miércoles, 26 de mayo de 2021

El consenso de los tartufos

Honore Daumier. Crispin & Scapin




En estos días, se supo por fin lo que la derecha entiende por "mínimo" para que una familia pueda sobrevivir en medio de la catástrofe que ha significado para chilenos y chilenas, la pandemia de coronavirus. En realidad, nada muy novedoso. Mantener a la población de trabajadores y trabajadoras y sus familias en la miseria sin morir, mientras al empresariado se le brindan toda clase de ayudas, subsidios, créditos y facilidades legales. 

Algo tan viejo como el hilo negro, presentado como si fuera la novedad del año. Y más encima, como si se tratara de un aporte a la solución de las pellejerías que vienen sufriendo las familias chilenas hace a lo menos un año. Se trata de una descripción edulcorada del lado angosto del embudo. Al empresariado se le brindan todas las facilidades -no digamos, precisamente, al "emprendedor" sino al pez gordo del retail, la construcción, los servicios, la explotación de recursos naturales, con la chiva de que son los que dan empleo-, mientras al pueblo se le ofrecen migajas como los beatos reparten limosnas a la salida de las iglesias. 

Lo más indignante en todo caso no es eso, sino el escándalo con el que reaccionan ante las tibias críticas que se le han hecho a su propuesta de "mínimos comunes", como si se tratara de un gran aporte a la solución de las necesidades de la población. 

Rasgan vestiduras, como si a estas alturas a alguien le parecieran sinceros sus gestos de caridad, los que espetan hipócritamente la prepotencia del rico para tratar al pobre. Y acto seguido, denuncian falta de voluntad para lograr un "consenso" que vaya en beneficio de las familias. 

¿De cuándo que se necesita un consenso para eso? Evidentemente, lo que por tal entiende la derecha es la concesión, la entrega, la renuncia de la oposición a su calidad de mayoría social, política, cultural y moral, para seguir haciendo lo que viene haciendo hace unos cuarenta años: gobernar para el empresariado y asegurarle así su posición de dominio sobre la sociedad. 

Lo que realmente se necesita son políticas estatales -ya que la avaricia y ambición de los empresarios les hacen actuar siempre en sentido contrario- que vayan en beneficio de la población, en empleo, en salud, en salarios, en educación, protección social y participación;  cuidado del medioambiente e integración de la diversidad de género. 

Resulta por consiguiente, inconcebible, la búsqueda de un consenso que vaya en esa dirección sin antes pasar por un conflicto que se resolverá democráticamente, esto es a través de la determinación de mayorías y minorías en los órganos correspondientes del Estado, diferencia que el binominalismo borró a fuerza de exclusión, manipulación y represión, presentadas como "virtudes republicanas" y que hasta el día de hoy se expresan pese a la reforma del sistema electoral. 

La derecha no va a ceder un milímetro ni el pueblo necesita que lo haga, pues la expresión de su voluntad en las urnas fue categórica al respecto. Mas de cuatro quintas partes de quienes participaron en las elecciones del 15 y 16 de mayo, se manifestaron por las listas y candidatos que propugnan un cambio social y político. Es ocioso, pues, continuar pontificando acerca del consenso y los acuerdos con quienes los han negado sistemáticamente en los últimos treinta años a través de una institucionalidad política y social excluyente.

Es innecesaria una norma como la de los dos tercios, en tanto la composición de la Convención es mayoritariamente partidaria de cambios de fondo al orden Constitucional y consecuentemente, político y social. En realidad, el consenso ya existe y es lo que se expresó en las urnas.

Es innecesario un acuerdo con la derecha, existiendo ya en el Parlamento proyectos que cuentan con un respaldo mayoritario como el de renta universal de emergencia, royalty minero, impuesto a los super ricos y otros, que apuntan en la dirección de favorecer a chilenos y chilenas, a las familias trabajadoras en el transcurso de la pandemia de coronavirus. Muchas de ellas, por lo demás, necesarias incluso en contextos de normalidad de una sociedad democrática y no el mamarracho que el neoliberalismo ha presentado los últimos treinta años como paradigma de "modernidad", siendo en realidad todo lo contrario.

