viernes, 18 de febrero de 2022

¿Hacia donde va la derecha?

Hannah Höch. Corte con el cuchillo de cocina dada. 1919



¿Hacia dónde va la derecha? Se están empezando a votar, en el Pleno de la Convención, los artículos que definitivamente van a ser parte de la nueva Constitución y la derecha no ha logrado incluir ni una sola de sus ideas entre ellos. Es la razón por la que ha acusado toda clase de errores o derechamente malas intenciones y actitudes antidemocráticas por parte de la izquierda -o sea todo el resto de la Convención prácticamente-. 

Pasando por alto que es precisamente lo que hizo durante treinta años de "democracia de los acuerdos", decir que la izquierda quiere imponer una Constitución que contenga sólo su concepción del Estado y de la sociedad, es desconocer olímpicamente que el pueblo eligió a los convencionales precisamente por las ideas que hoy en día se aprueban y que si Vamos por Chile no escogió más que su ridículo veinte por ciento, es porque la sociedad ya está hasta el gaznate con las suyas. 

El resultado que obtuvo en la elección presidencial, fue señal suficientemente clara de que discursos de odio y beatería moral y religiosa, no la van a llevar a recuperar las posiciones de dominio que gracias a una Constitución ad hoc, ocupó en el pasado reciente. De esa manera, no acierta a hilvanar un par de frases con sentido sin luego contradecirse, arrepentirse, parafrasearse, explicarse y perderse. Un ejemplo claro de ello, fue la efímera amenaza de la UDI declarándose en estado de reflexión.

Ciertamente la reflexión no es su fuerte y le duró muy poco. Del lado de los dizque "liberales", las cosas tampoco son tan claras, pues de todos modos es un hecho que si el plebiscito fuera hoy sólo en base a lo que ya se ha aprobado, rechazaría. Sin embargo, haciendo gala de su republicanismo decimonónico, dice que no lo haría sino hasta conocer el texto final, aún sabiendo que por una cuestión de clase es lo que va a hacer. Su inveterado positivismo gnoseológico es apenas un pretexto.  

 Y ¿después del rechazo? Tampoco han explicado claramente su propuesta en el hipotético caso de que éste triunfara. ¿Volver a antes del 25 de octubre de 2020? ¿Convocar a una nueva Convención, como propone Longueira?, ¿otorgar facultades constituyentes al Congreso actual?

Lo que sea que la derecha piense que hay entre lo que actualmente se vota en la Convención y lo que se someta a referéndum en julio, es incomprensible....mejor dicho, inconcebible. Desconoce la historia reciente partiendo del 18 de octubre de 2019 y el resultado de todas las elecciones realizadas desde el plebiscito de entrada.

El gobierno que asume en marzo, presumiblemente, le va a poner el acelerador al proceso constituyente y ello, por cierto, la preocupa. Su principal queja hasta el momento es por la soledad en la que se siente. Ni pirquineando votitos, logra juntar el tercio y salvo en materias puntuales y muy esporádicamente, ha votado igual que otros sectores. Es de hecho en esas contadas ocasiones donde más evidente es su soledad e intrascendencia. 

Pero no hay que confundirse. La labor de zapa que está realizando para provocar el fracaso de la Convención es evidente y tenebrosa. La Tere Marinovic, como le dicen los siúticos, se ha dedicado permanentemente a provocar, lo mismo el convencional Zúñiga de la UDI. Marcela Cubillos, ha actuado como vocera de lo más reaccionario del sector a través del pasquín El Libero, luego reproducida por toda la prensa  del sistema. Y si bien hay personajes que las pintan de más razonables e incluso tienen la osadía de decir que esperan el éxito de la Convención, no han parado de cuestionar desde una posición de supuesta superioridad intelectual o técnica, las resoluciones de las comisiones o lo que ha votado el Pleno hasta ahora, contando eso sí con un coro de "académicos" aterrados al ver que la sociedad que han ayudado a construir en estos treinta años se cae a pedazos. 

¿Qué es lo que pretende? A las perdidas, negociar alguna cosa tratando de sacar provecho de las diferencias circunstanciales que pudiera haber en la izquierda. Introducir, por ejemplo, alguna enmienda en los artículos que no alcanzaron los dos tercios en el pleno y que vuelven a las comisiones. Permutar sus votos en ciertas materias de su interés y que pudieran cambiar los resultados en las próximas votaciones; varias alternativas tiene todavía y por ella se las están jugando. 

Sin embargo, es casi seguro que al final del día va a a tirar el mantel. El rechazo en el plebiscito de salida es precisamente eso. El fracaso de la Convención aun cuando sea por una exigua diferencia en él, es su única alternativa. Es la imposición de los puros hechos mediante un acto de fuerza  que empezó a planificar desde el 15 de noviembre de 2019. En pocas palabras, el fascismo. No hay otra posibilidad para la derecha. 

Las caras del fascismo en todo caso son muchas. Kast solamente abrió el camino y tal como está sucendiendo en otras partes del mundo, aunque no se pueda afirmar que es una tendencia definitiva, en la confianza está el peligro. Ni un milímetro se le puede ceder.

