domingo, 31 de marzo de 2024

Un tercio y más

Equipo crónica. El alambique, de la serie La recuperación. 1967

 

Todas las mediciones realizadas desde que asumió el gobierno Apruebo Dignidad junto a Socialismo Democrático, han sido consistentes en cuanto a la base de apoyo que tiene. Esta ha oscilado entre el 28 y el 32 o 33 por ciento. Tanto la derecha tradicional como la nueva derecha y la extrema derecha, han tomado nota y manifestado de diferentes maneras su preocupación al respecto.   

Ello, pues esa base de apoyo se ha mantenido inalterada pese a la agresiva campaña de distorsiones, ataques y bloqueo legislativo a los que ha debido hacer frente. Actos que se manifiestan al borde de la institucionalidad y que han sido tolerados por razones que se han transformado en puros hechos casi, pero que no excusan el trasfondo peligrosamente ambiguo por el que se abre paso y asecha un neofascismo que tiene en vilo a la derecha tradicional y se propone instaurar un orden mezcla de individualismo radical, intolerancia y libremercado desenfrenado. 

Dicha transformación de la resistencia derechista a los cambios en un puro dato de la causa sin contenido alguno, se expresó en el pasado en la famosa tesis de la "democracia de los acuerdos", la que pasó por alto las privatizaciones truchas de la dictadura, la famosa deuda social del Estado -la que incluía varias deudas históricas, entre ellas con las universidades estatales, los profesores y profesoras, los campesinos y los pequeños agricultores, etc-, el desmantelamiento de los servicios públicos y su transformación en lucrativos nichos de negocios privados y por cierto, la impunidad de la mayoría de sus crímenes. 

El consenso, la estabilidad y el orden se convirtieron en el fin de esa política precisamente como una forma de mantener un cierto equilibrio resumido en la idea de la "gobernabilidad democrática".

Para unos, como una manera de garantizar las posiciones de dominio y los privilegios de los que gozan los poderes económicos concentrados y que expresan la derecha y los conservadores en el plano político y para otros, como una forma de garantizar cambios graduales que favorecieran a la sociedad y que fueran duraderos, en lugar de un maximalismo inconducente -al menos así lo argumentaron por décadas-.

La derecha y los conversos han insistido de manera majadera, para referirse al gobierno de la UP, en la idea de un gobierno de minoría e indiferente a la construcción de acuerdos, distorsionando de manera grotesca la historia o tratando de justificar sus vueltas de carnero y las posiciones políticas que entonces sostuvieron. 

Pero la construcción de acuerdos, nunca fue para Allende ni para la Unidad Popular, un fin en sí mismo ni la garantía de estabilidad de un orden formal, sino una herramienta al servicio de la transformación. Allende nunca renunció a la búsqueda de acuerdos con la oposición a su gobierno poniendo siempre por delante los intereses del pueblo y los compromisos adquiridos con éste expresados en el programa de la UP y por el cual dio la vida.

De hecho, el día del golpe iba a anunciar un plebiscito para comenzar a elaborar una nueva Constitución, de manera que el pueblo, incluyendo a sus opositores, decidiera los destinos de la patria, aun ostentando una mayoría política y social que se expresaba en el gobierno, el movimiento campesino, sindical y juvenil; parte importante de los municipios y luego de marzo del 73, también del Congreso. 

Lo segundo es que los acuerdos, para la izquierda, la UP y el presidente Allende nunca significaron borrar su identidad en un consenso abstracto con pretensiones de superar las contradicciones de la sociedad. Solo un voluntarismo muy ideologizado pretendería eliminar las clases sociales y los intereses contrapuestos que son parte de la vida social y de la democracia, por medio de un acuerdo político firmado en el congreso o en un salón de eventos. 

En este sentido la movilización del pueblo es también otra de las condiciones que hacen de cualquier acuerdo una efectiva herramienta de progreso político y social y no una cocina, como lo caracterizó tan correctamente el ex senador Zaldívar hace algunos años en una frase tristemente célebre.

¿Qué es lo que pone, entonces, tan nerviosa a la derecha en la actualidad?  Primero su soledad y la imposibilidad de encontrar un interlocutor con el cual seguir acordando políticas que vuelvan a legitimar el orden imperante en los últimos treinta años y un poco más. Se ha tenido que conformar con un par de grupúsculos intrascendentes que se han terminado mimetizando con ella. Dicha imposibilidad de realizar un acuerdo por arriba es precisamente la circunstancia que, entre otras, facilitó el estallido de rebeldía popular de octubre de 2019.

El tercio inalterable que registran las encuestas y que pone nerviosa a la derecha, es el piso histórico del electorado que se identifica con la izquierda y que, en la última elección parlamentaria realizada antes del golpe de Estado en marzo de 1973, alcanzo al 43%, pese al sabotaje de la derecha y el imperialismo norteamericano.

