lunes, 30 de diciembre de 2024

El año decisivo

Eugene Delacroix. la libertad guiando al pueblo. 1830



 

Como en 1986, el próximo podría resultar ser un año decisivo para chilenos y chilenas. En pocas semanas, de hecho, recién comenzado el 2025, se va a sellar una de las reformas más importantes del programa de gobierno de Apruebo Dignidad y sus aliados de Socialismo Democrático, que es la reforma al sistema previsional, o debiera hacerlo. Ciertamente, no se trata de cualquier reforma. Está en el corazón del sistema neoliberal, porque es la caja del sistema financiero, cuestión de la que la derecha está perfectamente consciente.

 

Por eso, la majadería de su propaganda sosteniendo la presunta propiedad individual de los fondos que administran las AFP's, argumento que si tiene la capacidad que tiene de sostenerlas en la actualidad, pese a su colosal desprestigio, se debe únicamente a su control de la industria cultural, la información y las comunicaciones. Estas demuestran cotidianamente una de las contradicciones más profundas del sistema y explica también la imprevisibilidad de los comportamientos sociales y colectivos expresados en la famosa frase "no lo vieron venir", en la medida que sus mismos controladores sucumben al discurso armado y difundido para mantener bajo control a trabajadores, trabajadoras, empleados y profesionales de clase media que los sostienen con su propio esfuerzo y ahorros, sin que sus controladores tengan que hacer mucho para enriquecerse, excepto especular con plata ajena.

 

El hecho de que la reforma afecte el corazón del sistema, además, tiene como consecuencia que las posiciones a su alrededor se radicalicen de manera tal que el sistema político se fragmente dando origen a posiciones ultrafundamentalistas de mercado que tensionan a la derecha tradicional generando contradicciones en su interior y que ya han fagocitado a varios de sus liderazgos y al mismo tiempo desmovilizando a la izquierda sumiéndola en un marasmo asombroso considerando que es su propio gobierno quien la impulsa.

 

Un escenario soñado para los liderazgos mesiánicos, populistas y reaccionarios. La derecha ha boicoteado permanentemente la reforma y tratado de evitar a toda costa terminar con el sistema de capitalización individual, la administración privada de los fondos de pensión; su uso en el financiamiento de otras industrias con la plata de los trabajadores, así como otorgar aunque sea un mínimo de capacidades al Estado de regular esta industria. Su objetivo en este momento es endosarle al gobierno esa responsabilidad, usando la vieja cantinela de los acuerdos como pretexto para hacerlo.

 

Este escenario es posible sólo por la desmovilización de la sociedad, de sindicatos y asociaciones de empleados y profesionales; usuarios y a la vez rehenes del sistema que simplemente presencian como testigos impávidos cómo se resuelve uno de los nudos, uno de los huesos duros de roer, del sistema neoliberal y que explican el poder que ostenta un puñado de especuladores y magnates de las finanzas sobre el resto de la sociedad. En este sentido, la única manera de salir de esta situación de aparente empate, situación funcional a los intereses de la CPC y la derecha, es la más amplia movilización de la opinión pública y la sociedad civil, la misma que obligó a Pinochet a adelantar el itinerario de  traspaso del gobierno contenido en la Constitución del 80 después del paro nacional de 2 y 3 de julio de 1986.

 

El 2025 va a ser decisivo, por lo tanto, porque en él se debieran decantar las posiciones que en el futuro van a disputar la dirección posneoliberal que va a tomar la sociedad chilena en el futuro. Una abiertamente clasista y reaccionaria o una democrática, nacional y popular que aporte a la construcción de una América Latina inserta en un nuevo orden mundial respetuoso del medioambiente, comprometido con la diversidad cultural y la justicia social. Y ello sólo será así en tanto sea el propio pueblo el que rompa la situación de inmovilidad a la que la institucionalidad vigente, condena al sistema político y a la mantención de este orden de cosas insoportable. 

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Fachos al poder!