El gobierno del Presidente Boric debe prepararse para una tenaz resistencia por parte de los empresarios, los grupos conservadores, el lobby de las transnacionales que han gozado en estos últimos treinta años de granjerías comparables sólo a las de la oligarquía de comienzos del siglo XX. El pueblo movilizarse; los partidos y organizaciones sociales que fueron sostén del triunfo de diciembre, fortalecer su unidad. La derecha no ha olvidado las lecciones de la Unidad Popular. es de esperar que el pueblo tampoco. 


jueves, 10 de febrero de 2022

La batalla de salida

Renato Guttuso. Mitin de barrio. 1975



La campaña por el plebiscito en que se someterá a referéndum la nueva Constitución ya comenzó. La derecha, desesperada ante su imposibilidad de detener las transformaciones que la Nueva Constitución consagrará en materia de rol del Estado y concepción de derechos y libertades individuales y colectivas, ya optó por adelantar la campaña del rechazo.

Si bien algunos de sus representantes habían insinuado tibiamente su disposición a redactar y posteriormente, aprobar una nueva Constitución, en los últimos días lo que predomina en sus declaraciones son las descalificaciones, las caricaturas, y hasta la distorsión de los debates, las propuestas y resoluciones que se van abriendo paso en las comisiones de la Convención. 

A las perdidas, algún timorato de los que hay entre sus miembros, se compadecerá de su soledad minoritaria y la acompañe en ella.

Lamentablemente para el sanedrín de los herederos de Jaime Guzmán, incluso esa labor de  compañero contenedor que le gusta jugar por ejemplo al convencional Patricio Fernández, no es suficiente ni necesario, pues lo que quiere es salvar lo que se pueda de la estantería, ya casi desmantelada. No consuelos. 

En las comisiones de Sistema Político y Gobierno, Forma del Estado, Medio Ambiente y Modelo Económico, se han cumplido al menos en las votaciones particulares de norma, las peores pesadillas de la derecha y ya da por perdidas también, las votaciones en el Pleno de la Convención por esa causa. El presidencialismo napoleónico de Pinochet; el bicameralismo; el laissez faire en materia económica y social, el exclusivismo racial y el nacionalismo, todo lo que sostuvo el modelo neoliberal están crujiendo.

Los discursos amistosos, los intentos de tender puentes con alguien en la Convención no han dado resultados. A ratos, la derecha parece no darse por enterada de que "la democracia de los acuerdos" felizmente es sólo un recuerdo. Y cuando súbitamente lo admite como quien despierta de un largo sueño, se retuerce de indignación y acusa a la Convención de traicionar el mandato para el que fue electa; la descalifica con ordinariez y prepotencia y en su versión más sofisticada pero igualmente reaccionaria, inventa retorcidos sofismas para tratar de explicar -como lo han hecho los conservadores toda la historia- mediante una lógica abstracta y transhistórica, que cualquier intento de transformación contraviene las leyes naturales del desarrollo social y la democracia. 

Un escenario terrible para el sector. Todo esto no es más que la expresión de la decadencia inevitable e incontenible del neoliberalismo. El que en marzo asuma un gobierno de izquierda, el primero desde el fin de la dictadura, sin la Democracia Cristiana y con presencia de la socialdemocracia hasta los comunistas en carteras importantes y que plantea en su programa reformas estructurales, solamente viene a confirmar la necesidad de adelantar la campaña.

El riesgo de que en el plebiscito de salida gane el rechazo, sin embargo, no se puede despachar de buenas a primeras. El susto de la primera vuelta de la elección presidencial es muy reciente como para no considerarlo. La derecha y el empresariado están usando su potente red de medios de comunicación y no hay horario en el que no estén criticando majaderamente las "locuras" que se están aprobando. Los "gustitos personales" -que es como llaman a todas las normas que no se avienen a sus concepciones del Estado y la Sociedad- que aprueban las comisiones. 

Esta propaganda va dirigida fundamentalmente a sectores de clase media que de alguna forma se han visto beneficiadas o a las que se hecho creer que lo han sido, con la exclusividad de un status ideológico que los hace creer que no son o que dejaron de ser trabajadores o trabajadoras; que han "superado la pobreza" -promesa quimérica del modelo- o podrían hacerlo gracias a su esfuerzo individual, todo gracias a la privatización y la mercantilización de la vida social. 

Es un libreto bastante conocido y archi manido por el fascismo en todo el mundo. Los vestigios de la Concertación de alguna manera representan este temor clasemediero. Algunos de sus adláteres en la Convención; algunas antiguas glorias del liberalismo social y de la Democracia Cristiana, todavía no se animan a llamar abiertamente al rechazo, pero se han sumado entusiastas al coro de los augures que advierten la posibilidad de que la Convención fracase, para lo que urdieron muy sibilinamente la trampa del mega quórum de aprobación. 