Ese “tercio” que con la participación protagónica del pueblo a través de su movilización y tras objetivos democratizadores, de justicia social y redistribución del ingreso podría ser mucho más y como hace cincuenta años, cambiar la historia si se lo propone.


lunes, 25 de marzo de 2024

¿Hacia donde va la derecha?

Roy Lichtenstein. We rose Up Slowly. 1964



En las últimas semanas, la derecha ha sido protagonista de una velada lucha por la definición de su línea política y de la alianza que la representaría. En la misma medida que se refuerza la tesis de extenderse hacia el centro, que en realidad es una nueva derecha con pasado concertacionista, la ultraderecha se radicaliza. La posibilidad de un pacto que abarque desde Demócratas a Republicanos, se ve muy difícil, excepto probablemente el pacto por omisión en las municipales; y eso. 

Los anuncios de estos días de realizar una primaria entre la quizás más odiada y poco confiable dirigenta política que le regaló el argumento a la derecha para hacer trizas el acuerdo administrativo en el Congreso posibilitando la presidencia de RN en el Senado y de paso bloquear la posibilidad de que el PC asuma la de la Cámara de Diputados, y la histórica Evelyn Matthei, es parte del blufeo en esta negociación.

Evelyn Matthei, antes de ser candidata ya está desplegándose por el país y en la misma medida empiezan a manifestarse las críticas de sus potenciales aliados republicanos, quienes ya le recuerdan el tristemente célebre kiotazo en el que fue protagonista de una sórdida trama que incluyó espionaje, uso de recursos del Estado e involucró a las FFAA en la resolución de una controversia política por la definición de la candidatura presidencial de la derecha y que terminó afectando al que sería Presidente de la República posteriormente en dos ocasiones, el empresario Sebastián Piñera Echeñique. 

Personaje público que, junto con su primo y ex ministro del interior, se ha visto involucrado en la truculenta trama de tráfico de influencias protagonizada por un oscuro personaje, del tipo de Rasputin, que logró infiltrarse en las alturas del poder empresarial y político de la derecha y que, por lo descubierto en su teléfono, ha puesto en vilo la institucionalidad. 

Puro trigo para la santurronería de los republicanos, quienes se ufanan, igual como lo ha hecho la ultraderecha en todo el mundo, de permanecer impolutos frente a la corrupción que corroe al resto del sector y a parte del sistema político. Los escándalos protagonizados por alcaldes de RN y la UDI, por ahora, no han logrado hacer mella de Mathei pero es una carta bajo la manga que los republicanos van a sacar en algún momento.

Financiamiento ilegal; cohecho; soborno y promiscuidad en las relaciones entre empresas, partidos, Parlamento y en su momento, el gobierno de Sebastián Piñera, no han sido olvidados por la opinión pública y llegado el momento, le van a pesar a la alcaldesa de Providencia. 

Ella sostuvo que sería un suicidio llegar con dos candidatos de derecha a la primera vuelta de las próximas elecciones presidenciales, la crónica de una derrota anunciada en segunda vuelta. Lo único que no dijo es cuál sería su opción llegado el caso de tener que decidir entre un candidato de izquierda y uno de ultraderecha o derechamente fascista. Y no lo hizo porque la respuesta es obvia. La derecha tradicional, el piñerismo, comparte valores, concepciones de la economía y lo social con los republicanos, que ambos han logrado disimular hasta ahora, y que esperan seguir ocultando hasta las próximas elecciones presidenciales. 

Pero la oposición del piñerismo a la reforma tributaria; a la reforma previsional y su defensa de las AFP¨s y de las ISAPRES; su justificación de las violaciones a los DDHH cometidas durante la rebelión popular de octubre del 2019 así como antes la defensa de la impunidad de los criminales de la dictadura de Pinochet, le ha dejado abierta una grieta al neofascismo por la cual infiltrarse y legitimarse como parte del sistema democrático, “conservadores” tolerables para el liberalismo noventero.

Ante el emplazamiento de la ministra del trabajo a los empresarios para que paguen más, reaccionaron todos al unísono, el piñerismo, el neofascismo republicano y el batallón de economistas ensoberbecidos por la ideología neoliberal para justificar los bajos salarios, la desigualdad y las obscenas tasas de ganancia de los grupos económicos gracias a la tercerización. Un ejemplo evidente de cuáles son el tipo de alineamientos políticos vigentes y las razones que los motivan.

Por esa razón insistir en lograr a acuerdos con ellos es de un surrealismo supino. No sólo porque como demuestra el reciente incidente del senado, la derecha no está ni ahí con alcanzar alguno, sino porque seguir insistiendo en ellos, es seguir abriendo esa brecha por la cual se ha infiltrado la ultraderecha todos estos años.

