jueves, 31 de octubre de 2024

El fascismo en la actualidad y la izquierda

Juan Domingo Dávila. The studio. 1984

 

 

En la actualidad -caracterizada por el agotamiento de la globalización y la incapacidad del pensamiento neoliberal de explicarlo y proponer alternativas a su propio derrumbe- surge en todo el mundo una suerte de fascismo de nuevo tipo, combinación de intolerancia frente a la diferencia basada en la presunción de exclusivismos que provienen de una aceptación dogmática de las condiciones de la vida que éste ha ido imponiendo en los últimos cuarenta años. 

Condiciones como la desigualdad, el autoritarismo y la precariedad y que han sido el resultado del retiro del Estado y la invasión del mercado en todas las formas de convivencia social, ello desde los gobiernos de Tatcher, Reagan y Pinochet. 

Esta es la razón para que dicha intolerancia pueda aparecer acompañada de un individualismo extremo y una defensa dogmática del mercado y la iniciativa privada que lo diferencian de los fascismos del siglo XX, en que la desaparición del individuo corría pareja con la reivindicación de una noción heroico-popular del hombre que lo diluía en movimientos de masa que reivindicaban una noción reaccionaria de la Nación y de un Estado fuerte. 

Una de esas realidades de hecho que impuso el neoliberalismo y que al mismo tiempo fue una condición necesaria para que así ocurriera, fue la aniquilación de sujetos sociales como el movimiento sindical y el movimiento estudiantil y su disolución en medio de una multitud de individualidades egoístas. Primero mediante su persecución, aniquilación física y la violación sistemática de los DDHH durante la dictadura militar y luego, gracias a la implantación de principios propios de la empresa privada incluso en los servicios como la previsión social, la salud y la educación públicas durante los últimos treinta años. Todo ello como si hubiese sido el resultado de un desarrollo poco menos que natural y no de un esfuerzo deliberado. 

Esta aparente fractura entre lo individual y lo social que provoca la aplicación del neoliberalismo, regulaciones más o menos de por medio,  ha favorecido el surgimiento de un discurso reaccionario que llena el vacío que genera, con clasismo, prédica racista y contra los sindicatos, xenofobia, homo y transfobia y al mismo tiempo, naturaliza una concepción de la libertad que, en el fondo, es el rechazo de lo colectivo y la colaboración, y que legitima de esa manera diversas formas de fragmentación territorial, social, generacional, nacional y étnica de la vida, tanto como de dominación y sofisticadas formas de control en la producción y la vida comunitaria en barrios, servicios y la cultura.

Naturalización de los puros hechos e implantación de formas de control de la vida por parte del Estado que provienen de aquella diferencia forzada entre lo social y lo individual y de la concepción de la libertad que de ella emana, son características típicas del fascismo que resurgen en este nuevo pensamiento reaccionario. 

Trump, Vox en España, Fratelli d'Italia, AfD, El bolsonarismo, los libertarios argentinos, así como los republicanos chilenos se alimentan de ella. Desplazan a las derechas tradicionales; se nutren de su bancarrota y al mismo tiempo que reclaman saturarla con valores tradicionales, sentido de la autoridad y llamados al orden, defienden una noción simplista de la propiedad privada, la desregulación de la vida y las relaciones sociales y una noción del éxito basada en el esfuerzo individual, nunca -a diferencia del fascismo clásico- de uno colectivo definido más por una noción mitológica de su origen que por sus objetivos  y función social.

Los discursos que permanecen al interior de esta fractura y que sostienen la posibilidad de resolverla dentro de sus límites -inclinándose de uno u otro lado de ella, parchándola pero sin reconocer nunca que dicha fractura es una característica esencial de la crisis a que ha arrastrado el neolieralismo y la razón de su imposibilidad no sólo lógica sino también política- no aportan a su comprensión ni contribuyen con ningún conocimiento nuevo de la realidad. Consecuentemente, con ninguna diferencia. Por consiguiente, no trascienden las condiciones que un neoliberalismo agónico impone a la cultura y en realidad son parte de la misma. 

Precisamente, una de las circunstancias que naturalizan los puros hechos de la dominación y la exclusión que posibilita la irrupción del fascismo en la actualidad y su prédica, prédica facilona con la que pretende colmar el vacío dejado por la crisis del neoliberalismo.