Como toda obra humana, la nueva Constitución se va a abrir paso pese a cualquier limitación formal porque proviene de una necesidad social e histórica y como el búho de Minerva va a emprender el vuelo sólo al atardecer. Eso no significa, en todo caso, que la razón vaya a imponerse sólo por una necesidad lógica. En el plebiscito de salida va a abrirse paso la necesidad histórica en la forma de un movimiento popular, semejante al que le dio el triunfo a Boric y Apruebo Dignidad en las últimas elecciones presidenciales. 

La experiencia de entonces indica que no va a ser la suma algebraica de siglas, partidos políticos u organizaciones la que lo constituye. Es la expresión material de unos valores, de una moral del trabajo frente al despojo; de la solidaridad frente al individualismo; de la igualdad frente al abuso; de la armonía con el medioambiente contra el afán de lucro; de la diferencia, de la democracia y de la libertad y que provienen de una larga historia y tradición de lucha del pueblo chileno.

El adversario ya no es una caricatura del conservadurismo y la intolerancia como en la pasada elección. 

Es una batalla ideológica y cultural que requiere de la más amplia lucha de masas; en el que se deben movilizar también todas las capacidades políticas, técnicas y de las organizaciones sociales. El carácter de clase del modelo es lo que la derecha está defendiendo con uñas y dientes y por lo que ha desatado una feroz campaña contra la Convención. La crisis del modelo neoliberal, ha desatado la resistencia más tenaz de los patrones frente a cualquier reforma que pueda poner en riesgo sus groseras tasas de ganancia y limita cada vez más la posibilidad de extender los plazos para su implementación. 

Por esa razón los sindicatos y las organizaciones sociales desde ya debieran prepararse para el plebiscito de julio. Informar, debatir, coordinar, denunciar las mentiras de la derecha; emplazar a sus convencionales y pedirle cuentas de su participación en la Convención. Los partidos de Apruebo Dignidad e incluso los que entraron al gabinete luego del llamado del Presidente, fortalecer su unidad en las comunas, en los sindicatos, las organizaciones estudiantiles, de género y también las de las artes y la cultura. 

En julio vamos a ganar, como lo hicimos en diciembre. 






martes, 18 de enero de 2022

Los desafíos del movimiento popular en el siglo XXI

Pieter Bruegel El viejo. La caída de los ángeles rebeldes



Se acabó la transición por fin.

El país es testigo del resurgimiento de un movimiento popular que va a protagonizar los acontecimientos políticos de las próximas décadas.  

Por cierto, no se trata del mismo movimiento popular del siglo XX. El que realizó las grandes transformaciones que, aún con todas sus contradicciones y tareas inconclusas, modernizaron nuestra sociedad, como la reforma agraria, la expansión de la educación pública, la nacionalización del cobre y que son precisamente donde se ensañó la obra contrarrevolucionaria de la dictadura de Pinochet. 

Este movimiento popular, aún cuando se deba hacer cargo de las tareas que el golpe de Estado de 1973 y la instauración de un neoliberalismo de manual en los años 80 primero y uno adocenado en los 90 después dejó inconclusas, se define también por las transformaciones que sufrió nuestra sociedad producto de su implantación en los últimos cuarenta años.

A grandes rasgos, dichas transformaciones consistieron en la privatización de todo en beneficio de unos cuantos. Las empresas que el Estado creó en el siglo XX; los servicios públicos transformándolos en lucrativos negocios, partiendo por la seguridad social, para seguir con la educación y la salud públicas. También la cultura y el entretenimiento, terminando con  los recursos  naturales y convirtiendo incluso el medioambiente en fuente de apropiación privada y de ganancias para empresas nacionales y transnacionales. 

Todo ello, por cierto, a costa de la exclusión y la multiplicación de las contradicciones intrínsecas al sistema capitalista en todas las esferas de la vida social; del empobrecimiento de la clase trabajadora, los empleados y la clase media, que son reemplazados por una masa informe e indeterminada de consumidores precarios, sobreexplotados y sometidos al capital financiero a través de niveles de endeudamiento irracional.

Dicha irracionalidad, sin embargo, está sostenida por una racionalidad que expresa el interés particular como si se tratara de una necesidad universal. Eso es precisamente el neoliberalismo. En el fondo es la instauración de una sociedad de clase y la manifestación de las exclusiones de diverso signo como remedo de diversidad. 

Por esa razón se trata de un Movimiento Popular y unas izquierdas distintas a la del siglo XX -y no podía ser de otro modo- pero que ha avanzado en los últimos dos años, mucho más de lo que lo hiciera en los treinta anteriores. Es una  buena noticia aunque considerando el tamaño de las tareas que implica la coyuntura histórica -que no es otra cosa que la superación del neoliberalismo- sea tal vez un poco insuficiente todavía.

Hoy en día, la unidad de la izquierda está, efectivamente, en un estado muy incipiente. Su identificación con un Sujeto capaz de realizar las transformaciones que Chile necesita, y la expresión de esta unidad en todos los territorios y formas de la vida social está en pañales, aunque es la única garantía de sostenibilidad de esta alianza, que hoy por hoy es Apruebo Dignidad.