La derecha se ha comportado durante mucho tiempo y se ha hecho evidente en las últimas semanas a propósito del caso Hermosilla, como una verdadera mafia. La inspiran valores y fines que se basan en la avaricia, el afán de lucro, y la avidez de ganancias fáciles y rápidas, que después se proyectan en una concepción de la sociedad y del Estado convertidas en políticas públicas que van a regir las vidas de todos y todas.

Por esa razón la disputa con la derecha es una disputa ideológica y moral. Ensombrecer el límite que la separa de los demócratas y progresistas es parte de su estrategia. La defensa del sofisticado sistema de abusos, exclusiones y defensa de privilegios presentados como intereses de toda la sociedad, unen a las oposiciones, desde demócratas a republicanos. La reciente experiencia argentina demuestra a las claras, que esa es finalmente su propósito, sea quien sea quien la represente y todo indica que lo más seguro es que la tradicional, termine de vagón de cola de su versión ultra. Las palabras de Matthei lo demuestran. 


martes, 19 de marzo de 2024

La derecha es derrotable




La conformación de su lista para enfrentar las elecciones municipales, ha dejado a las claras que en la derecha está desatada la lucha por la dirección del sector. Indudablemente, ésta adelanta lo que podría ser el tono en que se va a dar la definición presidencial. 

La posible candidatura de la icónica alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, sintetiza precisamente la tensión latente entre el momiaje, que se debate entre el fundamentalismo de los republicanos y un piñerismo que se empieza a asomar como la alternativa de renovación de la derecha tradicional. Nada nuevo bajo el sol, los mismos nombres de siempre; las chaquetas rojas y el discursito de la excelencia y la eficiencia para defender los bolsillos de los mismos, los Luksic, los Matte, los Angelini, los Cueto, los Solari y un par de ricachones más que se apropian del ahorro de los trabajadores a través de las AFP´s de las que son accionistas. 

Hasta ahora, pareciera que Chile Vamos lleva la delantera, especialmente después de la derrota de los republicanos en el último plebiscito constitucional. 

La derecha tradicional salió fortalecida de esa contienda pese al entusiasmo con el que defendió al adefesio de Luis Silva, Beatriz Hevia y los demás. Al día siguiente, en esa ocasión, sufrió un conveniente ataque de amnesia y salió a criticar el ultrismo conservador de la propuesta y en un intento desesperado, salieron horas antes todas las "feministas" del sector, fieles asiduas de las fundaciones de caridad y los exclusivos clubes que ayudan "mujeres vulnerables" a desmentir las acusaciones de machismo y conservadurismo moral contenidos en él -Mónica Zalaquet e Isabel Plá entre otras-.

La alcaldesa de Providencia, disciplinada y leal militante de la UDI y representante del piñerismo    -que como el ave Fénix pretende resucitar al sector para disputar la dirección del gobierno del Estado de la Nación- cumple con el perfil laico, de género y técnicamente probado como economista, en tareas de administración de importantes áreas del Estado como ministerios y municipalidades, para cumplir esta tarea tendiente a recomponer el sector y representarlo nacionalmente.

Pero no todo lo que brilla es oro, deben pensar los Kast lovers. El silencio que han guardado desde su derrota y su distancia de la conformación de la lista derechista para las elecciones municipales y los homenajes a Piñera; el tono con que se refieren diversos dirigentes del sector a las "oposiciones", no dejan dudas respecto de las diferencias profundas que lo cruzan. Excepto el singular exabrupto de la precandidatura del diputado Kaiser, nada da a entender que tengan aspiraciones en el corto plazo y lo más importante, ni siquiera interés en participar de un debate acerca de la definición presidencial de la derecha...por ahora.

Ir directamente a la papeleta, sin advertirle a nadie, podría ser una posibilidad realista. Matthei ha declarado que eso significaría la crónica de una derrota anunciada en segunda vuelta. Ojalá fuera así. Pero eso no depende solamente de la ingeniería electoral ni de una mejor definición de los demócratas.

Primero, no se puede ignorar que en esta ocasión el desafío es detener el avance de una ultraderecha que no se incluye dentro de los consensos democráticos mínimos que la humanidad construyó en el siglo XX. Ésta se ha infiltrado hábilmente en los espacios que la derecha tradicional ha dejado a lo largo de todo el período que nos separa del fin de la dictadura militar, espacios abiertos por su persistente negativa a las políticas de verdad, justicia y reparación; redistribución del ingreso; garantizar derechos a los trabajadores y trabajadoras. Ha defendido la discriminación en contra de las diversidades sexogenéricas a las que históricamente ha considerado desviaciones, de los jóvenes y los pueblos originarios a los que ha tratado de hacer calzar en su estrecho concepto de Estado nacional.