La actualidad de la izquierda, consiste pues en la identificación de la diferencia y la negación de las condiciones de pobreza, marginalidad, injusticia y falta de libertad que lo caracterizaban y que la crisis del neoliberalismo ha expuesto en forma brutal. Señalar las inconsistencias del neofascismo y las contradicciones intrínsecas entre su tradicionalismo, su intolerancia y su liberalismo chusco. Colmar dicha diferencia con los valores que forman su historia y experiencia y trascender los límites que pretende haber impuesto de una vez y para siempre; la del sindicalismo y la lucha contra la explotación. El cristianismo comprometido con los pobres y la justicia social; la lucha por la paz y contra el armamentismo y por la defensa del medioambiente que históricamente ha representado el movimiento juvenil a lo que se suma hoy en día la causa de las divergencias sexogenéricas. El avance del fascismo, por ahora, no es homogéneo y por su misma característica de no ser la sola negación del neoliberalismo como lo conocemos en la actualidad, podría terminar arrstrando a la derecha o a parte de la derecha tradicional.


miércoles, 23 de octubre de 2024

Caso Monsalve y la naturalización del abuso

Jan Vermeer. La copa de vino, 1661


El recientemente conocido caso del proceso por violación del ex subsecretario del interior Manuel Monsalve, le dio una vuelta en apariencia inesperada a la situación política. El caso, ya de por sí deplorable, solamente se viene a añadir a otros anteriores que dejaron al descubierto la debacle moral y cultural a la que ha arrastrado el capitalismo dominante en los últimos cuarenta años, bajo su modalidad neoliberal en que los comportamientos humanos solamente son el resultado de una pulsión hedonista que proviene del poder, el dinero así como el consumo desenfrenado que éste posibilita y la exposición narciscista del ego.

En el caso en comento, estamos hablando de un hombre; uno que ostentaba hasta hace no mucho una de las posiciones de poder más importantes del gobierno y del aparato del Estado. De acuerdo a lo expuesto en la querella de la denunciante del caso, un hombre que abusando de su poder y como acontece en todos los casos de esta naturaleza, utiliza la posición privilegiada que esta circunstancia le daba frente a la víctima, para proceder a abusar de ella. 

No estamos hablando solamente de un caso penal, que ciertamente lo es y es lo que en primer lugar debe relevarse y respecto de lo cual se deben hacer las investigaciones correspondientes y tomar todas las medidas de justicia y reparación que correspondan. Estamos hablando además de un caso que pone de relieve una de las formas más aborrecibles de abuso de poder, el que se vive cotidianamente en el trabajo, en las relaciones entre empleados y patronos, empresas y consumidores, medios y audiencias, todos casos en los que la asimetría de poder generan interacciones entre clases, géneros y generaciones distintas, caraterizadas por la desigualdad, el atropello de la dignidad, la desconsideración y la indiferencia. 

Todas características de la sociedad actual a tal nivel naturalizados, que llegan a manifestarse en la forma cruel y sórdida expuesta en la querella contra Monsalve. En este caso, no caben cálculos ni elucubraciones pseudoracionales que subliman la misma irracionalidad del acto. En ese sentido, las polémicas en torno a la presunta demora del gobierno para actuar en torno al caso; las desprolijidades que ciertamente se pudieren haber cometido para abordarlo o la ya antologable conferencia de prensa del Presidente Boric en Lampa, no aportan nada a la comprensión del caso ni a la consideración moral que merece, las que además en muchos casos lo ocultan e incluso son una manera de excusarlo. 

Quedó expuesta la naturalización de estos actos, que son propios de sociedades machistas y conservadoras, a tal nivel que en las esferas más altas del poder por mucho que no sea la primera vez que pasa, se suceden con una frialdad que incluso se han transformado en tema para opinología y comparaciones absurdas, como las que han hecho los medios a propósito de un caso en que está involucrado un conocido futbolista. Tanto además, que recientes casos de abuso cometidos en el Parlamento, en los Tribunales de Justicia o de los que son víctima chilenos y chilenas todos los días, hubiesen dejado de existir. 

De esa manera, vuelve a naturalizarse el abuso, una vez como violencia física y simbólica contra una mujer trabajadora; luego como espectáculo y objeto de especulaciones morbosas y opinología; y después como fetiche que oculta el abuso cotidiano del que somos víctimas los chilenos y chilenas todos los días en el marcado, en el trabajo, en los medios. 