Este propósito expresado en la Convención Constitucional y el Gobierno del Presidente Gabriel Boric, la lleva a “identificarse” con los grandes movimientos sociales y de masas y a tomar partido en la historia; a identificarse con quienes sufren y luchan contra las injusticias, la discriminación y la dominación. No es una definición doctrinaria sino una circunstancia histórica la que explica su necesidad y su significado.

Es el resultado del reconocimiento de que la sociedad siempre ha sido plural, diversa, contradictoria y de que siempre ha sido en la propia vida social y en la lucha de los oprimidos, donde ha encontrado la manera de sintetizar esa identidad que es, por lo demás, su capital político principal. No se trata de inventar la rueda. Así fue en el pasado y así va a seguir siendo en el siglo XXI.

Por esa razón, no es una suma de nombres ni un corta y pega de propuestas programáticas. Es la encarnación de los valores de una nueva sociedad, de un nuevo Estado, lo que finalmente expresa la izquierda, lo que significa tener vocación de poder y es su razón de ser. Valores que se van construyendo en la vida social, en millones de intercambios que se viven intensamente en el consultorio, en el trabajo, en la feria, en el barrio y en la escuela y que son negados por la moral individualista, mezquina y el desmesurado egotismo de la cultura del sistema.

Ahí es donde se va a tejer la unidad del pueblo. No es una lista de medidas a tomar en nuestro próximo gobierno sino una idea de la nueva sociedad que está naciendo y que va a surgir de este proceso, de lo que hay que hacerse cargo.

Por cierto, aun cuando la derecha y los cultos de diversa calaña no logren comprenderlo, es de ahí de donde surge además, el mandato de la Convención Constitucional y lo que debe expresar la propuesta que someta a la consideración del pueblo en el plebiscito de salida.

La suerte de este Movimiento Popular se juega pues en su unidad en torno al proceso constituyente y en la implementación del programa del Gobierno de Apruebo Dignidad. No va a ser fácil por cierto, pero es necesario, posible y será hermoso. 

 


lunes, 20 de diciembre de 2021

No pasaron y no pasarán

Equipo Crónica El entierro del Conde de Orgaz. 



El peor gobierno de la historia, no podía terminar sin hacer un último número de mal gusto y malintencionado: retirar la locomoción colectiva el día de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales o a lo menos, no preocuparse por garantizar su servicio con la finalidad evidente de favorecer al más bizarro de los candidatos que haya osado presentar la derecha con la salvedad de Pinochet en 1988. 

Fue el epílogo del período más duro y antipopular de nuestra historia reciente. Ningún gobierno había sido tan indolente ante el dolor del pueblo; tan desembozadamente clasista a la hora de endosar los costos de una crisis sanitaria y económica como la actual sobre los hombros de trabajadores y trabajadoras; tan represivo e injusto para enfrentar la legítima protesta social. Mientras el pueblo sufre cesantía, pérdida de ingresos, enfermedad y muerte, los dueños de los bancos y las impopulares Administradoras de Fondos de Pensión, han visto incrementadas sus ganancias  en cifras estratosféricas. En fin, ningún gobierno había sido tan desastroso  para el pueblo como el de Chile Vamos.

Por esa razón, perdieron estrepitosamente y no volverán a gobernar.  El hecho de que en la elección con la mayor participación  de la historia hayan perdido por paliza -doce puntos porcentuales equivalentes a unos ochocientos mil votos o más y en la mayoría de las regiones del país-, después de haberse mostrado tan triunfalistas anticipando un resultado estrecho, demuestra que el pueblo rechaza la política derechista tan bien representada por Kast pues no es otra cosa que un retroceso político, social, moral y cultural que contradice el sentido de la historia y la acumulación de las conquistas alcanzadas por el pueblo en los últimos años. Por eso se movilizó yendo a votar y lo volverá a hacer cada vez que sea necesario. 

El fascismo fue derrotado en todas  las líneas. Ganó, en cambio, la unidad del pueblo. 

En efecto, no sólo la capacidad del comando de Gabriel Boric de unificar las votaciones de Apruebo Dignidad, Nuevo Pacto Social y MEO explican este resultado. Su sumó cerca de un millón de nuevos electores que vienen a ensanchar social y políticamente el torrente de las fuerzas antifascistas que dignamente representó el joven diputado magallánico. Jóvenes, pobladores, la gente de las provincias del norte y del extremo sur del país. 

La derecha, en cambio, solamente repitió su votación de primera vuelta y ni siquiera logra sumar, pese a todos sus esfuerzos y la buena disposición mostrada por su fantasmagórico abanderado, la votación del Partido de la Gente, insólito intento de expresión de una clase media despolitizada, temerosa y que ha sido presa fácil de demagogos inescrupulosos como Parisi. Por cierto, después de este resultado, difícilmente se podría apostar a que su bancada vaya a sumarse de buenas a  primeras al partido del führer de plástico que es Kast y su pandilla.