No se puede seguir insistiendo en grandes acuerdos que la toleran, luego la legitiman y finalmente le pavimentan de esa manera su avance a la Moneda.

En segundo lugar, se debe hacer protagonista al pueblo. La ingeniería electoral, el muñequeo y los acuerdos a puertas cerradas apenas si sirven para salir del paso, pero no para detener el avance del fascismo, derrotar la resistencia que la derecha ha opuesto a las reformas impulsadas por el gobierno ni menos cambiar de raíz al neoliberalismo.

 

martes, 5 de marzo de 2024

El fascismo a la vuelta de la esquina


Hyeronimus Bosch. El jardín de las delicias, detalle. El infierno. 1460-1466


Todos los días se acumulan las noticias que demuestran el avance del fascismo en el mundo. El botonazo de Franja de Gaza es suficientememnte elocuente como para ser interpretado. Hace poco se estrenó en Netflix, la producción neherlandesa "Voluntad", que resulta escalofriantemente similar a los acontecimientos cotidianos en medio oriente.Y no solamente en medio oriente. También en los Estados Unidos, donde masas de trabajadores blancos empobrecidos en los últimos treinta años, canalizan su frustración y rabia mediante la violencia hacia grupos históricamente discriminados como la población afroamericana y nuevas capas de pobres como los migrantes latinos, engrosando las filas de MAGA. 

En Europa el fortalecimiento de las fuerzas de ultraderecha y su avance electoral en Holanda, Italia, Bélgica, España y Alemania, se sucede con oleadas de manifestaciones de indignación y rechazo a las fuerzas reaccionarias, que mediante una ingeniosa aunque racionalmente pobre interpretación del fenómeno fascista de mediados del siglo XX, lo justifican ahora en una combinación exótica de privatización con proteccionismo y un apenas disimulado militarismo que ha usado a Ucrania como carne de cañón de sus afanes expansionistas hacia Europa del este.

En América Latina, Bolsonaro aun estando condenado, sin pasaporte para que no huya del país y con prohibición de ser candidato a cargos de elección popular hasta el 2030 por su participación en la planificación e instigación a la asonada de Brasilia para impedir la asunción de Lula, logra movilizar a miles y presentarse como la víctima de una persecusión política. Millei, combina el extremismo de sus políticas de ajuste, que ya están haciendo crujir a la Argentina, con el servilismo ante la ultraderecha norteamericana y una agresividad hacia el resto de los países de la región que es muy funcional a las pretensiones de esta última en caso de llegar el gurú del neofascismo mundial, Donald Trump, a la Casablanca. 

En el siglo XX, la lucha contra el fascismo no se limitó únicamente a la derrota de Hitler y Mussolini en la segunda guerra. Permitió también limitar las políticas y acciones de los países capitalistas que bajo la forma de guerras por mantener dominios coloniales en Africa y Asia, emprendieron la violación sistemática de los Derechos Humanos, recurrieron a la represión de movimientos de liberación; y promovieron a políticos corruptos en asociación con mafias locales para mantener sus posiciones de dominio. O en América Latina en los setenta, donde promovieron la instalación de dictaduras militares afines a los conglomerados económicos e instituciones conservadoras, dictaduras que hicieron de la represión a los opositores parte esencial de su política.

La exisencia de un campo socialista que representaba un sistema político, económico y social diferente, cumplía la función de demostrar que, en principio, el capitalismo no fue el único de los mundos posibles entonces y la derrota del fascismo, un componente ineludible de una estrategia de transformación global de la sociedad. Pese a que desde 1989 eso no es así, en la actualidad no será posible una nueva sociedad mientras el fascismo inherente al capitalismo siga amenazando a nuestras sociedades. Mientras el capitalismo subsista, su tendencia inherente a la concentración de la propiedad y la riqueza, va a dar origen permanentemente a tendencias totalitarias que acabarán destruyendo las bases de la convivencia social democrática.

Hoy en día, en cambio, producto de la naturalización con la que el sistema neoliberal la presenta y la reivindica como  un resultado deseable y hasta una aspiración para el ciudadano de a pie, el fascismo pasa desapercibido y se infiltra en todos los insterticios de la vida social, desde el sistema político, hasta las relaciones humanas y la cultura. La única manera de detenerlo es denunciarlo, tratarlo por su nombre y señalar una frontera visible e inexpugnable entre éste y los demócratas. 

