lunes, 20 de diciembre de 2021

No pasaron y no pasarán

Equipo Crónica El entierro del Conde de Orgaz. 



El peor gobierno de la historia, no podía terminar sin hacer un último número de mal gusto y malintencionado: retirar la locomoción colectiva el día de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales o a lo menos, no preocuparse por garantizar su servicio con la finalidad evidente de favorecer al más bizarro de los candidatos que haya osado presentar la derecha con la salvedad de Pinochet en 1988. 

Fue el epílogo del período más duro y antipopular de nuestra historia reciente. Ningún gobierno había sido tan indolente ante el dolor del pueblo; tan desembozadamente clasista a la hora de endosar los costos de una crisis sanitaria y económica como la actual sobre los hombros de trabajadores y trabajadoras; tan represivo e injusto para enfrentar la legítima protesta social. Mientras el pueblo sufre cesantía, pérdida de ingresos, enfermedad y muerte, los dueños de los bancos y las impopulares Administradoras de Fondos de Pensión, han visto incrementadas sus ganancias  en cifras estratosféricas. En fin, ningún gobierno había sido tan desastroso  para el pueblo como el de Chile Vamos.

Por esa razón, perdieron estrepitosamente y no volverán a gobernar.  El hecho de que en la elección con la mayor participación  de la historia hayan perdido por paliza -doce puntos porcentuales equivalentes a unos ochocientos mil votos o más y en la mayoría de las regiones del país-, después de haberse mostrado tan triunfalistas anticipando un resultado estrecho, demuestra que el pueblo rechaza la política derechista tan bien representada por Kast pues no es otra cosa que un retroceso político, social, moral y cultural que contradice el sentido de la historia y la acumulación de las conquistas alcanzadas por el pueblo en los últimos años. Por eso se movilizó yendo a votar y lo volverá a hacer cada vez que sea necesario. 

El fascismo fue derrotado en todas  las líneas. Ganó, en cambio, la unidad del pueblo. 

En efecto, no sólo la capacidad del comando de Gabriel Boric de unificar las votaciones de Apruebo Dignidad, Nuevo Pacto Social y MEO explican este resultado. Su sumó cerca de un millón de nuevos electores que vienen a ensanchar social y políticamente el torrente de las fuerzas antifascistas que dignamente representó el joven diputado magallánico. Jóvenes, pobladores, la gente de las provincias del norte y del extremo sur del país. 

La derecha, en cambio, solamente repitió su votación de primera vuelta y ni siquiera logra sumar, pese a todos sus esfuerzos y la buena disposición mostrada por su fantasmagórico abanderado, la votación del Partido de la Gente, insólito intento de expresión de una clase media despolitizada, temerosa y que ha sido presa fácil de demagogos inescrupulosos como Parisi. Por cierto, después de este resultado, difícilmente se podría apostar a que su bancada vaya a sumarse de buenas a  primeras al partido del führer de plástico que es Kast y su pandilla.

Las primeras reacciones de la derecha son confusas y apenas disimulan su incomodidad con un resultado que aparentemente nunca previeron. Van desde ser una oposición dialogante y constructiva (sic) a hacer valer su peso en el Parlamento, defender la libertad, blablablabla... Esta situación ya se empezaba a expresar tibiamente antes de la segunda vuelta pero en este momento es posible augurar una disputa que se va a agudizar en la misma medida que avance el proceso constituyente y la administración a cargo del Presidente Boric. 

La clase empresarial, con el fariseismo que caracteriza a sus dirigentes, igual que la derecha, manifiesta su reconocimiento al presidente recién electo, pero inmediatamente señala los límites que está dispuesta a tolerar, por lo demás no muy flexibles. Sin embargo, se pueden vislumbrar también algunos matices respecto de la manera de recuperar la economía que probablemente tienen que ver con la sorpresa del aplastante resultado pero que indudablemente tienen que ver también con la profundidad de la crisis que se avecina.  

El nuevo gobierno tendrá que hacerse cargo de lo que ni la derecha ni la ex concertación podrían haber hecho efectivamente. Por eso ganó el diputado Boric y en el camino quedó la senadora Provoste y MEO. Las tareas son enormes ciertamente. Por eso también ganó el joven diputado magallánico. Porque representa a una generación joven que va a construir un nuevo Chile. Porque representa a un amplio y diverso movimiento popular que agrupa a socialdemócratas, como él; a la coalición de partidos de izquierda más amplia que se recuerde desde el MDP; generaciones de izquierda que lucharon contra la dictadura de Pinochet, contra la exclusión en los noventa, a jóvenes que nacieron en democracia y que  lucharon por la educación pública el 2006 y el 2011. A las mujeres, las identidades diversas, los pobladores sin casa, los trabajadores y trabajadoras que han luchado permanentemente contra el subcontrato, el abuso patronal y las AFP's. 