Las primeras reacciones de la derecha son confusas y apenas disimulan su incomodidad con un resultado que aparentemente nunca previeron. Van desde ser una oposición dialogante y constructiva (sic) a hacer valer su peso en el Parlamento, defender la libertad, blablablabla... Esta situación ya se empezaba a expresar tibiamente antes de la segunda vuelta pero en este momento es posible augurar una disputa que se va a agudizar en la misma medida que avance el proceso constituyente y la administración a cargo del Presidente Boric. 

La clase empresarial, con el fariseismo que caracteriza a sus dirigentes, igual que la derecha, manifiesta su reconocimiento al presidente recién electo, pero inmediatamente señala los límites que está dispuesta a tolerar, por lo demás no muy flexibles. Sin embargo, se pueden vislumbrar también algunos matices respecto de la manera de recuperar la economía que probablemente tienen que ver con la sorpresa del aplastante resultado pero que indudablemente tienen que ver también con la profundidad de la crisis que se avecina.  

El nuevo gobierno tendrá que hacerse cargo de lo que ni la derecha ni la ex concertación podrían haber hecho efectivamente. Por eso ganó el diputado Boric y en el camino quedó la senadora Provoste y MEO. Las tareas son enormes ciertamente. Por eso también ganó el joven diputado magallánico. Porque representa a una generación joven que va a construir un nuevo Chile. Porque representa a un amplio y diverso movimiento popular que agrupa a socialdemócratas, como él; a la coalición de partidos de izquierda más amplia que se recuerde desde el MDP; generaciones de izquierda que lucharon contra la dictadura de Pinochet, contra la exclusión en los noventa, a jóvenes que nacieron en democracia y que  lucharon por la educación pública el 2006 y el 2011. A las mujeres, las identidades diversas, los pobladores sin casa, los trabajadores y trabajadoras que han luchado permanentemente contra el subcontrato, el abuso patronal y las AFP's. 

Probablemente el Presidente impulsará una política de DDHH que se haga cargo de las deudas de las Piñera no se ha hecho cargo ni lo hará antes de irse. De la integración latinoamericana, más necesaria hoy que nunca para defender la democracia y los derechos del pueblo. Pero lo que urge, tal como lo dijo en su discurso en la Alameda, es darle un nuevo impulso al proceso constituyente para terminar de una vez por todas con cuarenta años de una Constitución que, primero, sostuvo jurídicamente la violación sistemática de los DDHH y luego, en los noventa y hasta el día de hoy, impidió el despliegue de la participación soberana del pueblo y la verdadera democracia. 

El show de Gloria Hutt no va a pasar de ser un recuerdo desagradable, un chascarro que sólo retrata de cuerpo entero la moralidad de la derecha en el Chile que viene. No pasaron ayer y no pasarán en el futuro. 

sábado, 11 de diciembre de 2021

¡Qué pasó con la revuelta!


La muerte de Marat. Jacques Louis David


A dos años de la revuelta popular que tiró al tacho de la basura de la historia la Constitución del 80, el país se enfrenta  sin embargo  a la posibilidad cierta de que la ultraderecha, que es el único sector abiertamente partidario de este bodrio,  gane las elecciones presidenciales.

Varios factores coyunturales podrían explicar esta paradoja aunque ciertamente tiene explicaciones mucho más profundas, si bien evidentes. ¡Es la lucha de clases! 

Efectivamente. Las clases dominantes de la sociedad están respondiendo a los embates de protesta popular que pusieron en jaque sus posiciones de dominio a partir del 18 de octubre de 2019 -el sistema de AFPs y la Constitución de Pinochet-. Para ello, han recurrido a todos los recursos disponibles de su repertorio mafioso. Desde la represión abierta, al muñequeo, la desinformación, la mentira, la difamación y la calumnia. 

La candidatura neofascista de Kast, es sólo uno más de sus ingredientes.

Los liberales, la derecha social, todos sin excepción se pusieron a disposición de la reacción moral y cultural,  guardando discretamente en un cajón sus discursos sobre tolerancia, diversidad, libertad, en tanto que el  papel que los fascismos han jugado a lo largo de todo el último siglo, desde Mussolini a Bolsonaro, no es otro que el de ser la última barrera de contención del modelo y los intereses de clase que defienden también liberales y conservadores, aunque con medios menos prosaicos.

Esta situación ha tenido resultados de proyecciones insospechadas. En primer lugar, barrió con los partidos del autodenominado "centro político". Partiendo por la DC, incapaz de dar cuenta de la contradicción que explica la situación social actual. Otros, simplemente porque tratándose de la defensa de los intereses de clase a los que sirven, olvidaron rápidamente sus ínfulas liberales y republicanas.  El espectáculo patético de Vargas Llosa llamando a votar por Kast, el representante más conspicuo de la reacción católica y nostálgico de la dictadura militar, es suficiente demostración de la bancarrota doctrinaria, política y cultural de este sector. 

Así las cosas, la segunda vuelta de la elección presidencial resulta determinante, quizás como ninguna otra antes en los últimos treinta años, para este sector. 