A su clásico repertorio de brutalidades, agrega ahora un individualismo exacerbado que lo diferencia de sus versiones clásicas en las que la idea de un "pueblo" y una "nación" llamados a cumplir un destino histórico, es reemplazada por una forma radical de subjetivismo nihilista que niega la idea de una responsabilidad social y que concibe la ida de progreso como el resultado de la liberación de las trabas que ésta impondría al egoismo personal. 

Por eso la idea de hacer grande a América o las permanentes alusiones de Millei a Alberdi y a que Argentina vuelva a ser una Nación como la del siglo XIX, sirven como pretexto para eliminar impuestos, derechos a los trabajadores y trabajadoras, regulación de mercado, seguir depredando el medioambiente; suprimir las políticas de memoria, de respeto y promoción de los derechos de la mujer y las diversidades sexogenéricas. 

El mundo de Millei, Kast, Trump, Bolsonaro, AfD, Vox, Fratelli d'Italia es la resignación a las  inhumanas y fatales condiciones de pobreza, violencia y exclusión a las que el neoliberalismo ha sometido a la humanidad en los últimos cuarenta años, y pretende perpetuar cada vez con más dificultades. La intolerancia, el armamentismo, la violencia racial, el anticomunismo, son sus manifestaciones superficiales. Quedarse en la crítica a dichas manifestaciones y no atacar sus causas, es tan ineficaz como excusarlo, tras un gesto entre compasivo e ingenuo que es como muchos dirigentes políticos chilenos parecen hacerlo hoy en día. 


sábado, 24 de febrero de 2024

Humanidad o barbarie en la hora actual

Peter Bruegel. El triunfo de la muerte. 1562



El Presidente Lula da Silva declaró que el genocidio perpetrado por el Estado de Israel en la Franja de Gaza es comparable sólo al de Hitler en contra del pueblo judío a medidos del siglo XX. La reacción del gobierno de Netanyahu no se hizo esperar y acto seguido, lo declararon "persona non grata", como si eso tuviera alguna importancia a estas alturas de la masacre. Un acto extravagante por lo hipócrita y poco creíble. 

A Lula se han sumado varios dirigentes y gobiernos de todo el mundo, incluido el de Chile, que han exigido la detención de los ataques de Israel sobre territorio palestino, incluyendo las tibias recomendaciones de la ONU o las de los países europeos, estos últimos aun con toda la cobardía que destilan. Y es que nadie se podría sustraer al horror de lo ejecutado por el ejército israelí en los territorios palestinos. Como dijo Melanchon, ya ni siquiera se trata de un problema político, es una cuestión de humanidad. Los alegatos ante la CIJ demuestran, de hecho, el repudio mundial a las acciones militares de Israel sobre población civil indefensa y su trágico saldo en vidas, especialmente niños. 

El genocidio cometido en medio oriente establece un parteaguas respecto de consensos civilizatorios a los que arribó la humanidad tras la derrota del fascismo en el siglo XX. El gesto de Lula es un llamado a todos los demócratas del mundo en el sentido de reafirmar los valores que inspiraron la lucha en su contra y por cierto, pone al descubierto a quienes tras un laxo concepto de la tolerancia, están dispuestos a aceptarlo o incluso comprenderlo dentro de él, despojándolo por completo de sentido. 

El Mercurio y un par de analistas pagados se han dedicado, oportunamente, a interpretar el gesto de Lula con ínfulas de sabiduría y objetividad, tratando en el fondo de tender sobre la frontera entre los fascistas y los demócratas una neblina en medio de la cual puedan pasar desapercibidos los Bolsonaros, los Trump, los Millei, los Kast, los Bukele, y el resto de los aprendices de brujo que conjuran a las fuerzas reaccionarias inherentes al neoliberalismo y que se manifiestan como clasismo, xenofobia, racismo,  homofobia y que son explotados con entusiasmo por estos demagogos, aprendices de Mussolini. 

Son modelos de sociedad diametralmente opuestos los que se enfrentan en la hora actual y que dan origen a estos mamarrachos que utilizando el miedo, la desconfianza, la ira y todas las emociones más básicas -y que afloran en horas de incertidumbre e inseguridad como a las que ha arrastrado a la humanidad la globalización neoliberal de los últimos treinta años- retrotraen a nuestros pueblos a condiciones similares o aún más básicas que las que están en su origen. Bajos salarios,deterioro de su ecosistema, menos derechos sociales garantizados por el Estado, exclusiones de diverso signo, y violencia social y política.

Es la razón para que renazcan las viejas recetas del silabario neoliberal, recitado en forma grotesca como si fuera una gran novedad, mientras la humanidad entera se aleja de éstas en tanto la han puesto en la situación mas recaria y de mayor vulnerabilidad producto precisamente de su propia acción. Escuchar a Rojo Edwards, a Evelyn Matthei, a Kast o Millei en este sentido es como hacer un viaje al pasado que nos advierte inconscientemente de los peligros que nos asolan como especie.