Jean Dubuffet. Le Guilleret. 1964
                                         


La semana que termina, estuvo marcada por la ofensiva conservadora. Lamentablemente para chilenos y chilenas, la derecha se mueve en la dirección de una deriva reaccionaria que, aparentemente, no tiene vuelta atrás. Después de las elecciones regionales y municipales, la derecha tradicional, aunque pudo respirar momentáneamente, comienza a sufrir la aceleración de su deterioro irreversible y solamente se dedica a dar manotazos de ahogado que apenas disimulan su extinción definitiva. 

En efecto, estos días solamente, el circunstancial presidente de la UDI, diputado Guillermo Ramírez, tiene que salir a dar explicaciones a su par de Republicanos, Agustín Squella, a propósito de lo que quiso decir en materia de pensiones y en el marco de la discusión que se da en el congreso a partir del proyecto de reforma del gobierno del Presidente Boric. 

En una performance patética, Ramírez se deshace en explicaciones para demostrar que es tan reaccionario como el segundo en cuanto a su defensa del sistema de capitalización individual y tan servil como éste en la defensa de los intereses de la industria del sistema privado de pensiones. Con aires de una dignidad de pantomima, anuncia desde ya su oposición y la de su partido a llegar a un acuerdo en el Congreso para destrabar la reforma previsional. En buen chileno, eso quiere decir que está por mantener el sistema tal cual existe hasta el día de hoy y como fue concebido por José Piñera, en plena dictadura militar, hace ya cuarenta y cinco años aproximadamente. 

Es más, su única disposición para llegar a un acuerdo tiene que ver con aumentar el multimillonario fondo que administra y gracias al cual mantiene rehén al sistema político; e incrementar la PGU, que ni siquiera pagan las AFP's sino el Estado, que según la derecha, los empresarios y sus astrólogos de la macroeconomía, para lo único que sirve es para financiar sus negocios y hacerse cargo de resolver sus estropicios. Es lo que se conoce comúnmente como principio de subsidiariedad. 

El escándalo de la devolución de las ISAPRES de los cobros abusivos que realizó a sus usuarios viene a confirmarlo. La derecha, en el trámite de una ley que era, a todas luces, una maniobra de salvataje de esta otra "industria", consiguió incluso condiciones más favorables a las que ya de por sí suponía, posibilitando estas devoluciones que es como decir que el abuso reconocido por el Poder Judicial, primero, e intentado subsanar chapuceramente mediante la ley corta, no le salió ni por cura'o. Una demostración del poder que ostentan, gracias al que, al igual que el de la industria de las AFP's, tienen cautivos a miles de trabajadores y trabajadoras y al Estado de Chile de rodillas. 

Los partidos de la derecha tradicional, tal como lo demuestran las declaraciones de Ramírez, no tienen mucho más espacio para seguir cuenteando. Esto es tan así, que incluso sus sectores dizque "democráticos" se refugian en la candidatura de una de las representates más fanáticas del pensamiento neoliberal, pinochetista disimulada y némesis en vida de Piñera, que en un gesto post mortem, a través de sus colaboradores entre los que destaca su primo, la eleva a la categoría de heredera política. 

La táctica parece consistir más o menos en ser tan fachos como los republicanos para evitar que estos últimos les arrebaten su posición hegemónica en el sector. El resultado es más o menos el mismo. La mantención del poder de los mismos que lo han detentado en los últimos treinta o cuarenta años, banqueros, prestamistas y especuladores, y de la posición culturalmente hegemónica en la sociedad actual que les permite defender la legitimidad moral de sus proyectos y negocios aun cuando son abiertamente contrarios al interés nacional, el mejoramiento de la calidad de vida de trabajadores y trabajadoras, empleados, clase media y el medioambiente. 

El caso Dominga es suficientememnte elocuente al respecto. Como era de suponer, la candidatura de Matthei después de las elecciones territoriales, resultó herida. Le han salido al camino ya varios críticos dentro de su mismo sector, como el pintoresco Carlos Larraín, un representante típico de la derecha tradicional católica, latifundista y autoritaria y el eterno candidato neofascista José Kast. Los socialcristianos, expresión de un neoconservadurismo evangelista que incluso ganó la gobernación del Bío- Bío y que cuenta con una representación parlamentaria nada despreciable, también están empezando a hacer valer su condición de fuerza importante de esta nueva derecha. 


