domingo, 22 de mayo de 2022

4 de Septiembre. Ruptura Constitucional o continuismo

Manuel Antonio Caro. La zamacueca

 

Este 4 de septiembre, por fin, se llevará a cabo el plebiscito para dirimir acerca de la Nueva Constitución. Es un hecho que la de Pinochet ya está en el tacho de la basura de la historia y no hay ni un solo sector político, social o cultural que la defienda o pretenda evitarlo. Ni siquiera la secta de fanáticos de Kast.

Lamentablemente, sectores que en el pasado levantaron banderas de democratización y que lucharon en contra de la Constitución del 80, dudan acerca de su postura frente al Plebiscito de septiembre. Algunos incluso ya se declaran abiertamente partidarios del rechazo. Antiguos dirigentes de la DC, senadores y dirigentes socialistas, etc.

Ignoran de manera vergonzosa que la coyuntura histórica por la que atraviesa el país, es de una ruptura inevitable y necesaria con el pasado representado por la Constitución del 80, pospuesta por más de treinta años y que aun con los más de doscientos parches que se le han hecho desde entonces, sigue siendo el mismo engendro de hiperpresidencialismo, que puso un muro entre la sociedad y el Estado, mediante el principio de subsidiariedad presente en cada uno de sus artículos.

La filosofía ínsita en la Constitución que circunstancialmente lleva la firma de Lagos, es la de un pacto social en el que los ciudadanos son considerados individualidades egoístas que compiten entre sí para obtener mejores oportunidades y el Estado, una especie de entelequia inalcanzable que no tiene ninguna responsabilidad con ellos, excepto la administración de justicia y la seguridad pública. 

Como la propia Constitución no incluía mecanismos de reforma –parecía pensada para ser eterna, como el fin mismo del Estado- fue el estallido de indignación popular el que lo hizo posible. Y no podría haber sido de otro modo. La derecha, dirigentes de la Concertación, empresariales; representantes del pensamiento conservador, se refocilaban hasta no hace mucho en las bondades del milagro chileno mientras el pueblo soportaba en silencio maltrato, sobreexplotación, discriminación y exclusiones de diverso tipo.

Ahora, los mismos proponen una nueva convención; conceder facultades constituyentes al Parlamento –una de las instituciones más desprestigiadas de nuestra desfalleciente República- o en el colmo de la hipocresía y el oportunismo, resucitar el proyecto constitucional que resultó del proceso constitucional impulsado en su momento por la Presidenta Bachelet, resistido entonces por ellos mismos.

Ya nadie se atrevería a negar que el país debe prepararse para algo completamente nuevo y que se va a prolongar por varias décadas. No hay intermedios, pues es sólo el inicio de un proceso que históricamente es la construcción de una nueva sociedad. Eso es la ruptura constituyente expresada en el plebiscito de septiembre.

El neoliberalismo que cruza cada uno de los artículos de la Constitución actual, han puesto al país no solamente en una situación de crisis social y política sino que además, está actuando como un freno para enfrentar la crisis económica y la reactivación de la productividad y el consumo, dejados a su suerte y a la mítica mano invisible del mercado justificada por el principio de subsidiariedad.

Los desafíos ambientales y por la sobrevivencia biológica de vastos ecosistemas e incluso, por la calidad de vida de compatriotas que ni siquiera pueden acceder al agua o que deben sobrevivir respirando aires tóxicos y pestilentes, afectarán poderosos intereses. Justamente, por esa razón, se habla de un nuevo pacto social; uno que de cuenta de las necesidades y anhelos de todos y todas y no sólo de los empresarios. La existencia de las llamadas “zonas de sacrificio” no es sino la expresión del carácter injusto e irracional del pacto social actual.

Por eso la idea de un nuevo modelo de desarrollo adquiere sentido. En los marcos del actual modelo de desarrollo, basado en una noción pigmea de la propiedad, garantizada para unos pocos a costa del despojo de la mayoría, genera un desarrollo anárquico, contaminante, desigual, excluyente, dependiente del capital extranjero y que pone en riesgo la sustentabilidad y proyecciones a futuro de la República.

La ruptura constituyente es la culminación de un ciclo que empieza el ‘52, con la primera candidatura del doctor Salvador Allende Gossens, interrumpido por el golpe militar de 1973 y pospuesto por la “transición pactada” que dejó en suspenso todas las promesas hechas tras la dictadura militar

Esa primera tentativa popular de construir una nueva sociedad en democracia y con la participación popular como protagonista, fue posible por la audacia y convicciones de dirigentes como el propio Allende y Luis Corvalán, Raúl Ampuero y Elías Lafferte entre otros, lo que daría paso a la construcción de la unidad socialista comunista recién en 1958. 