Las declaraciones rimbombantes de la derecha, no hacen más que reflejar su bajeza moral. Con su clásico fariseismo no se han referido al significado ético, social y cultural del caso, probablemente porque no tiene mucha estatura para hacerlo y solamente se han dedicado a derramar lágrimas de cocodrilo y atacar al gobierno. Únicamente aprovecha el respiro que el deplorable delito del que es acusado Monsalve le otorga después de semanas para el olvido por el caso audios. 

La desmovilización de la sociedad; la asimilación de la acción política a la capacidad de sortear la coyuntura y los casos puntuales, le han facilitado las cosas a este conservadurismo moral y a la naturalización del abuso de poder, hasta llegar a los niveles grotescos y repugnantes de los que hemos sido testigos estos días. 

viernes, 11 de octubre de 2024

Requiem del piñerismo

Roy Ichtenstein. Woman is Calling Phone Pop



 

Las últimas semanas para la derecha han sido realmente para el olvido. Su constante ofensiva a partir de una explotación obscena del caso fundaciones y los temas de seguridad contra el gobierno, iba viento en popa hasta que estalló el escándalo de los chats de Luis Hermosilla (a lo que se sumó ahora el caso del millonario sueldo de su candidata por Las Condes, Marcela Cubillos). En el caso del primero, un personaje oscuro que, por los antecedentes conocidos hasta ahora, actuaba como recadero, asesor y testaferro de prestamistas, usureros, empresarios y políticos de derecha. 

Quedaron expuestas a la luz del día oscuras maniobras para colocar a sus acólitos en puestos clave con el propósito de influir en importantes decisiones que los afectaban. Salieron del teléfono de Hermosilla los nombres de jueces, fiscales e históricos dirigentes de la  UDI, incluyendo a la candidata presidencial del sector, Evelyn Matthei en términos que no la dejan muy bien parada aun cuando no aparezca vinculada a hechos ilícitos. 

Los acontecimientos recién descritos, solamente hicieron cundir la confusión, apareciendo ahora arrinconada, dando explicaciones y tratando, cada uno, de zafar de la incómoda situación incluso aunque eso implique traicionar antiguas lealtades. Entre una defensa inconcebible y la indiferencia del que trata de hacerse el tonto, la derecha tiene poco espacio para moverse. 

Es así que las torpes maniobras de los republicanos han sido asumidas como tabla de salvación por Chile Vamos, aunque eso signifique en los hechos, seguir hundiéndose. Es el caso, por ejemplo, de las acusaciones constitucionales contra ministros de estado emuladas por la bancada de RN amenazando incluso con una en contra del Presidente de la República que termina en el ridículo más bochonorso.

Los republicanos, en cambio, han sorteado el vendaval con más o menos éxito. Es el piñerismo el que se ve comprometido y con el agua hasta el cuello. Partiendo por su articulador natural, el primo del ex presidente y ex ministro Andrés Chadwick, que es el personaje más poderoso de la derecha que se ha visto involucrado hasta poner en riesgo incluso la candidatura del sector. En efecto, Evelyn Matthei viene sufriendo una baja sostenida en las encuestas, lo que sería sorteable si tuviera espacio y capacidad para articular una contraofensiva imposible desde el momento en que lo único a lo que se puede dedicar es a dar explicaciones. 

Como se dice vulgarmente, de atrás pica el indio. Por ello, aunque no aparezca muy bien en las encuestas por ahora, Kast o quien sea el candidato de la derecha más ultra, se podría ver eventualmente favorecido por la caída de Matthei. La caída del piñerismo, significa en los hechos, la desaparición de una derecha dizque "democrática"  y la irrupción de una más reaccionaria y radical. Por cierto, nada para lamentar excepto para los nostálgicos de la democracia de los acuerdos. 

Por el contrario, la caída del efímero fulgor del piñerismo debiera ser una oportunidad para el pueblo, para los demócratas y todos los interesados e interesadas en la reforma social, política, económica y cultural. Es la posibilidad de volver a abrir la brecha que dos intentos fallidos de reforma constitucional en los últimos tres años, parecían haber cerrado y que los analistas más perspicaces del sistema se han apresurado a señalar como el objeto de un nuevo acuerdo para conjurar la posibilidad de un nuevo estallido de rebeldía popular. 