La única manera de resolver esta dispersión pasa probablemente por devolverle autoridad y convicción al sector tras un liderazgo fuerte y decidido. Liderazgos de este tipo son los que representan en América dirigentes tan bizarros como Trump, Millei, Bolsonaro o Bukele. Sea Mattehi, Kast o quien sea el que tome la posta, es el futuro de la derecha y ante lo cual debe prepararse el pueblo, la izquierda y el progresismo so pena de tornarse intrascendente. 


viernes, 6 de diciembre de 2024

A fuego lento

Chaïm Soutine. Piece de boeuf. 1923



                                        


En el transcurso de esta semana,  a los escándalos ya conocidos y explotados hasta el hartazgo por la prensa del sistema, se vienen a sumar el de las devoluciones ridículas que las ISAPRES han realizado de los dineros robados a sus usuarios luego del fallo de la Corte Suprema y de la Ley corta aprobada por el Parlamento que estableció la forma de hacerlo efectivo para supuestamente evitar el colapso del sistema sanitario.  

También la declaración del ex ministro Felipe Ward incriminando directamente al pro hombre de la UDI Andrés Chadwick, en la trama de corrupción de los permisos de construcción del grupo Patio y los hermanos Jalaff y los nuevos antecedentes del caso de Maipú que involucran cada vez más claramente a Joaquín Lavín. 

La prensa del sistema abunda en la filtración de antecedentes  que salen de la fiscalía, involucrando a abogados querellantes y defensores como si fueran parte de la misma trama; pone en la misma página cobertura de los casos Monsalve y convenios, tratando de empatar y de ocultar al mismo tiempo imágenes que pudieran ser incómodas -como las de Chadwick yendo a declarar, lo que contrasta con la manipulación pornográfica de las imágenes de Daniel Jadue esposado y vestido de amarillo durante su formalización-. 

El descrédito del sistema no puede ser más generalizado y profunda la pérdida de credibilidad de las instituciones democráticas y cualquier forma de asociatividad, sea de las que representa el Estado -como municipios, Parlamento, empresas públicas- o de las de la Sociedad Civil -como sindicatos, ONG's y organizaciones  vecinales- así como las de los partidos políticos. Es la aplicación más ortodoxa del aserto del asesor fascista de Donald Trumpp, Steve Bannon, de "inundar la zona con mierda". A las perdidas, algún oportunista ultra podría hacerse cargo de restablecer el orden y evitar que toda esta crisis a la que la ha arrastrado el neoliberalismo y el lazais faire desbocado -que es como el ethos de su cultura- pueda convertirse en una posibilidad efectiva de cambio radical, que es a lo que conduce o debiera conducir. 

Mientras siga siendo objeto de debates y elucubraciones de salón; de conspiraciones palaciegas y fórmulas de reforma al sistema político como las promovidas por el senador socialista Alfonso de Urresti con ayuda de la derecha, estas seguirán en el plano de las reformas interminables y a la sociedad en una eterna crisis sin solución excepto las del tipo libertario, republicano o trumpista, que no son otra cosa que la involución reaccionaria de las sociedades a la paz de los cementerios que promueve el fascismo en sus diferentes versiones. 

La crisis del neoliberalismo se cuece a fuego lento pero no conduce necesariamente a la reforma estructural del supermercado en que ha convertido a la sociedad. 

Solamente la irrupción de la diferencia a través de una ruptura provocada por medio de la lucha de masas hará posible que salgan de este círculo vicioso de descontento, apatía y represión. Ello no cierra la vía institucional; al contrario, le abre perspectivas reales de realización y le otorga una legitimidad de la que carece por la misma naturaleza elitista y cerrada a la que la condujo la democracia de los acuerdos. 

Esto no es cuestión de muñequeo ni de fórmulas complicadas sino de voluntad , audacia e inteligencia politica. Señalar las fracturas no para buscar acuerdos inconcebibles sino para mantener abierta la brecha. Reivindicar la diferencia, la identidad de la izquierda y de lo popular desde su historia proyectándose al nuevo mundo que se empieza a abrir paso contra los embates de la derecha por evitarlo y las dudas e incertidumbre de diletante que termina por mimetizarse con ésta.