La bandera de la nacionalización del cobre le dio un sustento y proyecciones que resuenan hasta el día de hoy, en que el cobre -el sueldo de Chile- es lo nos ha mantenido a flote en medio de las últimas crisis económicas y durante la pandemia. Hoy por hoy, es la creación de la Empresa Nacional del Litio, resistida por oscuros personajes como Ponce Lerou, lacayo del lobby de las transnacionales, el objetivo nacional que proyectará a la patria y que, junto al cobre, en el futuro, garantizará la satisfacción de las necesidades de los pueblos de Chile.

Los trabajadores son el sujeto principal pues en sus diferentes territorios y formas son los más interesados en ello. Trabajadores del campo y la ciudad; mujeres y hombres son los más interesados en la construcción de una sociedad que supere los antagonismos de clase, la explotación del trabajo humano y del medioambiente, como sostén de un orden social injusto y excluyente.  Trabajadores de la industria, los servicios, subcontratados y subcontratadas; pequeños empresarios y empresarias esquilmados por los holdings y las transnacionales que convierten en letra muerta el verso liberal de la libre competencia.

Trabadores sindicalizados y no sindicalizados, en su condición de habitantes de la ciudad, pobladores, deudores y consumidores abusados por las grandes empresas de servicios que aumentan la plusvalía del trabajo a través de la usura y el sistema de AFP’s.

El plebiscito del 4 de septiembre será una jornada histórica. Debe ser una de las manifestaciones de movilización popular y lucha de masas más grandes de la historia nacional. Sin la participación protagónica de los pueblos de Chile, la Ruptura Constitucional comenzada durante las épicas jornadas del 18 de octubre del 2019, pueden terminar en una componenda que garantizaría la continuidad del actual modelo neoliberal con nuevos ropajes jurídicos o en el mejor de los casos, posponer el inicio de una nueva sociedad por un tiempo indeterminado, pero con un costo altísimo para el pueblo.

jueves, 21 de abril de 2022

¡Què hacer con los ahorros?



Marinus van Reymerswaele. El mercader y su mujer. 1490

El reciente rechazo a los dos proyectos de retiro de 10% de los ahorros, administrados por las AFP´s, dejó algunas lecciones que solamente no ven quienes no quieren hacerlo. El primero de ellos, que los ahorros, pese a toda la prédica derechista y liberal que pregona lo contrario, no son propiedad de sus "titulares". Se trata de riqueza producida por trabajadores y trabajadoras secuestrada mensualmente por un par de empresas para su propio lucro. 

En este sentido, es evidente que un proyecto para declarar inexpropiables esos fondos, sea a través de una ley simple o una norma constitucional, es pura charlatanería. Eso pues esos fondos hace rato dejaron de ser de quienes los produjeron y acumulado en cuentas individuales administradas por terceros. Cada vez que los primeros han tratado de retirarlos, se han debido aprobar sendas leyes o reformas constitucionales para hacerlo posible. Esto es, se ha debido desarmar todo un aparato jurídico que expresa precisamente esta paradoja. Dicho de manera vulgar, no es llegar y llevar. 

Y en segundo lugar, cada vez que se ha hecho efectivo, los administradores advierten la merma del fondo y por tanto de las futuras pensiones; no así cuando ellas los dilapidan en la bolsa, como si fueran propios. 

Por si fuera poco, según los economistas del sistema, cuando los cotizantes retiran sus ahorros, se pierde riqueza pues estos se transforman en inflación, afectando finalmente a sus mismos propietarios pues los ven reducirse entre sus manos. En este sentido, lo mejor es que se queden guardados. Es la avaricia elevada a la categoría de principio de la economía política gracias a la naturalización de las concepciones neoliberales que asimilan el dinero a la riqueza. 

Cuando las administradoras privadas la malgastan, en cambio, se transforma. En efecto, se transforma en otros negocios. Unos pierden, otros ganan, no precisamente quienes "ahorran" mensualmente parte de su salario en las AFP. Así funciona el mercado. Y los inocentes "propietarios" de las cuentas, se transforman en meros espectadores. Condición completamente opuesta a la del propietario, sujeto activo y protagonista de su destino según los liberales. Los presuntos propietarios de los fondos son como unas almas puras -para usar la terminología del idealismo objetivo- que no tienen ninguna relación con lo real, en este caso sus ahorros previsionales. 

Un ejemplo típico de la manera en que opera la ideología. El hombre al servicio de las cosas. Y la teoría como encubridora de esta inversión e incluso legitimando esta doble enajenación, primero en la producción y después en el mercado financiero. Dicha operación ideológica, oculta además el carácter de clase de la propiedad bajo el sistema neoliberal y la legitima. Una suerte de astrología de lo social. Un discurso muy lógico y bien entrabado aunque no tenga nada que ver con la realidad e incluso la oculte. En primer lugar, la existencia de clases sociales como fenómeno social ineludible y del que debe hacerse cargo la "política pública". 