Por cierto, la derecha históricamente ha demostrado su desprecio por el consenso promoviendo conspiraciones palaciegas, oponiéndose a la inclusión, sosteniendo posiciones odiosamente clasistas, discriminatorias, excluyentes, xenófobas y de un chovinismo de clase que la ha llevado a promover golpes de estado y asonadas militares cuando ya no tiene ni los votos ni los argumentos para sostenerlas. 

Lo que el pueblo ha manifestado en las calles y en las urnas con un costo de miles de encarcelados, mutilados y víctimas de trauma ocular, desapariciones y hasta asesinatos,  se debe expresar ahora en un nuevo consenso que no es sino la ampliación de los límites para la participación. En primer lugar, en la distribución de la riqueza producida y que la sigue acumulando groseramente un puñado de familias, por ejemplo a través de los salarios. 

Participación en el proceso constituyente, a través de plebiscitos intermedios, revocación de cargos de constituyentes que no den cuenta de su actuación y que pudieren manifestar conflictos de interés en la discusión de materias constitucionales; audiencias públicas, rendición de cuentas de los convencionales en sus respectivos distritos, etc. 

Ciertamente, además, el paisaje político del país cambió en la última elección y la participación de los independientes --esto es, de quienes teniendo una posición política, no militan en partidos inscritos legalmente-  debiera ser parte de este nuevo consenso y no puede seguir siendo contenida por una institucionalidad cuestionada y que ya no goza de legitimidad social. 

Ese es el verdadero consenso. Se trata de un acuerdo que debiera expresar institucionalmente y legitimar políticamente la voluntad mayoritaria del pueblo y no el resultado de camarillas, conspiraciones y cocinas como las llamo el ex senador Democracristiano Andrés Zaldívar, que es en realidad el consenso hipócrita de quienes se resisten a los cambios y que con palabras dulces y gestos grotescos de "amistad cívica", se prepararn para dar un zarpazo al nuevo consenso social que emerge de la movilización popular y que deberá expresarse en a futura Consttución. 

miércoles, 19 de mayo de 2021

Se abrirán las grandes alamedas


 

La renuncia del presidente de la DC, Fuad Chaín, en la Junta Nacional de su partido es la demostración más elocuente del ocaso definitivo de la democracia de los acuerdos. 

Es el acta de defunción que solamente viene a confirmar un proceso largo y paulatino de decadencia retrasado por el voluntarismo obtuso de su gestión a la cabeza del PDC. Su resultado en gobernadores, alcaldes y especialmente convencionales para la constituyente, representan el castigo a una gestión caracterizada por la afanosa búsqueda de un acuerdo imposible con la derecha, que generalmemte terminó en puras concesiones.

Aunque suene trillado decirlo a estas alturas, como decía Radomiro Tomic, cuando se gobierna con la derecha, es la derecha la que gobierna y eso el pueblo lo percibió claramente y lo castigó.

El otro finado ilustre es ciertamente el gobierno que de aquí a noviembre va a ser un zombie aun cuando haya muchas cuestiones por resolver, lo que considerando el presidencialismo radical de nuestro régimen político, en el que muchas de las soluciones dependen de la iniciativa del Ejecutivo, se puede avizorar desde ya un período corto pero turbulento.

En tercer lugar, y probablemente el más evidente, la coalición de partidos que lo sustenta. No habiendo pasado más de cuarenta y ocho horas de su estrepitosa derrota, sin embargo, este sector sigue defendiendo los dogmas de la doctrina neoliberal que la condujeron a la tumba.

Sigue amenazando con sus majaderas reservas de constitucionalidad frente a proyectos como el de impuesto a los súper ricos y royalty minero.

Habrá que ver si cumple su amenaza de llevar todo lo que no le gusta al TC, que a estas alturas no es, o no debiera ser, más que una pieza de museo.