Es el momento de retomar la iniciativa. Demostrar como dijo el presidente Boric en el norte, que entre Chile Vamos y Republicanos no hay mucha diferencia y que defienden más o menos los intereses de los mismos, aunque con un estilo y unos énfasis distintos. Los recientes anuncios del gobierno en materia legislativa, representan una oportunidad de hacerlo y debieran ser el punto de inflexión que le permita a las organizaciones del pueblo protagonizar nuevamente la reforma social y política y no solamente pequeñas reivindicaciones que para algunos se han convertido en la tabla de salvación de sus mezquinas cuotas de poder en sindicatos, asociaciones de empleados y funcionarios, ONG's y movimientos sociales.


lunes, 7 de octubre de 2024

A cinco años de la revuelta

Fray Pedro Subercasaux. El abrazo de Maipú. 1908

A pocos días de la conmemoración de la revuelta popular del 18 de octubre abundan las reflexiones acerca de sus motivos, los llamados a sacar lecciones de ellos, y hacer propuestas al respecto. 

Fue una gigantesca ola de indignación popular contra la desigualdad, el abuso y los arreglines, como forma privilegiada de hacerse cargo de los asuntos públicos por parte de quienes tienen posiciones de dominio basadas en la riqueza, la propiedad, el control de los medios de comunicación y las instituciones. 

De dicha revuelta nació el proceso constituyente.

Se ha dicho que, a pesar de la masividad, la radicalidad y la extensión de la protesta social las cosas han vuelto más o menos a la misma normalidad de los días previos al 18 de octubre de 2019. Sin embargo, una ola de malestar social cruza a la sociedad subterráneamente y excepto los más torpes e ideologizados analistas del sistema -la mayoría de ellos veteranos de la democracia de los acuerdos que provienen de lado y lado- las alarmas se pueden oír y las señales ver con un mínimo de objetividad. 

La revuelta de octubre, entonces, no fue solamente un estallido irracional de molestia. Tampoco fue una revolución. Fue una irrupción de masas que puso en evidencia los límites del sistema y aunque fuera momentáneamente, su incapacidad de regular el funcionamiento de la sociedad en los mismos términos que lo había hecho hasta ese día.

Fue una interrupción del desarrollo normal de la sociedad neoliberal; introdujo una fractura histórica. Puso en evidencia la desigualdad, los bajos salarios, el alto endeudamiento, el abuso empresarial, las discriminaciones de diversa índole, el autoritarismo y la burocratización del sistema político. Su indiferencia frente a las necesidades de trabajadores, trabajadoras y empleados; la clase media empobrecida y cada vez más vulnerable frente a sus crisis. Y al mismo tiempo, señaló las tareas necesarias para resolver esta situación: el cambio constitucional; el fin del sistema de AFP´s; aumentar los salarios y poner freno al abuso y la colusión entre éstas y el sistema político, prácticamente puesto a su servicio. 

La reacción de las elites dominantes fue la de siempre. Construir un acuerdo para ponerle fin. Los acontecimientos del 18 de octubre, en cambio, son la irrupción de la diferencia y la demanda por el cambio radical. Se trata de una tensión típica de nuestra historia. Los sectores dominantes lo buscan afanosamente en cada momento de ruptura y, por el contrario, la posibilidad de realizar cambios depende de su prolongación. 

Ese fue el sentido que ha tenido cada momento fundacional para la izquierda chilena. Lo fue la escisión del Partido Demócrata para dar origen al POS; la primera candidatura de Luis Emilio Recabarren en 1920 y las de Elías Lafferte en 1931 y 1932; la fundación de la CUT en 1953 junto a la primera candidatura de Salvador Allende en 1952.

La formación de la Unidad Popular y la persistencia de la izquierda en la lucha intransigente contra la dictadura que fue determinante para terminar con ella, a pesar de la leyenda del lápiz. La de la izquierda a lo largo de toda la transición en las luchas sociales de trabajadores, empleados públicos, estudiantes, ambientalistas, pueblos originarios, mujeres y disidencias sexogenéricas; también en sus candidaturas presidenciales que aportaron decisivamente en la construcción de un programa de convergencia de las fuerzas antineoliberales.

Walter Benjamin dijo que antes de cada período fascista hay una revolución social fallida. Viendo el avance de la ultraderecha en el país, especialmente entre sectores populares cada vez más impacientes y acosados por la precariedad y seducidos por la propaganda facilona del Partido Republicano, la frase pareciera cobrar una gran actualidad.