Esto, por cierto, deja en evidencia al mismo tiempo el carácter de clase de toda la cháchara liberal que defiende el sacrosanto principio de propiedad abstracto en que se funda. Si se trata de la de las administradoras privadas de fondos de pensión, evidentemente no se puede tocar. Si se trata de los ahorros de los cotizantes, logrados después de horas, días, semanas, meses y años de trabajo inmisericorde y mal remunerado, debe ser arrancado, mediante complicadas reformas legales y tras intensas jornadas de movilización popular, de la codicia de esas empresas y sus dueños que usufructúan de ellos sin ninguna contemplación. 

En tercer lugar, toda esta trama de enredos, salpimentada de leguleyadas y argumentaciones técnicas, solamente ha dejado en evidencia, además, que cualquier solución  al problema de la propiedad de los fondos es irresoluble en los marcos del sistema neoliberal. Éste ha trastocado de tal manera los valores de una sociedad democrática que no se debate sobre seguridad social, sino del funcionamiento de un mercado de capitales y de su equilibrio como corazón del modelo. Es momento, tal como dijo el Presidente Boric, de discutir acerca de la transformación estructural del sistema previsional para convertirlo en lo que dejó de ser en 1981, esto es, un sistema de seguridad social. 

La Convención Constitucional avanza a paso firme en esa dirección y la derecha, los  dueños de  las AFP´s y el batallón de ideólogos que tiene a su disposición -empezando por el señor Bernardo Fontaine- han desatado una agresiva ofensiva propagandística para desacreditarla a ella y a la nueva Constitución, recurriendo a las caricaturas más grotescas y a otras presuntas verdades científicas de la economía neoliberal que no son más que ideología. La batalla se libra en la Convención, donde van perdiendo por goleada, pero también en el Parlamento, donde además cuentan con la oportuna asistencia de algunos senadores socialistas, democratacristianos y de lo que queda de la Concertación. 

Es momento, pues, de que el Parlamento enfrente de una vez por todas un debate de principios acerca de la seguridad social en el país. Por cierto, algo muy distinto a lo que ha hecho desde 1990 en adelante, en que se ha limitado a discutir pequeños ajustes a una política inventada producto de los delirantes razonamientos de los economistas de Chicago, parapetados en las oficinas de la ODEPLAN. El Parlamento debe de una vez por todas, enfrentar ese debate de principios para eliminar la brecha ideológica -aparentemente irremontable- que hay entre la realidad social y la política pública concebida en los marcos del sistema neoliberal.

 

jueves, 14 de abril de 2022

4 de Septiembre

Francis Bacon. Study of Red Pope. 1971



El 4 de septiembre es una fecha simbólica en Chile. En esa fecha se elegía a los presidentes de la República hasta 1973. Durante el régimen de Pinochet era un día de conmemoración del triunfo popular de 1970 y de protesta antidictatorial. 

Este año, ese día va a realizarse el plebiscito en el que se va a someter a la voluntad popular la Nueva Constitución. 

Los medios de comunicación de masas, controlados prácticamente todos por las AFP´s y los empresarios, la derecha o instituciones conservadoras, dan amplia cobertura a creadores y difusores de fake news, sin tomarse la molestia, siquiera, de verificar la veracidad de sus contenidos y corregirlos cuando son falsos y abiertamente malintencionados. Por el contrario, hacen una cobertura sensacionalista, plagada de titulares amarillistas y tremebundos donde abundan declaraciones de convencionales de derecha, en su gran mayoría sancionados por el comité de ética de la Convención.

A los directores y editores de esos medios, no les sale ni por curados.  

El cartel de las encuestas, vaticina un resultado estrecho si no favorable a la opción rechazo que nadie sabe de dónde sacaron, considerando el resultado de todas las elecciones realizadas en los últimos dos años ni sus constantes yerros, los que de tan repetidos las vuelven altamente sospechosas. 

La derecha hace tiempo ya empezó la campaña por el rechazo y ni corta ni perezosa, la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, ya declaró que, de ser aprobada, la nueva Constitución va a durar poco. Ni siquiera se molesta en disimular su actitud sediciosa. Ha contado, además, con un coro de espectros, cual más bizarro que el otro, que pretenden que hay una tercera alternativa a las dos que se someterán a referéndum en Septiembre.  