Surge entonces, de entre las ruinas de Vamos por Chile, una nueva derecha más recalcitrante, más reaccionaria, más chusca, más violenta, representada por personajes tan bizarros como Tere Marinovic o Marcela Cubillos y que considerando el resultado de la secta de JAK, no es mucho más insignificante que el resto del sector. Evidentemente, los defensores de la democracia de los acuerdos como Lavín o Desbordes, se resisten a desaparecer, pero les está costando y muy probablemente, van a terminar siendo fagocitados por esta nueva derecha proto fascista.

El resultado no podría ser mejor ciertamente. Las fuerzas de izquierda han salido fortalecidas, incluyendo a una socialdemocracia que se diluye y se adapta a estas nuevas circunstancias o que está en proceso de hacerlo.

Los triunfos del PC en convencionales y concejales, alcaldías como la de Santiago y Lo espejo, así como el del FA en Viña del Mar y Maipú, el triunfo de un luchador social como Rodrigo Mundaca en la Gobernación de la región de Valparaíso, son excelentes noticias. Lo mismo el resultado de la Lista del Pueblo y el Partido Igualdad en comunas como Puente Alto y Peñalolén son claramente lo nuevo de la situación política.

Sin embargo, no es menos cierto que la izquierda debe lamentar la pérdida de importantes dirigentes sociales como el vocero de la Coordinadora NO+AFP, la Presidenta de la CUT o el presidente metropolitano del Colegio de Profesores. En cambio, surge del resultado del domingo un abigarrado panorama de liderazgos y representaciones sociales, que es ciertamente parte del campo popular y antineoliberal.

Probablemente la Convención será, o debiera serlo, el momento de síntesis.

Y no solamente por lo que pase en el transcurso de sus deliberaciones y votaciones, durante el cual además, se verá realmente qué significa ser “independiente” o “movimiento social”. Ello dependerá también de las luchas sociales y de masas que deberán darse en torno a cuestiones como el inefable reglamento de la Convención, impuesto por los derrotados del domingo y aceptado de muy buen grado por los partidarios de la democracia de los acuerdos, derrotados también el fin de semana.

La síntesis va a hacerse también en las luchas de masas que debieran desplegarse en torno a los salarios y las medidas para enfrentar la pandemia, caracterizadas hasta ahora, como decía hace un año el dirigente de la ANEF, compañero Caros Insunza, por la aplicación ortodoxa de la ley del embudo.

También en la lucha por la libertad de los presos de la revuelta y la reparación, juicio y castigo en los casos de violación a los DD.HH. que en ningún caso puede considerarse entra dentro de la lógica de lo posible o lo mínimo.

Para todo esto, se requiere la más amplia unidad de los vencedores. Las grandes Alamedas se están abriendo tras el ocaso de la democracia de los acuerdos. Todos caben excepto los neoliberales y quienes crean que es necesario algún tipo de acuerdo con la derecha para lograrlo, después de las históricas jornadas del fin de semana. 

 

 

 

viernes, 30 de abril de 2021

¿Requiem de la democracia de los acuerdos?

Max Beckmann. Los acróbatas, 1939



La avaricia de quienes detentan el poder en Chile es como un abismo insondable. Como todas las clases poseedoras a lo largo de la historia, se aferran a sus posesiones como a amuletos y en ocasiones, sólo en ocasiones, se les cae una lágrima para referirse a ellos en un tono entre beato y colérico. No se sabe si para reconocer  su dudosa legitimidad o  para llorar la miseria social que como contrapartida ven reflejada en su propia opulencia. 

Es más o menos lo que todos sintieron con las cínicas palabras de la primera dama de la Nación para decir que iba a tener que compartir sus privilegios. Un chiste de muy mal gusto, igual que el del ex ministro de transporte diciendo que quienes se levantaran más temprano aún para ir a trabajar  (cuando las puertas del metro ni siquiera estaban abiertas) iban a ser recompensados con treinta pesos. 

Estos actos fallidos desnudan en toda su miseria, la moral de las clases dominantes. Un tópico ampliamente descrito por la literatura y las artes visuales modernas. 

Ese gesto inconsciente es precisamente lo que detona la rebeldía popular que puso en vilo al  sistema neoliberal y las condiciones de la dominación de las clases poseedoras sobre toda la sociedad. 