Probablemente el Presidente impulsará una política de DDHH que se haga cargo de las deudas de las Piñera no se ha hecho cargo ni lo hará antes de irse. De la integración latinoamericana, más necesaria hoy que nunca para defender la democracia y los derechos del pueblo. Pero lo que urge, tal como lo dijo en su discurso en la Alameda, es darle un nuevo impulso al proceso constituyente para terminar de una vez por todas con cuarenta años de una Constitución que, primero, sostuvo jurídicamente la violación sistemática de los DDHH y luego, en los noventa y hasta el día de hoy, impidió el despliegue de la participación soberana del pueblo y la verdadera democracia. 

El show de Gloria Hutt no va a pasar de ser un recuerdo desagradable, un chascarro que sólo retrata de cuerpo entero la moralidad de la derecha en el Chile que viene. No pasaron ayer y no pasarán en el futuro. 

sábado, 11 de diciembre de 2021

¡Qué pasó con la revuelta!


La muerte de Marat. Jacques Louis David


A dos años de la revuelta popular que tiró al tacho de la basura de la historia la Constitución del 80, el país se enfrenta  sin embargo  a la posibilidad cierta de que la ultraderecha, que es el único sector abiertamente partidario de este bodrio,  gane las elecciones presidenciales.

Varios factores coyunturales podrían explicar esta paradoja aunque ciertamente tiene explicaciones mucho más profundas, si bien evidentes. ¡Es la lucha de clases! 

Efectivamente. Las clases dominantes de la sociedad están respondiendo a los embates de protesta popular que pusieron en jaque sus posiciones de dominio a partir del 18 de octubre de 2019 -el sistema de AFPs y la Constitución de Pinochet-. Para ello, han recurrido a todos los recursos disponibles de su repertorio mafioso. Desde la represión abierta, al muñequeo, la desinformación, la mentira, la difamación y la calumnia. 

La candidatura neofascista de Kast, es sólo uno más de sus ingredientes.

Los liberales, la derecha social, todos sin excepción se pusieron a disposición de la reacción moral y cultural,  guardando discretamente en un cajón sus discursos sobre tolerancia, diversidad, libertad, en tanto que el  papel que los fascismos han jugado a lo largo de todo el último siglo, desde Mussolini a Bolsonaro, no es otro que el de ser la última barrera de contención del modelo y los intereses de clase que defienden también liberales y conservadores, aunque con medios menos prosaicos.

Esta situación ha tenido resultados de proyecciones insospechadas. En primer lugar, barrió con los partidos del autodenominado "centro político". Partiendo por la DC, incapaz de dar cuenta de la contradicción que explica la situación social actual. Otros, simplemente porque tratándose de la defensa de los intereses de clase a los que sirven, olvidaron rápidamente sus ínfulas liberales y republicanas.  El espectáculo patético de Vargas Llosa llamando a votar por Kast, el representante más conspicuo de la reacción católica y nostálgico de la dictadura militar, es suficiente demostración de la bancarrota doctrinaria, política y cultural de este sector. 

Así las cosas, la segunda vuelta de la elección presidencial resulta determinante, quizás como ninguna otra antes en los últimos treinta años, para este sector. 

El buen resultado que obtuvo en las parlamentarias, puede diluirse como agua entre los dedos si es que no logra su objetivo de ganar la Presidencia de la República, habida cuenta de que la Convención podría resolver un período de transición para la instalación de la nueva Constitución y adelantar el llamado a unas elecciones generales, para lo que  contaría, por cierto, con la colaboración del Poder Ejecutivo.  La experiencia venezolana es bastante elocuente a este respecto y es probablemente por lo que vino Leopoldo López a Chile.

En resumidas cuentas, la derecha se juega mucho más que la presidencia en esta elección y así lo entienden varios de sus dirigentes. 

Lo que está  definitivamente en juego, es la posibilidad de detener el proceso de transformaciones iniciadas el 18 de octubre de 2019.  Ante una disyuntiva como ésta, no hay lugar para exclusivismos  ni alternativas de la alternativa.  De eso ya se dio cuenta la DC con un costo enorme para ella. No es el programa, qué tan radical ni qué tan amarillo pueda ser el gobierno de Apruebo Dignidad, lo que se define en la segunda vuelta. De hecho, los esfuerzos de los partidos de centro por moderarlo, apenas disimulan su incapacidad política. En efecto, el oportunismo de su actuación no podrá reemplazar, por cierto, las necesidades de transformación social que son consecuencia de contradicciones reales que han generado treinta años de neoliberalismo.