 


miércoles, 27 de noviembre de 2024

Como el ave Fénix

Kasimir Malevitch. Cuadro negro sobre fondo blanco. 1913

Como siempre en el caso de cualquier elección, los resultados de la segunda vuelta de las regionales se han prestado para toda clase de interpretaciones. Todos ganaron....¿todos ganaron? Más bien demuestran un inmovilismo alarmante; la incapacidad de la sociedad de concebir y comprometerse con proyectos de cambio respecto de la actualidad. La elección se trató casi de un cambio de elencos, con la excepción de Rodrigo Mundaca, expresión de lo cual es la abrumadora ventaja que le saca a la candidata de la derecha más anacrónica y representativa de la defensa a troche y moche del neoliberalismo y un sistema político acartonado, elitista y hecho a la medida de la mantención del status quo. Lo más relevante de esta elección. Una experiencia que hay que observar y analizar con detención. 

Vamos por parte. La derecha avanza de uno a seis gobernadores, pero considerando que para ésta se trataba de un plebiscito del gobierno, perdió por paliza. En segundo lugar, porque su eventual candidata presidencial se desplegó apoyando a sus candidatos y así y todo, estos no despegan, dejándola de pasada en una incómoda posición. En tercer lugar, porque en las regiones que concentran la mayor cantidad de electores y que destacan por su importancia política -la Metropolitana y la Quinta- con excepción de la Octava, es derrotada con bastante holgura. Mal por Matthei; su eterna campaña, puede que la termine agotando antes de llegar a la meta y que en el camino le salgan competidores, que desordenen el sector. 

Hasta ahí todo bien. Sin embargo, sumando la cantidad total de votos, la derecha obtiene una leve ventaja sobre el oficialismo, que en esta ocasión incluía de un modo confuso a los remanentes de la DC. Nada como para celebrar, pero señal de alarma de la que habría que tomar nota. Además, los republicanos, pese a no haber elegido gobernadores e incluso haber sido derrotados por sus aliados en la única región donde pasaron a segunda vuelta, avanzan en la conformación de CORES. Los republicanos, igual que en el caso de los concejales, demuestra una capacidad de avanzar en forma sostenida aunque no espectacular. Los dos millones de Francisco Orrego en la RM no son nada despreciables aun cuando no fueran suficientes para derrotar al incumbente. 

Probablemente una de las cuestiones más llamativas es el triunfo de Claudio Orrego en la RM. Por diez puntos además y no como él mismo había previsto, por una diferencia marginal. Las razones van desde la calidad del candidato opositor, un desconocido con una performance chabacana y de una agresividad que no tuvo el resultado que este tipo de desfachatez  utilizada por las derechas de todo el mundo, ha tenido. Por ejemplo en los Estados Unidos, donde su candidato, acusado de conspiración contra la democracia, fraude electoral, instigación a la insurrección, procesado por violación, evasión de impuestos, etc. resulta electo. Lo mismo en el caso del Bolsonarismo que logra movilizar a miles que creen en la inocencia de su líder o incluso disculpan sus fechorías como si las acusaciones que pesan en su contra fueran no más que el lloriqueo de sus adversarios.

Esta incapacidad de la derecha, debiera motivar un análisis más detenido. 

Pese a su sectarismo, en la votación de Orrego debe haber una proporción importante de votantes de izquierda que reaccionaron ante el peligro del triunfo utraderechista. Incluso votos de centroderecha que lo hacen en el mismo sentido. Ningún gran logro, solamente capitalizar un temor extendido a su radicalidad y los efectos desestabilizadores que pudiera provocar en caso de ocupar puestos de poder en el gobierno regional.  