Pero Piñera, en un gesto impresionante de codicia, tozudez, audacia, torpeza o todo junto, después de declarar que iba a promulgar la ley de retiro del 10% aprobada por el Congreso, anuncia que le va a devolver los mismos fondos retirados a las AFP´s en un tiempo más. 

Una performance tan impresionante de terquedad solamente deja en evidencia la imposibilidad de Piñera y el círculo más estrecho del poder, de ceder. 

La dichosa democracia de los acuerdos que a tantos les parece una joya de civismo y espíritu republicano, no fue otra cosa que el retroceso doctrinario, político y cultural más grande de la socialdemocracia en los años noventa. Piñera y su círculo se lo refriegan en la cara todos los días en la actualidad con cada uno de sus actos. 

Porque aparentemente no están dispuestos a ceder. No es solamente torpeza táctica lo que demuestra en sus actuaciones o en la mediocridad de su gabinete, sus bancadas parlamentarias, o sus listas a convencionales para a Constituyente, mezcla bizarra de ultraconservadores, rostros de la farándula, políticos fracasados y familiares.

Pero tampoco resulta evidente que esta imposibilidad de restituir la política de los consensos, aunque tenga muchos nostálgicos tanto entre la derecha como entre la oposición, sea la reedición de los viejos y temidos tres tercios de la clásica política chilena del siglo XX, origen para algunos de los turbulentos acontecimientos de los años setenta.  

La inestabilidad política del período que se inicia con la caída de Piñera, que como en el caso de cualquier gobierno en este presidencialismo Rabelaisiano actúa como un tapón, será producto de la dispersión de las fuerzas de centro que sin propósito ni política, pueden inclinar  la situación en las más inesperadas direcciones. Los intentos de diálogo entre gobierno y oposición, entre el Ejecutivo y el Congreso, son precisamente el intento desesperado de evitarla. 

El tercer retiro no se va a producir porque haya habido diálogo y  acuerdo. Es el resultado de un fallo político del TC que sólo intenta posponer el desastre poniendo paños fríos a los ánimos durante el debate de fondo que es la reforma al sistema de pensiones que evidentemente no se va a lograr antes de la Convención Constitucional que es lo que quisieran Piñera y sus compinches. La contradicción entre gobierno y la oposición de centro sigue ahí y por muchas genuflexiones que se hagan mutuamente no va a resolverse tan fácilmente.

Esta contradicción va a seguir, pues, determinando la situación política por un tiempo. Es el momento para que la izquierda y el movimiento sindical y popular entonces, pongan en el centro la reforma estructural y definitiva del sistema de pensiones basado en la administración privada de los ahorros individuales de cada trabajador. Es ahí donde radica el poder de la clase de especuladores y financistas que tienen sometido al sistema político y a la sociedad y donde se radica hoy por hoy, la contradicción de fondo que con argumentos marrulleros a favor o en contra de nuevos retiros ocultan quienes defienden el sistema de pensaiones. 

viernes, 23 de abril de 2021

El gobierno de los avaros


              Frans Hals. Banquete de los oficiales de la guardia civil de San Jorge. 1627


Finalmente, Piñera cumplió su promesa e hizo efectiva la presentación ante una de las instituciones más ilegítimas, cuestionadas y hasta detestadas por la población, el inefable TC. 

Ello, para detener la devolución de un miserable 10% de los ahorros de los trabajadores secuestrados por las AFP's, gracias al lanzazo más grande de nuestra historia cometido por la dictadura de Pinochet y planificado, implementado y posteriormente justificado por José Piñera. El hecho ya ha sido objeto de innumerables polémicas políticas y teóricas, especialmente acerca de la propiedad de los fondos, las que aparentemente no tienen solución a no ser que se naturalice el sistema de administración por parte de empresas privadas de los ahorros de los trabajadores expresado en el Decreto 3500.

En efecto, si no fuera por la legitimación legal de este despojo, no sería posible sostener con tanta soltura la improcedencia de devolver aunque sea un parte de estos, sin que ello pareciera una desfachatez y una bofetada al sentido común. Pero bueno, estamos en el oasis de la ideología neoliberal, donde los galimatías más absurdos han sido elevados a la categoría de axiomas de la ciencia económica. 