Tecnicismos más, tecnicismos menos,  ajustes más o menos, la sociedad reclama reformas de fondo y sea quien sea electo el 21 de diciembre tendrá que hacerse cargo de ellas. La movilización de masas va a resultar decisiva en este sentido pues los hechos de los últimos dos años han demostrado que la institucionalidad políítica hace rato que no da cuenta de ellas ni es útil para canalizarlas.

El sentido histórico de la Constituyente es precisamente ese.                            

Sin embargo, los aciagos compromisos en los que el sistema pone a la población, las hacen más urgentes. Efectivamente, el sistema de AFP’s arroja todos los años a masas de ancianos y ancianas a la indigencia generando una enorme carga para el fisco y para sus familias; el endeudamiento de éstas y el encarecimiento del costo de la vida, combatido paradójicamente por los economistas del sistema manteniendo en la pobreza a la población, generan un  caldo de cultivo propicio para las soluciones informales y que operan en los márgenes del sistema o fuera de ellos; redes de tráfico de drogas, incluyendo el microtráfico, venta de especies robadas, comercio informal, que finalmente terminan golpenado también a nuestro ya sufrido pueblo en sus barrios y poblaciones convertidos en verdaderos  mundos paralelos al oasis neoliberal de los mall y las carreteras interurbanas.

La ansiedad y el temor que asola a trabajadores y trabajadoras se manifiesta, luego, en un esecpticismo que refleja el alto abstebcionismo registrado en la anterior elección y es aprovechado por el fascismo proponiendo soluciones facilonas, sin ningún tipo de escrúpulo, diciendo después “….no se preocupen, todo va a estar bien….” Es a esa enorme masa de chilenos y chilenas que no reflejan twiter ni instagram a las que es necesario movilizar para detener a la reacción, derrotar su contraofensiva y hacer efectivas las demandas del 18 de octubre.

 


sábado, 27 de noviembre de 2021

Muertos cargando adobes

Max Beckmann. La partida, 1935



El resultado de las elecciones del 21 de noviembre, sorprendió. Primero, porque el candidato mejor posicionado en las encuestas, el diputado Gabriel Boric, no salió primero como todo hacía prever. En segundo lugar, por la impresionante votación que sacó el candidato más freak de todos, Franco Parisi. Y finalmente, pero lo más obvio, porque el primer lugar lo obtuvo un nostálgico de la dictadura de Pinochet, de la DINA, de los chicago boys y su funesta doctrina económica; defensor de los dogmas más oscurantistas en materia cultural y moral....en fin, lo más opuesto al progreso. 

También sorprendieron estas elecciones por la resurrección de la derecha. No solamente por el extraordinario resultado que obtiene en las parlamentarias, sino por su capacidad de ordenarse tras la candidatura ultra de Kast. Atrás quedó el verso de una supuesta derecha liberal y moderna. Cuando se trata de defender los intereses de las clases dominantes, la derecha chilena -desde EVOPOLI a Desbordes- es capaz de tragar sapos y culebras y olvidar sus bizantinas y superficiales diferencias, para hacerse cargo de su rol histórico. 

Especialmente en esta ocasión en que hay tanto en juego.

Un logro circunstancial, en todo caso, que los medios del sistema, los opinólogos de moda y antiguas glorias de la intelectualidad concertacionista y por cierto, la misma derecha, hacen aparecer como un triunfo estratégico y definitivo; demostración de la ilusión del "octubrismo" y de retorno de la "sensatez". Vamos a ver cuánto les dura. 

La Concertación, en cambio, no logró remontar su decadencia. La DC obtiene el peor resultado de su historia, asemejándose mucho al radicalismo de fines de los años cincuenta del siglo pasado. El resto de los partidos que la conformaron históricamente, no se demoraron mucho en llamar a votar por la izquierda en la segunda vuelta, dejándola sola en esta ocasión. La Concertación  pese a las declaraciones surrealistas de algunos de sus dirigentes sosteniendo contra toda la evidencia disponible y la lógica más elemental la relevancia del "centro", ya no existe. 

La candidatura del diputado Boric, representativa del más amplio espectro político y social; del progreso de la sociedad y la democracia y la consciencia de los DDHH; de abierta y explícita vocación antineoliberal -lo que le valió el derecho a representar a las fuerzas democráticas en la segunda vuelta- por la vía de los hechos, y no producto de un acuerdo explícito y voluntario de todas las fuerzas políticas democráticas, se transformó o está en vías de transformarse en una suerte de frente antifascista. Ello en el siglo XXI equivale a ser un frente antineoliberal, en la misma medida que esperpentos de barbarie como Bolsonaro, Trump o Kast son, precisamente, la culminación  de un capitalismo salvaje que ha demolido las bases de la democracia y la razón. 