El de Saffirio en La araucanía, viene a reforzar este aparente renacer del humanismo cristiano y las posibilidades de un centro político que se encuentra en retirada hace rato, pero que en estas circunstancias  de aparente empate entre las fuerzas de la reacción y las de la reforma politica y social, intuye una posibilidad de renacer de entre sus cenizas. El comportamiento del PPD y la DC en el curso del trámite de la Ley de Presupuesto, tambén así lo indican. En lugar de comportarse como un centro doctrinario, con propuestas de reforma incluso parciales y gradual, lo hace colocando sus votos en forma aleatoria y circunstancial. 

Este aparente equilibrio hacia la inmovilidad, solamente le preparan el camino al avance silencioso y paulatino de los republicanos y otros sectores emergentes de la ultraderecha, como los socialcristianos que derrotan a un veterano de la transición, el ex senador Alejandro Navarro en el Bío-Bío. Esta convergencia hacia la mantención de un equilibrio que se expresa en un aparente empate y en el renacimiento de fuerzas de centro que presumen transversalidad y moderación, son facilitadas por la desmovilización de los sindicatos, las organizaciones sociales y los partidos de izquierda, que además ostentan en la actualidad condiciones incomparablemente mejores que las que tuvieron en los noventa para hacerlo. 

Por el momento, la derecha no avanzó más y la izquierda tampoco retrocedió como aquella presumía. La situación nacional tiene la apariencia de una calma inconmovible. Eso no significa que este estado vaya a permanecer. Hay fuerzas subterráneas que se mueven lentas pero implacables. Un descontento social, una rabia contenida, que la ultraderecha explota a través de su potente red de medios exacerbando el temor y la desconfianza, a través de denuncias extravagantes; acusaciones vacías; ataques violentos, etc. y por otra un avance electoral y territorial lento pero sostenido de la ultraderecha. 

Mezcla explosiva que solo mediante una decidida acción y propuesta puede ser detenida, so pena de mantenerse siempre sosteniendo el mal menor que hoy por hoy, le podría abire las puertas de par en par



domingo, 10 de noviembre de 2024

Pior es ná

Jean ANtoine Watteau. Mezzetin. 1717-1719



El próximo 24 de noviembre se va a celebrar la segunda vuelta de la elección de gobernadores. En el caso de la Región Metropolitana, esta tiene una gran significación por varios motivos, y no precisamente por lo que implica para la región en términos de un proyecto de desarrollo. 

El primero de ellos, naturalmente, el que se trata de la Región donde está la capital del país y por mucho que el Congreso esté en Valparaíso producto de un gesto populista de última hora de Pinochet -fingiendo una descentralización que nunca fue- el corazón del poder político. Se trata además de la región que concentra la mayor cantidad de electores, lo que de por sí, le otorga una importancia cuantitativa mayor que la del resto de las regiones en la definición de la correlación de fuerzas entre gobierno y oposición y entre las diversas opciones políticas en disputa. 

Lo segundo que le confiere características particulares a esta elección, es quienes la protagonizan. Por un lado, un representante de la nueva derecha, fanática, agresiva, y abiertamente reaccionaria con un sobreviviente de la DC.

En el caso del primero, la expresión del retroceso moral y cultural de la derecha hacia los fundamentos más prosaicos de su pensamiento -que es lo único que le queda a falta de propuestas- y que como todo fascista, se apoya en el sentido común, esto es, la ideología dominante y el repertorio de valores conformados por treinta años y más de prédica machacona acerca del esfuerzo y la competencia como factor de progreso social e individual, el endiosamiento de la empresa privada como dadivosa proveedora de estas y el consumo como fuente de felicidad ilimitada.

El riesgo que ello implica para la región en términos de desarrollo y calidad de vida de sus habitantes se puede imaginar fácilmente. Sería la profundización a escala local del modelo de desarrollo de los últimos treinta años. Una fiesta para las inmobiliarias, concesionarias de diverso tipo, empresas del retail y la energía a expensas del encarecimiento del costo de la vida, una mayor contaminación, pérdida de áreas verdes y de zonas agrícolas; mercantilización aún mayor de servicios básicos y de lo que todavía no ha sido convertido en negocio.