El asunto se reduce, pues, a una cuestión política. Nadie ha cuestionado el problema de la propiedad sino su carácter de clase. Y en este caso, el que sea el capital financiero quien defiende con uñas y dientes su derecho de propiedad sobre una riqueza producida por millones de trabajadores y empleados, esquilmados mensualmente, no es más que una expresión de este fenómeno.

El recurso ante eel TC es precisamente una expresión de aquello y aun cuando parezca una torpeza, se trata de una demostración de quiénes son realmente los que gobiernan. Piñera mismo, es un conspicuo representante de esa clase de magnates que se han enriquecido a través de la especulación y la acumulación de un fondo billonario siempre dispuesto para ser prestado y después cobrado con intereses.

El cinismo de esta clase que vive del préstamo y la especulación, llega a niveles casi intolerables y aun cuando tenga consecuencias políticas y sociales indeseables para ciertos sectores, sectores incluso privilegiados de la sociedad, se expresan en la prepotencia del prestamista al que le importa un bledo la suerte de sus clientes -como  el señor Lheureux de Madame Bovary- con tal de recuperar su inversión. 

De ahí las lágrimas de cocodrilo del presidente de RN, de los parlamentarios de derecha que votaron a favor del retiro y las súplicas al gobierno para que presente su propio proyecto de retiro o extienda los beneficios para los afectados por la pandemia. Aparentemente nada de esto conmueve a Piñera ni a su círculo de hierro. No tiene nada de raro que durante su primera administración y también en ésta, haya recurrido permanentemente a la UDI y a lo más granado de la reacción, pese a sus ínfulas de haber sido parte de la derecha liberal -como Allamand- en los inicios de la transición.

Dificilmente habrá alguna posibilidad de que la oposición llegue a algún acuerdo con este esperpento de avaricia. Es probablemente mucho lo que está en juego, negocios y créditos multimillonarios y especialmente, la posición de privilegio que ocupa este sector de las clases dominantes en la dirección del sistema político y la sociedad. 

Ni siquiera las bravatas de los militares, a través de declaraciones públicas amenazantes para referirse a un anodino programa humorístico de televisión, han logrado lo que dicen los protagonistas del acuerdo del 25 de noviembre del 2019, precipitó el acuerdo por la paz. El gobierno de los avaros tiende a radicalizar cada vez más las diferencias y el estado de crispación que cruza a nuestra sociedad. Parecen no estar dispuestos a ceder un milímetro de sus posiciones de poder ni a compartir un pedacito de las estrambóticas tasas de ganancia que les garantiza su papel de prestamistas. 

Por esa razón, se puede avizorar un panorama turbulento en los años que vienen aunque ya en las próximas semanas, definición del TC de por medio, es posible que las noticias sean muchas e inesperadas. 


domingo, 11 de abril de 2021

El gobierno de los fanáticos

 

                 Francisco Goya. Se repulen. De la serie "Los caprichos". 


Hace pocos días, el Presidente Sebastián Piñera, nombró como nuevo Ministro del Trabajo y Previsión Social, al coronel de la UDI Patricio Melero. Las reacciones no se han demorado en llegar, porque ciertamente Melero, es uno de los sobrevivientes del pinochetismo más recalcitrante. Cómo olvidar su figura sosteniendo una antorcha, en Chacarillas en 1979 junto a Pinochet, cual joven del Ku Klux Klan o las Jungvolk hitlerianas. 

Bueno. Pero estamos hablando de un dinosaurio de la derecha chilena. Y no es un problema generacional. El joven ministro de Educación, Raúl Figueroa viene insistiendo con un fanatismo parecido al de los otrora jóvenes de Chacarillas,  en el retorno a clases presenciales, mientras toda la comunidad médica y científica dice que hay que disminuir la movilidad de personas, ello escudándose en argumentos tan pueriles como que sólo en un dos por ciento de los colegios que han reabierto sus puertas para las familias, se han presentado casos de COVID, como si estos fueran platillos voladores. 