Pero en política, se ha visto muertos cargando adobes, como se dice. No faltan de hecho, los que todavía pontifican con la moderación, la responsabilidad fiscal, y una larga letanía de adjetivos que pretenden contener las transformaciones, o adaptarlas a los límites impuestos por el neoliberalismo, incluso entre quienes conforman este amplio y diverso espectro político y social que apoya la candidatura de Apruebo Dignidad.

Dichas transformaciones, sin embargo, se van a abrir paso en medio de un proceso que va a ser mucho más complejo de lo que todo hacía prever hasta antes del domingo 21. Primero , porque son necesarias y porque la acumulación de contradicciones y malestar que genera el neoliberalismo no se van a resolver en los límites del mismo modelo que las genera. Las transformaciones no son una posibilidad más de las que el supermercado en que ha transformado el neoliberalismo a la sociedad puede ofrecer. Sucedáneos tal vez, sucedáneos que caducan cada vez más rápido, generando oleadas de malestar y protesta social que sólo podrían ser contenidas recurriendo a la represión y la violencia, que es lo que propone la derecha hoy por hoy. 

Por esa razón, evidentemente, con el fascismo no hay diálogo posible. 

En segundo lugar, porque es la izquierda la fuerza política que emerge como la gran triunfadora, pese a los intentos de la prensa del sistema por demostrar lo contrario. El resultado del Partido Comunista en las elecciones parlamentarias junto a la irrupción de una generación de dirigentes jóvenes, entre los que se cuenta el propio Boric, que han hecho de la crítica a las prácticas políticas tradicionales, como las componendas cupulares, al conservadurismo moral y cultural del proceso de transición; que han mostrado también como carta de presentación sus propias prácticas en el movimiento estudiantil  de donde provienen también Vallejo, Cariola, Jackson y otros, hacen confiar en su efectiva realización. 

En tercer lugar, porque la izquierda ha ido encontrando un centro de gravedad, por llamarlo de alguna manera. Quizás, producto de las circunstancias y de la posibilidad de que nuestra sociedad sufra una involución reaccionaria, aun cuando fuere momentánea, se ha ido aclarando la necesidad de realizar alianzas amplias. El hecho de que no sea una política impulsada solo por un partido sino por el conjunto de los que conforman Apruebo Dignidad, despeja un tema que históricamente ha generado grandes disputas en su interior. La práctica y la experiencia del pueblo determinarán el contenido y alcances de esta amplitud y por el momento, lo mejor es no adelantarse. 

Dos desafíos tiene al frente en todo caso. El primero es la lucha ideológica y la disputa por capas medias y de sectores populares despolitizadas y que han sido presa fácil del populismo y los discursos facilones. Tanto entre los votantes de Parisi como incluso entre los de Kast, hay amplias capas de empleados, trabajadores, pobladores y gente que aspira a una sociedad mejor que es necesario convencer. El recurso a los discursos contra la delincuencia y la inmigración han sido su caballito de batalla.

El segundo es la movilización del pueblo. Primero, yendo a votar masivamente el 19. Mientras más contundente sea el triunfo ese día, menos posibilidades tiene la derecha y el conservadurismo,  de frenar las transformaciones contenidas en el programa de Apruebo Dignidad y por las cuales el pueblo se inclinó en la primera vuelta, entre las candidaturas de oposición. Después, y es lo más difícil, para defender ese programa y su implementación del complot de la derecha. Partiendo por lo que tiene que ver con la Nueva Constitución pues la reacción va a hacer lo posible por  sabotearla desde el Congreso. 

Por angas o por mangas, la brújula se inclina a la izquierda. Ciertamente, menos de lo deseable y podría haber sido, pero eso es harina de otro costal. Efectivamente, en días recientes se ha visto muertos cargando adobes, pero como dijo el Presidente Allende, los procesos sociales no se detienen. 

 

 


lunes, 22 de noviembre de 2021

Chile entre dos opciones




El candidato de ultraderecha que estará en la papeleta el 19 de diciembre, declaró que Chile debe elegir entre la libertad y el comunismo. Con la asertividad y la claridad que lo caracterizan, Kast ordena a su gente, señala a sus enemigos  y objetivos precisos tras los cuales movilizarse. 

No será un gran teórico pero si bastante claro. Su candidatura, su propuesta y discurso no se caracterizan por su sofisticación, ni por su rigurosidad. Es un refrito de lugares comunes, frases hechas, sentimentalismo, aspiraciones abstractas y espiritualismo beato. Errores conceptuales; negación de la ciencia y de los avances de la civilización. Algo que como el propio candidato ha reivindicado, calza perfectamente con el sentido común, aun cuando no tenga ningún fundamento racional. Es como un Mussolini tercermundista del siglo XXI.