El candidato DC, apoyado por todos los sectores democráticos y progresistas, ha asumido esta campaña más como si fuera una presidencial, alentado probablemente por las aspiraciones de alguno que otro de sus antiguos correlegionarios de volver a ser la fuerza determinante que fue en los años noventa, poniendo en grave riesgo lamentablemente sus posibilidades. Con su inveterado anticomunismo y una soberbia muy poco constructiva, da la impresión a cualquier observador desinteresado que su comando es él y a quienes él escoja. Su discurso parece hablarle no a quienes tienen disposición de movilizarse en esta elección para detener a la derecha y construir una región más justa, más democrática y un gobierno al servicio de sus habitantes sino a quienes supone, eventualmente, siguen siendo el electorado de “centro” que siempre representó su sector.

Una suposición ingenua que podría costarle caro a su candidatura y al pueblo de la RM, por cierto. Los resultados que han obtenido Demócratas y Amarillos, residuos de la crisis y agonía del PDC, no son solamente el resultado de su  paulatina pero cada vez más radical derechización. Sus resultados dan cuenta de que ese electorado ha cambiado y se mueve hacia otras opciones políticas que respondan a las contradicciones que agitan actualmente a nuestra sociedad. La candidatura de Francisco Orrego se alimenta de ellas y con un discurso facilón y una puesta en escena chabcana que conecta rápidamente con el sentido común individualista y “meritocrático” del neoliberalismo, se apresta a aglutinar a toda la derecha de la RM en la segunda vuelta del 24 de noviembre.

La batalla por la RM debiera entonces aglutinar a todos los sectores políticos y sociales, en torno a la transformación; la idea de un proyecto de desarrollo regional; la movilización de la sociedad civil junto a sus CORES por la defensa de su calidad de vida, la democracia y los derechos de sus habitantes. Y la candidatura a  gobernador, ponerse a su servicio y encabezar este proyecto a riesgo de no ser más que la alternativa menos mala, augurio casi seguro de una triste derrota.

 


lunes, 4 de noviembre de 2024

Siguen sin verlo venir

Fernand Leger. Día de campo. 1953



El resultado de las elecciones municipales y regionales dejó a todas las coaliciones más o menos conformes. No hubo ganadores ni perdedores. Sólo movimientos sutiles en apariencia en el comportamiento del electorado. Se ganan municipalidades, se pierden otras. Unos eligen más concejales y otros menos. Aumentan o disminuyen los votos blancos y nulos más o menos en la misma proporción que aumenta o disminuye la molestia del pueblo con el sistema político producto de escándalos de corrupción, abuso de poder, autoritarismo, tráfico de influencias a favor de políticos, empresarios y personajes de la elite y sus familias. 

Probablemente en una próxima ocasión volverán a manifestarse o distribuirse en una proporción distinta aunque sin hacer ninguna diferencia sustancial. 

Precisamente la circunstancia que favorece a las fuerzas de derecha y conservadoras, las que viven de esta inercia social y política. Es la razón probablemente para que a pesar de sus latrocinios, su defensa del orden excluyente y autoritario que es el neoliberalismo, pese a sus sucesivas crisis y retrocesos electorales, siga siendo una alternativa de poder y de gobierno. En la pasada, lo peor de su repertorio de abyecciones, se abre paso desplazando a sus versiones tradicionales, víctimas de una fatiga doctrinaria y política que ya no puede seguir disimulado. No es necesario -no lo ha sido, por ahora- un cambio de elenco demasiado radical; los contenidos de fondo no varían sino solamente las circunstancias en las cuales defenderlos y a decir verdad, la derecha tradicional ha demostrado una falta de escrúpulos más o menos similar a la de sus vástagos neofascistas a la hora de hacerlo. 

Las fuerzas de izquierda mantienen casi inalterada su base de apoyo electoral. Solamente desaparece el centro o lo que alguna vez presumió  de serlo, lo que provoca en algunos una preocupación lastimera, cuando lo que debiera alarmarlos es el avance sostenido de la ultraderecha y la manera de aportar a su detención, su motivación actual -lo mismo que todos los demócratas. No es extraña, entonces, su conducta oportunista más preocupada de su sobrevivencia electoral que de las tareas políticas que la situación histórica les demanda, lo que además profundiza su decadencia. 