El discurso del Presidente Lula es, en cambio, un llamamiento  al progreso de la humanidad. A romper con las taras que le impiden salir del círculo vicioso de desigualdad, pobreza, exclusiones y violencia.


lunes, 12 de febrero de 2024

La derecha después de Piñera

 

Franz Hals. Retrato de los regentes del hospicio de Santa Isabel de Harleem. 1641

La trágica muerte de Sebastián Piñera en un accidente aéreo, ha dado pie para la investigación y exposición periodística de las diversas facetas de su vida y de sus múltiples intereses. La política por cierto, pero también los negocios y la formación de cuadros técnicos en las áreas de la economía y la administración.

Leerlos es como recorrer las páginas de una novela de Balzac o Emil Zolá, donde se mezclan las tramas de negocio, con las intrigas políticas y la vida social.

Respecto de su fortuna, no hay una cifra exacta. Según estimaciones de cercanos y publicadas por la prensa, supera los US$ 3 mil millones y se acerca incluso a los US$ 4 mil millones. Una cifra que, ya de por sí, le otorgaría a cualquiera una posición privilegiada en cualquier causa que se propusiera.

La mayor parte de los recursos está en portafolios financieros, según los medios, mayoritariamente en el exterior.

Las empresas de las que era dueño son Inversiones Bancorp Limitada, creada en 1999 e integrada por sus cuatro hijos, y a través de la cual controlan la otra sociedad donde está radicada gran parte de la fortuna familiar: Inversiones Odisea Limitada.

El resto de los directores, serían Fernando Barros Tocornal, asesor de su padre en temas de negocios desde hace más de 30 años, quien asumió la presidencia de Bancorp; y a falta de Barros, el quinto director sería Ignacio Guerrero, el socio de Piñera en CMB, la principal administradora de fondos de infraestructura en Chile entidad regulada por la Comisión para el Mercado de Valores y que según reza en su página web “cuenta con una extensa trayectoria en la administración de capital principalmente de inversionistas institucionales”. Y si falta Guerrero, el cargo lo asumirá José Cox Donoso, el otro socio de CMB, también amigo de Piñera desde los ochenta, cuando fue su jefe en Citicorp Chile. 

La historia de este imperio se remonta a los turbulentos años ochenta, marcados por la violación sistemática de los DDHH; la crisis económica y las protestas nacionales en contra de la dictadura militar.  Uno de los episodios clave en la vida de Piñera fue, precisamente,  su paso por Citicorp Chile en esa época, donde se desempeñó como gerente general entre 1980 y 1987.

Durante aquella década el ex Presidente fue su gerente general, llevando a los mejores talentos de la UC a trabajar con él. Muchos de ellos, con el tiempo, pasaron a ocupar lugares importantes en el sector empresarial.

Entre ellos, el ya mencionado Ignacio Guerrero, empresario, que llegó a vicepresidente de Citibank en Nueva York y de NMB Bank. Pero como se dice vulgarmente, una mano lava la otra y las dos lavan la cara, de manera que fue uno de los principales financistas de su segunda campaña presidencial. También José Cox, a quien conoció a través de su hermano Pablo de quien fue compañero en la UC y  Rodrigo Pérez Mackenna, quien luego integró los directorios de Banmédica, Salfa S.A. y Multilateral Group Chile –autodefinido en su web como “grupo de expertos en servicios de asesoramiento incluidos gobiernos, instituciones, corporaciones, y empresas emergentes-. Su incursión más destacada fue, nuevamente gracias a Piñera, en cuyo primer Gobierno fue biminstro de Vivienda y Urbanismo, y Bienes Nacionales. Tras ello, fue presidente nada menos que de la Asociación de AFP.

Bajo el mando del ex Presidente en Citicorp también estuvo el hermano del ex secretario de Estado, José Francisco Pérez Mackenna, quien luego se desempeñó como gerente general de Quiñenco –conglomerado empresarial con participación en el sector financiero, manufacturero, de energía y transportes- y director de CCU y Entel. También entre quienes llegaron a la compañía se encuentra Heriberto Urzúa, quien con posterioridad estuvo ligado al grupo Swett, Embotelladora Andina, Inversiones Alsacia, La Polar –que actualmente y desde el 2011 mantiene un complicado litigio por $ 101.568 millones con AFP PROVIDA- y Agrícola Aritzía, entre otros.

Patricio Jottar fue otro de los líderes empresariales que comenzó al alero de Piñera. El actual gerente general de la CCU también ha tenido una destacada carrera empresarial, que lo ha llevado a estar a la cabeza de compañías como Bansander AFP y Santander Chile. Ostentó, también, la presidencia de Icare. Patricio Parodi, actual presidente de Consorcio, en tanto, llegó a ser director de Banmédica, Sociedad Punta del Cobre y Compañías CIC.