El resultado del domingo tiene que ver precisamente con el deterioro de la razón; con el subjetivismo y el predominio de las actitudes más básicas del ser humano, propios de la cultura neoliberal. Es exactamente la explicación para que un candidato como Parisi sacara la tercera mayoría, dejando en el camino a una senadora, ex ministra, dirigente y demócrata probada, como Yasna Provoste. Algo difícil de creer los días previos pero que efectivamente sucedió.

Se podría decir que los candidatos del sentido común; del cosismo y las soluciones mágicas se impusieron en esta ocasión pues expresan la cultura dominante, una ideología machacada majaderamente por treinta años, y que hoy por hoy es un campo de batalla por la conciencia. Este resultado, sin embargo, no habría sido factible de no mediar una serie de factores coyunturales. No se trata de el desenlace fatal -sino de un episodio- de la lucha entre dos opciones entre las que se juega el destino del país. 

Entre ellos, el control de medios de comunicación de masas y un servilismo que a estas alturas, ya casi se vive con una ingenuidad que raya con el sonambulismo. La difusión del allanamiento a la sede de un partido de oposición días antes de la elección, como si estuviéramos todavía en la época de Pinochet; la proliferación de fake news; la presentación del programa de Kast como si fuera de lo más democrático que hay o de un candidato que ni siquiera está en Chile y tiene cuentas pendientes con la justicia de familia, son expresiones de esta "detención del pensar". 

Qué decir del cierre anticipado de las sedes de votación en una acción abiertamente ilegal y rayana con el intervencionismo electoral.

Pero no se le puede achacar a la derecha hacer su política, al neoliberalismo ser tan ordinario ni a los medios controlados por el poder del dinero y el conservadurismo, resistir a las fuerzas sociales y políticas que propugnan cambios. El problema es cuando estas dejan de hacer la suya y omiten opiniones, argumentos y juicios detrás de un cálculo aparentemente razonable, que genera un vacío de significado que hábilmente ocupa el fascismo. Precisamente lo que ha hecho Kast y lo que con un sentido oportunista y cantinflero, hizo también Parisi. 

La ideología, en este sentido, actúa como un sucedáneo de explicación que tranquiliza a masas ansiosas ante la precariedad de sus vidas aunque esta sostenga precisamente la profundización de dicha precariedad. Xenofobia; machismo; clasismo; desprecio por la ciencia; hipóstasis de unas vagas nociones de  la patria, la familia y el esfuerzo que ocultan un programa económico que pareciera sacado de un manual de los chicago boys, solamente van a hacer más dura la vida de quienes votan hoy por la derecha buscando respuestas.

No es un examen de grado ni una demostración de responsabilidad lo que el pueblo espera de sus lideres y lideresas, organizaciones sociales y partidos políticos de izquierda y progresistas. La segunda vuelta que se realizará el próximo 19 de diciembre, no solamente va a requerir de la unidad más amplia de los demócratas, unidad que si es por aritmética tampoco alcanza, sino de una unidad de principios y valores. Claridad de propósitos y menos explicaciones técnicas. 

Hasta ahora, la opción de derecha y Kast en particular, han sido claros en la determinación de sus propósitos y sus enemigos. Son precisos para referirse a lo que entienden por paz, por justicia, por gobernabilidad, por desarrollo. No ha tenido temor a confrontar, y Kast es una demostración clara de eso, imponiéndose con sonrisa gélida a todo su sector para terminar imponiéndose en él. No ha dado explicaciones ni parece querer darlas porque no lo necesita, de su programa ni de las afirmaciones abiertamente falsas, erróneas y malintencionadas que contiene. 

El país está entre dos opciones. Si ponerse en medio le costó a la Concertación caer en la intrascendencia, es evidente que la izquierda no puede seguir eludiendo el debate de principios, señalar a los enemigos del pueblo, en primer lugar el fascismo, los carteles empresariales y los monopolios, y los objetivos de un futuro gobierno de Apruebo Dignidad en pensiones, salud y educación pública, trabajo, medioambiente y especialmente respecto de la nueva Constitución. 

Es mucho lo que está en juego no solamente para nuestro pueblo sino para todos los pueblos de América que miran con esperanzas lo que está pasando en Chile, cuna del neoliberalismo y ojalá también, su tumba definitiva. 



jueves, 18 de noviembre de 2021

¿Qué es lo que realmente está en juego el domingo?

 

Eugene Delacroix. La libertad guiando al pueblo. 1830




Estamos a pocos días de que se realice la elección más determinante para el país en los últimos cincuenta años.

Sea cual sea el resultado, el período que comienza va a ser extraordinariamente convulsionado e inestable. Algo similar a lo que sucedió después de la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo a fines de los años veinte del siglo pasado.