Como reza el antiguo y conocido refrán, "Dios los cría y el diablo los junta". No vale la pena entrar en detalles, pues el único efecto que han tenido es favorecer la posición del rechazo, dando a entender que la Nueva Constitución va a ser un engendro usando los mismos argumentos de la derecha, aunque cuidándose de no llamar a rechazar abiertamente. A estas alturas, se parapetan tras la defensa del Senado, la institución más conservadora y rancia de nuestro sistema democrático. Lagos, Insulza, la DC, la derecha en bloque. Todos los protagonistas de la democracia de los acuerdos, lo cuidan como la niña de sus ojos, sin importarles que la sociedad ya no lo necesita ni lo quiere. NO es una defensa corporativa del Senado.

Es una defensa del statu quo de lo más conservador del sistema político ante el avance de la expansión de la democracia y los derechos de los trabajadores y trabajadoras.

En todo lo demás, aparentemente, ya han dado por cerrado el capítulo de la Convención, resignados a su incapacidad de incidir en sus debates y resoluciones. Su única opción es el rechazo. De la derecha no tiene nada de extraño y lo que resuelva de aquí al 4 de septiembre, no va a modificar gran cosa el desenlace.  

A medida que se acerca la fecha, sin embargo, todos los actores políticos y sociales restantes y que aparecen hasta hoy en un estado reflexivo oscuro e incierto, deberán hacer explícita su posición en el plebiscito. Y no hay más que dos opciones. Y aunque eso no vaya a modificar tampoco de manera sustantiva el resultado, va a determinar la correlación de fuerzas en que se seguirá desarrollando la lucha por la democracia en nuestro país en el futuro.

La Convención es sólo un primer paso. Importante por cierto pues es la lápida definitiva de la Constitución de Pinochet, incluidos todos los parches que se le hicieron durante los gobiernos de la Concertación. Pero la Constitución, incluso aunque no sufriera reformas en el futuro, establece reglas nuevas; una nueva concepción de la democracia, opuesta a la de Jaime Guzmán, Pinochet y la democracia de los acuerdos, en que la estabilidad fue puesta en el lugar de principio fundamental del sistema político.

En la nueva Constitución son el cambio, la diferencia, la diversidad de nuestra sociedad, los principios que la convertirán en una sociedad moderna y en permanente cambio, como la realidad. No serán necesarias tutelas de “cámaras de hombres sabios” que domestiquen los excesos de la chusma para mantener una democracia que sólo comprenden y disfrutan ellos.

El 4 de septiembre se empieza a escribir esta nueva historia. La va a protagonizar el pueblo chileno. La derecha haciendo honor a su historia solamente se va a oponer, y lo seguirá haciendo, hasta recuperar el poder para seguir beneficiando a los de siempre. Los librepensadores, los reflexivos, los amantes de la medida de lo posible, van a desaparecer al mismo ritmo en que se van haciendo intrascendentes. 

miércoles, 30 de marzo de 2022

Un Gobierno y una Convención asediados

Honoré Daumier. El levantamiento. 1860



Este título puede sonar un poco tremebundo considerando los niveles de popularidad y respaldo que el pueblo ha expresado una y otra vez al proceso de cambios que experimenta el país desde, a lo menos, el plebiscito constitucional del 25 de octubre de 2020. Eso sin contar la ola de movilizaciones feministas, de trabajadores y trabajadoras, ambientalistas y jóvenes que desembocaron en el 18 de octubre de 2019. 

El gobierno del Presidente Boric, representa la esperanza de que los cambios reclamados desde las calles y posteriormente en las urnas, se hagan realidad. Y la Convención Constitucional, la de tener una Constitución que nos represente realmente a todos y todas y no sólo a los poderosos, como la constitución actual.

Sin embargo, como era de esperar, la derecha, los empresarios, los conservadores, y sus cipayos, han puesto en marcha una feroz campaña de desprestigio y obstrucción a aquellos cambios. 

Una mención especial en esta historia de infamia, merecen algunos personajes que resulta ineludible -aunque molesto- nombrar . El columnista de El Libero Pepe Auth; el sobrino del poeta Enrique Lihn, líder de los amarillos; Mariana Aylwin; el extravagante Fulvio Rossi. Su lugar en ella quedará escrito como uno de los más indignos y serviles de los que se tenga memoria.

La derecha, el gran empresariado, las transnacionales, sólo hacen honor a su historia y defienden las pornográficas tasas de ganancia que el modelo neoliberal les ha garantizado en los últimos cuarenta años. La radicalidad de su campaña; la intensidad de su propaganda; su encomiable persistencia en el desarrollo de esta labor de crítica y obstrucción, lamentablemente, contrasta con la pasividad con la que la izquierda actúa para defender a su gobierno, a la Convención y al proceso de cambios. 

A sus triunfos electorales; al avance de la redacción de una nueva Constitución, le corresponde una reacción de la derecha y los empresarios, multiplicado por millones a través de los medios de comunicación que controla. Sin embargo, el estado de lamentable debilidad en que se encuentra la central sindical más importante del país; la dispersión y lenta desaparición del movimiento NO+AFP;  del movimiento estudiantil, de la movilización feminista y del movimiento ambientalista, son en cambio un factor que los vuelve inermes. 

