, como si estos fueran platillos voladores. 

Por supuesto, dejando a un lado la estulticia del ministro, no se puede pasar por alto, el grado de descoordinación aparente que existe entre su cartera y la de salud. No es de extrañar en todo caso, considerando que el actual ministro, el Doctor Enrique París, aparentemente no es quien toma las decisiones en el MINSAL y éste sigue en manos de otro fanático como Jaime Mañalich, quien fue defenestrado hace ya tiempo por el desastroso resultado de su manejo de la anterior ola de COVID en nuestro país. 

Otro tanto sucede con los santones del Ministerio de Hacienda y de la academia neoliberal, preocupados de la responsabilidad fiscal, los equilibrios macroeconómicos y la inflación,  mientras la gente está muriendo.  Eso a propósito del tercer retiro de los fondos de las AFP's, el IFE, salario mínimo, etc. Lo más chistoso de todo, si es que puede haber algo chistoso en medio de esta tragedia, es el aire magisterial y docto con el que siguen pontificando acerca del manejo de la economía en medio de la tragedia social más horrenda que haya vivido el país en décadas. 

¿Cómo explicarlo? Bueno, ya en su primera administración, Piñera siguió un libreto parecido. Frente a la ola de protestas que le aguaron la fiesta el año 2011 en todos los frentes -ambiental, educacional, laboral, reconstrucción, etc.- recurrió a lo más granado de la reacción. Los liberales de la derecha, si es que alguna vez los hubo, corrieron todos la misma suerte del actual Canciller, antigua promesa de la "derecha democrática". Se arrodillaron frente a la reacción católica y nostálgica del militarismo o ellos mismos se convirtieron al credo conservador. 

No hay caso. La derecha, aparentemente, no tiene otra vocación que la de oponerse a los cambios, a las reformas y la democracia. Está en su ADN. Sin embargo, no sin que ello provoque contradicciones y disputas que en otros momentos históricos en nuestro país, han resultado determinantes para el desarrollo de los acontecimientos. A mediados de los sesenta del siglo pasado; durante la dictadura militar; en el período llamado eufemísticamente "transición a la democracia". La derecha en momentos como esos, se desordena y aunque el gobierno recurre a lo más fanático del repertorio doctrinario, político y cultural del sector para tratar de poner orden, le resulta imposible. 

No ordena a sus partidos ni a sus bancadas parlamentarias; el Ejecutivo es presa de un desorden indisimulable ya y sus decisiones resultan impracticables u objeto de enmiendas que se van haciendo sobre la marcha para terminar casi siempre en el Tribunal Constitucional. Su fanatismo no es otra cosa que una suerte de fascismo trasvestido y lo que es peor, tolerado por un sector no menor de la oposición que ha hecho de la cohabitación con la derecha, una forma de gobernar "minimalista", que se puede apreciar, usando la frase de un ex presidente, como la medida de lo posible. 

No hay aparentemente, otra alternativa en la derecha, excepto literalmente "corcoveos" coyunturales que responden a la provocación de la reacción neoliberal más fundamentalista. 

El gobierno, ya no gobierna. La derecha está en llamas y como no es posible -porque en ninguna parte de América Latina aparentemente lo es- que los militares sean un recambio, una alternativa de contención ante la protesta popular y los anhelos de democratización y justicia social, el fascismo se expresa como una aceptación  de la derecha -medio fatalista, bastante cínica por lo demás-  a la enfermedad, la muerte, el hambre y la necesidad, apenas consolada por una pseudociencia económica. Ese fanatismo, tiene su contraparte en apenas gestos compasivos y cálculos coyunturales pero que no son una alternativa de gobierno para el país.   

El gobierno de Piñera, puede ser el epílogo de la dominación neoliberal. El fanatismo de su administración es precisamente una demostración de su agotamiento y probablemente el comienzo de una nueva etapa en nuestra historia, si es que nos lo proponemos.