Ello, por cierto, no es el resultado impredecible de los acontecimientos ni del cansancio del pueblo. Mantener abierta la brecha; señalar la fractura; prolongar la diferencia para hacer posible lo improbable es responsabilidad de la izquierda, de sus partidos, parlamentarios y dirigentes sociales. Detener el avance del fascismo, de sostener las banderas del socialismo, la democracia y la revolución.


lunes, 30 de septiembre de 2024

Recabarren y la vigencia del internacionalismo

Antonio Berni. Manifestación, 1934



Una de las características de la izquierda desde sus orígenes, es su consideración acerca del universalismo de los valores que la inspiran.  Más allá de fronteras de clase, nacionales y políticas, estos son concebidos como organizadores de la vida social independiente de circunstancias coyunturales. 

Dicho principio incluye la diferencia interior, su negatividad y su transformación, como los que explican su sentido político y el que sean un factor de ampliación progresiva de las libertades y derechos de los seres humanos. Por esa razón, son una continuación del cosmopolitismo propio del pensamiento ilustrado y al mismo tiempo, la denuncia de su historicidad y su condición de fundamento de diversas formas de discriminación y genocidio. 

Por esa razón, además, una de las características de la política de la izquierda es la denuncia de los falsos universalismos que presentan condiciones contingentes como si fueran universales, las que dan origen a diversas formas de dominio y control cultural, social y político. El clasismo, el machismo, el etocentrismo y todas las formas de discriminación y exclusión se fundamentan en una falsa pretensión de validez general de valores basada en condiciones coyunturales como la clase, el género, la nacionalidad o la raza. 

El internacionalismo por esta razón ha sido una de las características que la distingue de la derecha, siempre o casi siempre defensora de particularismos con pretensiones de universalidad, entre ellos un chovinismo que ha sido fuente de guerras expansionistas, limpiezas étnicas, sojuzgamiento de poblaciones enteras y violaciones a los Derechos Humanos dentro de las fronteras nacionales por motivos de clase, ideológicos, de género, etnia u orientación sexual, cuya manifestación más grotesca y la que lo lleva hasta sus últimas consecuencias, es el fascismo. 

Recabarren desde inicios del siglo XX, incluyó el internacionalismo como parte de su pensamiento, práctica política y acción como organizador. En sus conferencias y sus actividades cuando todavía militaba en las filas del Partido Demócrata en Iquique y Tocopilla; promoviendo el rechazo de las posiciones belicistas ante la Guerra en Europa en el Congreso del POS en 1915; también la afiliación de la FOCH a la Internacional de Sindicatos Rojos o PROFINTERN en su IV Convención, celebrada en Concepción en 1921 hasta culminar en la afiliación del POS a la III Internacional y su transformación en PCCH.

Mientras el Partido Demócrata, en el que militaba, discutía la posibilidad de afiliarse a la Internacional Socialista, Recabarren asistía a su congreso en Bruselas con un informe redactado de su puño y letra, buscando su incorporación, mientras junto a otros compañeros suyos intentaba orientarlo en esa dirección, a instancias de sus aprendizajes en el Partido Socialista Argentino. Recabarren en este sentido nutrió su pensamiento y concepción política en la organización del movimiento obrero y la izquierda latinoamericana, desde sus inicios.

Participó en la fundación del Partido Socialista Internacional y luego Partido Comunista de Argentina; escribió en la prensa obrera de ese país y participó en el Congreso de Unificación del movimiento sindical, no como un observador foráneo sino como un activo representante de los trabajadores del sector gráfico. Las experiencias obtenidas en su paso por Europa antes y Argentina después, las va a incorporar a su teoría y práctica política en Chile. 

Según biógrafos e historiadores, comunistas y no comunistas, el desenlace previsible de dicha práctica  y de esas primeras experiencias organizativas y de lucha de la izquierda chilena, pese a las controversias y circunstacias que lo rodearon, fue la decisión del POS de convertirse en PCCH, en su Congreso de  Rancagua en 1922.

El internacionalismo para Recabarren, entonces, tuvo no solamente un sentido de universalidad diversa que aspira a la ampliación de los derechos humanos a partir de consideraciones éticas y filosóficas, sino que surgen también del carácter contradictorio de la realidad social. Contradicciones inmanentes del desarrollo local y nacional y de éste como manifestación de las que agitan a la humanidad en momentos culminantes de la historia. De las necesidades políticas de transformación social y política contingente, así como del carácter de la totalidad histórica de la que son parte.