Las transformaciones, por muy favorables que sean para los intereses del pueblo, están encapsuladas en la institucionalidad y cuando la lucha de masas irrumpe, pareciera no tener propósitos claros ni relación alguna con ella.  

En lugar de identificarse con las organizaciones sociales y de masas, el contenido de sus reivindicaciones, movilizarse también para defender a su gobierno del ataque sistemático y artero de la derecha, los empresarios, y su ejército de loros, los partidos y organizaciones de izquierda, se debaten en los problemas de la administración del Estado y en su afán por demostrar capacidad de gobernar, parecieran olvidar a ratos su rol de agentes de cambio social y político. 

La autonomía de los partidos, por esa razón, es un capital que se debe cuidar. La Concertación, de hecho, terminó convirtiéndose en el "partido transversal", precisamente por no hacerlo. El gobierno debe gobernar; el pueblo luchar por sus reivindicaciones; y los partidos de izquierda y progresistas interpretarlos y darles un sentido, no separar la lucha de masas de las tareas de administración del Estado. 

La desigualdad escandalosa de nuestra sociedad, producto de la apropiación privada de todo lo real por un  puñado de empresas, es causa de las contradicciones que la cruzan en todas sus manifestaciones. En el trabajo; en la educación y la cultura; en los barrios y en su relación con el medioambiente. La izquierda chilena se define precisamente por su posición frente a estas contradicciones. Ello determina el lugar que ocupa en la política, no la adscripción a un vago ethos progresista que da lo mismo para un barrido que para un fregado. 

Partidos "instrumentales", "programáticos"; movimientos sociales "autónomos", etc. se han visto florecer y marchitarse en estos treinta años varias veces. Su aporte, asimismo, disiparse como el vapor en la misma medida que nacen y mueren con la emergencia de las contradicciones en las que el neoliberalismo se manifiesta con una naturalidad que finalmente se transforma en fascismo puro y duro. El riesgo de una involución reaccionaria está siempre presente mientras no haya sido derrotado en forma definitiva.  

La unidad de pueblo en torno a la defensa de la democracia; de los derechos sociales, políticos y culturales de todos y todas, tal como lo demostró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales recién pasadas, demuestra que es posible derrotarlo. La movilización popular y de las organizaciones sociales. Y especialmente, la de la izquierda en la defensa del proceso son más necesarias que nunca. Combatir el asedio del gobierno y la Convención es una tarea de la izquierda y del pueblo. No hacerlo, un regalo para la derecha y los nostálgicos de los viejos buenos tiempos de la democracia de los acuerdos y todos los conservadores que quieren que nada cambie. 

viernes, 18 de marzo de 2022

El centro, ¿está de vuelta?

Jacques Louis David. El juramento de los Horacios. 1784



El "centro político" está de vuelta por sus fueros o a lo menos, eso pretende. ¿Qué importancia real puede tener esta compulsión centrista? 

Alguna vez, el "centro" representó una idea política que consistía en realizar reformas graduales y consensuadas con la derecha, sin cambiar la Constitución.  

A la vuelta de treinta años, sin embargo, el resultado de esta política se expresó en mercantilización de la vida social, burocracia y autoritarismo; contaminación y destrucción del medioambiente; en endeudamiento, bajos salarios y especialmente, en un aumento de la desigualdad a niveles repugnantes.  

Pese a lo anterior, antiguas glorias del centro, insisten en reivindicar contra toda la evidencia disponible, la misma receta.  

¿Tozudez?, ¿voluntarismo?, ¿dogmatismo?, ¿autocomplacencia? o simplemente ¿ceguera política?

Ni siquiera todos quienes protagonizaron ese período se atreverían a sostenerlo sin ruborizarse. Menos el pueblo, sometido a la más despiadada sobreexplotación; conminado a pagar por todo con tal de tener acceso a bienes y servicios mínimos -no hablemos de calidad-.  Excluido y discriminado si no calza con la idea dominante del "emprendedor"; el "exitoso"; con el ideal "meritocrático" de la cultura dominante, coartada de los liberales para justificar el retiro del Estado, la profundización de su carácter subsidiario y fuente de frustración e infelicidad de millones.  

Esa es la razón, seguramente, para que todos los protagonistas de la "democracia de los acuerdos" se estén yendo a España o no tengan ninguna relevancia ni incidencia. 

La única finalidad medianamente razonable que podría tener su tozudez, es sumarse al coro de críticos de la Convención Constitucional encabezado por Piñera, que en su última alocución al país tiene la desfachatez de pontificar acerca de sus debates y augurar temibles catástrofes en caso de seguir elaborando una Constitución distinta a la actual. 