El buen resultado que obtuvo en las parlamentarias, puede diluirse como agua entre los dedos si es que no logra su objetivo de ganar la Presidencia de la República, habida cuenta de que la Convención podría resolver un período de transición para la instalación de la nueva Constitución y adelantar el llamado a unas elecciones generales, para lo que  contaría, por cierto, con la colaboración del Poder Ejecutivo.  La experiencia venezolana es bastante elocuente a este respecto y es probablemente por lo que vino Leopoldo López a Chile.

En resumidas cuentas, la derecha se juega mucho más que la presidencia en esta elección y así lo entienden varios de sus dirigentes. 

Lo que está  definitivamente en juego, es la posibilidad de detener el proceso de transformaciones iniciadas el 18 de octubre de 2019.  Ante una disyuntiva como ésta, no hay lugar para exclusivismos  ni alternativas de la alternativa.  De eso ya se dio cuenta la DC con un costo enorme para ella. No es el programa, qué tan radical ni qué tan amarillo pueda ser el gobierno de Apruebo Dignidad, lo que se define en la segunda vuelta. De hecho, los esfuerzos de los partidos de centro por moderarlo, apenas disimulan su incapacidad política. En efecto, el oportunismo de su actuación no podrá reemplazar, por cierto, las necesidades de transformación social que son consecuencia de contradicciones reales que han generado treinta años de neoliberalismo.

Tecnicismos más, tecnicismos menos,  ajustes más o menos, la sociedad reclama reformas de fondo y sea quien sea electo el 21 de diciembre tendrá que hacerse cargo de ellas. La movilización de masas va a resultar decisiva en este sentido pues los hechos de los últimos dos años han demostrado que la institucionalidad políítica hace rato que no da cuenta de ellas ni es útil para canalizarlas.

El sentido histórico de la Constituyente es precisamente ese.                            

Sin embargo, los aciagos compromisos en los que el sistema pone a la población, las hacen más urgentes. Efectivamente, el sistema de AFP’s arroja todos los años a masas de ancianos y ancianas a la indigencia generando una enorme carga para el fisco y para sus familias; el endeudamiento de éstas y el encarecimiento del costo de la vida, combatido paradójicamente por los economistas del sistema manteniendo en la pobreza a la población, generan un  caldo de cultivo propicio para las soluciones informales y que operan en los márgenes del sistema o fuera de ellos; redes de tráfico de drogas, incluyendo el microtráfico, venta de especies robadas, comercio informal, que finalmente terminan golpenado también a nuestro ya sufrido pueblo en sus barrios y poblaciones convertidos en verdaderos  mundos paralelos al oasis neoliberal de los mall y las carreteras interurbanas.

La ansiedad y el temor que asola a trabajadores y trabajadoras se manifiesta, luego, en un esecpticismo que refleja el alto abstebcionismo registrado en la anterior elección y es aprovechado por el fascismo proponiendo soluciones facilonas, sin ningún tipo de escrúpulo, diciendo después “….no se preocupen, todo va a estar bien….” Es a esa enorme masa de chilenos y chilenas que no reflejan twiter ni instagram a las que es necesario movilizar para detener a la reacción, derrotar su contraofensiva y hacer efectivas las demandas del 18 de octubre.

 


sábado, 27 de noviembre de 2021

Muertos cargando adobes

Max Beckmann. La partida, 1935



El resultado de las elecciones del 21 de noviembre, sorprendió. Primero, porque el candidato mejor posicionado en las encuestas, el diputado Gabriel Boric, no salió primero como todo hacía prever. En segundo lugar, por la impresionante votación que sacó el candidato más freak de todos, Franco Parisi. Y finalmente, pero lo más obvio, porque el primer lugar lo obtuvo un nostálgico de la dictadura de Pinochet, de la DINA, de los chicago boys y su funesta doctrina económica; defensor de los dogmas más oscurantistas en materia cultural y moral....en fin, lo más opuesto al progreso. 

También sorprendieron estas elecciones por la resurrección de la derecha. No solamente por el extraordinario resultado que obtiene en las parlamentarias, sino por su capacidad de ordenarse tras la candidatura ultra de Kast. Atrás quedó el verso de una supuesta derecha liberal y moderna. Cuando se trata de defender los intereses de las clases dominantes, la derecha chilena -desde EVOPOLI a Desbordes- es capaz de tragar sapos y culebras y olvidar sus bizantinas y superficiales diferencias, para hacerse cargo de su rol histórico. 

Especialmente en esta ocasión en que hay tanto en juego.

Un logro circunstancial, en todo caso, que los medios del sistema, los opinólogos de moda y antiguas glorias de la intelectualidad concertacionista y por cierto, la misma derecha, hacen aparecer como un triunfo estratégico y definitivo; demostración de la ilusión del "octubrismo" y de retorno de la "sensatez". Vamos a ver cuánto les dura. 