En primer lugar, porque el bloque hegemónico de la transición -conformado por un acuerdo entre el centro político y la derecha- que ya venia bien vapuleado desde la primera administración de Piñera, pasó a la historia. La Acusación Constitucional de la que fue objeto en el Parlamento, fue su epitafio, escrito en términos no muy laudatorios.

Si bien no alcanzó en el senado el quórum necesario para ser aprobada, no hubo ni un solo voto de oposición a su favor.

Las encuestas le daban un sesenta y cuatro por ciento de respaldo ciudadano. Si hubiera referéndum revocatorio, como en Bolivia y Venezuela, Piñera ya no sería presidente. Los retorcidos argumentos de sus ministros y de los parlamentarios de su coalición, tratando de hacerlo ver como la víctima inocente de una maniobra politiquera, no se los cree nadie ni los considera seriamente, excepto tal vez el columnista de El Libero Pepe Auth.

Para la derecha, sin embargo, la cosa no termina ahí. Toda la maquinaria propagandística de la que dispone y que ha tratado de hacer viable la candidatura ultra de José Kast, el único resultado que ha tenido es dispersar todavía más los votos de la derecha, que deambulan semanalmente de Sichel a Kast y viceversa sin sumar nada, generando el espejismo de un fenómeno insospechado cuando apenas goza de un predecible veinte por ciento en todas las últimas elecciones realizadas.

La Concertación yace en paz. El acuerdo entre la DC y el PS, que fue su núcleo fundacional, se ha ido descomponiendo inexorablemente. En especial porque el comprtamiento del PS se va desplazando paulatinamente fuera de ésta. Es evidente la cercanía de este partido con el FA, sobre todo en la Convención Constitucional y es natural que así sea.

Uno de los factores estructurales de la transición fue, precisamente, la dispersión de las fuerzas de izquierda y que un sector de ésta, fuera parte del acuerdo que le dio origen -la otra cara de la moneda de la exclusión del PC, el MIR, y otros colectivos y partidos de izquierda que habían sido determinates en la derrota de la dictadura militar-. 

La acumulación de contradicciones sin resolver que ha generando el modelo neoliberal y que explican la situación actual, son la razón que explica la necesidad de realizar reformas estructurales que, obviamente, van a concitar grandes movimientos de masas y resistencias que están en relación directamente proporcional con éstas, por parte de quienes se han visto beneficiados por él.

Se van a generar alianzas; se van a separar otras existentes; partidos y coaliciones van a desaparecer e incluso ya lo están haciendo; van a surgir otros. Lo mismo en el caso de las organizaciones sociales.

Las elecciones del domingo, como solía decir Miguel Enríquez, solamente van a plantear un problema, no lo van a resolver.  Van a establecer las correlaciones de fuerza que determinarán el período que se va a extender entre la instalación del próximo gobierno, la Nueva Constitución y la elección presidencial y legislativa siguiente, con nuevas coaliciones; otros partidos; otros líderes.

Entre medio, grandes movilizaciones de masas que exigirán solución a demandas postergadas por treinta años, cumplimiento de promesas traicionadas y realización de esperanzas contenidas en la nueva Constitución y que expresan el concepto de una nueva sociedad. No da lo mismo quien gobierne cuando entre a regir la nueva Constitución; no da lo mismo que el próximo gobierno tenga o no mayoría en el Parlamento, especialmente si se trata de aprobar reformas al sistema de pensiones, reforma tributaria, al código del trabajo o nacionalización del litio y el agua.

Por eso el triunfo de Apruebo Dignidad es posible y necesario. Un gobierno y una mayoría parlamentaria que empuje junto al pueblo, las reformas que terminen de una vez con todo vestigio de la dictadura y el modelo neoliberal. Que encabece la campaña por la aprobación en el plebiscito de salida; que se ponga a la cabeza de la unidad de todos los y las demócratas que aspiran a una nueva sociedad.

domingo, 7 de noviembre de 2021

¿Es posible realmente que la derecha pase a segunda vuelta?


Francis Bacon. Retrato de Inocencio X


En las últimas semanas, toda la prensa, las empresas que realizan estudios de opinión y encuestas, los think tanks de la derecha y todo de lo que dispone el sistema, ha realizado esfuerzos denodados por invisibilizar a la candidata de Nuevo Pacto Social, la senadora Yasna Provoste. Últimamente, poniéndola incluso detrás del candidato más freak e inverosímil de todos, Franco Parisi. La estrategia no puede ser más obvia. Levantar a Kast para, a las perdidas, lograr que la derecha pase a segunda vuelta a lo menos. 