Dicho avance de la ultraderecha tiene otro efecto destacable, que es la introducción de un desorden en las filas de la derecha que es el principal desafío para quienes la conducen. La estrepitosa caída de Marcela Cubillos, la visagra entre Republicanos y Chile Vamos es expresión de este desorden. 

Los analistas más despiertos del sector lo saben y llaman a trabajar afanosamente para eliminarlo o a lo menos reducirlo tanto como para que no afecte sus posibilidades en las próximas paramentarias y presidenciales. La derecha chilena ha demostrado en varias ocasiones su capacidad para hacerlo aunque también la de convivir con éste desorden mientras ello no ponga en riesgo las bases de sustentación de la sociedad de clase que es el capitalismo. 

Por el contrario, la movilización popular y de la opinión pública, la obliga a sacarse las caretas y ello a su vez, va generando grietas en su interior que posibilitan la irrpución de alternativas a la sociedad actualmente existente. Precisamente lo que explica el surgimiento de opciones políticas y electorales con capacidad de disputar el poder político en el municipio, en el Parlamento y la Presidencia de la República. 

La modorra social tras la que se oculta un larvado cansancio y molestia de trabajadores, trabajadoras, empleados, jóvenes y personas mayores con el orden de cosas actualmente existente favorece, en este sentido, a la derecha y afecta gravemente las intenciones del gobierno de sacar adelante una agenda de reformas que, si bien no son el funeral del neoliberalismo, como alguna vez supuso era posible, favorecen a los trabajadores y el pueblo. Elminiación del CAE, reforma al sistema de pensiones, negociación colectiva ramal, etc.

Detrás de un maximalismo de cartón piedra que se excusa de su incapacidad en la denuncia de la insuficiencia de dichas reformas y se conforma con un economicismo de miopes perspectivas mientras llegan tiempos mejores, se oculta un deterioro progresivo de la voluntad de lucha de la izquierda y de su vocación de poder. 

Hace rato que una democracia basada en la suposición de que el sistema representativo es suficiente para expresar fielmente a la sociedad y procesar sus diferencias y demandas, fue ampliamente sobrepasada. A eso se suman las denuncias conocidas por bullados casos de corrupción, tráfico de influencias y abuso de poder, que la colocan cada vez más escéptica y desconfiada. Es esa la circunstancia que explica el que ésta demande una profunda reforma, resistida por unos, temida por otros y aparentemente inasible para los que la conciben aun confusamente. 

El pueblo, mientras tanto, sigue esperando y en la espera, probando parte del buffet que el modelo ofrece entre sus alternativas, incluyendo las más tóxicas. ¿Otro estallido? También puede ser, con la diferencia de que esta vez nadie va a poder decir que no lo vio venir. 



 



  

jueves, 31 de octubre de 2024

El fascismo en la actualidad y la izquierda

Juan Domingo Dávila. The studio. 1984

 

 

En la actualidad -caracterizada por el agotamiento de la globalización y la incapacidad del pensamiento neoliberal de explicarlo y proponer alternativas a su propio derrumbe- surge en todo el mundo una suerte de fascismo de nuevo tipo, combinación de intolerancia frente a la diferencia basada en la presunción de exclusivismos que provienen de una aceptación dogmática de las condiciones de la vida que éste ha ido imponiendo en los últimos cuarenta años. 

Condiciones como la desigualdad, el autoritarismo y la precariedad y que han sido el resultado del retiro del Estado y la invasión del mercado en todas las formas de convivencia social, ello desde los gobiernos de Tatcher, Reagan y Pinochet. 

Esta es la razón para que dicha intolerancia pueda aparecer acompañada de un individualismo extremo y una defensa dogmática del mercado y la iniciativa privada que lo diferencian de los fascismos del siglo XX, en que la desaparición del individuo corría pareja con la reivindicación de una noción heroico-popular del hombre que lo diluía en movimientos de masa que reivindicaban una noción reaccionaria de la Nación y de un Estado fuerte. 