Los representantes intelectuales, académicos y políticos del centro, insisten por ello -aunque suene pasado de moda- en sus recetas fracasadas e imposibles. No para reinstalarlas en el debate político sino para poner un muro que contenga, en lo posible, las transformaciones que haría posible una nueva Constitución. 

De modo similar al coro de economistas críticos del programa de gobierno del Presidente Boric -quienes, para no quedar en evidencia, argumentan toda clase de limitaciones técnicas-, este nuevo "centro" oculta su conservadurismo y su nula voluntad de realizar cambios efectivos, tras un refrito ideológico que mezcla dogmas de la economía política neoliberal, consideraciones de un republicanismo conservador y especialmente máximas del sentido común dominante.  

En efecto, toda la postura de este nuevo "centro político", se basa en su adscripción "ingenua" al estado de cosas actual, como una suerte de realidad natural y no como el resultado de la acción práctica de sujetos políticos y sociales.

Según esta ideología pequeñoburguesa, en sus homéricos afanes refundacionales, la Convención Constitucional está pasando por alto precisamente los datos de realidad que este sentido común neoliberal ha transformado en verdades apodícticas. Este presunto nuevo centro no lo dice abiertamente pero en el fondo coincide con los gremios empresariales, los centros de estudio de la derecha, el Consejo Fiscal Autónomo y todo el batallón de ideólogos y políticos conservadores en su afán de preservar lo que se pueda de la Constitución de Pinochet. 

Ni una sola idea nueva. 

Esa ausencia de ideas, acarrea agua al molino derechista. Ciertamente, no a la derecha fanática de Kast y sus republicanos, demasiado tosca como para no parecer un retrógrado acercándose a ella. Existe, sí, un auditorio en la derecha tradicional dispuesto a escuchar y entonar la vieja canción de la democracia de los acuerdos, la medida de lo posible, etcétera, etcétera, etcétera. El centro, en este caso, queda definido más por la radicalidad de la ultraderecha que por sus propias ideas. 

Su torpeza sumada a su mojigatería, en todo caso, terminan por facilitarle el camino. Atontan a las audiencias con su letanía de recetas dizque "realistas" y su simplificación grotesca de los debates de la Convención, repetidas majaderamente a través de los medios de comunicación de masas. Por medio de la presentación distorsionada del discurso, las propuestas y las acciones del Gobierno, del Presidente, sus ministros y ministras.

En buenas cuentas, este nuevo centro, representa la comodidad del que presume su conservadurismo, con aires de gran sabiduría, como si se tratara de realismo político. Que puede seguir esperando otros treinta años viviendo de las migajas que caen de la mesa de las transnacionales y los grupos económicos, mientras el pueblo sufre privaciones, enfermedad, inseguridad y abuso.

En la hora actual no hay mucho espacio para medias tintas. El plebiscito en que se someterá a la consideración del pueblo la Nueva Constitución tiene sólo dos opciones con consecuencias bastante precisas.

Mientras los nostálgicos de la democracia de los acuerdos trabajan afanosamente para reformar el artículo de la Constitución que les permitiría resolver en el Parlamento una fórmula que los dejara a todos contentos, el pueblo, Apruebo Dignidad, el Gobierno y los partidos que lo apoyan, deben fortalecer su unidad tras la única consigna que tiene sentido en la actualidad: defender la Convención para derrotar definitivamente al Pinochetismo y aprobar una nueva Constitución.


jueves, 3 de marzo de 2022

Acerca de la responsabilidad de los intelectuales

Jean Antoine Watteau. Los comediantes italianos




Como se puede apreciar sin ser muy sagaz, la derecha ya está urdiendo el complot para hacer fracasar la Convención. 

Acusar sin fundamentos ni pruebas que le están pasando la máquina -manera deshonesta de victimizarse por su incapacidad política y ausencia de ideas como no sea defender las contenidas en la Constitución actual-; tergiversar el contenido de lo propuesto y luego aprobado por la Convención, y presentar tales paparruchas como algo plausible y que a algún sector de la opinión pública pueda atemorizar, no le ha costado tanto. 

En efecto, la mentira es el arma más poderosa que el fascismo ha usado en todos los tiempos, lo que en la actualidad ha sido elevado a la milésima potencia gracias a la velocidad y alcance con que circula la información a través de los medios. Trump es uno de sus cultores más eximios. 

Este método se basa en la destrucción sistemática de la razón por parte del neoliberalismo. La presentación de sus dogmas como verdades objetivas, puros "hechos" sobre los que no es necesario reflexionar, salvo para adaptarlos, acomodarlos a los prosaicos mecanismos de su pobre lógica como si se tratara del aparato de tortura medieval conocido como "el potro".