La vida tiene muchas vueltas pero finalmente todos los caminos conducen a Roma. Cuando el ex Presidente Sebastián Piñera llegó a Citicorp, lo hizo bajo el alero del empresario Manuel Cruzat, fundador del Banco de Santiago -banco rescatado por la dictadura militar y que posteriormente se fusionó con el Banco Santander- y quien también tenía un "semillero". Entre sus discípulos, se encontraban dos alumnos de economía de la UC Alfredo Moreno Charme y Juan Andrés Fontaine a quienes Piñera, años después, llamó para componer su primer Gabinete.

Como se puede apreciar sólo leyendo los antecedentes publicados por la prensa sobre las actividades de Piñera, su obra es el resultado de un esfuerzo sistemático que se remonta a la dictadura y que lo llevó a ocupar un lugar privilegiado en los negocios, especialmente en el sector financiero, desde donde extendió su influencia a numerosas industrias, a través de su participación directa o a través de discípulos, amigos o familiares. De hecho, uno de los esfuerzos más importantes a los que dedicó su vida, fue la formación de cuadros técnicos que deambularon además entre el Estado y el sector privado a instancias suyas.

No hay que ser especialmente perspicaz para apreciar de hecho que en su práctica política, las fronteras entre la administración del Estado y los negocios eran bastante tenues. Sea ello a través de su financiamiento o del reclutamiento de cuadros  lo que finalmente terminaría expresándose en sus concepciones de lo público y la forma de gestionarlo resumidas de manera bastante sofística en el concepto de “excelencia”.

Todas estas características de Sebastián Piñera, lo hacen un dirigente bastante difícil de reemplazar. Había logrado recomponer sus relaci0nes con la UDI, históricamente difíciles, hasta el punto de que dirigentes como Longueira, Matthei, Lavín y Cubillos han sido de los más fervientes defensores de su legado. Su visión política incluía hasta los republicanos y estaba empeñado en restituir la unidad del sector para ser una alternativa de gobierno, sostenida sobre un neoliberalismo ortodoxo.

No era ningún santo ciertamente ni tampoco un gran estadista. Representaba felmente la moral del hombre de negocios descrita por Balzac, basada en la codicia, la busqueda de la maximización de las ganancias y una visión del Estado un poco más sofisticada que la de Millei, como un instrumento útil para el emprendimiento de los privados, como lo demuestran los casos  EXALMAR, DOMINGA, LATAM, etc.

Lo más probable es que no haya una guerra por ocupar el lugar de Piñera sino más bien un intento de la derecha por sintetizar estas facetas de su legado en una propuesta que le permita disputar la dirección del gobierno nuevamente. Su talón de Aquiles, la falta de una propuesta que se haga cargo del vacío constitucional presente desde octubre de 2019 y que la derecha, conducida por los republicanos trató de ocupar torpemente con una propuesta inaceptable para cualquier sociedad moderna.  Mientras esa grieta siga abierta, la crisis social y política que le tocó enfrentar a Piñera siendo presidente, no estará resuelta, como él mismo no lo pudo hacer.

jueves, 8 de febrero de 2024

¿Cuál es el legado de Piñera?

Marinus van Reymerswaele. Los cambistas. 1548



Cuando muere un Presidente de la República, la gente suele recordar lo que éste hizo que pudiera haberla beneficiado personalmente de alguna manera. "Gracias a él tengo casa propia"; "mis hijos fueron a la universidad"; "tuve un trabajo gracias al cual pude salir adelante", etc. En los testimonios de la gente que se veía en la despedida de Sebastián Piñera, en los alrededores del ex congreso, la sede de su partido o en las afueras de su casa, solamente se oían lugares comunes como "gran estadista"; "capacidad de trabajo"; "eficiente y emprendedor", "democracia de los acuerdos" repetidos por los medios durante todo el día y luego reproducidos por transeúntes desprevenidos frente a los micrófonos y las grabadoras de los periodistas. 

¿Qué realización deja Piñera, que sea comparable a la reforma agraria; la nacionalización del cobre; obras de infraestructura; el sistema nacional de educación pública o el servicio nacional de salud, obras que subsisten hasta hoy y que fueron el legado de estadistas de diferentes corrientes políticas pero que tenían en común la idea de que el desarrollo nacional era más que la suma de los egoísmos individuales?