Por supuesto, dejando a un lado la estulticia del ministro, no se puede pasar por alto, el grado de descoordinación aparente que existe entre su cartera y la de salud. No es de extrañar en todo caso, considerando que el actual ministro, el Doctor Enrique París, aparentemente no es quien toma las decisiones en el MINSAL y éste sigue en manos de otro fanático como Jaime Mañalich, quien fue defenestrado hace ya tiempo por el desastroso resultado de su manejo de la anterior ola de COVID en nuestro país. 

Otro tanto sucede con los santones del Ministerio de Hacienda y de la academia neoliberal, preocupados de la responsabilidad fiscal, los equilibrios macroeconómicos y la inflación,  mientras la gente está muriendo.  Eso a propósito del tercer retiro de los fondos de las AFP's, el IFE, salario mínimo, etc. Lo más chistoso de todo, si es que puede haber algo chistoso en medio de esta tragedia, es el aire magisterial y docto con el que siguen pontificando acerca del manejo de la economía en medio de la tragedia social más horrenda que haya vivido el país en décadas. 

¿Cómo explicarlo? Bueno, ya en su primera administración, Piñera siguió un libreto parecido. Frente a la ola de protestas que le aguaron la fiesta el año 2011 en todos los frentes -ambiental, educacional, laboral, reconstrucción, etc.- recurrió a lo más granado de la reacción. Los liberales de la derecha, si es que alguna vez los hubo, corrieron todos la misma suerte del actual Canciller, antigua promesa de la "derecha democrática". Se arrodillaron frente a la reacción católica y nostálgica del militarismo o ellos mismos se convirtieron al credo conservador. 

No hay caso. La derecha, aparentemente, no tiene otra vocación que la de oponerse a los cambios, a las reformas y la democracia. Está en su ADN. Sin embargo, no sin que ello provoque contradicciones y disputas que en otros momentos históricos en nuestro país, han resultado determinantes para el desarrollo de los acontecimientos. A mediados de los sesenta del siglo pasado; durante la dictadura militar; en el período llamado eufemísticamente "transición a la democracia". La derecha en momentos como esos, se desordena y aunque el gobierno recurre a lo más fanático del repertorio doctrinario, político y cultural del sector para tratar de poner orden, le resulta imposible. 

No ordena a sus partidos ni a sus bancadas parlamentarias; el Ejecutivo es presa de un desorden indisimulable ya y sus decisiones resultan impracticables u objeto de enmiendas que se van haciendo sobre la marcha para terminar casi siempre en el Tribunal Constitucional. Su fanatismo no es otra cosa que una suerte de fascismo trasvestido y lo que es peor, tolerado por un sector no menor de la oposición que ha hecho de la cohabitación con la derecha, una forma de gobernar "minimalista", que se puede apreciar, usando la frase de un ex presidente, como la medida de lo posible. 

No hay aparentemente, otra alternativa en la derecha, excepto literalmente "corcoveos" coyunturales que responden a la provocación de la reacción neoliberal más fundamentalista. 

El gobierno, ya no gobierna. La derecha está en llamas y como no es posible -porque en ninguna parte de América Latina aparentemente lo es- que los militares sean un recambio, una alternativa de contención ante la protesta popular y los anhelos de democratización y justicia social, el fascismo se expresa como una aceptación  de la derecha -medio fatalista, bastante cínica por lo demás-  a la enfermedad, la muerte, el hambre y la necesidad, apenas consolada por una pseudociencia económica. Ese fanatismo, tiene su contraparte en apenas gestos compasivos y cálculos coyunturales pero que no son una alternativa de gobierno para el país.   

El gobierno de Piñera, puede ser el epílogo de la dominación neoliberal. El fanatismo de su administración es precisamente una demostración de su agotamiento y probablemente el comienzo de una nueva etapa en nuestra historia, si es que nos lo proponemos. 


lunes, 5 de abril de 2021

Cuenta regresiva



                    Salvador Dalí. La persistencia de la memoria

Alguna vez, el actual canciller de la República, siendo senador, publicó un libro de los que solía escribir cuando estaba en la oposición, que se llamaba El desalojo. Debe estar escribiendo uno ahora que debería llamarse "la cuenta regresiva". Debe estar contando los días y hasta los segundos que le faltan a este gobierno para terminar. Y quizá, muy probablemente, esperando algún acontecimiento súbito que acelere el fin. Debe haber sido agotador soportar el último año y medio de gobierno, tratando de sostenerlo con una política imposible. 