Lamentablemente, la performance de Nuevo Pacto Social, colabora bastante con este propósito de la derecha. Se le están yendo todos y en su mojigatería, no se decide -excepto porque su candidata tiene el coraje de hacerlo de vez en cuando- a enfrentar frontalmente al matonaje de la derecha. De una manera burda, y en su obsesión por el centro, ha tratado de poner al mismo nivel o como si fueran lo mismo, al candidato de ultraderecha José Kast y el mejor posicionado en esta campaña, el candidato de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric. 

La torpeza no puede ser mayor. Ello, pues no atina a dar con la contradicción principal del momento actual, repitiendo una letanía incomprensible que promete al mismo tiempo cambios y estabilidad; reformas estructurales y responsabilidad fiscal; grandes acuerdos precisamente con los que no están de acuerdo en cambiar nada. Algo muy similar a lo que postula torpemente una carta recientemente conocida de ex dirigentes de lo más granado del liberalismo de la Concertación y que no han demostrado mucho entusiasmo en su campaña. Es más, son precisamente los que abandonan el barco sin tratar siquiera de salvarlo del naufragio.

La sociedad está cruzada hace tiempo pese a la negación que sostuvo el voluntarismo de la Concertación,  por enormes contradicciones originadas por sus propios éxitos. El perfeccionamiento del neoliberalismo que realizaba tras la quimérica promesa de terminar con la pobreza, profundizaba la desigualdad, aumentaba el endeudamiento de las familias y arrastraba a trabajadores y trabajadoras a someterse a la más despiadada sobreexplotación con tal de no caer en ella. 

¿Quiere decir esto que el centro político fracasó irremediablemente y no tiene arreglo? 

Si insiste en la misma receta de los últimos treinta años, probablemente. Es más, si persevera en su empeño por ponerse en medio en vez de enfrentar a la derecha, es casi seguro que ni siquiera pasa a la segunda vuelta, como intenta hacernos creer la prensa y los centros de estudio de la derecha. En ese caso estaríamos ante el caso típico de una profecía autocumplida. 

Efectivamente, en los momentos determinantes de la historia, como el actual, la sociedad experimenta cambios profundos y definitivos que obligan a todos los actores sociales y políticos a cambiar con ella o perecer. Ejemplos en la historia de Chile en el siglo XX hay varios.

Fue exactamente lo que comprendió la generación de la Falange Nacional que dio origen a la Democracia Cristiana. Generación que premunida de una gran confianza en la posibilidad de realizar cambios; una voluntad y una mística que atrajo a grandes contingentes de profesionales jóvenes, pobladores de las barriadas de las grandes ciudades, campesinos, hombres y mujeres del campo y la ciudad, realizó cambios históricos que perduran hasta el día de hoy. 

Aspectos, en cambio, que no se aprecian en Nuevo Pacto Social, más preocupado de la estabilidad que de las transformaciones que la sociedad está experimentando. 

En la actualidad, Chile debe enfrentar grandes desafíos, si bien diferentes a los de mediados del siglo XX: la crisis hídrica, el cambio estructural del sistema de pensiones, el futuro del litio, el manejo de la pandemia, la Nueva Constitución. Es una contradicción en esencia creer que es posible hacerlo sin plantearse la derrota de la desigualdad, que es precisamente el meollo de los conflictos que agitan a la sociedad hoy por hoy y que no se resolverá sin afectar los poderosos intereses representados por la derecha en el Parlamento y la Convención Constitucional y que aspira también representar en el Gobierno. 


domingo, 31 de octubre de 2021

Significado del fascismo en la actualidad



Georg Grosz. Los pilares de la sociedad. 1928

En todo el mundo, y también en Chile, se manifiestan signos preocupantes de surgimiento de autoritarismos y propuestas reaccionarias de diverso signo.

Es el punto de llegada de una cultura que, como preconizaba tras la caída del Muro de Berlín el filósofo pop Francis Fukuyama, se concibe a sí misma como el fin de la historia humana.

El supuesto triunfo definitivo del liberalismo y del individualismo burgués, trajo consigo el fin de las ideologías; el fin de las utopías, de los sujetos sociales, de toda trascendencia y por tanto de las éticas deontológicas. Estas concepciones proscribieron la razón al desván de los recuerdos e impusieron una cultura de un hedonismo chato y un subjetivismo ramplón. 

Además, sedujeron incluso a parte de la izquierda y es una de las razones que hicieron posible que posiciones derechistas que fueron sostén de la dictadura militar, se relegitimaran social y políticamente en los noventa.

Éstas, aunque no tengan el mismo peso político que entonces, siguen siendo un factor a considerar y menospreciarlas, una candidez que podría resultar  fatal para nuestros pueblos. 

El recurso a la irracionalidad, al espontaneísmo, a los comportamientos más pedestres como son la desconfianza, la ira y el  temor, es a lo que la derecha    -en momentos de crisis política y social como la que se manifiesta en nuestro país actualmente- ha recurrido en ocasiones anteriores. 