La Concertación, en cambio, no logró remontar su decadencia. La DC obtiene el peor resultado de su historia, asemejándose mucho al radicalismo de fines de los años cincuenta del siglo pasado. El resto de los partidos que la conformaron históricamente, no se demoraron mucho en llamar a votar por la izquierda en la segunda vuelta, dejándola sola en esta ocasión. La Concertación  pese a las declaraciones surrealistas de algunos de sus dirigentes sosteniendo contra toda la evidencia disponible y la lógica más elemental la relevancia del "centro", ya no existe. 

La candidatura del diputado Boric, representativa del más amplio espectro político y social; del progreso de la sociedad y la democracia y la consciencia de los DDHH; de abierta y explícita vocación antineoliberal -lo que le valió el derecho a representar a las fuerzas democráticas en la segunda vuelta- por la vía de los hechos, y no producto de un acuerdo explícito y voluntario de todas las fuerzas políticas democráticas, se transformó o está en vías de transformarse en una suerte de frente antifascista. Ello en el siglo XXI equivale a ser un frente antineoliberal, en la misma medida que esperpentos de barbarie como Bolsonaro, Trump o Kast son, precisamente, la culminación  de un capitalismo salvaje que ha demolido las bases de la democracia y la razón. 

Pero en política, se ha visto muertos cargando adobes, como se dice. No faltan de hecho, los que todavía pontifican con la moderación, la responsabilidad fiscal, y una larga letanía de adjetivos que pretenden contener las transformaciones, o adaptarlas a los límites impuestos por el neoliberalismo, incluso entre quienes conforman este amplio y diverso espectro político y social que apoya la candidatura de Apruebo Dignidad.

Dichas transformaciones, sin embargo, se van a abrir paso en medio de un proceso que va a ser mucho más complejo de lo que todo hacía prever hasta antes del domingo 21. Primero , porque son necesarias y porque la acumulación de contradicciones y malestar que genera el neoliberalismo no se van a resolver en los límites del mismo modelo que las genera. Las transformaciones no son una posibilidad más de las que el supermercado en que ha transformado el neoliberalismo a la sociedad puede ofrecer. Sucedáneos tal vez, sucedáneos que caducan cada vez más rápido, generando oleadas de malestar y protesta social que sólo podrían ser contenidas recurriendo a la represión y la violencia, que es lo que propone la derecha hoy por hoy. 

Por esa razón, evidentemente, con el fascismo no hay diálogo posible. 

En segundo lugar, porque es la izquierda la fuerza política que emerge como la gran triunfadora, pese a los intentos de la prensa del sistema por demostrar lo contrario. El resultado del Partido Comunista en las elecciones parlamentarias junto a la irrupción de una generación de dirigentes jóvenes, entre los que se cuenta el propio Boric, que han hecho de la crítica a las prácticas políticas tradicionales, como las componendas cupulares, al conservadurismo moral y cultural del proceso de transición; que han mostrado también como carta de presentación sus propias prácticas en el movimiento estudiantil  de donde provienen también Vallejo, Cariola, Jackson y otros, hacen confiar en su efectiva realización. 

En tercer lugar, porque la izquierda ha ido encontrando un centro de gravedad, por llamarlo de alguna manera. Quizás, producto de las circunstancias y de la posibilidad de que nuestra sociedad sufra una involución reaccionaria, aun cuando fuere momentánea, se ha ido aclarando la necesidad de realizar alianzas amplias. El hecho de que no sea una política impulsada solo por un partido sino por el conjunto de los que conforman Apruebo Dignidad, despeja un tema que históricamente ha generado grandes disputas en su interior. La práctica y la experiencia del pueblo determinarán el contenido y alcances de esta amplitud y por el momento, lo mejor es no adelantarse. 

Dos desafíos tiene al frente en todo caso. El primero es la lucha ideológica y la disputa por capas medias y de sectores populares despolitizadas y que han sido presa fácil del populismo y los discursos facilones. Tanto entre los votantes de Parisi como incluso entre los de Kast, hay amplias capas de empleados, trabajadores, pobladores y gente que aspira a una sociedad mejor que es necesario convencer. El recurso a los discursos contra la delincuencia y la inmigración han sido su caballito de batalla.

El segundo es la movilización del pueblo. Primero, yendo a votar masivamente el 19. Mientras más contundente sea el triunfo ese día, menos posibilidades tiene la derecha y el conservadurismo,  de frenar las transformaciones contenidas en el programa de Apruebo Dignidad y por las cuales el pueblo se inclinó en la primera vuelta, entre las candidaturas de oposición. Después, y es lo más difícil, para defender ese programa y su implementación del complot de la derecha. Partiendo por lo que tiene que ver con la Nueva Constitución pues la reacción va a hacer lo posible por  sabotearla desde el Congreso. 

Por angas o por mangas, la brújula se inclina a la izquierda. Ciertamente, menos de lo deseable y podría haber sido, pero eso es harina de otro costal. Efectivamente, en días recientes se ha visto muertos cargando adobes, pero como dijo el Presidente Allende, los procesos sociales no se detienen. 