En efecto, es imposible resolver con ella, los problemas de pobreza y exclusión estructural que resultan de su implementación, a duras penas disimuladas a  través del consumo facilitado por la masificación del crédito y la manipulación más grosera de las conciencias realizada por los medios de comunicación de masas en las últimas décadas.

Y ello no ha sido el resultado de la pandemia. Ésta  ha sido sólo una terrible circunstancia que los ha hecho aún más apremiantes y visibles. La gente está muriendo, literalmente, porque entre morir de hambre y morir de COVID, es preferible lo segundo cuando todavía hay alguien que se pueda salvar en la familia. Es terrible. Es la visibilidad de la privación que, meses antes -en medio del estallido social de octubre del 2019- hizo posible el sistema previsional. Miles de ancianos pensionados por las AFP's sobreviviendo gracias a los hijos y los nietos o que deben seguir trabajando en cualquier cosa con tal de no morir de hambre. 

El colapso del sistema de salud provocado por la pandemia de COVID no se debe solamente a lo letal del virus. Es la indigencia en que sobrevive nuestro sistema sanitario gracias a los recortes de presupuesto, la externalización de servicios, la privatización y la anarquía de un sistema en que la descentralización lo ha convertido en un grupo de compartiementos estancos que hacen prácticamente imposible una estrategia que articule educación, prevención -incluyendo no sólo vacunación sino también trazabilidad, aislamiento de casos, realización de cuarentenas efectivas- y tratamientos oportunos, incluyendo casos críticos y enfermos terminales.

Por cierto, el gobierno, tal como lo está haciendo con las vacunas, desde el comienzo puso el énfasis en la parte hospitalaria de su estrategia, comprando respiradores no para evitar la propagación del virus sino para poder tratar a los miles de enfermos que ciertamente se iban a producir producto de su porfía en decretar el confinamiento para poder garantizar así el funcionamiento de la economía. 

Probablemente Piñera, igual como lo creyó Trump en los Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil, creyó que sólo si demostraba buenos índices económicos al final de su período tendría posibilidades de traspasar la dirección del Gobierno a alguien de su sector.  

Craso error. Era evidente que con la mortandad que actualmente tiene al país en el top ten de la desgracia mundial, difícilmente habría algo que celebrar al fin de su período. Los televisores plasma y los viajes al caribe pagados en cuotas no se pueden llevar al más allá y finalmente esto le va a pasar la cuenta a la derecha. Además de los resultados esperables de una concepción clasista de la economía, la política y la sociedad, los errores han sido garrafales y pese a las advertencias, el ideologismo del presidente, su gabinete y su sector político, pudo más. 

La sinuosa maniobra de posponer las elecciones para mayo, no ha sido más que un intento desesperado por ganar tiempo para buscar alguna fórmula que le permita salir del mal paso. En Ecuador, Moreno usando una finta parecida, acaba de decretar estado de excepción en ocho provincias, a poco de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, precisamente como una manera a lo mejor, de salir de la terrible posición en que queda la derecha para enfrentar su futuro electoral. En efecto en toda América las derechas están en el piso. En Ecuador, En Brasil, en Argentina y Chile, buscando un recambio no ya en los militares, sino en nuevas fórmulas políticas que exceden a la derecha tradicional.

Cuando acabe la cuenta regresiva, todo podría pasar. El escenario está abierto especialmente porque en la oposición, por el momento, no hay nada claro y no se podría decir que representa en la actualidad una opción de gobierno para el país. La lenta reconfiguración de los históricos tres tercios o algo similar tiene, precisamente, este resultado en que no se vislumbra por ahora una alternativa al desastre que ha significado para el país el gobierno de Piñera cuando acabe la cuenta regresiva. 