La verdad ha sido reemplazada por el criterio de la mayoría y la opinión pública por el resultado de una encuesta. Todo el contenido humano, racional, sensible de la democracia ha sido vaciado en los últimos treinta años y reemplazado por un vago ethos de la responsabilidad y la eficiencia. 

Es extraño, en ese sentido, que connotadas figuras académicas e intelectuales se hayan prestado para semejante operación, consistente en limitar la Convención Constitucional a la adaptación de sus resoluciones a los límites de lo existente. Ciertamente, un ejercicio de una mediocridad supina, presentada como "responsabilidad" fundada precisamente en esa ética de "lo bien hecho", "lo realista" o "la medida de lo posible".  cuando no es más que conservadurismo.  

Lo hacen sin darse cuenta, aparentemente, del lugar de comparsa que están jugando. Los niveles escalofríantes de manipulación mediática, en este sentido, no aprobarían ni el más mínimo test de seriedad en una sociedad auténticamente democrática y aún así los intelectuales les prestan oídos y declaran entristecidos, decepcionados, conmovidos -cuando no con tono pontificador- que la Convención ha traicionado sus nobles expectativas. 

Estos académicos se instalan en un lugar de superioridad intelectual que nadie les asignó  excepto ellos mismos y su capacidad para arrimarse al poder político dominante en los últimos treinta años, sin darse cuenta de la ingenuidad pueril de su pretensión y la irrelevancia de sus opiniones, de no ser por la tribuna de la que gozan en los medios del sistema. 

Al pueblo poco le interesan las alambicadas disquisiciones de ex poetas, sociólogos de lo inexistente, mercaderes de la política educativa o ingenieros. El país sufre una grave crisis que es expresión, por lo demás, de una coyuntura histórica en que la humanidad enfrenta desafíos desconocidos y de los que son expresión la crisis climática, el fenómeno mundial de las migraciones, la carrera armamentista, el agotamiento de los recursos naturales, el aumento de la pobreza y la exclusión, la bancarrota del eurocentrismo, etc. 

Por esa razón, se va a abrir paso, y de hecho ha sido así, un movimiento popular que se expresa en la Convención. Es la razón para que la derecha, el desfalleciente gobierno de Piñera y la jauría mediática, la ataquen sistemáticamente y con vergonzante hipocresía, se deshagan en gestos de amistad cívica con el gobierno entrante -por cierto, no sin dejar caer algunos manotazos de ahogado contra algunos ministros, ministras y otras autoridades del Ejecutivo-. 

Es en el contexto de la campaña difamatoria, que intenta limitar por la vía de los hechos  a la Convención, acusándola de afán refundacional -como si se tratara de un despropósito cuando es precisamente para lo que fue electa-  que se explica el terror de los intelectuales y de la academia. ¿Miedo a perder prestigio, influencia, status? Tal vez, pero especialmente, miedo a perder la seguridad de la que han gozado en sus pequeñísimos cubículos literarios y pseudocientificos, aún a costa de detener transformaciones necesarias y posibles.

La derecha y las clases dominantes, como siempre, han sabido sacar provecho de este miedo que además, es el mismo que explota y ha explotado siempre el fascismo entre sectores de clase media que viven de la ilusión de ser parte del sistema y beneficiaria de sus resultados, hasta que empieza a apretar el zapato. 

Cuando eso pasa, sin embargo, suele ser demasiado tarde. Es de esperar que no sea ésta la ocasión. Los intelectuales, a lo largo de la historia, desde Giordano Bruno a Paulo Freire, han jugado un papel mucho más relevante que el de advertir catástrofes inexistentes. La única sería en este caso, desperdiciar la oportunidad de construir a través -aunque no exclusivamente- de una nueva Constitución una sociedad más justa, más humana, más inclusiva, más soberana, más respetuosa del medioambiente. 
 
  


viernes, 18 de febrero de 2022

¿Hacia donde va la derecha?

Hannah Höch. Corte con el cuchillo de cocina dada. 1919



¿Hacia dónde va la derecha? Se están empezando a votar, en el Pleno de la Convención, los artículos que definitivamente van a ser parte de la nueva Constitución y la derecha no ha logrado incluir ni una sola de sus ideas entre ellos. Es la razón por la que ha acusado toda clase de errores o derechamente malas intenciones y actitudes antidemocráticas por parte de la izquierda -o sea todo el resto de la Convención prácticamente-. 

Pasando por alto que es precisamente lo que hizo durante treinta años de "democracia de los acuerdos", decir que la izquierda quiere imponer una Constitución que contenga sólo su concepción del Estado y de la sociedad, es desconocer olímpicamente que el pueblo eligió a los convencionales precisamente por las ideas que hoy en día se aprueban y que si Vamos por Chile no escogió más que su ridículo veinte por ciento, es porque la sociedad ya está hasta el gaznate con las suyas. 