Una de esas realidades de hecho que impuso el neoliberalismo y que al mismo tiempo fue una condición necesaria para que así ocurriera, fue la aniquilación de sujetos sociales como el movimiento sindical y el movimiento estudiantil y su disolución en medio de una multitud de individualidades egoístas. Primero mediante su persecución, aniquilación física y la violación sistemática de los DDHH durante la dictadura militar y luego, gracias a la implantación de principios propios de la empresa privada incluso en los servicios como la previsión social, la salud y la educación públicas durante los últimos treinta años. Todo ello como si hubiese sido el resultado de un desarrollo poco menos que natural y no de un esfuerzo deliberado. 

Esta aparente fractura entre lo individual y lo social que provoca la aplicación del neoliberalismo, regulaciones más o menos de por medio,  ha favorecido el surgimiento de un discurso reaccionario que llena el vacío que genera, con clasismo, prédica racista y contra los sindicatos, xenofobia, homo y transfobia y al mismo tiempo, naturaliza una concepción de la libertad que, en el fondo, es el rechazo de lo colectivo y la colaboración, y que legitima de esa manera diversas formas de fragmentación territorial, social, generacional, nacional y étnica de la vida, tanto como de dominación y sofisticadas formas de control en la producción y la vida comunitaria en barrios, servicios y la cultura.

Naturalización de los puros hechos e implantación de formas de control de la vida por parte del Estado que provienen de aquella diferencia forzada entre lo social y lo individual y de la concepción de la libertad que de ella emana, son características típicas del fascismo que resurgen en este nuevo pensamiento reaccionario. 

Trump, Vox en España, Fratelli d'Italia, AfD, El bolsonarismo, los libertarios argentinos, así como los republicanos chilenos se alimentan de ella. Desplazan a las derechas tradicionales; se nutren de su bancarrota y al mismo tiempo que reclaman saturarla con valores tradicionales, sentido de la autoridad y llamados al orden, defienden una noción simplista de la propiedad privada, la desregulación de la vida y las relaciones sociales y una noción del éxito basada en el esfuerzo individual, nunca -a diferencia del fascismo clásico- de uno colectivo definido más por una noción mitológica de su origen que por sus objetivos  y función social.

Los discursos que permanecen al interior de esta fractura y que sostienen la posibilidad de resolverla dentro de sus límites -inclinándose de uno u otro lado de ella, parchándola pero sin reconocer nunca que dicha fractura es una característica esencial de la crisis a que ha arrastrado el neolieralismo y la razón de su imposibilidad no sólo lógica sino también política- no aportan a su comprensión ni contribuyen con ningún conocimiento nuevo de la realidad. Consecuentemente, con ninguna diferencia. Por consiguiente, no trascienden las condiciones que un neoliberalismo agónico impone a la cultura y en realidad son parte de la misma. 

Precisamente, una de las circunstancias que naturalizan los puros hechos de la dominación y la exclusión que posibilita la irrupción del fascismo en la actualidad y su prédica, prédica facilona con la que pretende colmar el vacío dejado por la crisis del neoliberalismo.

La actualidad de la izquierda, consiste pues en la identificación de la diferencia y la negación de las condiciones de pobreza, marginalidad, injusticia y falta de libertad que lo caracterizaban y que la crisis del neoliberalismo ha expuesto en forma brutal. Señalar las inconsistencias del neofascismo y las contradicciones intrínsecas entre su tradicionalismo, su intolerancia y su liberalismo chusco. Colmar dicha diferencia con los valores que forman su historia y experiencia y trascender los límites que pretende haber impuesto de una vez y para siempre; la del sindicalismo y la lucha contra la explotación. El cristianismo comprometido con los pobres y la justicia social; la lucha por la paz y contra el armamentismo y por la defensa del medioambiente que históricamente ha representado el movimiento juvenil a lo que se suma hoy en día la causa de las divergencias sexogenéricas. El avance del fascismo, por ahora, no es homogéneo y por su misma característica de no ser la sola negación del neoliberalismo como lo conocemos en la actualidad, podría terminar arrstrando a la derecha o a parte de la derecha tradicional.