Ello, pues ayudan a disimular las verdaderas fuentes de la dominación y facilitan las cosas a las soluciones populistas y reaccionarias.

Es una política, mezcla de neoliberalismo decadente, conservadurismo beato, negación de la ciencia y el progreso acumulado por la humanidad, incluidos derechos sociales, políticos y culturales gracias a la expansión de la democracia, para reivindicar en cambio la “tradición”, vinculada a la familia, la patria, la raza y en el pasado, a la vida rural.

Lo peor de todo, es que son posiciones que aún con todo lo que tienen de reaccionario, inmoral y embrutecedor, son presentadas  en los medios,  gracias a este presunto triunfo del liberalismo  y esa cultura noventera para la cual la legitimidad de posiciones culturales, morales, políticas e ideológicas son un asunto estrictamente subjetivo y por tanto, individual, como una más de las “posibilidades” entre las cuales escoger.


Una posibilidad real hoy en día, efectivamente, considerando la bancarrota irremontable del candidato de la derecha tradicional y el empresariado.  En un ambiente cultural decadente, política e intelectualmente pobre como el de la derecha en la actualidad, el autoritarismo, la reacción moral, social e ideológica representa un lugar seguro que obviamente seduce a muchos de los suyos.

Es en ese contexto que el progresivo éxodo de dirigentes y parlamentarios  de la UDI hacia la candidatura de JAK tienen no sólo sentido político sino también una lógica histórica y cultural. Pero no sólo la UDI. También en RN y en todo el sector se puede apreciar la renuncia paulatina pero indeclinable a la reflexión, en beneficio de la defensa de los principios más absurdos, anticientíficos, racistas, autoritarios y clasistas que en cualquier otra parte del mundo harían avergonzarse a quien los escuche.

Semejantes esperpentos deben ser enfrentados con decisión y sin ambigüedades,  Lamentablemente,  la candidata de Nuevo Pacto Social, la senadora Yasna Provoste C., los ha interpretado erróneamente como una oportunidad para irse por el supuestamente ancho y seguro camino de en medio, en lugar de enfrentarlos como lo que son, el obstáculo, la última línea de defensa del modelo.

Lamentablemente, por ese camino no va a llegar muy lejos. En lugar de formar un frente común con la izquierda para denunciar y combatir las posiciones reaccionarias y protofascistas, busca ponerse por sobre las contradicciones reales –en este caso, las que propugnan el fin del neoliberalismo y la Constitución de Pinochet y las que recurriendo al dogmatismo y el prejuicio social y político, pretenden salvar lo que se pueda de él- para sacar dividendos electorales.

Craso error de los estrategas de su comando o supervivencia innecesaria de las concepciones concertacionistas.

Es ineludible hoy por hoy tomar partido en la contradicción que agita a la sociedad. El riesgo de la intrascendencia ya cobró su primera víctima antes de las elecciones.

Pero en segundo lugar, y sobre todo, porque esta elusión manifestada en posiciones centristas que intentan ponerse por sobre las contradicciones reales de la sociedad, le facilita las cosas a la reacción. Lo legitima como si se tratara de una posición racional cuando se trata realmente de  fascismo puro y duro, dejando a la sociedad a merced de su charlatanería, su intolerancia y su violencia. 

El fascismo de Kast, es la última línea de defensa del modelo. No se sostiene sobre argumentos racionales sino sobre prejuicios, dogmas y actitudes. Tiene sentido solamente en tanto que el neoliberalismo y la Constitución de Pinochet no se pueden seguir sosteniendo en un discurso aparentemente racional. Su única manera de hacerlo es recurriendo a la violencia verbal y física, a la mentira y la difamación. 

Son conductas que en una sociedad democrática no se deben aceptar ni tolerar. Muy probablemente su misma charlatanería y agresividad terminen por alejarlo del electorado que se ha manifestado consecutivamente en todas las últimas elecciones a favor de cambios de fondo al sistema político, económico y social. Sin embargo, se va incubando en el subsuelo de una sociedad despolitizada por treinta años de un neoliberalismo que introdujo una fe de carbonero en el mercado, la competencia y el individualismo, el germen del fascismo que primero, va ganando posiciones en la derecha y que más adelante puede terminar por imponerse a toda la sociedad.

Ejemplos históricos hay de sobra.

Es respecto de ese peligro que los demócratas deben prepararse y tomar posición. Eludirlo tras el expediente facilón de ponerse en medio, equivale a tolerarlo abriéndole las compuertas de una sociedad en crisis por la responsabilidad de los mismos que tras el discurso tradicionalista ocultan sus profundos vínculos y responsabilidad con el neoliberalismo.