El resultado que obtuvo en la elección presidencial, fue señal suficientemente clara de que discursos de odio y beatería moral y religiosa, no la van a llevar a recuperar las posiciones de dominio que gracias a una Constitución ad hoc, ocupó en el pasado reciente. De esa manera, no acierta a hilvanar un par de frases con sentido sin luego contradecirse, arrepentirse, parafrasearse, explicarse y perderse. Un ejemplo claro de ello, fue la efímera amenaza de la UDI declarándose en estado de reflexión.

Ciertamente la reflexión no es su fuerte y le duró muy poco. Del lado de los dizque "liberales", las cosas tampoco son tan claras, pues de todos modos es un hecho que si el plebiscito fuera hoy sólo en base a lo que ya se ha aprobado, rechazaría. Sin embargo, haciendo gala de su republicanismo decimonónico, dice que no lo haría sino hasta conocer el texto final, aún sabiendo que por una cuestión de clase es lo que va a hacer. Su inveterado positivismo gnoseológico es apenas un pretexto.  

 Y ¿después del rechazo? Tampoco han explicado claramente su propuesta en el hipotético caso de que éste triunfara. ¿Volver a antes del 25 de octubre de 2020? ¿Convocar a una nueva Convención, como propone Longueira?, ¿otorgar facultades constituyentes al Congreso actual?

Lo que sea que la derecha piense que hay entre lo que actualmente se vota en la Convención y lo que se someta a referéndum en julio, es incomprensible....mejor dicho, inconcebible. Desconoce la historia reciente partiendo del 18 de octubre de 2019 y el resultado de todas las elecciones realizadas desde el plebiscito de entrada.

El gobierno que asume en marzo, presumiblemente, le va a poner el acelerador al proceso constituyente y ello, por cierto, la preocupa. Su principal queja hasta el momento es por la soledad en la que se siente. Ni pirquineando votitos, logra juntar el tercio y salvo en materias puntuales y muy esporádicamente, ha votado igual que otros sectores. Es de hecho en esas contadas ocasiones donde más evidente es su soledad e intrascendencia. 

Pero no hay que confundirse. La labor de zapa que está realizando para provocar el fracaso de la Convención es evidente y tenebrosa. La Tere Marinovic, como le dicen los siúticos, se ha dedicado permanentemente a provocar, lo mismo el convencional Zúñiga de la UDI. Marcela Cubillos, ha actuado como vocera de lo más reaccionario del sector a través del pasquín El Libero, luego reproducida por toda la prensa  del sistema. Y si bien hay personajes que las pintan de más razonables e incluso tienen la osadía de decir que esperan el éxito de la Convención, no han parado de cuestionar desde una posición de supuesta superioridad intelectual o técnica, las resoluciones de las comisiones o lo que ha votado el Pleno hasta ahora, contando eso sí con un coro de "académicos" aterrados al ver que la sociedad que han ayudado a construir en estos treinta años se cae a pedazos. 

¿Qué es lo que pretende? A las perdidas, negociar alguna cosa tratando de sacar provecho de las diferencias circunstanciales que pudiera haber en la izquierda. Introducir, por ejemplo, alguna enmienda en los artículos que no alcanzaron los dos tercios en el pleno y que vuelven a las comisiones. Permutar sus votos en ciertas materias de su interés y que pudieran cambiar los resultados en las próximas votaciones; varias alternativas tiene todavía y por ella se las están jugando. 

Sin embargo, es casi seguro que al final del día va a a tirar el mantel. El rechazo en el plebiscito de salida es precisamente eso. El fracaso de la Convención aun cuando sea por una exigua diferencia en él, es su única alternativa. Es la imposición de los puros hechos mediante un acto de fuerza  que empezó a planificar desde el 15 de noviembre de 2019. En pocas palabras, el fascismo. No hay otra posibilidad para la derecha. 

Las caras del fascismo en todo caso son muchas. Kast solamente abrió el camino y tal como está sucendiendo en otras partes del mundo, aunque no se pueda afirmar que es una tendencia definitiva, en la confianza está el peligro. Ni un milímetro se le puede ceder.

El gobierno del Presidente Boric debe prepararse para una tenaz resistencia por parte de los empresarios, los grupos conservadores, el lobby de las transnacionales que han gozado en estos últimos treinta años de granjerías comparables sólo a las de la oligarquía de comienzos del siglo XX. El pueblo movilizarse; los partidos y organizaciones sociales que fueron sostén del triunfo de diciembre, fortalecer su unidad. La derecha no ha olvidado las lecciones de la Unidad Popular. es de esperar que el pueblo tampoco.