 

 


lunes, 22 de noviembre de 2021

Chile entre dos opciones




El candidato de ultraderecha que estará en la papeleta el 19 de diciembre, declaró que Chile debe elegir entre la libertad y el comunismo. Con la asertividad y la claridad que lo caracterizan, Kast ordena a su gente, señala a sus enemigos  y objetivos precisos tras los cuales movilizarse. 

No será un gran teórico pero si bastante claro. Su candidatura, su propuesta y discurso no se caracterizan por su sofisticación, ni por su rigurosidad. Es un refrito de lugares comunes, frases hechas, sentimentalismo, aspiraciones abstractas y espiritualismo beato. Errores conceptuales; negación de la ciencia y de los avances de la civilización. Algo que como el propio candidato ha reivindicado, calza perfectamente con el sentido común, aun cuando no tenga ningún fundamento racional. Es como un Mussolini tercermundista del siglo XXI.

El resultado del domingo tiene que ver precisamente con el deterioro de la razón; con el subjetivismo y el predominio de las actitudes más básicas del ser humano, propios de la cultura neoliberal. Es exactamente la explicación para que un candidato como Parisi sacara la tercera mayoría, dejando en el camino a una senadora, ex ministra, dirigente y demócrata probada, como Yasna Provoste. Algo difícil de creer los días previos pero que efectivamente sucedió.

Se podría decir que los candidatos del sentido común; del cosismo y las soluciones mágicas se impusieron en esta ocasión pues expresan la cultura dominante, una ideología machacada majaderamente por treinta años, y que hoy por hoy es un campo de batalla por la conciencia. Este resultado, sin embargo, no habría sido factible de no mediar una serie de factores coyunturales. No se trata de el desenlace fatal -sino de un episodio- de la lucha entre dos opciones entre las que se juega el destino del país. 

Entre ellos, el control de medios de comunicación de masas y un servilismo que a estas alturas, ya casi se vive con una ingenuidad que raya con el sonambulismo. La difusión del allanamiento a la sede de un partido de oposición días antes de la elección, como si estuviéramos todavía en la época de Pinochet; la proliferación de fake news; la presentación del programa de Kast como si fuera de lo más democrático que hay o de un candidato que ni siquiera está en Chile y tiene cuentas pendientes con la justicia de familia, son expresiones de esta "detención del pensar". 

Qué decir del cierre anticipado de las sedes de votación en una acción abiertamente ilegal y rayana con el intervencionismo electoral.

Pero no se le puede achacar a la derecha hacer su política, al neoliberalismo ser tan ordinario ni a los medios controlados por el poder del dinero y el conservadurismo, resistir a las fuerzas sociales y políticas que propugnan cambios. El problema es cuando estas dejan de hacer la suya y omiten opiniones, argumentos y juicios detrás de un cálculo aparentemente razonable, que genera un vacío de significado que hábilmente ocupa el fascismo. Precisamente lo que ha hecho Kast y lo que con un sentido oportunista y cantinflero, hizo también Parisi. 

La ideología, en este sentido, actúa como un sucedáneo de explicación que tranquiliza a masas ansiosas ante la precariedad de sus vidas aunque esta sostenga precisamente la profundización de dicha precariedad. Xenofobia; machismo; clasismo; desprecio por la ciencia; hipóstasis de unas vagas nociones de  la patria, la familia y el esfuerzo que ocultan un programa económico que pareciera sacado de un manual de los chicago boys, solamente van a hacer más dura la vida de quienes votan hoy por la derecha buscando respuestas.

No es un examen de grado ni una demostración de responsabilidad lo que el pueblo espera de sus lideres y lideresas, organizaciones sociales y partidos políticos de izquierda y progresistas. La segunda vuelta que se realizará el próximo 19 de diciembre, no solamente va a requerir de la unidad más amplia de los demócratas, unidad que si es por aritmética tampoco alcanza, sino de una unidad de principios y valores. Claridad de propósitos y menos explicaciones técnicas. 

Hasta ahora, la opción de derecha y Kast en particular, han sido claros en la determinación de sus propósitos y sus enemigos. Son precisos para referirse a lo que entienden por paz, por justicia, por gobernabilidad, por desarrollo. No ha tenido temor a confrontar, y Kast es una demostración clara de eso, imponiéndose con sonrisa gélida a todo su sector para terminar imponiéndose en él. No ha dado explicaciones ni parece querer darlas porque no lo necesita, de su programa ni de las afirmaciones abiertamente falsas, erróneas y malintencionadas que contiene. 

El país está entre dos opciones. Si ponerse en medio le costó a la Concertación caer en la intrascendencia, es evidente que la izquierda no puede seguir eludiendo el debate de principios, señalar a los enemigos del pueblo, en primer lugar el fascismo, los carteles empresariales y los monopolios, y los objetivos de un futuro gobierno de Apruebo Dignidad en pensiones, salud y educación pública, trabajo, medioambiente y especialmente respecto de la nueva Constitución. 

Es mucho lo que está en juego no solamente para nuestro pueblo sino para todos los pueblos de América que miran con esperanzas lo que está pasando en Chile, cuna del neoliberalismo y ojalá también, su tumba definitiva.