 




martes, 30 de marzo de 2021

Golpe



Equipo crónica. Pintar es como golpear, 1972

 

  En las últimas semanas, se han acumulado de modo vertiginoso la malas noticias. La situación parece explosiva y a ratos, que al gobierno le es indiferente o incluso que se empeña en precipitarlos. Siguen haciendo su política contra toda la evidencia disponible de su fracaso en todos los frentes. ¿Cuál es la idea? 

  En la época del lawfare y las fake news, conceptos que describen lo más viejo del repertorio mafioso de herramientas de la lucha política de las clases dominantes, lo más ilegal se ve como lo legítimo y cualquier intento de reforma o transformación, como aprovechamiento y oportunismo. Los ejemplos recientes de Brasil, Argentina y Bolivia son bastante elocuentes al respecto y la ejemplar democracia chilena, comparada con los "populismos" bananeros de nuestros vecinos, parecía hasta ahora indemne a esos males de nuestras frágiles republiquetas. 

  Pero en estos días ocurrió lo que nadie creía posible. El gobierno gracias de una sinuosa y feliz coincidencia de desafortunados acontecimientos, propone suspender las elecciones de abril, las más relevantes que se hubieren realizado en el país en el último siglo probablemente, lo que incluso haría necesaria la prórroga del período presidencial más desastroso y rocambolesco de, a lo menos, los últimos noventa años, dejando a un lado el período dictatorial. 

  A través de una colusión en parte fortuita, en parte planificada de acontecimientos en que se mezclan hechos reales con hechos ficticios; voluntades políticas y propósitos inconfesados e inconfesables, con realizaciones efectivas y otras inesperadas; errores y resultados predecibles de políticas reaccionarias con circunstancias impredecibles, la derecha y el gobierno, aun sin política, sin claridad, sin legitimidad ni liderazgo, sacan de la manga una carta que aparentemente nadie previó salvo como probabilidad.

  Si a eso le sumamos una represión en apariencia descontrolada y la creación, a través de medios serviles, de un aparente clima de violencia en el wallmapu, y un eficiente uso propagandístico de la epidemia de cornavirus, del que hasta Kast ha tratado de sacar ventaja, se comienzan a configurar todos los ingredientes necesarios  no solamente para posponer la elección de abril sino para crear una nueva situación política que le permita retomar la iniciativa, aun usando como herramienta este recurso de suspender el Estado de Derecho hasta que la epidemia lo permita.

  Es impresionante la desfachatez del gobierno y la torpeza de la oposición que salvo honrosas excepciones, se haya tan sorprendida e indigente como hace uno o incluso dos años atrás. Ciertamente el papel de los medios ha sido fundamental, como lo fue en el caso de la destitución de Dilma, la persecución en contra de Cristina Fernández y Evo, con la única diferencia de que en este caso, se trata de una especie de autogolpe soft en el que el objetivo ha sido más bien alimentar el ego de algunos pigmeos, así como magnificar y azuzar sus diferencias. 

  Es precisamente en momentos como éste en que se hace necesario separar la paja del grano, lo esencial de lo secundario y actuar como oposición. Denunciar la siniestra maniobra en marcha, y separar aguas con los que, detrás de sus gestos de "amistad cívica" y republicanismo huero, ya dudan acerca de tirarle otro salvavidas a Piñera. La acumulación de malas noticias, lamentablemente, no es solamente en los títulos de la prensa. El pueblo está sufriendo como no lo hacía quizás desde la dictadura militar: pobreza, censantía, enfermedad, represión y salvo los demócratas de Espacio Riesco, no hay nadie que no lo pueda ver. 

  Que a la derecha y al gobierno le sean indiferentes no solamente responde a su posición de clase y las defensa de sus mediocres intereses sino a sus planes de enredar, posponer los cambios, y en lo posible garantizar la mantención de todo lo que sea posible del modelo neoliberal. Ser oposición hoy en día es precisamente presentar una oposición global al neoliberalismo, asegurar dentro de lo que es posible en los estrechos limites del modelo, los derechos del pueblo y no ceder ante las maniobras desesperadas del gobierno.