El internacionalismo de Recabarren debiera ser en la actualidad un modelo para todos los que en América Latina asistimos al momento en que el neoliberalismo periclita para dar paso al fascismo y la guerra en todo el mundo. 


jueves, 26 de septiembre de 2024

La crisis moral

Georg Grosz. Eclipse de sol. 1926

                       




Hace unos treinta años, la Iglesia Católica usó esta expresión para referirse al conjunto de políticas públicas impulsadas por los gobiernos de entonces y que abrían posibilidades para el ejercicio de derechos de jóvenes y mujeres. Aborto, educación sexual, distribución de preservativos y métodos anticonceptivos, divorcio. Cuestiones que hoy forman parte de la vida cotidiana de chilenos y chilenas, fueron fuertemente resistidas por los sectores conservadores y la derecha.

En sus retorcidos razonamientos, lo que está bien para los demás, no necesariamente se aplica a ellos. Católicos de misa dominical; beatos hasta los tuétanos en asuntos públicos y especialmente en todo lo que tiene que ver con la moral del resto, son "liberales" y extremadamente flexibles en su vida privada y sobre todo en lo que tiene que ver con sus prácticas morales y culturales.

De esa manera, en el transcurso de los últimos años fueron acumulando en la privacidad que les ha permitido esta distinción hipócrita, toda clase de bajezas, negocios truchos y latrocinios.

Sin embargo, lo que por años pasó inadvertido de naturalizado que está, estalló dejando al desnudo la moral putrefacta de la derecha; de grandes empresarios y políticos conservadores. Como suele suceder, por un ajuste de cuentas entre ellos. Tal como en el caso de las asociaciones ilícitas, casos en los que quienes se sienten perjudicados por sus antiguos secuaces, se delatan como forma de venganza, la que, en su pobre repertorio de virtudes, y considerando la ausencia de una justicia equitativa, es una especie de sucedáneo suficiente. 

El caso audios, fue uno de estos episodios inesperados y especialmente temidos e indeseados para sus protagonistas, aunque el vértigo que implica vivir al borde de ese riesgo permanentemente fuera uno de los placeres que gozan junto al séquito de nuevos ricos y pituteros de los que se rodean y les hacen la pega sucia. Pero tanto va el cántaro al agua que las prácticas corruptas y en muchos casos ilegales, como el soborno, el cohecho, el tráfico de influencias, la elusión y la evasión tributarias; el uso ideológico de documentos legales como boletas y contratos, salieron a la luz pública como habituales en el caso de connotados abogados de la plaza, coludidos con políticos de derecha, jueces y funcionarios públicos. 

El prohombre de la derecha -ex senador, ex ministro, fundador de la UDI y primo de un expresidente - el señor Andrés Chadwick, hasta por los suyos ha debido ser tolerado a la espera de que algún evento catastrófico lo salve de su incómoda posición. Y a ellos, asumiendo que la suerte del sector parece estar atada a la suya. Sus candidaturas en el caso de las elecciones locales de octubre, ya se veían afectadas por las luchas poco fraternas de las distintas fracciones que la conforman, tras el supuesto optimista de sus posibilidades en las próximas presidenciales. Éstas empezaban a afectar sus buenas posibilidades; pero el caso audios las colocó más complicadas aún.

En efecto, la última arista conocida, aunque no necesariamente sea parte de la misma trama, es la que afecta a la conocida Universidad San Sebastián y que involucra nuevamente a Chadwick. En ella además “trabajaban” varios otros ilustres de la derecha; la ya inefable jueza Gloria Vivanco y la candidata a alcaldesa por Las Condes y presunta tapada del sector para las próximas presidenciales, la ex ministra Marcela Cubillos. Fue precisamente su caso a partir de la información conocida recientemente del monumental salario que percibía en ella, sin que se le conocieran actividades docentes regulares, investigación ni publicaciones que no fueran panfletos de poca monta, por lo que el caso llegó al ámbito académico.  