Ninguna. Los transeúntes y ciudadanos y ciudadanas que asistieron a su despedida al menos no las  mencionaron. ¿Y los especialistas? Connotados economistas consultados por la prensa, tampoco han logrado hacerlo. Resulta impresionante escuchar a gente tan inteligente como José de Gregorio o Vittorio Corbo repetir las mismas frases hechas: eficiente, emprendedor, inteligente, atributos que podrían considerarse positivos pero que en el caso de un Presidente no dicen mucho que lo distinga de cualquier otro ciudadano. 

Su primer gobierno se vio cruzado por importantes conflictos medioambientales como Hidroaysén, las termoeléctricas en el norte y durante su segundo mandato por la aprobación del proyecto Puerto Dominga por el que aparece mencionado en los Pandora Papers por sus intereses en dicho proyecto siendo Presidente de la República. También por miles de despidos en la administración pública, el primer paro nacional de los trabajadores de planta de CODELCO en democracia tras su fallido intento de privatizar el yacimiento Gabriela Mistral, propiedad de la estatal y lo más recordado, la enorme movilización estudiantil que produjo reformas tan importantes como la introducción de la gratuidad, la desmunicipalización de la educación escolar, el fin de la selección, la reforma que permitió la participación triestamental en el gobierno universitario, todas ellas realizadas durante el gobierno de la Nueva mayoría y contra la oposición de Piñera y su sector.

Respecto de sus grandes logros, que son la reconstrucción después del terremoto del 27-F y el combate a la epidemia de COVID hay harto paño que recortar. Todo su primer mandato estuvo marcado por las protestas de los damnificados de Dichato y otros lugares afectados por la catástrofe; la ineficiencia de su gobierno a la hora de socorrer a los compatriotas damnificados por el tsunami en las regiones séptima y octava; las concesiones a empresas privadas en las tareas de reconstrucción, entre ellas de las escuelas rurales gravemente afectadas en un extenso territorio del país, a lo menos relativizan su presunta eficiencia. 

Para qué hablar de la pandemia de COVID que cobró la friolera de más de sesenta mil muertes, dada la estrategia sanitaria escogida que privilegió la vacunación y el tratamiento a través de la compra de miles de respiradores, en lugar de la prevención, la protección de la población  frente al contagio, y la educación sanitaria, para no afectar la actividad económica, misma estrategia de otros gobiernos derechistas como los de Trump y Bolsonaro y por la que ambos ostentan también un triste de record de muertes durante la pandemia. Todos ellos guiados por el mismo objetivo de llegar al fin de sus mandatos con buenas cifras de crecimiento económico, que es de lo único que parecieran preocuparse los gobiernos de derecha, a cualquier costo. 

Su legado político también es discutible. Su disposición a comenzar un proceso de cambio constitucional fue resultado de la presión de la protesta callejera. Algunas semanas antes de hecho había declarado la guerra a un "enemigo implacable y poderoso" que era nada menos que el pueblo de Chile. Dejó una estela de mutilados, muertos y encarcelados que fueron el trágico precio que costó el inicio del proceso constituyente. Su disposición a dialogar no es precisamente una virtud que se le pueda atribuir de buenas a primeras. 

Esto, probablemente como resultado de su compromiso con el modelo neoliberal y los poderosos intereses que  ostentaba por su condición de destacado hombre de negocios en el sector financiero desde las postrimerías de la dictadura -y que se extendieron a numerosas industrias en los noventa  incluyendo las comunicaciones, el transporte y hasta los clubes deportivos-.  Precisamente, lo que hizo de él la figura más importante de la derecha chilena en los últimos veinte años a lo menos. Su intento de consolidar una alternativa de gobierno, lo llevaron a canalizar sus últimos esfuerzos, como lo han reconocido sus colaboradores tanto del primero como del segundo gobierno, a consolidar una alianza de derecha aun a costa de distanciarse de antiguos aliados y el "liberalismo" político de la patrulla juvenil de la que fue parte, dar paso al fundamentalismo de mercado que le subyace. 

Piñera fue un hombre de su época. Muy representativo del pragmatismo y la superficialidad de los valores que inspiran la sociedad de mercado que ayudó a consolidar los últimos treinta años, tanto desde los negocios como desde la política. La ausencia de obra en este sentido se podría interpretar precisamente como una característica de la cultura del modelo y el que a los chilenos y chilenas que lo fueron a despedir no les parezca necesario destacarlo, un ejemplo que es, precisamente, el de quien sabe moverse en las turbulentas aguas de la competencia mercantil y sacar ventaja solito; el self made man, el winner. 

Ese legado que es el de la sociedad de mercado que tan bien representaba Piñera, caracterizado por el egoísmo, la competitividad a cualquier precio; la codicia y un individualismo desenfrenado, es frente al cual deben presentar los demócratas y los progresistas los valores de la democracia; la solidaridad; el compañerismo y la justicia social si de construir una nueva sociedad se trata.