Dejando a un lado todo lo sórdido de la trama; y sus aristas legales, que ya son objeto de investigaciones judiciales y administrativas impulsadas por congresistas de izquierda, el caso de la Universidad San Sebastián deja al descubierto la infiltración del dinero y el sector financiero en todos los ámbitos de la vida social y su capacidad de modelar el tipo de país que se ha conformado en los últimos treinta años.  Son los valores asociados a la maximización del lucro, la obtención de ganancias rápidas, abundantes y fáciles, los que han sido elevados a la posición de organizador de la vida social y política.

Es una verdadera crisis moral que protagoniza la derecha y los poderes constituidos, incluyendo sus políticos; a las profesiones; los jueces; las universidades. Usa a charlatanes con ínfulas de filósofo y periodistas venales para justificar lo injustificable y tender cortinas de humo y cazabobos para confundir a la opinión pública. Esta crisis moral demuestra la bancarrota de la sociedad de clase que es el neoliberalismo. Todos los analistas conservadores serios reconocen el riesgo que esta situación implica para sus intereses. Su resolución, sin embargo, no necesariamente va a ser el fin del neoliberalismo. Ello depende de la izquierda y de los demócratas no de su profundidad ni de qué tan irreversible sea.



sábado, 21 de septiembre de 2024

Recabarren y las fiestas patrias

 

Israel Roa. 18 de Septiembre en el Parque Cousiño. 1953

Uno de los temas que el pensamiento y propaganda conservadora ha agitado con más pasión en contra de la izquierda desde sus orígenes, es el del patriotismo. En el proceso en contra de la Mancomunal de Tocopilla, en 1904, junto con las acusaciones de subversión y promover la deserción de los conscriptos por su posición antimilitarista, ya era parte del arsenal de acusaciones con las que se perseguía a Recabarren y a las que éste desarmaba con una profundidad de análisis y una denuncia que ponía de relieve el carácter crítico de su pensamiento y de su práctica periodística; como organizador y más tarde, como representante de los trabajadores en el Parlamento.

Con una notable profundidad, Recabarren en sus escritos de comienzos del siglo XX inscribe la historia de Chile en la totalidad del desarrollo histórico de la humanidad, demostrando una amplitud de miras que hacen aparecer además a la academia de su época, como provinciana e ingenua. En efecto, tal vez con la sola excepción de uno o dos antes que él, Recabarren presenta los sucesos de la Revolución emancipadora como objeto de  una interpretación y no como un puro hecho que explicaría la formación de la República como si se tratara de un acontecimiento único y definitivo.

Por esa razón, y con la modestia y la valentía intelectual del que se dirige a los propios y a los ajenos con propósitos diversos, dice en un escrito de 1905 publicado en El Proletario que “debemos alejarnos del fanatismo”, que es en su concepción de ese momento resultado de la influencia de las ideas dominantes, para buscar “la verdad”, “analizar la realidad” y asociando la seriedad al estudio de las razones de la desigualdad y la opresión, con el fin de alcanzar la verdadera emancipación. Su concepto del estudio de la historia no es, pues, la de un analista ni un ejercicio de mera erudición.

La vanguardia del pensamiento progresista que había sido el liberalismo durante el siglo XIX, compartía ciertamente esta misma idea de la historia, la literatura y el periodismo como instrumentos de lucha por la emancipación pero, como postula Recabarren en sus escritos de este período, para terminar legitimando una concepción abstracta que considera a la República como una obra concluida sin considerar sus propias contradicciones.

Contradicciones que por lo demás, subsisten hasta el día de hoy y que inscriptas en el “desarrollo” hipertrofiado que es el neoliberalismo, se han multiplicado en formas diversas, pero al mismo tiempo planteando su carácter inacabado y la necesidad de incluirlas en la obra de su realización. Para Recabarren se trata de la superación de la desigualdad y la realización de una auténtica libertad tareas ambas inseparables y que tienen que ver en su imaginario de este período con la emancipación de la clase trabajadora. Que no es por cierto la sola suma de todos los trabajadores pues en palabras de Marx que se proyectan como si fuera una distopia el futuro de las sociedades capitalistas, incluyen “Al médico, al jurista, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia” pues “los ha convertido en sus servidores asalariados”.

El patriotismo no es para Recabarren, por lo tanto, un problema en sí mismo sino tan solo en la medida que enmascara la verdad histórica, que está conformada no por un conjunto de acontecimientos sino por las contradicciones sociales y las aspiraciones de verdad, auténtica libertad, igualdad y leyes justas que el orden actual impide y respecto al cual la izquierda y los trabajadores representan su negación.